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soy un villano en Sonic - Capítulo 10

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  4. Capítulo 10 - 10 Capítulo 9 Forjando la Espada y la Sombra
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10: Capítulo 9: Forjando la Espada y la Sombra 10: Capítulo 9: Forjando la Espada y la Sombra Perspectiva: Solaris La victoria en la fábrica había inyectado un nuevo nivel de recursos y determinación en el Imperio del Sol Naciente.

Pero con la revelación de las Piezas del Umbral, mis ambiciones ya no se medían en territorios conquistados, sino en realidades por dominar.

Necesitaba herramientas a la altura de ese nuevo propósito.

Herramientas que no solo abrumaran, sino que aterrorizaran.

“Valerius,” anuncié, mis ojos amarillos fijándose en la terminal de diseño central.

“Es hora de darle un golpe de autoridad a este mundo.

Iniciemos el Proyecto ‘Apoliön’.

Mark I.” El holograma que surgió era pura poesía mecánica letal.

Un mecha bípedo de 2.30 metros, una estatura diseñada para imponer sin perder agilidad.

Su silueta no era la de un robot torpe; era angulosa, agresiva, inspirada directamente en las líneas brutales y amenazantes de los Decepticons que habitaban mi memoria anterior.

Ellos eran la esencia del poder militarista y la villanía sin disculpas, y yo capturaría ese espíritu.

“Especificaciones de combate,” detallé, resaltando cada brazo.

“Derecha: una hoja de plasma estabilizada de alta frecuencia.

Para un corte limpio que ignore la mayoría de los blindajes.

Izquierda: un escudo de energía proyectada modular, y anclado en el antebrazo, un cañón de aceleración de plasma pesado.

Defensa sólida y potencia de fuego demoledora en un solo paquete.” “Movilidad,” continué.

“Propulsores de vectores en espalda y piernas.

Capacidad de vuelo atmosférico a altas velocidades y salto aumentado.

Será un depredador, no un tanque.” Luego vino la supervivencia.

“Blindaje compuesto por capas.

Externa: Titanio reforzado y Uranio empobrecido para máxima resistencia a impactos.

Media: Acero cerámico reforzado para disipar energía térmica.

Interna: Aluminio de alta densidad y Kevlar reforzado para absorber metralla.

Y envolviéndolo todo, un escudo de plasma deflector de cobertura completa.

Anulará cualquier cosa que no sea un golpe directo y masivo.” “Los colores,” preguntó Valerius, su núcleo de diamante reflejando el diseño.

“Armazón principal, rojo sangre,” declaré.

El color de mi imperio y una advertencia.

“La cabeza, blanca.

Un cráneo mecánico e impasible.

Los visores, un azul frío y penetrante.” La imagen era aterradora.

Un espectro de muerte en rojo y blanco.

Mientras las líneas de producción se dedicaban a forjar al Apoliön, mi mente pasó a la infantería pesada.

Los droidekas de aquellos archivos eran un buen concepto, pero lamentablemente ejecutado.

“Los droidekas.

Rediseño completo.

Dupliquen su potencia de fuego, cuatro cañones repetidores de alto rendimiento.

Reemplacen su blindaje por carburo de vanadio; quiero que sean más duros que el acero cerámico.

Y su IA no puede ser la estúpida lógica de ‘rodar-disparar’.

Implementen una IA táctica básica.

Que priorice blancos de alto valor, que use cobertura, que se repliegue bajo fuego pesado.

Deben ser torretas mortales con movilidad.” “Entendido, jefe.

Serán el sueño húmedo de un general y la pesadilla de cualquier infantería,” comentó Valerius con su sarcasmo habitual.

Fue en ese momento que lo sentí.

La vibración familiar y absurda.

Mi teléfono, el vínculo con mi patrón interdimensional, cobró vida en mi bolsillo dimensional.

Lo extraje.

La pantalla mostraba el chat de 𓂀.

𓂀: La segunda Pieza del Umbral aguarda.

Su localización te es transmitida.

Un mapa de Mobius se desplegó, haciendo zoom en una región montañosa y yerma, marcando unas coordenadas a casi 100,000 kilómetros de distancia.

El objetivo era un templo antiguo, según los sensores.

Y luego, el mensaje que heló el aire.

𓂀: Cuidado con sus guardianes.

Los Mil Hijos no cederán su tesoro fácilmente.

Su disformidad es…

persistente.

¿Mil Hijos?

¿Disformidad?

Mi procesador analizó los términos y no encontró coincidencias.

En toda mi vida pasada, consumiendo historias de villanos y mundos de ficción, jamás había topado con ese nombre.

Warhammer 40k?

Ni en mis peores pesadillas.

Sonaba a algo pretencioso y exagerado.

“Valerius,” mostré la pantalla.

“Consulta total.

‘Mil Hijos’.

‘Disformidad’.” El asistente cruzó referencias a velocidades imposibles.

“Cero resultados, jefe.

No existen en ningún archivo de Eggman, ni en registros históricos de Mobius, ni en las redes de datos globales.

Es como si no existieran.

O como si su existencia fuera tan antigua o ajena que nunca fue registrada.” Miré el mapa.

Un templo a 100,000 kilómetros.

Unos guardianes de un nombre ridículo y desconocido.

El ser me estaba lanzando a lo desconocido, contra una amenaza de la que no tenía inteligencia alguna.

Una sonrisa fría y calculadora se grabó en mi rostro.

El Apoliön no sería solo un arma.

Sería mi explorador en la oscuridad.

Mi respuesta a lo desconocido.

“Acelera la producción del Mark I y de los nuevos droidekas,” ordené, guardando el teléfono.

“Tenemos un templo que visitar, y unos ‘Mil Hijos’ que convertir en chatarra.” Pronuncié el nombre con desprecio, pero una chispa de anticipación ardía dentro de mí.

Finalmente, un desafío que no involucraba erigos azules predecibles.

Esto…

esto era nuevo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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