soy un villano en Sonic - Capítulo 11
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- Capítulo 11 - 11 Capítulo 10 La Marcha del Sol Naciente
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11: Capítulo 10: La Marcha del Sol Naciente 11: Capítulo 10: La Marcha del Sol Naciente Perspectiva: Solaris La revelación de los “Mil Hijos” y su ubicación en un templo remoto había creado un nuevo tipo de urgencia en mí.
No era la urgencia de un recurso, sino la de un misterio.
Un enemigo del que no tenía datos, mencionado por un ser que jugaba con realidades.
La prudencia, una virtud que Eggman a menudo despreciaba, me dictaba que la sobrepreparación era preferible a la subestimación.
Además, la presencia de Lunik añadía una variable interesante.
Su derrota y sumisión eran un hecho, pero su mente, su conocimiento del mundo y su ambición fallida podrían ser herramientas útiles, o al menos, un entretenimiento informativo durante el viaje.
“Valerius,” ordené, de pie en el puente del Sol Naciente-01, ahora la nave insignia de una flota mucho mayor.
“Despliegue de Fuerza de Expedición Alfa.
Objetivo: el templo señalado.” La escala era, quizás, excesiva.
Pero quería mandar un mensaje, tanto a estos “Mil Hijos” como al propio 𓂀.
El Imperio del Sol Naciente no escatima.
La flota se componía de treinta naves de la antigua Egg Fleet, ahora totalmente modernizadas y rebautizadas con nombres como Amanecer de Fuego o Eclipse Escarlata.
Era una armada que habría hecho palidecer a la mayoría de las fuerzas de Mobius.
Dentro de ellas, latía un ejército metálico: · 125,000 Badniks de asalto inicial (Moto Bugs, Buzz Bombers, Crabmeats).
· 120,000 unidades B1, formando la columna vertebral de la infantería.
· 90,000 unidades B2, como artillería pesada y fuerza de choque.
· 50,000 unidades Apoliön Mark I, mi nueva élite, listos para su bautizo de fuego.
· 60,000 Droidekas rediseñados, para establecer perímetros de muerte instantánea.
Una fuerza de invasión capaz de arrasar una nación.
Todo, para un templo y un nombre desconocido.
Lunik fue traída al puente.
Su pelaje negro y dorado estaba bien cuidado de nuevo, pero su arrogancia había sido reemplazada por una cautelosa reserva.
Sus ojos se abrieron de par en par al ver la armada desplegándose en las pantallas.
“Por los cielos…
¿Todo esto para un templo?” preguntó, incapaz de ocultar el asombro.
“La información es poder, Lunik,” respondí, sin apartar la vista de la proyección estelar.
“Y la falta de ella es una amenaza.
Prefiero aplastar una amenaza con un martillo de diez toneladas que con un dedal.” Ella permaneció en silencio, absorbida por la escala de mi poder.
Era un recordatorio útil de su lugar.
Valerius flotaba a mi lado.
“Todas las naves reportan ‘listas’.
Tiempo estimado de llegada: 6.7 horas.
Espero que estos ‘Mil Hijos’ aprecien la visita, jefe.
Es la delegación más grande que han recibido probablemente en su vida.” El viaje a través de los casi 100,000 kilómetros fue una oportunidad.
Mientras las naves surcaban el espacio, dediqué tiempo a “conversar” con Lunik.
No fue un interrogatorio, sino un sondeo.
Le pregunté sobre las facciones menores de Mobius, sobre tácticas que había visto fallar, sobre los puntos débiles de héroes menores.
Su conocimiento era limitado y teñido por su ego, pero había pepitas de utilidad.
Confirmó que el nombre “Mil Hijos” le era totalmente ajeno, lo que solo aumentaba el misterio.
Al acercarnos al destino, una imagen se clarificó en las pantallas.
No era una fortaleza oscura, sino un templo antiguo en medio de un vasto y vibrante bosque, bajo un cielo azul impoluto.
La belleza del lugar era inquietante, dada la supuesta amenaza.
“Lecturas de energía…
inconsistentes,” reportó Valerius.
“Algo poderoso está ahí, pero parece…
contenido.
Adormecido.
Y estoy detectando múltiples firmas de vida dentro del templo.
Ninguna coincide con registros mobianos conocidos.” Mis ojos amarillos se estrecharon.
Contención.
Eso era interesante.
“Despliegue en formación de asedio,” ordené.
“Ninguna nave se acerca a menos de 5 kilómetros.
Que desplieguen los B1 y B2 para establecer un perímetro.
Los Apoliön y los Droidekas en segunda línea, listos para el avance.” La flota se desplegó como un enjambre de avispas metálicas, rodeando el idílico paisaje.
El bosque verde, el cielo azul y el aire puro pronto estarían manchados con el rojo sangre de mi imperio y el humo de la guerra.
Me volví hacia Valerius y Lunik.
“Bien,”dije, una chispa de anticipación en mi voz metálica.
“Vamos a presentarnos a nuestros anfitriones.”
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