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soy un villano en Sonic - Capítulo 13

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  4. Capítulo 13 - 13 Capítulo 12 La Ofensiva de la Razón
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13: Capítulo 12: La Ofensiva de la Razón 13: Capítulo 12: La Ofensiva de la Razón Perspectiva: Solaris La tensión en el claro era tan palpable como el zumbido de un cable de alta tensión.

El ser que tenía frente a mí, Ahriman, era imponente.

Su armadura carmesí y dorada, tallada con runas que parecían absorber la luz, hablaba de una historia de poder y dogmatismo.

No era un jefe de tribu mobiano.

Era un guerrero-sacerdote, un general de una guerra que yo no conocía.

Y, según mis sensores, irradiaba un campo de energía sutil pero complejo, muy debilitado, pero ahí.

“Saludos,” dije, mi voz un susurro metálico diseñado para ser desconcertante.

“Supongo que son los llamados ‘Mil Hijos’.

Vengo por lo que es mío.” Ahriman no se inmutó.

Su yelmo, sin expresión, se mantuvo fijo en mí.

Podía sentir el peso de su análisis, tan intenso como el mío.

Fue entonces cuando, en un acto que podía percibirse como arrogancia o como una calculada demostración de poder, decidí probar un enfoque diferente.

La fuerza bruta era mi garantía, pero la eficiencia era mi dios.

“Incluso entre potenciales adversarios,” continué, manteniendo un tono deliberadamente plano, casi cortés, “puede prevalecer la razón.

Entreguen la Pieza del Umbral pacíficamente, y mi flota se retirará.

No tiene valor sentimental o práctico para ustedes, estoy seguro.

Es solo un objeto.

¿Por qué desperdiciar recursos, y posiblemente vidas, por ella?” Mientras hablaba, mis sistemas de escaneo de largo alcance, enfocados en el perímetro del templo, registraron un fenómeno extrañísimo.

La firma energética psíquica que había detectado antes, esa barrera sutil pero poderosa que parecía contenerlos…

se desvaneció por completo.

No fue un evento explosivo.

Fue como si alguien hubiera apagado un interruptor.

La distorsión residual que impedía el paso más allá de los límites de las ruinas simplemente cesó.

— Perspectiva: Ahriman Las palabras del ser esquelético, Solaris, resonaron en mí con una frialdad que rivalizaba con el vacío interestelar.

Su “oferta” no era más que una demanda con un barniz de pragmatismo.

“Lo que es mío”, dijo.

La arrogancia era monumental.

Pero entonces, algo cambió.

Algo fundamental.

Mientras él hablaba de “razón” y “desperdicio de recursos”, una presión constante que había sido el telón de fondo de nuestra existencia en este lugar durante semanas…

desapareció.

Era la barrera psíquica, la prisión invisible que 𓂀 había erigido.

La frustración constante de sentirnos empujados hacia atrás cada vez que intentábamos cruzar el umbral del templo…

se esfumó.

De repente, el aire del bosque, antes un muro intangible, me llegó libre y sin restricciones.

No lo pensé.

Era una prueba.

Di un paso.

Luego otro.

Mis botas de ceramita, que no habían pisado más allá de las piedras sagradas del templo desde nuestra llegada, aplastaron la hierba verde y virgen del claro.

Un murmullo de asombro, transmitido por el vínculo psíquico que aún compartíamos, surgió de mis hermanos a mis espaldas.

Ellos también lo sentían.

La jaula se había abierto.

Mi mente, entrenada durante milenios para ver estratagemas dentro de estratagemas, trabajó a toda velocidad.

¿Era esto una trampa de Solaris?

No, mis sentidos no detectaban ninguna nueva energía emanando de él o sus máquinas.

Esto era obra de otro.

De 𓂀.

El ser que nos trajo aquí estaba cambiando las reglas.

Nos había liberado justo cuando su otro peón llegaba a reclamar el premio.

¿Era un acto de “buena fe”?

Imposible.

Era un movimiento para forzar el conflicto.

Ya no éramos guardianes estáticos; éramos una fuerza que podía desatar su poder, debilitado pero aún formidable, sobre este mundo…

o sobre el ejército de Solaris.

Alzé la mano, un gesto para calmar a mis hermanos.

Mis ojos, ocultos tras el yelmo, se clavaron en los puntos amarillos y fijos de Solaris.

“Tu ‘razón’ llega en un momento curioso, forastero,” dije, mi voz amplificada y grave, impregnada de eones de autoridad.

“Parece que las condiciones de nuestra…

conversación…

acaban de cambiar.” Ya no estábamos atrapados.

Y eso cambiaba todo.

La Pieza del Umbral ya no era solo nuestra esperanza de escape.

Ahora era un botín que podíamos defender…

o usar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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