soy un villano en Sonic - Capítulo 17
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- Capítulo 17 - 17 Capítulo 16 La Forja de la Conquista
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17: Capítulo 16: La Forja de la Conquista 17: Capítulo 16: La Forja de la Conquista Perspectiva: Solaris La Fábrica-Colmena de Gamma no era una instalación, era una cicatriz de metal en el rostro del planeta.
Desde el puente del Sol Naciente-01, podía ver cómo sus defensas se activaban como un nido de avispas enfurecidas.
Torres de láser de alta potencia, cañones de riel que lanzaban proyectiles supersónicos, y legiones de Badniks de modelos pesados patrullaban sus muros.
Esta no sería como la fábrica anterior.
Esta era una fortaleza.
“Despliegue total,” ordené, sin un ápice de duda.
“Patrón de Asalto Épsilon Modificado.
Quiero esa base, sin importar el costo.” Las treinta naves de la flota liberaron su carga.
El cielo se oscureció con la caída de 125,000 Badniks.
Pero esta vez, los defensores estaban listos.
Fase 1: Carnicería en la Playa Los Moto Bugs fueron recibidos por una línea de Rhino Bots, máquinas pesadas con taladros giratorios que los empalaban y destrozaban por cientos.
El aire se llenó del chirrido de metal desgarrado y explosiones de motores.
Los Buzz Bombers intentaron dar cobertura, pero fueron abatidos por enjambres de Slicers que cortaban sus alas con cuchillas giratorias.
La playa se convirtió en un matadero de chatarra, un torbelino de sierras, taladros y alas rotas.
Fase 2: Avance bajo Fuego Infernal Los 120,000 B1 avanzaron entonces, pero esta vez enfrentaban una lluvia de fuego real.
Los cañones de riel de la base tronaron, y proyectiles del tamaño de un brazo humano atravesaban filas enteras de droides, destrozándolos en una explosión de piezas.
Los láseres verdes de las torres cortaban through sus formaciones.
Por cada B1 que alcanzaba a disparar, diez eran reducidos a montones de metal fundido.
Fue una carnicería, pero su sacrificio sirvió para identificar las posiciones de los cañones principales.
Fase 3: Los Titanes Chocan Fue el momento de los 90,000 B2.
Sus cañones repetidores rugieron, concentrándose en las torres de defensa.
Pero la base tenía su propia infantería pesada: Egg Hammers de nueva generación, más grandes y con escudos de energía, emergieron de compuertas blindadas.
La batalla que siguió fue apocalíptica.
Los martillos neumáticos de los Egg Hammers aplastaban a los B2, mientras que los cañones repetidores azules de mis tropas fundían el blindaje enemigo.
Un Egg Hammer, al ser destruido, activó su núcleo en una explosión termonuclear en miniatura, vaporizando a todo lo que estaba en un radio de cincuenta metros.
La onda expansiva sacudió hasta las naves en órbita.
Fase 4: Cazadores en la Tormenta En el punto más álgido del caos, desplegué a los 50,000 Apoliön Mark I.
Se movieron como relámpagos rojos entre la confusión, sus espadas de plasma cortando las articulaciones de los Egg Hammers, evadiendo los mortíferos martillazos.
Donde un B2 fallaba, un Apoliön triunfaba.
Uno de ellos, enfrentado a un Egg Hammer, usó su escudo para absorber un golpe directo, se impulsó sobre el brazo del martillo y clavó su espada de plasma en el visor del robot enemigo, fundiéndolo desde dentro.
Fueron la clave para romper la línea pesada de defensa.
Fase 5: El Muro Definitivo Mientras la batalla de titanes se desarrollaba, los 60,000 Droidekas establecieron un perímetro de aniquilación.
Sus cuatro cañones, con la potencia duplicada, crearon una cortina de fuego que ningún Badnik podía cruzar.
Oleadas de Caterkillers y Grabbers que intentaban flanquear fueron reducidas a confeti incandescente antes de siquiera acercarse.
La batalla duró horas.
El aire se volvió irrespirable, cargado de ozono, humo metálico y el olor dulzón de circuitos fundidos.
El suelo estaba tan cubierto de restos que mis tropas avanzaban sobre una alfombra de metal retorcido.
Finalmente, con la última torre de láser derribada y el último Egg Hammer convertido en un montón de escoria, el silencio cayó.
Un silencio pesado, roto solo por el crepitar de los incendios y los pasos metálicos de mis unidades sobreviviendo.
“La Fábrica-Colmena…
es nuestra, jefe,” informó Valerius, su voz inusualmente grave.
“Las pérdidas…
son significativas.
Superan el 60% de la fuerza de asalto.” Observé la pantalla.
La victoria tenía un precio terrible, pero el botín era inconmensurable.
Toda una isla-fábrica, con sus planos, sus recursos y su potencial.
“Bien,” dije, la satisfacción de la conquista enfriándose en un cálculo frío.
“Reactívenla.
Que esta forja de Eggman ahora martille el acero del Imperio del Sol Naciente.
Y que los restos de nuestros enemigos sean fundidos para forjar nuevas armas.” La batalla había sido brutal, pero la guerra apenas comenzaba.
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