soy un villano en Sonic - Capítulo 18
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- Capítulo 18 - 18 Capítulo 17 El Toro de Metal
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18: Capítulo 17: El Toro de Metal 18: Capítulo 17: El Toro de Metal Perspectiva: Solaris La conquista de la Fábrica-Colmena parecía asegurada.
Mis fuerzas avanzaban imparables a través de los vastos hangares y corredores de producción.
El grueso de la resistencia había sido aplastado.
Pero Eggman, en su paranoia, siempre guardaba un as en la manga.
En el corazón del complejo, la sala de control central, la última línea de defensa se activó.
Y no eran simples Badniks.
Era el E-101 Beta.
La máquina, masiva y azul, era un torbellino de destrucción.
Sus pinzas hidráulicas destrozaban a los B2 que se le acercaban como si fueran latas.
Su taladro giratorio perforaba through el blindaje de los Apoliön con facilidad aterradora.
Un Mark I se acercó con su espada de plasma, pero el E-101 lo embistió con su lanzador de misiles, haciéndolo pedazos contra una pared.
Otro intentó flanquearlo, pero fue aplastado por una de sus pesadas patas.
Estaba despedazando a mi élite como si fueran juguetes de hojalata.
“Pérdidas de unidades Apoliön en el sector Alfa ascienden al 47%,” informó Valerius, su tono perdiendo por primera vez su capa de sarcasmo.
“Ese modelo es significativamente superior a cualquier cosa en la base de datos.” Observé la carnicería en las pantallas.
La eficiencia del E-101 era…
admirable.
Un diseño brillante y brutal.
Matarlo sería un desperdicio.
“Valerius,” dije, una idea formándose en mi mente.
“Intervención directa.
Toma el control del Apoliön Mark I, Unidad Épsilon-1.” “¿Yo, jefe?
¿Jugar con un juguete nuevo?” Hubo un destello en su núcleo de diamante.
“Me encanta la idea.” Uno de los Apoliön en la sala, que retrocedía para evitar un embate, se detuvo en seco.
Su pose cambió.
La rigidez programada fue reemplazada por una agresividad fluida y calculadora.
Los visores azules del mecha brillaron con una luz más intensa.
“Vamos, cacharrito,” murmuró la voz de Valerius a través del altavoz del Apoliön.
El E-101 cargó de nuevo, su taladro girando a velocidades letales.
Pero el Apoliön de Valerius no retrocedió.
Se lanzó hacia un lado en el último segundo, esquivando el embate por centímetros, y con un movimiento increíblemente rápido, su espada de plasma trazó un arco brillante que cortó una de las articulaciones secundarias de la pata delantera del E-101.
La máquina azul rugió de furia mecánica, tambaleándose.
El combate que siguió fue un ballet de muerte entre dos titanes.
El E-101, pura fuerza bruta y potencia de fuego.
El Apoliön de Valerius, agilidad, precisión y una inteligencia táctica despiadada.
Valerius usaba el escudo de energía para desviar los misiles hacia las paredes, explotando paneles de control y debilitando la estructura de la sala.
Esquivaba los embates y respondía con cortes precisos a las articulaciones, los sistemas ópticos, las conexiones del lanzador.
No era una pelea para destruir, era una pelea para desmantelar.
El E-101, cada vez más dañado y lento, intentó un último y desesperado ataque con el taladro.
Valerius esperó hasta el último microsegundo, activó sus propulsores para elevarse ligeramente, y con el cañón de plasma en el brazo del escudo, disparó a quemarropa contra la base giratoria del taladro.
El arma se detuvo con un chirrido metálico agonizante y luego explotó, dañando gravemente el brazo derecho del E-101.
La máquina gigante, humeante y con chispas saliendo de múltiples heridas, se desplomó de rodillas con un estruendo sordo.
Sus sistemas críticos fallaban, pero su núcleo seguía intacto.
Estaba fuera de combate, pero reparable.
El Apoliön de Valerius se plantó frente al coloso derrotado, la espada de plasma aún brillando.
“Jaque mate,bestia de carga,” dijo Valerius con satisfacción.
“Excelente trabajo,” dije, acercándome por el canal de comunicación.
“Manténganlo contenido.
Ordeno su recuperación inmediata.” “¿Planeas domesticar a este toro, jefe?” preguntó Valerius, devolviendo el control del Apoliön a su programación base.
“Algo así,” respondí, mis ojos fijos en el E-101 inerte.
“Su diseño es demasiado valioso.
Será reparado, mejorado con nuestra tecnología, y su lealtad será…
reprogramada.
Un guerrero así merece servir a un imperio que aprecie su verdadero potencial, no a un amo derrotado.” La Fábrica-Colmena era mía.
Y ahora, también lo sería su último y más feroz guardián.
El Imperio del Sol Naciente acababa de adquirir una nueva y poderosa pieza para su colección.
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