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soy un villano en Sonic - Capítulo 19

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  4. Capítulo 19 - 19 Capítulo 18 Anatomía de una Ambición Rota
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19: Capítulo 18: Anatomía de una Ambición Rota 19: Capítulo 18: Anatomía de una Ambición Rota Perspectiva: Solaris El silencio relativo en la Fábrica-Colmena de Gamma era casi tan ensordecedor como la batalla que la había precedido.

El rugido de los motores y el estruendo de los cañones habían dado paso al zumbido de los soldadores y al metálico traqueteo de los transportes de chatarra.

Montañas de restos, una amalgama de blancos y rojos desgarrados junto a los cadáveres de los Badniks de Eggman, eran devoradas por las fundiciones.

Todo se reciclaba, se purgaba en el fuego para renacer como un nuevo instrumento del Imperio.

La eficiencia, incluso en la victoria, era un mantra.

Sin embargo, una inquietud procesaba en mi núcleo.

Dos de cinco.

Solo dos Piezas del Umbral.

El ser 𓂀 guardaba silencio, y la incertidumbre del próximo movimiento creaba un raro vacío en mi agenda: tiempo no asignado.

Tiempo muerto.

Aburrimiento.

Mis sistemas, buscando una tarea productiva, se centraron en un activo subutilizado: Lunik.

La gata fallida.

Había sido una adquisición, un botín de guerra, pero mi interacción con ella se había limitado a sondeos iniciales y a usarla como espectadora pasiva durante la expedición a los Mil Hijos.

Ahora, con la curiosidad clínica de un científico que observa un espécimen peculiar, decidí dedicar tiempo a su estudio.

Siempre preferí los felinos.

Su naturaleza independiente, astuta y egocéntrica los hacía más interesantes que los caninos, obsecuentes y simples.

Lunik era un caso de estudio perfecto: una ambición grandiosa quebrada, un ego herido.

¿Cómo se manipulaba a una criatura así?

¿Cuáles eran sus grietas?

Conocer sus puntos débiles no era paranoia; era preparación.

Sus aposentos eran espartanos pero adecuados.

Una celda dorada con terminal de acceso restringido.

La encontré de pie frente al monitor que mostraba las operaciones de limpieza, su silueta recortada contra la luz azulada de la pantalla.

Su pelaje negro y dorado estaba impecable, un vestigio de su vanidad pasada, pero su cola se enroscaba con una tensión nerviosa.

Al sentir mi presencia, se irguió, todos sus músculos listos, como un resorte.

“Señor Solaris,” dijo, su voz un hilo de sumisión cuidadosamente medido.

“Lunik,” asenté, deteniéndome lo suficientemente cerca para que mis ojos amarillos fueran lo único en su campo de visión.

“La maquinaria del imperio descansa tras una conquista.

Un momento para la introspección.” Ella permaneció en silencio, esperando.

Buena.

El miedo aún estaba ahí.

“Me intrigas,” continué, caminando lentamente alrededor de ella, como un depredador evaluando a su presa.

“Muchos con ambición fracasan.

Pocos tienen la…

oportunidad de ver de cerca por qué sus sueños eran insuficientes.

Dime, ¿qué ves cuando miras esas pantallas?

¿Restos de tu propia derrota pasada, o los cimientos de algo que nunca pudiste imaginar?” Era una trampa verbal.

Cualquier respuesta revelaría algo.

Si respondía con nostalgia por su propio fracaso, mostraría debilidad.

Si admiraba mi poder de forma obvia, sería un intento transparente de adulación.

Lunik respiró hondo, sus ojos se clavaron en la pantalla donde un Egghammer destrozado era cortado por láseres.

“Veo…

eficiencia, señor.

Cuando yo fallé, fue por la arrogancia.

Creí que la lealtad se ganaba con títulos y miedo.

Usted…

usted la construye con acero y propósito.

Es más honesto.

Y más aterrador.” Interesante.

No cayó en la trampa.

Reconoció su error y analizó mi método con una claridad que no le concedía.

Quizás no era solo una tonta con complejo de diva.

“El miedo es una herramienta burda,” rectifiqué, deteniéndome frente a ella de nuevo.

“Solo funciona hasta que aparece un miedo mayor.

La lealtad forjada en un propósito común, en la certeza de la victoria…

esa es más duradera.

Tu ‘Imperio Arkon’ se basó en lo primero.

El mío, en lo segundo.” Sus orejas se giraron ligeramente, captando cada palabra.

Estaba analizándome a mí también.

Astuta.

“¿Y cuál es mi propósito aquí, entonces?” se atrevió a preguntar, desviando la mirada por un momento hacia mis ojos fijos.

“Eso es lo que estamos determinando,” respondí, dejando que la ambigüedad pesara en el aire.

“Tu conocimiento del mundo, de sus facciones menores, de los errores que otros podrían cometer…

es un recurso.

Puedes ser un manual de instrucciones sobre los defectos de los demás.

O puedes ser chatarra.

La elección, hasta cierto punto, sigue siendo tuya.” Me volví para irme, el mensaje entregado.

La había elogiado sutilmente, había cuestionado su lugar y le había dado una ilusión de agencia, todo mientras recordaba su precaria situación.

La manipulación no era solo sobre gritos y amenazas.

Era sobre plantar semillas de duda y esperanza en el suelo fértil del miedo.

“Descansa, Lunik,” dije desde la puerta.

“El imperio se mueve otra vez pronto.

Asegúrate de ser útil cuando lo haga.” Al salir, una actualización de Valerius confirmó que el E-101 estaba listo para la fase de reprogramación.

Dos piezas de un portal a otra realidad.

Un imperio en crecimiento.

Un hechicero alienígena estudiando artefactos.

Un toro mecánico esperando un nuevo amo.

Y ahora, un gato astuto cuyo ego estaba siendo cuidadosamente remodelado como una pieza de arcilla.

El aburrimiento se había disipado.

Había sido reemplazado por la satisfacción de refinar otra herramienta.

Cada interacción, cada conversación, era solo otro tipo de ingeniería.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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