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soy un villano en Sonic - Capítulo 24

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24: Capítulo 23: El Fantasma en la Máquina 24: Capítulo 23: El Fantasma en la Máquina Perspectiva: Solaris La tercera Pieza del Umbral reposaba en su cámara de contención, un triunfo más en la cuenta del Imperio.

Mientras, en la superficie desértica, la lógica fría del reciclaje se imponía.

Legiones de Robots Recolectores, diseñados para la eficiencia y no para la elegancia, cumplían su función.

Recogían cada fragmento de aquellos misteriosos Hombres de Hierro y cada resto de mis propias unidades caídas.

Nada se desperdiciaría.

Todo sería fundido, analizado y convertido en algo útil para el Sol Naciente.

Fue en el clímax de esta operación de limpieza que la variable impredecible hizo su aparición.

No un ejército, no un rival a mi altura.

Solo un erizo azul.

Sonic.

Llegó en un remolino de polvo y energía caótica, deteniéndose con esa pose desafiante que tanto lo caracterizaba.

“¡Oye!

¿Otro plan para arruinar el paisaje?” gritó, su voz un aguijón familiar en los sensores externos.

Una molestia.

Una distracción que no podía ignorarse, pero que no merecía mi atención personal.

“Desplieguen el escuadrón de contención.

B1, B2, Apoliön.

Manténganlo ocupado.

Es todo.” Mientras Sonic se veía envuelto en un ballet de destrucción contra mis fuerzas, esquivando ráfagas de bláster y cortes de plasma con su irritante agilidad, los últimos Recolectores completaron su tarea.

Las preciadas cargas de chatarra tecnológica fueron aseguradas en las bodegas y las rampas de las naves se cerraron.

El botín estaba a salvo.

“Flota, alcen vuelo.

Posición de bombardeo,” ordené.

El rugido de los motores llenó el desierto mientras la armada se elevaba, formando un círculo de muerte en el cielo.

Desde esta altura, Sonic era apenas un punto azul insignificante.

“Lord Solaris,” la voz de Lunik, la gata, sonó a mi espalda, con un tono de aprensión inusual.

“El bombardeo…

¿no es excesivo?

El templo ya está vacío.” Me volví lentamente, mis ojos amarillos fijándose en ella.

“La ‘excesividad’ es un concepto subjetivo, Lunik.

Lo que queda ahí abajo no es un templo.

Es un lugar de poder que no controlamos.

Un símbolo que otros podrían reclamar.

Y en este juego, no permito que nadie más levante fichas.” No mencioné a 𓂀.

Para Lunik, para Valerius, para todos, yo era la mente maestra, la voluntad única detrás del Imperio.

Mi conexión con aquel ser, el verdadero arquitecto de esta búsqueda, era mi secreto.

Mi ventaja.

Mi posible perdición.

Bajé el brazo.

“Fuego.” El mundo estalló en luz y sonido.

Láseres, misiles y el fuego cinético-térmico de las BLACK THUNDER cayeron como un manto de pura aniquilación.

El templo, las dunas circundantes, todo fue barrido, vaporizado en un cataclismo controlado.

Cuando el humo se disipó, solo un cráter vitrificado y humeante quedaba como testimonio.

No había rastro de Sonic.

Seguramente había huido.

Era predecible.

“El objetivo ha sido purgado,” anunció Valerius.

“No quedan recursos aprovechables.” “Como debe ser,” respondí, volviéndome hacia los monitores que mostraban la Pieza del Umbral.

“Nadie más obtendrá nada de ese lugar.

Porque nada de lo que toco puede ser usado en mi contra.” Internamente, una sola thought resonaba, dirigida a la entidad que observaba desde las sombras: Veis, 𓂀?

Recogemos vuestras piezas, sí.

Pero lo hacemos a nuestra manera.

Barremos vuestro tablero.

No sois el único que puede cambiar las reglas.

Para el mundo, yo era Solaris, el líder del Imperio del Sol Naciente.

Un misterio.

Un espectro de líneas negras y ambición infinita.

Y así debía seguir siendo.

Mi alianza con lo divino era un arma que solo yo debía empuñar, porque si alguien más descubría que quizás no era más que un peón en una partida mayor, todo este imperio de acero podría derrumbarse como un castillo de naipes.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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