soy un villano en Sonic - Capítulo 25
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- Capítulo 25 - 25 Capítulo 24 El Precio de la Velocidad
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25: Capítulo 24: El Precio de la Velocidad 25: Capítulo 24: El Precio de la Velocidad LPerspectiva del Narrador El bombardeo orbital fue un cataclismo que resonó en los huesos.
Desde el cielo, Solaris y su flota habían escrito su firma en el desierto: un cráter humeante donde antes existía un misterio ancestral.
Pero en la tierra, entre el polvo y los escombros, otra historia, más pequeña pero igual de significativa, estaba llegando a su fin.
Sonic el Erizo había bailado con la muerte una vez más.
Su velocidad, legendaria, le había permitido escapar del epicentro de la aniquilación por un margen imposiblemente estrecho.
Sin embargo, incluso para él, hubo un precio.
En el frenesí de la distracción, antes de que las naves ascendieran, un Apoliön Mark I, con una frialdad mecánica perfecta, había logrado anticipar uno de sus movimientos evasivos.
La hoja de plasma, un destello de energía letal, no le había dado de lleno.
Eso habría sido el fin.
Pero le había abierto un profundo corte en su costado, atravesando su piel y músculo con un siseo siniestro.
El dolor era agudo y punzante, una quemadura fría que se negaba a sanar al instante, como si el plasma mismo hubiera envenenado la herida.
Apenas consciente, con la visión nublada por el dolor y el esfuerzo, Sonic había usado sus últimas fuerzas para correr.
No hacia la batalla, sino lejos de ella.
Cada paso era una puñalada, cada latido de su corazón una bomba que enviaba oleadas de agonía a través de su cuerpo.
La velocidad que lo definía ahora era un suplicio.
Logró llegar a las afueras de la ciudad más cercana, Mesa Verde, un asentamiento en el borde del desierto.
Colapsó contra la puerta de la pequeña clínica, manchando la madera con su sangre.
Los habitantes, que lo reconocieron al instante, actuaron con rapidez.
Lo llevaron a la sala de emergencias, donde los médicos mobianos lucharon para cerrar la herida, limpiar el tejido dañado por la energía del plasma y detener la hemorragia.
No era una herida mortal, pero era grave.
Lo suficientemente grave como para dejar al héroe más rápido del mundo postrado en una cama, vulnerable y furioso.
Por primera vez en mucho tiempo, un enemigo no solo lo había enfrentado, sino que lo había marcado de una manera que no podía ignorar.
El nombre “Solaris” y el símbolo del sol naciente se grabaron en su mente no solo como una amenaza, sino como una promesa de dolor.
— Mientras tanto, la flota del Imperio del Sol Naciente, habiendo completado su misión con una brutal eficiencia, surcaba los cielos de regreso a su fortaleza.
En el puente del Sol Naciente-01, Solaris observaba los informes.
“El bombardeo fue un éxito total, jefe,” dijo Valerius.
“El sitio ha sido esterilizado.
Y según los sensores de las naves, el erizo logró escapar, pero con una firma de bioenergía muy débil.
Probablemente herido.” Solaris no mostró emoción.
Era un dato, no un triunfo.
“Bien.
Que Ahriman comience el análisis de los restos de los ‘Hombres de Hierro’.
Y preparen la Pieza para su estudio.
Cada fragmento nos acerca al objetivo final.” Al aterrizar en la base, el imperio continuó su ritmo implacable.
Fábricas fundiendo la chatarra recuperada, científicos arcano estudiando la nueva Pieza, nuevas naves tomando forma en los diques secos.
Para Solaris, la herida de Sonic era solo una anécdota, una prueba más de que su poder era tangible, de que podía dañar incluso a los símbolos de esperanza de este mundo.
Pero en una clínica tranquila, la semilla de una resistencia más determinada acababa de ser plantada.
El héroe había sido tocado, y cuando se levantara, la caza contra el Imperio del Sol Naciente comenzaría con una ferocidad renovada.
El juego había cambiado, aunque el arquitecto del imperio aún no lo supiera.
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