soy un villano en Sonic - Capítulo 26
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- Capítulo 26 - 26 Capítulo 25 Raíces de la Defensa y Charlas de Pasillo
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26: Capítulo 25: Raíces de la Defensa y Charlas de Pasillo 26: Capítulo 25: Raíces de la Defensa y Charlas de Pasillo Perspectiva: Solaris La seguridad perimetral de la isla era impecable para los estándares convencionales.
Las torretas BLACK THUNDER, los patrulleros aéreos y los droides de vigilancia formaban una red de acero.
Pero mi mente, siempre buscando la siguiente optimización, encontró una brecha: la defensa estática carecía de la adaptabilidad y la persistencia de lo orgánico.
Necesitaba algo que creciera, se extendiera y atacara por sí solo.
Fue en los archivos de entretenimiento de mi vida pasada donde encontré la chispa: las absurdas pero efectivas plantas de Plants vs.
Zombies.
El concepto era sólido: vida vegetal convertida en arsenal.
Pero yo no me conformaría con guisantes y nueces.
Esto sería una evolución.
“Valerius,” ordené, dirigiéndome hacia los laboratorios de bioingeniería, una sección que hasta ahora había tenido un uso marginal.
“Movilice a los Robots Científicos de serie Epsilon y preparen los Modificadores Genéticos de Alta Precisión.
Voy a iniciar un proyecto personal.” “¿Personal, jefe?” La voz de Valerius goteaba curiosidad.
“¿Algo que un simple asistente como yo no deba saber?
¿Quizás un invernadero para…
aliviar el estrés?” “Puedes verlo así,” respondí, sin alterar mi tono.
“Un invernadero de disuasión absoluta.” Dentro del laboratorio estéril, rodeado de la sinfonía de máquinas capaces de reescribir el ADN, me sumergí en la creación.
No serían copias, sino mejoras radicales, aplicando la lógica fría del imperio al caos controlado de la biología.
· Lanzaguisantes -> Lanzadores Ácidos: Sus cápsulas no serían de celulosa, sino de un polímero biocorrosivo que devoraría metal y materia orgánica por igual.
· Girasoles -> Reactores Fotovoltaicos: No generarían “sol”, sino que capturarían energía solar masiva, convirtiendo la isla en una central eléctrica viviente y alimentando el resto de las defensas.
· Nueces -> Bastiones de Carburo: Su cáscara sería una aleación de fibras de carbono y polímeros regenerativos, capaz de absorber impactos de artillería pesada.
· Lanzapuerros -> Flagelos de Energía: Sus tallos golpearían con la velocidad de un látigo y el filo de un láser sónico.
· Patatapum -> Minas Terrofágicas: Se enterrarían y detonarían con la fuerza de una carga de plasma, sembrando el terreno de muerte.
Era un ejercicio fascinante.
No se trataba solo de construir, sino de crear vida con un propósito único: defender.
Cada secuencia genética modificada, cada polímero inyectado, era un paso hacia una fortaleza viviente.
— Perspectiva: Lunik Con Solaris encerrado en su laboratorio, la base parecía…
más tranquila.
Menos cargada de esa presencia abrumadora.
Fue en uno de los corredores principales que me topé con Valerius.
Normalmente, su flotar silencioso a un lado de Solaris lo hacía parecer una extensión más de la voluntad de mi…
captor.
Pero hoy era diferente.
“Aburrida, ¿cierto?” dijo de pronto, su voz mecánica con ese tono que siempre bordea el sarcasmo.
“Es lo que tiene.
Pueden pasar días de calma absoluta y luego, de repente, órdenes de invadir un continente.
Así es él.” Al principio, me mantuve a la defensiva, pero su actitud era desenfadada.
“Vamos, relájate un poco,” insistió, haciendo girar una de sus garras azules.
“El jefe está en su modo ‘dios de las plantas’.
Tenemos tiempo para hablar de tonterías.
Por ejemplo, ¿sabías que a los B1 les aterran los gatos?
Es lo más gracioso que he visto.
Uno de ellos se tropezó con sus propios pies al verte pasar ayer.
Su subrutina de ‘amenazas móviles escurridizas’ debe confundirlos.” No pude evitar una risa leve.
Era tan estúpido que resultaba…
gracioso.
“¿En serio?” “¡Juro por mis circuitos!
Tu silueta y esos andares felinos activan sus protocolos de pánico.
Es como si vieran un Sonic en miniatura y esponjoso.” Hablamos un rato.
Me contó anécdotas de los primeros días, de lo patética que era mi “Imperio Arkon” comparado con la máquina perfecta que Solaris estaba construyendo.
No lo dijo con maldad, sino con una suerte de humor negro.
Incluso soltó algún comentario sobre los “gustos” de Solaris.
“Entre tú y yo,” bajó su voz (o al menos, eso pareció), “al jefe, en el fondo, le gustan las cosas con…
carácter.
Lo predecible lo aburre.
Por eso te tolera.
Eres un problema interesante.
Yo, por ejemplo, soy su asistente perfecto porque soy un sarcástico sin remedio.
Si fuera un ‘sí, señor’ todo el tiempo, me habría fundido hace eras.” Era extraño.
En el corazón de este imperio de metal y ambición, encontré a un ser que, por un momento, parecía…
casi simpático.
Hablar con Valerius era un respiro.
Con él, podía bajar la guardia y ser simplemente Lunik, no la prisionera o el “recurso útil”.
Claro, en el fondo sabía que su lealtad a Solaris era absoluta.
Si llegara la orden, me desarmaría sin pestañear, probablemente con una broma de mal gusto.
Pero por ahora, su compañía y sus tonterías eran un consuelo inesperado en medio de la fría lógica del Sol Naciente.
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