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soy un villano en Sonic - Capítulo 27

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27: Capítulo 26: El Juego de la Audacia 27: Capítulo 26: El Juego de la Audacia Perspectiva: Lunik Los días se habían vuelto una rutina de metal y susurros.

La presencia de Solaris era una sombra constante, un recordatorio de mi posición: entre prisionera y mascota.

Pero la conversación con Valerius había plantado una semilla de rebelión calculada en mi mente.

“Al jefe le gustan las cosas con carácter.

Lo predecible lo aburre.” No eran solo palabras; eran una posible llave.

Observé.

Esperé.

Finalmente, después de largas horas encerrado en su laboratorio de horrores botánicos, Solaris emergió.

No mostró fatía—su cuerpo de líneas negras parecía incapaz de ello—pero había una leve disminución en la intensidad de su zumbido interno, una pausa en su ritmo implacable.

Se detuvo frente a una de las grandes ventanas del mirador, observando el mar bajo la luz de la luna artificial de la base.

Era mi momento.

Con el corazón latiéndome con fuerza contra el pecho, me acerqué.

No con la sumisión habitual, sino con una calma que fingí con todas mis fuerzas.

“Señor Solaris,” comencé, manteniendo mi voz firme.

Sus ojos amarillos se desviaron hacia mí, sin expresión.

Un silencio que invitaba a seguir o a ser ignorado.

“Estuve analizando los informes de la Fábrica-Colmena Gamma,” continué, arriesgándome.

“El proceso de reciclaje de los Egghammers capturados es ineficiente en un 12%.

Sus aleaciones requieren una temperatura de fusión un 7% mayor que la programada en los hornos principales.

Se está desperdiciando energía y tiempo.” Era una observación menor, casi insignificante en la gran escala de su imperio.

Pero no era una súplica.

No era una admisión de debilidad.

Era una crítica.

Una sugerencia basada en mi propio conocimiento, limitado, pero existente.

Solaris no respondió de inmediato.

Su cabeza giró ligeramente, y esa sonrisa siniestra grabada en su rostro pareció…

no ampliarse, sino adquirir una cualidad diferente, más afilada, como si de repente estuviera más interesado.

“¿Oh?” fue todo lo que dijo.

Una palabra, cargada de curiosidad.

“Los manuales de mantenimiento de la serie Egghammer, a los que tuve acceso en mi…

etapa anterior,” expliqué, evitando llamarlo ‘imperio’, “especifican puntos de fusión variables debido a las impurezas intencionales en el blindaje para absorber impactos.

Sus sistemas no lo están teniendo en cuenta.” Siguió un silencio más.

Podía sentir la mirada de Valerius en algún lugar de la sala, pero no me atreví a apartar la vista de esos dos puntos amarillos.

“Una observación…

válida,” concedió Solaris, su voz metálica tan plana como siempre, pero sin el tono de desdén que esperaba.

“Valerius, ajuste los parámetros de los hornos de la fundición Gamma.

Implemente un escaneo de composición previo a la fusión.” “Como ordene, jefe,” respondió la voz del asistente desde las sombras, y creí detectar un matiz de…

¿aprobación?

Solaris volvió a mirarme.

“Sigue siendo útil, Lunik.

Me agrada la eficiencia.

Y me agrada más cuando surge de donde no se espera.” No fue un elogio cálido.

Fue el reconocimiento frío de un programador al encontrar una variable interesante en su código.

Pero para mí, fue una victoria monumental.

No me había arrastrado.

No había suplicado.

Había desafiado, de la manera más sutil posible, y había funcionado.

“Gracias, señor,” dije, con una inclinación de cabeza que ahora sentía menos sumisa y más…

estratégica.

Cuando me retiré, sintiendo sus ojos en mi espalda, no sentí el habitual escalofrío de terror.

Sentía una chispa de poder, diminuta y frágil, pero real.

Valerius tenía razón.

Solaris no quería una esclava sumisa.

Quería una pieza en su juego, una que supiera moverse con astucia.

Y yo, Sir Lunik, antigua dictadora fallida, acababa de recordar cómo se jugaba.

No con ejércitos esta vez, sino con palabras, observaciones y el audaz arte de mostrar un poco de carácter justo en el momento preciso.

El juego había cambiado, y por primera vez desde mi derrota, sentía que tenía una oportunidad, por pequeña que fuera, de tallarme un lugar en este imperio que no fuera el de una simple cautiva.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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