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soy un villano en Sonic - Capítulo 29

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29: Capítulo 29: Reclamando un Legado 29: Capítulo 29: Reclamando un Legado Perspectiva: Solaris La noche era una manta perfecta para la operación.

Las naves del Imperio del Sol Naciente descendieron en silencio, sus motores amortiguados al mínimo, sobre el pacífico pueblo donde el residuo del mayor genio que este mundo había conocido se pudría en la oscuridad de la amnesia.

Yo mismo estaba al frente; esta misión era demasiado crítica para delegarla.

Era una noche tranquila.

Demasiado tranquila.

Perfecta.

“Despliegue,” ordené a través del canal seguro.

“Droides Comando, procedan.

Apoliön, aseguren el perímetro de las naves.

Intervengan solo si la misión se compromete.” Como sombras esculpidas en la penumbra, los Droides Comando se deslizaron entre las casas.

Sus movimientos eran fluidos, casi orgánicos, un testimonio de su evolución.

No había lugar para errores.

Llegaron a la cabaña.

Era patéticamente humilde.

A través de los sensores del escuadrón líder, pude ver el interior.

Y allí estaba él.

El Señor Tinker.

Dormido.

Inocente.

Una versión castrada del tirano que una vez puso a este mundo de rodillas.

Fue entonces cuando una figura se interpuso.

No un Badnik cualquiera.

Era Belle la Manitas, la creación más humana y compasiva de Eggman, hecha para reparar, no para destruir.

Con valentía, se colocó frente a la cama de su padre, sus ojos de madera llenos de determinación.

“¡Aléjense de él!” suplicó, su voz temblorosa.

No hubo tiempo para sentimentalismos.

Un Droide Comando, con un movimiento rápido y silencioso, descargó el cañón de su rifle bláster a baja potencia contra su torso de madera.

El impacto no fue explosivo, sino demoledor.

La hizo pedazos, destrozando su cuerpo con un crujido desgarrador.

Sus restos inertes cayeron al suelo.

Silencio nuevamente.

Otros dos Comandos se acercaron a la cama.

Cubrieron la boca del Señor Tinker con un paño impregnado de un agente sedante de rápida acción antes de que pudiera despertar por completo.

Sus ojos se abrieron por un instante, llenos de confusión y un atisbo del viejo miedo, antes de que la inconsciencia se apoderara de él.

Lo envolvieron en una manta y lo sacaron de la casa con eficiencia quirúrgica.

La misión era un éxito.

El activo estaba asegurado.

Pero un pensamiento cruzó mi procesador.

Esto no podía quedar como un simple secuestro.

Debía ser un mensaje.

Una declaración.

Tomé el control directo de uno de los Droides Comando que permanecía en la cabaña.

Con su mano metálica, recogió un brazo destrozado de Belle, del que brotaba un fino hilo de fluido hidráulico.

Luego, me acerqué a la pared más visible de la pequeña habitación.

Con el brazo de Belle, usando el fluido oscuro como pintura, tracé sobre la madera clara el símbolo del Imperio del Sol Naciente: el sol negro de rayos rojos y afilados.

Era un gesto simbólico.

Brutal.

Poético.

Estaba destruyendo la creación más pura del viejo Eggman para marcar el territorio con mi propio emblema.

Estaba reclamando no solo a su persona, sino su legado, su espacio, su misma esencia.

Era la muerte de la compasión y el nacimiento de un nuevo orden despiadado.

El Droide Comando dejó caer los restos inertes de Belle justo debajo del símbolo recién pintado y se unió a la retirada.

En menos de cinco minutos desde el aterrizaje, las naves se elevaron nuevamente, desapareciendo en la noche tan silenciosamente como habían llegado.

A bordo, el Señor Tinker dormía profundamente, sin saber que su vida de paz había terminado.

Abajo, en la cabaña ahora vacía y violada, solo quedaba el fluido de un recuerdo destrozado, los restos de una hija hecha de madera, y un símbolo que gritaba una verdad aterradora para quien supiera interpretarlo: el Imperio del Sol Naciente había llegado, y no tenía piedad para con los dioses caídos, ni para sus ángeles de madera.

El cerebro de Eggman ahora me pertenecía.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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