soy un villano en Sonic - Capítulo 30
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- Capítulo 30 - 30 Capítulo 30 Ondas de Conmoción y un Nuevo Desafío
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30: Capítulo 30: Ondas de Conmoción y un Nuevo Desafío 30: Capítulo 30: Ondas de Conmoción y un Nuevo Desafío erspectiva del Narrador La noticia de la violenta desaparición del Señor Tinker se extendió por el pueblo como un reguero de pólvora.
La cabaña, con su puerta forzada, los restos destrozados de Belle la Manitas y, lo más aterrador, el símbolo del sol negro y rojo pintado con fluido hidráulico en la pared, se convirtió en un lugar de peregrinaje macabro.
El miedo, que se había disipado con la caída de Eggman, regresó con una intensidad renovada.
No era el caos colorido del doctor, sino algo frío, metódico y despiadado.
Un nuevo poder había emergido de las sombras, y su primer acto público había sido borrar cualquier rastro de redención del genio del mal.
Los rumores sobre el “Imperio del Sol Naciente” comenzaron a circular, teñidos de un terror desconocido.
— Perspectiva: Solaris Mientras las ondas de choque de mi operación se expandían por el mundo, una vibración familiar interrumpió mis cálculos.
Mi teléfono, el vínculo con 𓂀, se encendió.
El mensaje era escueto, como siempre.
Coordenadas.
Imágenes.
Un templo construido en el pico de una montaña casi inaccesible, rodeado de nieves perpetuas.
Y la advertencia: 𓂀: La cuarta Pieza aguarda.
Sus guardianes son los Hell Troopers de la Federación de la Tierra Unida.
Disciplina férrea.
Tecnología de plasma avanzada.
No subestimes su tenacidad.
Federación de la Tierra Unida?
Hell Troopers?
Otros nombres de otro mundo.
Otro ejército de otra realidad, plantado aquí como obstáculo.
La repetición era evidente.
𓂀 estaba probándome contra una variedad de fuerzas militares de diferentes universos.
Pero esta vez, tenía un nuevo activo.
O, más bien, un nuevo conjunto de ojos para analizar.
“Valerius,” llamé.
“Preparen la Fuerza de Expedición Gamma.
Misma composición.
Y envíe una comitiva a los aposentos de Ahriman.” Minutos después, el Archihechicero estaba frente a mí, su armadura carmesí destellando a la luz de la sala de mando.
“Ahriman,” comencé, mostrándole las imágenes del templo montañoso y de los Hell Troopers, soldados con armaduras tácticas y armas de plasma.
“Otra Pieza del Umbral.
Otros guardianes de un mundo que no es el suyo.
Usted y sus Mil Hijos me acompañarán en esta misión.” Su yelmo se inclinó ligeramente.
“¿Mi presencia es requerida para el combate?
Nuestros poderes están…
limitados aquí.” “No los necesito para lanzar hechizos,” aclaré.
“Los necesito para observar.
Usted es un veterano de guerras que atraviesan las estrellas.
Quiero su análisis táctico de estos ‘Hell Troopers’.
Quiero que vea cómo pelean mis fuerzas.
Quiero que comprenda la escala y la eficiencia del Imperio del Sol Naciente en acción.
Considérelo…
un intercambio cultural militar.” Era una verdad a medias.
Quería su análisis, sí.
Pero también quería que él y sus guerreros fueran testigos de mi poder de primera mano.
Que vieran la aniquilación metódica que yo podía desatar.
Era una demostración de fuerza, una forma de consolidar su lealtad (o su sumisión pragmática) mostrándoles que, incluso en su estado debilitado, estaban del lado del poder emergente más formidable del planeta.
Una chispa de interés genuino pareció encenderse detrás de su yelmo.
La perspectiva de analizar una nueva forma de guerra, de evaluar a otro ejército, apelaba a su naturaleza de estratega.
“Como ordene, Solaris,” dijo con un tono que era menos reticente de lo habitual.
“Observaremos.
Y analizaremos.” La flota se preparó una vez más.
Esta vez, no solo llevaríamos ejércitos de acero, sino también a los señores de la guerra de otro universo.
Iba a ser una demostración.
Una lección.
Y otro paso hacia el portal que me permitiría enfrentarme a mi propio creador.
Los Hell Troopers de la FTU no lo sabían, pero estaban a punto de convertirse en los conejillos de indias en el próximo experimento militar del Imperio del Sol Naciente.
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