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soy un villano en Sonic - Capítulo 7

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  4. Capítulo 7 - 7 Capítulo 7 Mensajes de un Dios
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7: Capítulo 7: Mensajes de un Dios 7: Capítulo 7: Mensajes de un Dios Perspectiva: Solaris El aire en la fábrica conquistada olía a ozono, aceite quemado y derrota.

Mis unidades B2, impasibles, custodiaban los pasillos mientras los Badniks de carga transportaban lingotes de metal y componentes hacia las bodegas de las naves.

La victoria era tangible, un dulce sabor metálico en la boca del imperio.

Nos habíamos alimentado bien.

Fue en la cámara principal de logística, una sala llena de terminales destrozadas y esquirlas de lo que fueron Egghammers, donde uno de mis B1 de exploración se detuvo frente a un compartimento blindado que había resistido los explosivos.

Con sus delgados brazos, forzó la cerradura carbonizada.

Dentro, sobre un cojín de espuma degradada, reposaba un objeto.

Era una pieza de metal y cristal de una aleación que no reconocía.

Brillaba con una luz interna tenue, pulsante.

Tenía formas angulares y fluidas a la vez, como un fragmento de un mecanismo imposible.

No se conectaba a nada, no parecía una pieza de repuesto de ningún Badnik o nave eggmaniana.

Era…

extraña.

La tomé con mis dedos delgados y metálicos.

Era fría, pero una vibración casi imperceptible recorría mi brazo.

Y entonces, ocurrió.

Un zumbido familiar, un estremecimiento que no provenía de la pieza, sino de mí.

De lo que, en otra vida, había sido el bolsillo de mis pantalones.

En este cuerpo de líneas negras, no había bolsillos, pero la sensación era idéntica.

Confundido, pasé mi mano libre por el costado de mi torso, donde la ilusión de una prenda de vestir se superponía a mi estructura.

Mis “dedos” encontraron una protuberancia que no debería estar ahí.

Una forma delgada y rectangular.

La extraje.

Era mi teléfono.

El mismo maldito teléfono que tenía en mi vida pasada cuando el infarto me arrebató todo.

La funda negra, la pantalla llena de microscópicas grietas que nunca me molesté en reparar.

¿Cómo…?

¿Por qué?

La pantalla se encendió sola, mostrando un porcentaje de batería del 100% a pesar de los años, o del cambio de realidad, o de lo que fuera que hubiera pasado.

No había señal, por supuesto.

Pero una aplicación estaba abierta: WhatsApp.

El icono verde brillaba de forma antinatural.

Lo toqué.

No había lista de contactos.

Solo un chat único, con un nombre: 𓂀.

El último mensaje era de hace un minuto.

𓂀: La primera llave ha sido encontrada.

La Sincronización comienza.

Un escalofrío que no era físico, sino existencial, me recorrió.

Miré la pieza que sostenía en mi otra mano.

La “llave”.

Antes de que pudiera procesarlo, nuevos mensajes aparecieron, uno tras otro, como si el remitente estuviera al otro lado de la pantalla, escribiendo en tiempo real.

𓂀: Tu propósito trasciende este mundo de héroes y villanos menores.

El Imperio del Sol Naciente es un medio, no un fin.

𓂀: Debes encontrar las cinco Piezas del Umbral.

Esas que el científico de bigote soñó con usar pero nunca comprendió.

𓂀: Ensambladas, abrirán el camino.

Un portal a realidades donde tu verdadero potencial podrá desplegarse.

Donde el poder no se mide en Badniks destruidos.

𓂀: Esta es tu verdadera misión, Solaris.

No conquistes este mundo.

Trascíendelo.

La pantalla del teléfono se apagó, volviéndose un rectángulo negro e inerte en mi mano.

La pieza del portal, la “llave”, seguía pulsando suavemente en mi otra mano.

Un silencio abismal llenó mi mente, ahogando el zumbido de la fábrica.

Me di la vuelta lentamente.

Valerius flotaba a unos metros, observando la escena con su ojo central parpadeante.

“Valerius,” dije, y mi voz sonó extraña, incluso para mí.

“¿Por qué no me informaste que tenía…

esto en mi posesión?” El diamante rojo se inclinó ligeramente, sus garras azules se abrieron en un gesto que pretendía ser de inocencia.

“Jefe, lo detecté en su forma biomórfica inicial durante su…

reconfiguración.

Asumí que era un componente orgánico residual de su existencia anterior.

Pensé que usted ya lo sabía.

No parecía tener una función relevante.” Hizo una pausa y añadió, con su sarcasmo característico pero ahora teñido de curiosidad: “¿Debo añadir ‘comunicaciones interdimensionales via aplicaciones de mensajería’ a la lista de sus habilidades?” No respondí.

Cerré mi mano alrededor del teléfono, sintiendo su forma absurda contra mi palma metálica.

Luego, miré la Pieza del Umbral.

Un imperio era un juego de niños.

Un portal a otras realidades…

eso sonaba más a mi nivel.

Una sonrisa lenta y genuinamente siniestra se extendió por mi rostro, superponiéndose a la que estaba grabada.

“Cambio de planes, Valerius,” murmuré, mis ojos amarillos fijándose en el horizonte más allá de las paredes de la fábrica.

“Preparen las naves.

Tenemos una caza que hacer.”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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