SSS Despertar: Puedo Cambiar de Clase a voluntad - Capítulo 210
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Capítulo 210: Problemas en el check-in
El joven despertado se aclaró la garganta, intentando recuperar algo de dignidad. —La base está llevando a cabo registros exhaustivos de todos los que entran y salen. Al parecer, un poderoso paria fue avistado en algún lugar de los alrededores, así que están revisando a todo el mundo para asegurarse de que no se cuele.
—¿Un paria? —la expresión de Selene se tornó más seria—. ¿Qué rango?
—No lo dijeron específicamente, pero la seguridad no sería tan estricta para nadie por debajo del Rango A. Así que probablemente sea peligroso.
Mientras el joven despertado respondía, su mirada se desvió —de forma completamente involuntaria, juraría más tarde— hacia el cuerpo inconsciente de Luna, acunado en los brazos de Selene.
La visión del rostro de Luna, cómodamente acurrucado contra el pecho de la hermosa mujer, con un aspecto perfectamente apacible y satisfecho en su estado de inconsciencia, se le clavó al joven como una espada en el pecho.
Una envidia pura, sin adulterar, le inundó el corazón con una intensidad casi dolorosa.
«¡¿Quién es este maldito cabrón?!», gritaban sus pensamientos con la furia de mil románticos despechados. «¡Debería haber sido yo! ¡Esa debería ser MI cara en esa posición! ¡¿Qué hizo este carilindo inconsciente para merecer semejante trato?! Debe de ser de una familia rica… ¡Tsk!»
La imagen se le grabó a fuego en el cerebro: ser llevado en brazos por una mujer hermosa, acurrucado contra su pecho, cabalgando sobre un majestuoso corcel blanco como una especie de príncipe de cuento de hadas.
Era todo lo que siempre había deseado. Y ese cretino inconsciente lo estaba viviendo sin siquiera estar despierto para apreciarlo.
«Si tan solo pudiera… intercambiar nuestros lugares… solo por un momento… moriría sin remordimientos».
El joven despertado llevaba ya tres años atrapado en esta base de mala muerte, y su mediocre talento le aseguraba que nunca pasaría del Rango D. Hacía tiempo que sus sueños de convertirse en un poderoso Evolucionador habían muerto, sustituidos por aspiraciones más prácticas.
Como encontrar una sugar mommy.
Preferiblemente una sugar mommy rica, poderosa y hermosa que lo llevara a todas partes y le permitiera vivir con lujo y comodidad mientras él… le daba apoyo moral. O algo por el estilo.
¿Era mucho pedir? Quizá sí, pero no dejaría de soñar; era lo único que podía hacer.
«¡La vida es tan injusta!»
—Gracias por la información —dijo Selene con amabilidad, completamente ajena a la crisis interna que se desarrollaba en la psique del joven.
—Sí… no hay problema… —masculló, volviéndose de nuevo para mirar al frente de la cola, con los hombros caídos en señal de derrota.
Detrás de él, Yara había estado observando toda la interacción con regocijo. Se acercó más a Selene y le susurró: —Ese humano parecía como si le acabaras de decir que toda su familia había muerto.
Selene bajó la mirada hacia el rostro dormido de Luna, luego la dirigió de nuevo al abatido despertado que tenían delante, y lo comprendió al instante.
—Oh —dijo en voz baja, mientras una leve sonrisa asomaba a sus labios—. Ya veo.
Reacomodó a Luna ligeramente, un gesto del todo innecesario, pero el movimiento hizo que los hombros del joven despertado se hundieran aún más mientras este intentaba echar un vistazo disimulado por los alrededores.
Yara tuvo que morderse el labio para no reírse.
Espejismo, por su parte, parecía totalmente ajeno al drama humano que se desarrollaba sobre su lomo, con la atención fija en la entrada de la base.
Al menos alguien se estaba comportando de forma profesional.
La cola avanzaba con lentitud, y Selene se dispuso a esperar, todavía cargando a Luna como si fuera un tesoro, mientras el joven despertado delante de ellas contemplaba en silencio las decisiones de su vida y qué había hecho para merecer semejante injusticia.
El avance de la cola era desesperadamente lento debido a la enorme cantidad de mercaderes y despertados que intentaban entrar en la base. Los controles de seguridad que normalmente llevaban segundos se alargaban durante minutos mientras los guardias examinaban a fondo a cada persona, tomándose claramente en serio la amenaza del paria.
Finalmente, tras lo que parecieron varias horas de espera, le llegó el turno a Selene.
El joven despertado al que le había pedido información antes acababa de pasar por el puesto de control. Le lanzó una última mirada, una que comunicaba claramente un «espero volver a verte», antes de darse la vuelta y adentrarse en la base, desapareciendo entre la multitud.
Selene ignoró por completo la mirada, ajena a la existencia del joven o a sus persistentes esperanzas, con la atención ya puesta en el robusto guardia que atendía el puesto de control frente a ella.
El guardia, un hombre de mediana edad que llevaba años de servicio en la puerta, levantó la vista cuando ella se acercó y sus ojos se posaron de inmediato en el cuerpo de Luna, acunado en sus brazos.
—Muéstreme su placa de despertado. Incluida la de esta persona que la acompaña.
—Aquí tiene la mía —respondió Selene, moviendo ligeramente el peso de Luna para liberar una mano. Sacó su tarjeta de identificación de la túnica—. En cuanto a la suya… necesita atención médica urgente y no podemos despertarlo. Pero está conmigo, puede registrar su entrada a mi nombre.
El guardia tomó la tarjeta y la pasó por el escáner montado en su puesto. Tras un instante, negó firmemente con la cabeza. —Eso no servirá. Necesito su tarjeta de despertado. Protocolos de seguridad: sin excepciones durante el cierre de emergencia.
Selene suspiró, con un sonido que denotaba más frustración de la que pretendía. —Está bien.
Con la mano libre, empezó a palpar la túnica y los bolsillos de Luna, con la esperanza de encontrar su identificación sin tener que bajarlo. Sus dedos buscaron primero en los bolsillos exteriores, luego en los interiores, tratando de encontrar…
Ahí estaba. Dentro de su túnica, a buen recaudo en un bolsillo interior. Por suerte, Luna no había guardado su tarjeta en su anillo de almacenamiento.
Selene extrajo rápidamente la tarjeta y se la entregó al guardia, que la escaneó con la misma eficiencia que había demostrado con la de ella.
Tras un instante, asintió y devolvió ambas tarjetas. —Ustedes dos tienen permiso para entrar.
Entonces sus ojos se desviaron hacia Yara, que había permanecido sentada en silencio sobre Espejismo, detrás de Selene, observando la interacción con suma atención.
La expresión del guardia se endureció. —No se le permite la entrada. No se admiten bestias dentro de la base a menos que las acompañe un maestro de bestias registrado. Usted figura como maga elemental, no como maestra de bestias. Se le deniega la entrada.
Selene frunció el ceño de inmediato. —No va a causar ningún problema. Además, ¿acaso le parece una amenaza? —dijo, señalando el rostro inocente de Yara—. Sabe hablar la lengua humana. No es un monstruo irracional.
***
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El guardia enarcó una ceja, con el interés avivado a pesar de su postura oficial. Los Monstruos humanoides que tenían la capacidad de hablar la lengua humana eran muy escasos, y ver uno en persona era una oportunidad única en la vida para alguien como él.
Miró directamente a Yara. —¿Puedes hablar?
Yara le sostuvo la mirada con firmeza, manteniendo la voz respetuosa pero clara. —Sí, señor. Puedo hablar.
Un atisbo de sorpresa cruzó el rostro del guardia, pero tras un momento de consideración, volvió a negar con la cabeza y su expresión recuperó su firmeza habitual.
—No importa. Las reglas son claras: las bestias son y siempre serán consideradas amenazas potenciales a menos que estén controladas por un maestro de bestias registrado o equipadas con un collar de supresión mágico. Tu… compañera no entra en ninguna de las dos categorías. No puedo permitir la entrada.
Un brillo peligroso destelló en los ojos de Selene.
Su aura estalló de repente hacia afuera sin previo aviso.
Múltiples jadeos surgieron de la cola detrás de ellos mientras la presión se asentaba sobre todos en las inmediaciones. Los despertados de menor nivel retrocedieron a trompicones, y los que estaban cerca del puesto de control sintieron que las rodillas les flaqueaban por la fuerza abrumadora de su poder liberado.
Ni siquiera había lanzado un hechizo y, sin embargo, su poder era innegable.
El guardia que le había negado la entrada a Yara no pudo evitar dar un paso atrás involuntariamente, con el rostro palideciendo mientras el aura lo presionaba como una montaña. El miedo cruzó su cara al sentir la mirada de Selene sobre él.
—¡Guardias! ¡Reúnanse! —gritó, con la voz quebrándosele ligeramente a pesar de su intento de mostrar autoridad. Adelantó la espada en una postura defensiva, con la hoja temblando en su mano—. ¡Hostil detectado en el puesto de control!
Los guardias apostados a lo largo de la muralla y en los puestos cercanos empezaron a correr hacia su posición, con las armas desenvainadas, formando un perímetro disperso alrededor de Selene y su grupo. Aunque por fuera parecían valientes, sus movimientos eran vacilantes, incluso inciertos. Podían sentir su poder, podían percibir que enfrentarse a alguien de ese nivel acabaría muy mal para ellos.
El capitán de los guardias, un teniente de la base, se percató de la conmoción desde su posición en lo alto de la muralla. Abrió los ojos como platos al sentir la presencia que Selene estaba liberando.
«¿Rango A? No… más alto. ¡Maldita sea! ¿¡Qué hace Morris ofendiendo a una persona tan poderosa!?»
Corrió inmediatamente a la escena, su voz acallando los gritos tanto de los despertados como de los guardias. —¡Todo el mundo, bajen las armas! ¡AHORA!
Los guardias de los alrededores dudaron, pero al final bajaron las armas, aunque siguieron empuñándolas con fuerza y mantuvieron la vista fija en Selene.
El capitán se acercó rápidamente, situándose entre Selene y el guardia del puesto de control, con una postura respetuosa pero no servil.
Al mirar a la rara bestia que montaba Selene, el teniente supo al instante que ella provenía de un entorno poderoso; la bestia irradiaba un aura más fuerte incluso que la de las bestias de rango A. Y, sin embargo, Selene era capaz de someterla, lo que hablaba de su poder y sus conexiones.
—Señorita, ¿puedo preguntar su nombre? —preguntó respetuosamente.
El aura de Selene permaneció activa, pero no intensificó más la situación. —Selene.
—¿Puedo preguntar su nivel? —preguntó una vez más, con un tono cuidadoso para no antagonizarla.
—Veinticinco.
«Como esperaba… también es una pseudo Evolucionador».
El capitán apretó la mandíbula antes de girar la cabeza para fulminar con la mirada al guardia que había iniciado este desastre. —¿Ha pasado la señorita Selene todos los controles de seguridad estándar?
—S-sí, Capitán —tartamudeó el guardia, Morris, mientras el sudor le perlaba la frente.
—¿Y su compañera? —preguntó, con una mirada cada vez más intensa.
—N-no hay nada sospechoso en su historial ni en el de su compañera… ambas están limpias.
La mirada del capitán se intensificó, prometiendo una conversación muy desagradable en un futuro próximo. —Hablaré contigo más tarde. Como es debido.
Morris tragó saliva y asintió.
El capitán se volvió de nuevo hacia Selene, con una expresión de disculpa. —Señorita Selene, le pido sinceras disculpas por el comportamiento de mi subordinado. Es nuevo en este puesto y aún no ha aprendido que hay… excepciones a ciertas reglas cuando las circunstancias lo justifican.
Sus ojos evaluaron brevemente a Yara, observando su mirada inteligente, su comportamiento tranquilo y la ausencia total de intenciones hostiles a pesar de haber sido amenazada por los guardias momentos antes. Estaba claro que tenía autocontrol y que entendía que solo debía actuar cuando su «ama» se lo ordenara.
—Usted y su compañera pueden entrar en la base. Parece muy civilizada y confío en que no causará ningún problema —hizo una pausa y luego añadió con cuidado—. Aunque le agradecería que la mantuviera cerca y se asegurara de que no deambule por zonas donde personal menos… comprensivo pueda reaccionar mal.
El aura de Selene finalmente se replegó, y la presión opresiva se disipó tan rápido como había aparecido. Una pequeña sonrisa se formó en su rostro. —Eso es aceptable. Gracias, Capitán. Ha sido de gran ayuda, y muy profesional.
Yara asintió respetuosamente al capitán de los guardias. Ya le caía considerablemente mejor que el guardia que la había llamado bestia e intentado negarle la entrada basándose puramente en su especie en lugar de en su comportamiento.
«Al menos algunos Humanos tienen sentido común», pensó, aunque se guardó la observación para sí misma. Aun así, entendía las palabras de Luna y Selene en su mundo natal. Este mundo iba a ser cruel, y se enfrentaría a prejuicios; solo podía seguir adelante y hacerse más fuerte.
El capitán se hizo a un lado, señalando hacia la puerta abierta. —Bienvenida a la Base Rocketer. Si necesita indicaciones para llegar a las instalaciones médicas para su compañera herida, puedo proporcionarle una escolta.
—No se preocupe, ya he estado aquí antes. No hay necesidad de que le cause molestias, capitán —dijo Selene, haciendo una señal a Espejismo para que se moviera.
El capitán asintió con la cabeza, sin presionarla. —No es ninguna molestia, la dejaré marchar entonces.
Se giró hacia los otros guardias que permanecían paralizados. —¡Apártense del camino! ¡Dejen entrar a la señorita Selene y a sus acompañantes!
Los guardias se sobresaltaron por un breve instante, antes de apartarse apresuradamente de la puerta, abriendo el paso para que Espejismo avanzara con elegancia.
Los otros despertados que habían estado observando toda la escena desde que comenzó el conflicto solo podían desear tener la misma fuerza que Selene.
En efecto, la fuerza da la razón… siempre.
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Top 15 Gt (semanal) = ¡5 CAPÍTULOS el día 5, 5 capítulos el 10!
Intentemos conseguirlo.
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