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Star wars: Nace una leyenda - Capítulo 38

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Capítulo 38: ESTATUS

Concordia

Los estragos de la guerra fueron resueltos por los droides comandados por Omega. De los 30 000 guerreros que llegaron a invadir Concordia, solo la mitad sobrevivió. Los líderes de los clanes vasallos que los comandaron escaparon, dejando atrás su honor y coraje con el que llegaron. Los prisioneros fueron puestos a trabajar en las minas, su incorporación daría un salto exponencial en la recolección de minerales.

Ahora me encontraba reunido con mi madre y los demás líderes de los clanes vasallos. Omega presentaba los datos relevantes de la batalla ganada. Nuestras únicas bajas fueron los droides F1, quienes estuvieron al frente de la defensa. En total, fueron destruidos el 40% de la Brigada (8192). Aunque las bajas fueron cuantiosas, nuestro nivel de industrialización ha mejorado, en una semana los podremos reponer.

Esta vez nuestra meta es contar con dos brigadas de droides F1 y una compañía (128) de droides acorazados F2 en un mes. Es lo máximo que podemos mantener por ahora con nuestra capacidad económica. Cuando mi Corporación tenga más sucursales, puede que aumente el número de tropas de reserva, ya que los droides F1 no solo son usados para la guerra, también sirven como guardias para los activos en los planetas exteriores.

Terminada la reunión, cada uno se retiró con un objetivo claro. La mía era compleja: tenía que reunirme con Satine para una misión diplomática en Mandalore. Con la derrota de tres de los clanes vasallos de la Casa Vizsla, el líder de la Casa estaba furioso, tanto que decapitó a los sobrevivientes que regresaron. Esta derrota total los ponía en gran desventaja frente a la facción pacifista.

Y como esperaba… el duque Kryze aprovechó esta situación. Lanzó un ataque devastador contra la Casa Vizsla, terminando con la neutralidad que solo mostraban exteriormente, cuando la verdad era que apoyaban ataques tras escena.

Pre Vizsla, hijo del líder, se vio obligado a reunirse con el duque Kryze para llegar a un consenso. Con la derrota total de su Casa, la facción tradicional guerrera perdió su brazo derecho.

Mi misión en Mandalore era servir como representante de mi Casa Fen’ruus, velar por sus intereses y plantear mi posición en esta guerra que estaba llegando a su fin con la victoria del bando pacifista.

Aunque siempre nos declaramos neutrales, con la demostración de nuestro poder militar muchos clanes comenzaron a tomarnos en cuenta, ya no como aldeanos de una luna remota, sino como verdaderos guerreros.

Nos comenzaron a considerar una amenaza para su futuro gobierno. Muchos de ellos, aunque se proclamaban pacifistas, solo buscaban su propio beneficio. La guerra destrozó la economía de Mandalore, “solo la paz traerá prosperidad”, predicaban… pero cuando la paz deje de beneficiarlos, comenzarán una nueva guerra. De eso estoy seguro. La historia siempre se repite cuando olvidamos nuestros principios.

En este viaje diplomático me acompañaría mi equipo, junto con un grupo de droides F1 y F2, los cuales servirían como demostración de poder. Mis discípulas se quedarían en Concordia, entrenando con mi tía Fela, la cual reaccionó de manera extraña cuando le presenté a Aayla, Talon y Ventress. Para mi mala suerte, no contaba con una cámara para plasmar su reacción.

Mi madre fue la más emocionada, llenando de regalos a mis discípulas. No recuerdo que fuera así conmigo… tal vez siempre deseó una hija 😉

Si sucedía un altercado, sería difícil protegerlas mientras intentamos escapar, lo cual entendieron perfectamente. No sé si cambié mucho la línea de tiempo original, ya que se suponía que en un año llegarían Qui-Gon Jinn y Obi-Wan Kenobi… “no me importa mucho”.

Efi, nuestra piloto y mecánica, arregló nuestra nave, sin olvidarse de darme un fuerte golpe con una llave de tuercas. Me lo merecía. Tuvo que cambiar el motor hiperespacial; para ella, la nave era su juguete favorito, cada rasguño o daño la llenaba de furia.

Partimos rumbo a Mandalore… donde se crearía una nueva línea en la historia de Star Wars.

Mandalore – Casa Kryze

La mansión de la Casa Kryze estaba llena de alegría; había comida, danzas, todo lo necesario para festejar lo que ellos consideraban una gran victoria. Yo también pensaba igual, pero siempre mantenía mi rostro con aspecto de póker. La verdad, no quise asistir a esta fiesta; la reunión estaba pactada para mañana.

Pero ante la insistencia de Bo-Katan y la mirada esperanzadora de Satine, tuve que ceder.

La comida era buena, había muchas mujeres hermosas, pero mi atención siempre estuvo en las hermanas Kryze. ¡No soy un lolicon! La cosa es que me divertían las travesuras que realizaba Bo-Katan, agregando ingredientes dudosos a las bebidas de los invitados.

Me divertí mucho con la reacción que tenían al tomar sus bebidas. La cuestión es que ninguno escupía su trago para no pasar vergüenza; simplemente hacían muecas graciosas en sus rostros y pasaban la bebida a regañadientes.

No pasó mucho tiempo para que Satine, que conocía muy bien a su hermana, se diera cuenta de lo que hacía. Sutilmente la cogió de un brazo y la arrastró hacia mí; sabía que me había percatado de todo. Como castigo por no detenerla, me dejó a su cargo.

En mi defensa, fingí ignorancia, ganándome una mirada aprobadora de Bo-Katan y una de frustración de Satine.

Después de tan divertida situación, continué disfrutando el banquete con la pequeña traviesa. Esta vez no dejé que hiciera nada; ya se había divertido lo suficiente… por hoy.

La fiesta continuó entre saludos y conversaciones entre altos rangos de la facción pacifista, nada interesante.

Mientras disfrutaba un filete cuya forma se asemejaba a una hoja, un hombre con aspecto rudo se acercó a mí. Llevaba una vestimenta típica de Mandalore para este tipo de eventos formales.

Me olvidé de contarles: yo llevaba un traje de batalla liviano. No era el que usaba para batallas, pero tampoco era útil para estas ocasiones. Bo-Katan fue la única que me elogió, mientras los demás me miraban extrañamente. Estoy divagando mucho… volvamos al presente.

El hombre se presentó como líder de un Clan; su nombre es irrelevante. Su escudo era un casco típico mandaloriano. Al inicio pensé que no me conocía, que solo tenía interés por mi vestimenta, pero me sorprendió cuando nombró mi Casa y el nombre de mi madre. Empezó a dirigirse a mí como si fuera superior, algo que comenzó a molestarme.

No entendí su objetivo, hasta que observé cómo otro grupo de líderes me miraba a lo lejos, viendo mi reacción ante tal falta de respeto.

Así que me ponen a prueba…

Supongo que este es solo un pequeño Clan, ya que lo descartaron fácilmente.

No le di más vueltas al asunto. Cuando nadie se lo esperaba, agarré por el cuello al insecto este y lo estrellé contra el suelo, creando una silueta suya perfecta. Supongo que le rompí por lo menos unos cuantos pares de costillas.

Todos se quedaron pasmados ante mi reacción. La única que sonrió fue la pequeña Bo-Katan, mientras que su hermana, impacientada por su comportamiento, se la llevó bien lejos.

La fiesta prosiguió, pero ya nadie se me acercó ni me puso a prueba.

Y así fue como terminó la fiesta… con una persona empotrada en el suelo.

Al día siguiente llevaba puesta mi verdadera armadura, acompañado por Val, Alf y mis guardias droides F1 y F2. Nadie se nos acercó al ver tal demostración de poder, pero una pequeña pelirroja fue la más molesta, preguntándome sobre los droides F2 o si podía montar a Ragnar.

Esta vez decidí traerlo; ya que ayer me pusieron a prueba, hoy los pondría a prueba yo.

Llegamos a la hora indicada. La amplia sala de reunión estaba llena. Mis guardias se quedaron afuera de la entrada; solo traje conmigo a mis compañeros.

Inmediatamente todos los ojos fueron puestos en mí.

El Duque se encontraba en medio de la sala con Satine a su lado. Al ver mi llegada se acercó a saludarme, lo que sorprendió a muchos; por su parte, Satine hizo lo mismo.

En ese momento se escuchó una voz de descontento:

—¡¿Cómo se puede presentar a una reunión con un traje de batalla?! ¿Acaso quiere asesinarnos a todos el que se proclama “Lobo de la Calamidad”?

La sala se llenó de murmullos y discusiones, pero el Duque las silenció todas.

—¡Silencio! Él es mi invitado.

Nadie quiso discutir con el Duque. Guardaron silencio en espera del siguiente golpe.

La reunión comenzó con los reportes de la derrota de la Casa Vizsla y el comienzo de la caída de la facción tradicional. El Duque se reuniría con el actual Líder Vizsla para los términos de su rendición. Fue algo que consideré imprudente, pero como todos lo alababan, decidí no intervenir.

La reunión era muy aburrida, llena de sonrisas falsas y halagos poco disimulados. Si no fuera por la repetida insistencia de Satine y mis deberes, ya me habría retirado.

—Estimados amigos, hoy les presentaré al precursor de esta valiosa oportunidad con la cual obtuvimos la victoria sobre la Casa Vizsla —dijo el Duque en tono elevado.

Satine se acercó lentamente a mí y me guio al centro del salón, ante la mirada de todos los líderes, principales miembros de la facción pacifista.

El Duque se paró a mi lado y dijo:

—Les presento a Azmar Fen’ruus, hijo de Fey Fen’ruus, la actual Líder de la Casa Fen’ruus en Concordia. Junto con sus guerreros y droides lograron una victoria aplastante contra los principales Clanes vasallos de la Casa Vizsla.

Todos los miembros de bajo rango se sorprendieron, mientras que algunos ya sabían de mi presencia y observaban atentamente el desarrollo de los eventos.

El Duque continuó:

—Con ustedes como testigos, quiero invitar a la Casa Fen’ruus a unirse a nuestra facción y, con su ayuda, poner fin a esta guerra civil en Mandalore. Nombrando a su Casa como un nuevo ducado que administre Concordia en beneficio de Mandalore.

Ante tales palabras, la multitud comenzó a murmurar. Algunos comenzaron a alzar su voz en protesta:

—¿Cómo puede ser posible? Nosotros fuimos los que derrotamos a la Casa Vizsla, ¿por qué tendrían ellos Concordia?

—Concordia debe dividirse entre todos los Clanes que participaron en esta guerra, ellos siempre se mantuvieron neutrales.

Las voces de protesta se volvieron cada vez más fuertes, pidiendo la división de Concordia. Algunos más descarados comenzaron a pedir la tecnología de los droides.

Ante tal alboroto, el Duque no lo soportó más. Haciendo uso de su autoridad, envió a sus guardias a retirar a los alborotadores que eran miembros de bajo rango.

Con la situación controlada, se dirigió a mí en busca de una respuesta. Lo que no esperaba es que yo estuviera sonriendo, pero no era una sonrisa alegre, sino una aterradora, llena de sed de sangre, esa que había forjado matando a decenas de guerreros.

La temperatura de la sala se mantenía igual que al inicio, pero al observarme daba la sensación de que estuvieran en un congelador, suficiente para helarles los huesos.

—Agradezco la presentación del Duque, pero antes de darle una respuesta quiero aclarar esto: veo que muchos de ustedes están insatisfechos con la distribución de Concordia. Me importa un pepino lo que piensen o sientan. Mi Casa fue la que peleó, sangró en cada batalla; unas simples palabras de insectos como ustedes no cambiarán nada. Concordia, de ahora en adelante, le pertenecerá a la Casa Fen’ruus, y todo aquel que la intente reclamar solo encontrará un final atroz.

Nadie dio un paso adelante para responder ante mi amenaza. La mayoría empezó a temblar ante la intensificación de mi sed de sangre.

En ese momento, una mano delicada y suave tocó mi hombro. Era Satine; se encontraba sudando a mares, pero su mirada era firme. Lentamente reduje la presión que transmitía y continué mi discurso:

—Como heredero de la Casa Fen’ruus, transmitiré las palabras de mi madre, la actual líder. Nuestro Clan no participará en esta guerra, pero tampoco seguirá siendo indiferente ante el sufrimiento del pueblo mandaloriano. Nos uniremos a su facción apoyando con material logístico y recursos alimentarios para la población. Nuestro único requisito es que acepten la total independencia y control de Concordia. Seguiremos perteneciendo a Mandalore, pero no intervendremos en política ni ocuparemos ningún cargo público.

Los líderes de diversos Clanes empezaron a conversar, pero nadie daba un paso al frente para objetar.

El Duque se acercó a su asiento, dando vueltas a su alrededor, comenzando a meditar su respuesta ante mis demandas.

—Acepto la demanda de tu Casa, pero debes suministrar alimentos a un precio accesible para toda la población y entregar el 30% de los recursos minerales extraídos de Concordia como impuestos a Mandalore —respondió el Duque.

Sabía que no dejarían los beneficios mineros de Concordia fácilmente. Ya había previsto la pérdida de una parte de estos. El 30% no era ni bueno ni malo; tal vez pueda reducirlo, pero por el momento dejaré que el Duque se lleve esta pequeña victoria.

Habiendo aceptado la propuesta, el Duque y Satine quedaron satisfechos.

No quería quedarme más tiempo en esta sala llena de gusanos que buscan contaminar todo lo que tocan. Cuando me disponía a retirarme en compañía de Satine, un miembro de alto rango de la facción pacifista se interpuso en el camino. Fruncí levemente las cejas, molesto, aburrido de los intentos de sabotaje.

—Me llamo Holr, líder de la Casa Hiena. Ante tu desprecio por todos los presentes y por el control de Concordia, te reto a un combate como lo dicta la tradición.

Satine fue la primera en hablar, intentando pacificar la situación, pero ante la presión de la mayoría de los Clanes tuvo que esperar la intervención de su padre.

No quise causarle más problemas a ella y acepté el desafío, dejando sorprendida a Satine. El Duque no dijo nada, demostrando su postura implícitamente; al parecer, tampoco le satisfacía por completo el acuerdo.

Ragnar entró lentamente por la puerta, derribando a los guardias y asustando a los presentes hasta los huesos. Ninguno fue la excepción: todos sintieron que sus vidas podían perderse en un instante.

El Duque fue el más sorprendido. Había observado a Ragnar cuando llegamos a Mandalore, pero nunca le dio esa sensación tan asfixiante, la cual demostraba ahora.

Me acerqué a Ragnar y tomé mi lanza que estaba en su costado. Estaba listo para la batalla.

Holr procedió a usar un par de vibroespadas, dirigiéndose al centro del salón para el encuentro.

—Tu bestia emana una fuerte aura de muerte, pero eso no te ayudará a ganar esta batalla —dijo intentando darse valor.

No respondí ante su frágil intento de burla. Una sonrisa burlona se formó en mi rostro, molestando a mi contrincante.

Dando inicio a la batalla, se lanzó con ferocidad.

Activó los propulsores de su mochila y se lanzó con ferocidad, sus espadas dirigidas directamente a mi cuello.

Rápido.

Pero predecible.

En el instante en que entró en mi rango…

Me moví.

Desaparecí de su línea de ataque.

Un sonido pesado cortó el aire.

KRRSHH

Mi lanza impactó desde atrás.

Primero la mochila.

Luego la armadura.

Después… su cuerpo.

Todo en una sola línea.

El golpe fue limpio en intención…

pero brutal en resultado.

Su impulso se detuvo en seco.

Durante un segundo…

nadie entendió lo que había pasado.

Holr seguía de pie.

Inmóvil.

Sus espadas aún encendidas.

Luego…

su cuerpo se abrió.

La división descendió lentamente desde su espalda.

Metal, carne y sangre se separaron como si el mundo mismo lo rechazara.

Ambas mitades cayeron al suelo con un golpe húmedo.

El sonido resonó en toda la sala.

Mi lanza no era elegante.

No dejaba cortes perfectos.

Era destrucción.

Era muerte.

El silencio fue absoluto.

Nadie respiraba.

Nadie se movía.

Solo el leve chisporroteo de las vibroespadas apagándose junto al cadáver.

Bajé la lanza con calma.

No había emoción en mi rostro.

No había esfuerzo en mi cuerpo.

Di media vuelta.

Mis pasos resonaron en el salón.

Uno…tras otro…

hasta llegar a Ragnar.

Lo monté sin mirar atrás.

Había demostrado mi poder.

Había cumplido mi objetivo.

Había dejado en claro el estatus de mi Casa.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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