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Still Defiant! [Marvel/DC] ESP - Capítulo 72

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Capítulo 72: 72: Fuerza

72: Fuerza

¡BRUUM!

El rugido del trueno retumbó por toda la cabina de pasajeros, seguido de ráfagas caóticas de viento que desataron violentas turbulencias.

Anna abrazó a su hija, presionándola lo más cerca que pudo de ella a la vez que apretaba los dientes al sentir otra fuerte sacudida. El impacto abrió varios de los compartimentos superiores, haciendo que el equipaje guardado allí cayera desordenadamente.

“No te preocupes, cariño, sólo es un poco de viento. Todo estará bien” susurró con toda la calma que pudo reunir, pero sus palabras sonaron huecas hasta para sus propios oídos. Solo esperaba que su pequeña no lo hubiera notado.

A través de la ventana a su lado, vislumbró con creciente pánico cómo las nubes de tormenta que los rodeaban se volvían cada vez más densas. Los rayos que destellaban entre ellas iluminaban su rostro, que parecía cada vez más pálido.

“Damas y caballeros, estamos experimentando fuertes…” La voz de la azafata resonó por los altavoces, pero Anna apenas pudo prestarle atención pues sus ojos, aun mirando por la ventanilla, se vieron atraídos hacia el ala del avión y el tenue brillo naranja que comenzaba a envolverla.

¡Llamas! ¡El ala del avión estaba comenzando a prenderse en llamas!

El grito de advertencia que intentó soltar se quedó atascado en su garganta cuando una turbulencia, mucho más intensa que las anteriores, sacudió la aeronave con violencia.

“Les habla el capitán. Estamos haciendo un aterrizaje de emergencia. Por favor, sigan las instrucciones de la tripulación y mantengan la calma.” Tales palabras solo agregaron aún más pánico a los ya alterados pasajeros; aun así, todos escucharon cuando las azafatas comenzaron a dar instrucciones apresuradamente.

Con la cabeza gacha, Anna sujetó con más fuerza el cuerpo de su hija, tartamudeando plegarias en voz baja.

‘Oh, Dios, por favor, sálvanos’, rogó mientras las lágrimas comenzaban a deslizarse por sus mejillas.

“Tranquila” inesperadamente fue su pequeña hija quien se encontró en calma a pesar de la situación, intentando consolarla con suavidad. A diferencia de ella, no parecía tener miedo o preocupación alguna; no, de hecho, sus ojos brillaban.

“No tengas miedo, mamá. ¡Defiant nos va a salvar, lo sé!” dijo con una enorme sonrisa, y Anna no pudo evitar mirarla con incredulidad, incapaz de comprender de dónde surgía la absoluta confianza que irradiaba su voz.

Por supuesto, la idea de que el héroe llegará surcando los cielos para rescatarlas había cruzado por su mente, pero Anna era más realista que eso: el mundo era demasiado grande y, por más increíble que fuera Defiant, él no podía estar en todas partes.

Esperar que pudiera salvarlas parecía inútil, pero… ¿no eran sus plegarias igual de inútiles?

Pensar así apenas unos momentos después de rezar ciertamente fue hipócrita, pero cuando todo parece estar perdido es difícil mantener cualquier esperanza.

“S-Sí, tienes razón… Él nos va a salvar” le dijo finalmente, a pesar de lo que realmente pensaba.

No podía seguir siendo tan pesimista. Por su hija, al menos, necesitaba tener esperanza. Quizá el aterrizaje saldría bien. Tal vez solo estaba exagerando, dejando que el miedo la dominara. Ya fuera Dios, un héroe o simplemente la suerte, necesitaba confiar en que las cosas saldrían bien.

Las lágrimas dejaron de fluir, pero solo por unos momentos, pues, pese a sus oraciones y esperanzas, las cosas no mejoraron. Al contrario: todo empeoró cuando el avión comenzó a girar.

El cambio abrupto de posición hizo sonar las alarmas con más intensidad, pronto ahogadas por los gritos aterrados de los pasajeros; algunos vomitaron, y otros resultaron heridos al ser golpeados por el equipaje que ahora flotaba suelto.

Anna tragó saliva y cerró los ojos con fuerza. La tensión que sentía alcanzó su punto máximo; la caída se le hizo casi eterna. Una parte de ella solo deseaba que el impacto llegara de una vez, mientras otra seguía orando para que, contra toda probabilidad, al menos su hija pudiera sobrevivir.

Pero entonces todo se detuvo de golpe.

Como si la tormenta que los rodeaba hubiera dejado de existir, las turbulencias que golpeaban el avión cesaron por completo. Aunque el cambio fue abrupto, inesperadamente nadie resultó herido o salió volando de sus asientos; era como si hubieran pasado de estar en medio de un maremoto a encontrarse, de pronto, en las aguas tranquilas de una playa.

Con desconcierto, Anna alzó la cabeza y miró por la ventanilla las nubes oscuras que aún rodeaban el avión, aunque en menor cantidad que antes.

La tormenta no había desaparecido; los fuertes vientos seguían allí, pero, contra toda lógica, el avión que antes caía ahora permanecía firme en el cielo, sin moverse ni un centímetro.

“¿Qué demonios…?..” exclamó alguien, y pronto todos comenzaron a salir de su aturdimiento, preguntándose qué estaba ocurriendo.

Lentamente, el avión empezó a moverse, pero esta vez su descenso fue hecho de forma controlada.

Los pasajeros solo pudieron observar con incredulidad cómo se acercaban al suelo. Aún sostenida por Anna, su hija casi vibraba de emoción en su asiento.

“¡Es Defiant! ¡Seguramente él nos salvó!” gritó, llamando la atención de varias personas a su alrededor. Y, uno a uno, muchos comenzaron a murmurar con la misma emoción, asintiendo en señal de acuerdo.

‘¿De verdad?’ pensó Anna, aún en shock, con el cuerpo temblando.

Simplemente no podía creer que, cuando todo parecía perdido, de repente llegara la salvación. No sabía si sus oraciones habían sido escuchadas o si tal vez acababa de gastar toda la suerte de su vida, pero en este momento no le importaba. No… ahora mismo solo podía empezar a llorar y reír, llena de alivio.

Sin que ella lo supiera, su hija no estaba del todo en lo cierto, pero tampoco completamente equivocada, pues el héroe que las había salvado no era exactamente el Defiant que ella imaginaba.

.

Sosteniendo el avión desde su parte inferior, Carol ajustó su agarre con todo el cuidado posible. La estructura era mucho más frágil de lo que esperaba y casi la atraviesa sin querer al interceptarla en plena caída. Afortunadamente, sus reflejos fueron rápidos y logró adaptarse a mitad del movimiento, evitando así un desastre mayor.

“Hay un aeropuerto disponible a veintitrés kilómetros al noreste” la voz de su madre vino a través de los auriculares de su casco y girando la mirada ligeramente, Carol encontró la ubicación señalada fácilmente a pesar de la distancia.

Con un simple pensamiento ajustó su dirección de vuelo e incrementó ligeramente su velocidad.

Desde este punto dejó que su cuerpo se moviera en automático, su mente volviendo a enfocarse en la razón por la que había estado recorriendo el océano Atlántico de costa a costa durante las últimas horas.

“¿Dónde estás?” se preguntó, frunciendo las cejas con preocupación.

Todo había comenzado a primeras horas de la noche. Como era habitual, Carol se encontraba terminando sus tareas del día y esperando a que Daniel regresara de su patrulla para reunirse con él, cuando, de repente, escuchó que sus latidos se volvían erráticos.

Por un segundo se preguntó si se había encontrado con algún monstruo. A diferencia de antes, Carol ya no se alarmaba de inmediato al escuchar su ritmo cardíaco aumentar, pues con el tiempo se había acostumbrado a que esto ocurriera repentinamente por diversas razones, las cuales no siempre significaban que él estuviera en peligro.

Así que, en lugar de preocuparse innecesariamente, mantuvo la calma… en su mayor parte.

Estaba a punto de usar sus nuevos lentes para revisar las noticias, solo por si acaso, cuando escuchó que su latido comenzaba a alejarse rápidamente. Y antes de que pudiera reaccionar, ya lo había perdido. Eso, por supuesto, hizo que su calma se desvaneciera de inmediato.

Pensando rápido, le pidió a Lara que accediera a los satélites de la Tierra y utilizará las imágenes captadas por ellos para averiguar qué estaba sucediendo. Sin embargo, lo único que lograron detectar fue una mancha de luz azul, demasiado borrosa, alejándose del sistema solar.

Tal resultado la hizo rechinar los dientes y decidir que necesitaba poner en órbita un satélite kryptoniano lo antes posible, para evitar que algo así volviera a ocurrir.

Dándose prisa, terminó lo que estaba haciendo y, mientras sus padres estaban distraídos, corrió a ponerse su traje, lista para ir ella misma a verificar que todo estuviera bien.

Claro que nunca antes había salido del planeta y, ciertamente, no tenía muchos conocimientos de navegación espacial, pero ¿qué importaba? Nada de eso podía detenerla.

Justo cuando estaba por despegar, Lara la interrumpió para darle nueva información.

Haciendo uso de las mejores herramientas disponibles en la Tierra, la inteligencia artificial alienígena logró seguir la trayectoria de Daniel y notar que había dado la vuelta de forma abrupta a mitad de camino, regresando al sistema solar a toda marcha.

Eso hizo que la calma regresara a ella. Suspirando de alivio, casi se quitó el casco y el traje que acababa de ponerse, solo para ser interrumpida por la exclamación de Lara. Su grito de sorpresa la confundió, pero pronto entendió la razón cuando un destello de luz azul iluminó parte del cielo nocturno por una fracción de segundo.

“¿Qué fue eso?” preguntó, y su madre respondió con cierta incredulidad en la voz.

“Eso… no tengo idea. La luz no debería viajar tan rápido.”

Lara, sinceramente, estaba algo frustrada. La tecnología de la Tierra era demasiado limitada; incluso con los sistemas computacionales de la Fortaleza ayudando, obtener datos precisos era muy difícil. Había sido casi un milagro que lograra seguir la trayectoria de vuelo de Daniel en primer lugar.

“¿Qué pasa con Daniel?” Carol preguntó, nuevamente preocupada, pero Lara la tranquilizó.

“Sigue en camino. Debería regresar pronto.” y fiel a lo que su madre dijo Carol volvió a escuchar el latido de su corazón resonando en sus oídos.

Esta vez estaba mucho más tranquilo, estable, y si todo hubiera terminado ahí, habría sido solo un pequeño susto sin importancia del que podría reírse más tarde.

El problema llegó cuando Daniel no regresó.

No, si eso hubiera sido todo, tampoco habría sido para tanto. Pero… ¿por qué se quedó quieto?

Aunque su sentido auditivo no era tan exagerado como para decir que podía percibir cada pequeño movimiento que él hacía, si era lo suficientemente agudo como para calcular la distancia que existía entre ambos. Y por más que esperó, Daniel seguía sin moverse.

No se alejaba, no se acercaba… simplemente estaba quieto, como una estatua.

Esta vez no pudo permanecer sin hacer nada por más tiempo, así que tomó vuelo y se fue a buscarlo.

Encontrarlo debería haber sido fácil. Siempre lo había sido. Mientras estuvieran en el mismo mundo, Carol nunca pensó que podrían llegar a estar verdaderamente separados, sin importar la distancia.

Pero, por más que buscó en la dirección que sus oídos le indicaban que él debería estar, más se desesperaba.

Y así, después de varias horas buscando de norte a sur, de este a oeste, yendo de costa a costa, recorriendo todo el océano Atlántico sin éxito alguno, fue que se cruzó con el avión que estaba a punto de estrellarse.

No fue el único incidente en el que tuvo que intervenir. Sin Daniel cerca, el mundo parecía demasiado indefenso. Y aunque una gran parte de ella solo quería concentrarse en encontrarlo, no ignoró esa otra pequeña parte que le decía que aún podía ayudar.

Así que lo hizo.

‘pero debo regresar pronto’ pensó, mirando el sol en el cielo.

Había aprovechado la noche para irse; por suerte, sus padres no se habían dado cuenta. Pero pronto el amanecer caería sobre Smallville, y si no estaba en casa para ese momento, las cosas se complicarían bastante.

Suspirando, dejó que sus pies tocaran suavemente el suelo y luego comenzó a bajar el avión, permitiendo que éste descansará sobre su tren de aterrizaje. En este punto, ella ya no era necesaria allí: el personal del aeropuerto estaba preparado, habiendo recibido el aviso de su llegada con antelación, y ahora era su responsabilidad encargarse de los pasajeros.

Probablemente Daniel se quedaría más tiempo. Él mismo abriría las puertas del avión y se aseguraría de que cada persona saliera, incluso si tuviera que cargarlas. Quizá también las consolaría, dándoles palabras de aliento o algo parecido. Pero aunque Carol estaba dispuesta a ayudar, no lo estaba hasta ese punto.

Una vez que estuvo segura de que el avión estaba firme sobre el suelo, volvió a elevarse en el aire, lista para irse. Por supuesto, no se olvidó de encargarse de las llamas en el ala, apagándolas con una rápida exhalación de su aliento helado.

Mientras lo hacía, se encontró con las miradas de una niña pequeña y su madre, quienes la observaban con asombro desde una de las ventanillas. Dudó por un momento, pero finalmente alzó la mano y les dirigió un rápido saludo antes de darse la vuelta y marcharse a gran velocidad.

“Todavía no has encontrado nada?” preguntó, por quizá la centésima vez en la última hora.

A pesar de no tener un cuerpo físico, Lara no pudo evitar querer rodar los ojos. Aún así, fue paciente, pues ella misma estaba desconcertada por la desaparición de Daniel.

Hablando lógicamente, con su ayuda y los supersentidos de Carol, deberían haberlo encontrado casi de inmediato. Pero, de alguna manera, eso no ocurrió.

Decir que no tenía curiosidad sería mentir, pero en este momento había poco que pudieran hacer que no hubieran intentado ya.

“Nada. Sin duda cayó en alguna parte del océano Atlántico, pero ya hemos recorrido cada zona docenas de veces y aún no hay pista alguna sobre su paradero. Cualquiera que sea la situación en la que se metió, parece que es algo que tendrá que resolver por sí mismo.”

Eso, claramente, no era lo que Carol quería escuchar. Conteniendo un gruñido, la chica se detuvo en seco a mitad de su vuelo y miró las aguas bajo sus pies con una expresión complicada.

“Deberías volver” le recordó Lara después de algunos minutos, provocando que Carol soltara un largo suspiro.

Sabía que su madre tenía razón. No había mucho más que ella pudiera hacer aquí, y por encima de todo, Carol creía firmemente que Daniel era capaz de superar cualquier dificultad que se le presentara.

Entonces, ¿por qué estaba tan preocupada? Bueno, eso era simple: rara vez las emociones atienden a la razón. Incluso si tenía plena confianza en Daniel, eso no significaba que le gustara verlo enfrentarse a peligros o estar en medio de situaciones riesgosas.

Además, así como él la ayudaba todo el tiempo, ella también quería hacer lo mismo por él. De otro modo, si solo recibiera sin dar nada a cambio, se sentiría inútil… y, muy en el fondo, también temía que eso terminara provocando que Daniel se hartara de ella, algo que, sin duda, jamás podría aceptar.

“Aún tengo unos minutos. Daré una vuelta más” murmuró para sí, apretando ligeramente los puños.

Tener que esperar mientras estaba atrapada en clases iba a ser una tortura, pero no tenía otra opción, todavía no estaba dispuesta a hablar con sus padres sobre su ‘identidad secreta’ y todo lo demás que venía con ella, aunque sabía que tarde o temprano tendría que decirles.

‘Ugh, ¿por qué tuve que pensar en eso ahora?’ Negando con la cabeza, Carol se concentró en su exploración, decidida a dejar de lado cualquier pensamiento innecesario.

Ya lidiaría con ese problema en el futuro. Por ahora, lo único que realmente le importaba era que Daniel regresara sano y salvo cuanto antes.

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Si fuera posible, a Daniel no le importaría quedarse en Themyscira mucho más tiempo.

No es que hubiera visto mucho de la isla en sí, pues seguía dentro de la extraña cueva/guarida en la que había despertado, solo que ahora se encontraba en una habitación distinta.

Una un poco más acogedora, parecida a una sala de estar, con un gran sofá lleno de cómodas almohadas que rodeaba casi por completo una pequeña mesa hecha de mármol blanco, situada justo en el centro.

El diseño interior ciertamente era hermoso y memorable, bastante influenciado por la antigua estética griega sin duda, aunque también con su propio encanto único que lo distinguía.

Pero nada de eso tenía que ver con la razón por la que Daniel estaba considerando seriamente prolongar su estancia en el lugar. No, su razón era mucho más simple, pero a la vez sumamente importante.

“Esto sabe increíble!” casi gritó, mirando la fruta en su mano con asombro.

Uno simplemente no podía describir su sabor solo con palabras. Se parecía a una manzana, olía como una manzana, pero, de alguna forma, era mil veces mejor…

Diana observó con curiosa diversión como la devoraba en rápidos bocados, antes de lanzarse sobre el tazón, lleno de una mayor variedad de frutas, que ella había traido improvisadamente para él como un gesto de ‘bienvenida’ cortez.

la verdad era que nunca antes había tenido un invitado en este lugar, pues la cueva era su escondite secreto en la isla, uno que ni siquiera su madre conocía. Allí no guardaba muchos alimentos ni bebidas, pero, por suerte, contaba con frutas frescas que ella misma cultivaba para su consumo en un pequeño jardín cercano.

Se alegraba de que le gustaran tanto. Se preguntó si acaso tales alimentos escaseaban en el mundo exterior, aunque le resultaba difícil de imaginar. Si no tenían frutas, ¿entonces qué más comían? ¿No podían simplemente cazar todo el tiempo, verdad?

Tenía demasiadas preguntas, tantas que probablemente le llevaría días formularlas todas. Por supuesto, no se precipitó a inundarlo con ellas; la paciencia era algo que conocía bien. Y aunque estaba ansiosa por aprender más, sabía que no debía apresurarse.

“Dime, ¿todo aquí sabe tan fantástico? Porque si es así, sin duda consideraré mudarme”

Al escucharlo, la sonrisa de Diana disminuyó ligeramente.

“No creo que eso sea posible. Olvidé decírtelo antes, pero está estrictamente prohibido que cualquier hombre pise Themyscira” confesó, haciendo que Daniel dejara de comer y la mirara con expresión pensativa.

“Uh… ¿y eso será un problema? Ya sabes, acabo de dar como una docena de pasos por aquí. ¿Tendré que pagar una multa por eso? ¿O quizá hacer algo de servicio comunitario?” Intento bromear pero la expresión de Diana solo se agravó más.

“Mientras te mantengas escondido, todo estará bien. Pero si cualquiera de las otras amazonas te encuentra, podrían llevarnos a juicio a ambos… Sinceramente, no sé qué pasaría entonces” admitió con cierta preocupación.

“Ya veo… En ese caso, me aseguraré de ser completamente invisible! Nadie, además de ti, sabrá que estoy aquí. Te lo prometo” le aseguró con confianza, antes de lanzarse un par de uvas a la boca.

Sus palabras parecieron surtir el efecto deseado, pues la tensión en el rostro de Diana se alivió visiblemente.

por supuesto no es que ella le creyera simplemente porque sí. Dado que aún llevaba el lazo atado al brazo, Diana sabía que todo lo que decía era sincero, lo que hizo que confiar en él fuera mucho más fácil.

Como si de repente recordara algo, Daniel frunció ligeramente el ceño antes de hacer otra pregunta, esta vez con mucha más cautela.

“Quizá suene algo extraño, pero solo por curiosidad… ¿cómo mantienen su población?” empezó.

“Quiero decir, sin hombres para… ya sabes, repoblar, veo algo complicado que cualquier lugar pueda seguir prosperando.” Por supuesto, Daniel tenía algunas ideas en mente gracias a sus recuerdos, pero necesitaba saber cuál de ellas era la que se aplicaba en este mundo.

Diana alzó una ceja al percibir el dejo de precaución en su voz. Aun así, no pensó demasiado en ello y respondió, sin ver ningún problema en explicarlo.

“Themyscira es diferente a todo lo que puedas imaginar. Cada amazona ha sido bendecida por los dioses con el don de la vida eterna. Tener hijos no es una necesidad para ninguna de nosotras, aunque, de vez en cuando, recibimos nuevos miembros debido a circunstancias… excepcionales.”

Daniel entrecerró los ojos. Estuvo tentado a preguntar directamente si ellas eran la versión que secuestraba a los hombres para forzarlos y luego matarlos, junto con el bebé, si este osaba nacer con “algo entre las piernas”. Pero finalmente se contuvo; no quería hacer las cosas incómodas.

“Este lugar es cada vez más interesante e intrigante. Aún así, creo que ya hice suficientes preguntas por ahora. Probablemente te mueres por hacer las tuyas también, ¿no?”

Diana se sonrojo, tanto se notaba? Como si leyera su mente, Daniel soltó una pequeña risa antes de ofrecerle la mitad de la naranja que acababa de terminar de pelar.

“Creo que ambos tenemos mucha curiosidad” dijo con su habitual sonrisa. “Así que, ¿por qué no dejamos mi historia de lado por ahora y simplemente intercambiamos información? Ya sabes, tú haces tus preguntas, yo las mías. Por supuesto, si hay algo demasiado privado o de lo que no se pueda hablar, podemos dejarlo fuera. ¿Qué dices?”

Tomando la naranja, Diana no vio necesidad de pensarlo demasiado antes de asentir.

“Me parece bien”

De esa forma comenzó una conversación larga y agradable. Al principio, las preguntas de Diana fueron sencillas: cosas básicas que permitieron a Daniel inculcarle mucho del sentido común de la sociedad moderna. La amazona quedó inmediatamente fascinada por las enormes diferencias entre ambas culturas y no dejó de preguntar por cada pequeño detalle.

Por su parte, aunque Daniel también hizo sus propias preguntas, estas no fueron tan numerosas ni tan variadas. Se enfocó únicamente en obtener cierta información clave, que luego complementó con el metaconocimiento que ya tenía en su cabeza.

“Y este es el ojo del cíclope que provocaba los terremotos. Tuve que explorar casi todas las cavernas de la isla antes de encontrar dónde se escondía” dijo Diana con orgullo, mientras le mostraba un enorme jarrón de cristal en cuyo interior flotaba un ojo del tamaño de su cabeza, suspendido en una especie de líquido que Daniel asumió servía para preservarlo.

Hacía ya un rato que habían cambiado de ubicación, y ahora Diana le mostraba distintas áreas de su escondite. Por supuesto, al ver tantos “trofeos”, Daniel no tardó en preguntar por ellos, lo que llevó a Diana a presumir un poco, mostrándole con orgullo los premios que había conseguido durante sus cacerías.

“Increíble, a juzgar por su tamaño, el cíclope debía medir casi veinte metros” Daniel no esperaba que hubiera verdaderos monstruos míticos viviendo en esta isla, al menos en sus recuerdos no había nada sobre esto.

“Quizá sea una petición extraña, pero… ¿podrías dejarme intentar pelear con alguno?” No pudo evitarlo: realmente quería conocer en persona a seres de los que, hasta ahora, solo había escuchado en historias y cuentos.

Al oír su solicitud, Diana hizo una mueca.

“Lamentablemente, hace mucho tiempo que maté a casi todos” confesó con una leve vergüenza al recordar uno de los mayores errores de su pasado.

En aquel entonces, no pensaba demasiado en sus acciones ni en sus consecuencias; si algo parecía una amenaza para sus hermanas o su hogar, simplemente desenvainaba su espada y se lanzaba al combate, decidida a acabar con ello.

No fue sino hasta mucho más tarde que se dio cuenta de que quizá había exagerado un poco. Después de todo, no todos los monstruos eran bestias sin razón: muchos poseían cierto nivel de inteligencia, incluso comparable a la de los humanos.

Pero su yo más joven no había estado particularmente interesada en entablar conversaciones ni en buscar entendimiento con ellos. Y por eso, la gran mayoría terminó muerta a sus pies.

“Dijiste casi, eso quiere decir que queda alguno, ¿no?” Daniel no estaba dispuesto a rendirse tan fácilmente. Ya estaba aquí y no sabía cuándo es que podría volver. Si se iba sin ver al menos una sola criatura mitológica, ¿no sería eso demasiado decepcionante?

Ante su insistencia, Diana vaciló. Si esto se lo pidiera alguna de sus hermanas ella se habría negado sin pensarlo, pues los pocos monstruos que aún quedaban con vida no eran criaturas con las que se pudiera jugar.

Sin embargo, aún recordaba la forma en que Daniel había caído del cielo. Según su conocimiento, ningún mortal, que no fuera divino o hubiera sido extremadamente bendecido, como ella, debería ser capaz de sobrevivir a una caída como esa.

Y si lo que decía sobre no tener relación alguna con los dioses era cierto, entonces, de dónde provenía su poder?

Aún recordaba esa extraña energía que había sentido al tocarlo por primera vez. No era magia; podía afirmarlo con seguridad, pues aunque ella no fuera una gran practicante de las artes místicas, si estaba familiarizada con su uso.

Al mismo tiempo, tampoco podía asegurar que no fuera algo divino. El sentimiento que le transmitió, aunque distinto, también le resultó muy similar, por eso se había confundido al principio, preguntándole si era un dios.

‘Esto puede ser una oportunidad para ver de lo que es capaz’ pensó con cierta emoción.

Los misterios que lo rodeaban eran muchos, y a Diana no le habría importado desentrañarlos lentamente… si no fuera porque también debía velar por la seguridad de su gente. Después de todo, seguía siendo la princesa de Themyscira.

Hasta ahora, Daniel no había demostrado ser peligroso ni antagónico, pero un guerrero siempre debe estar preparado para lo inesperado… y decir que no estaba interesada en saber cuán fuerte era sería mentir.

Había pasado demasiado tiempo desde su última pelea real, desde la última vez que tuvo que intentarlo siquiera un poco, tanto que casi comenzaba a olvidarla. La perspectiva de quizá finalmente haber encontrado a un oponente mínimamente digno capaz de hacerla esforzarse nuevamente hizo hervir su sangre con una emoción y anticipación que creyó perdida.

Si no fuera por su gran autocontrol, probablemente ya lo habría llevado a un campo de entrenamiento para poner a prueba su temple.

“Si insistes, puedo mostrarte a uno. Pero debo advertirte que es muy peligroso y letal. Incluso conmigo a tu lado puede que no pueda garantizar tu seguridad. ¿Estás seguro de que quieres hacerlo?” preguntó con seriedad.

A pesar de su curiosidad, Diana no era de las que ponían en peligro a otros imprudentemente. Si Daniel decidiera que no quería arriesgarse entonces no lo obligaría.

‘Para que alguien como ella diga que es peligroso, entonces debe ser algo fuerte’ pensó Daniel, mientras las comisuras de su boca se curvaban ligeramente.

De hecho, Diana no era la única ansiosa por conocer su fuerza. El mismo Daniel tampoco estaba seguro de cuán fuerte era ahora mismo. Había pasado por demasiadas circunstancias letales en muy poco tiempo. Dada la forma en que funcionaba su fisiología, ¿hasta qué punto había cambiado su cuerpo?

“No te preocupes, princesa. Puedo cuidarme solo” Respondió con confianza.

“Bien, entonces vamos” Diana no intentó persuadirlo mas. Aunque todavía no había escuchado su historia, lo poco que había llegado a conocer de él hasta este momento le decía que su confianza no era infundada. Además, el lazo de la verdad no le permitiría mentirse, ni siquiera a sí mismo.

Pronto, ambos se pusieron en marcha, atravesando varias habitaciones y largos pasillos hasta llegar finalmente a una gran sala, o más bien, a una enorme caverna del tamaño de al menos tres campos de fútbol.

A diferencia de las otras habitaciones, esta era claramente una formación natural, sin muchos adornos, salvo varios grandes pilares construidos en puntos clave para asegurar la integridad del techo, cubierto de estalactitas.

Todo el salón estaba iluminado por más de aquellos extraños cristales que había visto al despertar, además de algunas antorchas dispersas.

“Esta era una caverna natural que encontré mientras exploraba. Dado su tamaño, decidí transformarla en una arena de entrenamiento, aunque no la uso con frecuencia” dijo Diana, presentándole el lugar.

“Veo que te gusta construir mucho” comentó Daniel distraídamente mientras observaba a su alrededor. Sus ojos agudos notaron ciertos grabados casi invisibles en varias partes de las paredes, el suelo e incluso en los pilares. No sabía si era su imaginación, pero de alguna manera sintió cierta… ¿energía? proveniente de ellos.

Se preguntó si se trataba de alguna clase de runas mágicas. Tendría que preguntarlo más tarde.

“Cuando tienes suficiente tiempo, necesitas gastarlo en algo. La arquitectura es solo una de mis aficiones” dijo Diana, acercándose a él para desatar el lazo que le envolvía el brazo.

“Debes tener muchas aficiones interesantes entonces”

Una vez que Daniel estuvo libre, Diana sacó un objeto que había tomado de entre sus trofeos antes de venir. A Daniel le recordó vagamente a una de esas antiguas trompetas de guerra hechas a partir de un cuerno, pero de un color metálico brillante y con numerosas escamas en su superficie, así como una cabeza de serpiente con la boca abierta de par en par en el extremo frontal.

“Este es el Cuerno de la Serpiente Plateada. Es uno de los objetos mágicos más valiosos de Themyscira. Su poder permite capturar a los monstruos que su portador derrote, aprisionándolos en su interior” Diana explicó, mostrándole el artefacto.

‘Esto en realidad es bastante útil’ pensó Daniel, preguntándose cuáles serían sus límites. Probablemente contenía alguna clase de dimensión de bolsillo en su interior. Quizá él mismo podría crear algo similar utilizando tecnología; así no tendría que preocuparse por no tener un lugar donde encerrar a la gente.

“El monstruo que te mostraré es bastante agresivo. No se somete fácilmente, y si cree que puede escapar, lo intentará incluso a costa de su vida. Una vez que lo libere, atacará de inmediato, así que debes estar preparado. ¿Necesitas algún arma o escudo?”

Ante la oferta, Daniel negó con la cabeza. De hecho no tenía mucha experiencia usando armas cuerpo a cuerpo, así que no tenía sentido pedir una solo para avergonzarse más tarde al demostrar que no sabía manejarla

“Lo enfrentaré con las manos desnudas” dijo, provocando que ella alzara una ceja.

“Muy bien” Diana no insistió más. Con ambos llegando hasta el centro de la gran sala, ella llevó el extremo más delgado del cuerno a sus labios y comenzó a soplar.

Los ojos de la serpiente brillaron con una luz azul, y desde sus fauces abiertas comenzó a brotar una densa neblina que, poco a poco, empezó a tomar la forma de una bestia.

Era inmensa, de al menos cuatro metros de altura. Con un golpe seco, su figura cayó pesadamente sobre el suelo a cuatro patas, desde su torso dos cabezas se alzaron hacia el cielo, una de ellas soltando un rugido estridente que retumbó en toda la caverna, mientras que la otra emitía un balido igual de intenso.

Desde su parte trasera se agitó una larga extremidad, casi como una cola gruesa y musculosa, pero en su extremo no había solo una punta. En cambio, otro rugido, aún más atronador que los anteriores, surgió de una tercera cabeza.

Finalmente, dos pares de alas, similares a las de un murciélago, se extendieron desde su espalda, generando poderosos vendavales con cada mínimo movimiento.

“¡jajaja!” Daniel no pudo evitar reírse con emoción al ver a la bestia en todo su esplendor.

¡Una quimera! Una verdadera criatura de leyenda estaba parada frente a él.

Aunque ya había enfrentado innumerables monstruos, aquellos eran aberraciones genéticas: seres que no deberían existir y que solo provocaban miedo y asco al mirarlos.

Pero un monstruo mitológico era diferente. Era intimidante, sin duda, pero sobre todo… magnífico.

Sería una vista aún más hermosa de contemplar, si sus seis pares de ojos no estuvieran enfocados en él con toda la intención de despedazarlo.

“GRRRAAAAAHHH!” “BREEEEEEH!”

Con un solo pisotón de sus patas y el impulso de sus alas, la bestia se lanzó hacia adelante con una velocidad y agilidad que ninguna criatura de su tamaño debería poseer.

Por supuesto, para Daniel bien podría estar moviéndose en cámara lenta. Con la sonrisa aún en los labios, esquivó fácilmente su primer zarpazo. Sus largas y afiladas garras pasando a menos de un centímetro de su rostro.

girando a su alrededor sin esfuerzo, Daniel estudió con cuidado su extraña y fascinante anatomía, sin mostrar la menor preocupación por sus ataques.

Con un sonido atronador, las garras de la bestia se estrellaron una y otra vez contra el suelo, dejando largas y profundas cicatrices grabadas en la piedra.

“Esos golpes deberían estar haciendo más daño’ pensó Daniel con el ceño fruncido.

Enfocándose, observó con atención el efecto que la quimera estaba provocando en el terreno con su alboroto. Gracias a su aguda vista, notó que los extraños grabados que había visto antes brillaban levemente con cada impacto.

‘¿Disminuyen el daño? O solo endurecen el material?’ Sin duda, debería asegurarse de preguntar por ellos más tarde.

Agachándose, dejó que la larga cola escamosa pasará sobre él. Su rápido movimiento, similar al de un látigo, cortó el aire con violencia. Pero el ataque no terminó ahí: retorciéndose con agilidad, una cabeza similar a la de un dragón apuntó hacia él, con las mandíbulas abiertas de par en par.

Desde su interior, el fuego salió disparado a toda potencia, quemando el aire y aumentando la temperatura de toda la caverna instantáneamente cientos de grados.

La quimera gruñó con satisfacción al pensar que finalmente había atrapado al molesto humano, pero no pudo disfrutarlo por mucho tiempo.

Sintiendo un repentino peso caer sobre su espalda, la bestia se tensó al extremo, sus instintos le gritaron, pero antes de que pudiera reaccionar, un puño impactó el costado de su cabeza de león con tal fuerza que su mandíbula crujió, y su pesado cuerpo salió disparado como una bala de cañón, estrellándose contra una de las paredes.

Con un gemido lastimero, la quimera salió tambaleándose del cráter que su cuerpo había formado, con sangre y dientes rotos escurriendo desde su boca.

“Es bastante resistente” aunque Daniel no había usado toda su fuerza, tampoco se había contenido demasiado. Le sorprendía que la quimera hubiera logrado soportarlo sin caer inconsciente.

Soltando fuertes y doloridas exhalaciones, el monstruo mitológico se recuperó rápidamente del impacto y miró a Daniel con mayor cautela. Sus ojos, llenos de furia, parecieron adquirir cierto raciocinio y, a diferencia de antes, no se apresuró a atacar.

Inclinando su cuerpo hacia delante, dejó que sus grandes alas se extendieran por completo y luego comenzó a agitarlas en su dirección, lanzando violentas ráfagas de viento que habrían hecho volar por los aires incluso a un elefante.

Para Daniel, fue como sentir una leve brisa acariciando su rostro, una que solo sirvió para agitar incómodamente la sábana blanca que lo cubría.

No muy lejos de ellos, Diana, quien había estado observando el “enfrentamiento” sin decir nada, se mostró igual de inmutable ante los fuertes vientos. Solo su largo cabello negro se vio afectado, pero, a diferencia de lo que se esperaría, no se agitó de forma incontrolable. En cambio, como si algún tipo de poder sobrenatural lo envolviera, se meció suave y lentamente.

Al ver que su ataque no parecía surtir efecto, la quimera entrecerró sus seis ojos. Con un fuerte siseo, similar al de una serpiente, su larga cola escamosa se alzó una vez más. Pero esta vez, su cabeza de dragón no soltó el aliento de fuego de inmediato; en cambio, pareció contenerlo, hinchándose hasta que no pudo soportarlo más.

‘¿Así que quieres quemarlo todo, eh? Veamos entonces qué aliento es más fuerte.’ Daniel rió por lo bajo antes de tomar una postura firme y comenzar a inhalar con fuerza.

Al mismo tiempo que las mandíbulas del dragón se abrieron de par en par, expulsando el fuego en su interior como un volcán entrando en erupción, Daniel exhaló el aire en sus pulmones sin contenerse en lo absoluto, enviando una furiosa tormenta de hielo.

En un instante, ambas fuerzas se encontraron de frente, chocando entre sí por medio segundo antes de que una explosión de vapor inundara la sala por completo. El suelo tembló, las paredes se agrietaron y, desde el techo, docenas de estalactitas cayeron una tras otra.

Pasaron varios segundos antes de que la neblina se aclarara lo suficiente como para permitir ver con claridad nuevamente. Con las manos en las caderas, Daniel miró hacia la quimera… o, más bien, hacia el enorme glaciar que ahora la aprisionaba.

La bestia estaba congelada a mitad del aire, con una expresión de terror visible en sus tres rostros. Parecía que había intentado escapar volando antes de ser alcanzada por el aliento helado, pero sin mucho éxito.

‘Uh, quizá exagere un poco?’ Daniel miró con preocupación al monstruo, por suerte parecía que seguía con vida.

En momentos como este, envidiaba la visión de calor de Carol. Sin ella, deshacerse de tanto hielo iba a ser bastante engorroso..

‘Aunque quizá…’ Pensando en algo, miró la palma de su mano y se concentró. Poco a poco, pequeños arcos eléctricos azules comenzaron a danzar entre sus dedos.

Aún no sabía de qué era capaz esta energía. Tal vez, si la controlaba con cuidado, podría usarla para derretir el hielo… o hacer que todo explotara.

‘Mejor no.’ Experimentar ahora sería demasiado imprudente. Calmando sus ansias, dejó que la energía volviera a reposar en su interior y luego se giró hacia Diana, quien ya se había acercado hasta estar a su lado.

Mirando el estado de la quimera con una expresión indescifrable, la amazona volvió a soplar el Cuerno de la Serpiente Plateada, haciendo que el monstruo se desmaterializara en una neblina que pronto fue succionada por el cuerno, aprisionando a la bestia una vez más en su interior.

“Lo siento, parece que causé un gran desastre” se disculpó con ligera vergüenza, pero ella negó con la cabeza.

“No te preocupes. Luchar contra monstruos rara vez termina sin que se rompa algo, ya lo limpiaré después”

“Todavía siento que me excedí… crees que alguien se habrá dado cuenta?” No sabía en qué parte de la isla se encontraban, pero si estuvieran demasiado cerca de los asentamientos principales de las amazonas, su lucha sin duda habría llamado la atención, dados todos los temblores que provocó.

Diana frunció el ceño brevemente antes de responder con confianza.

“No. Estamos demasiado en lo profundo del subsuelo como para que alguien haya notado algo. Además, cubrí toda la sala con encantamientos de protección para casos como este. Aunque rompiste varios, la mayoría siguen intactos, por lo que los temblores no debieron llegar a la superficie.”

“¿Encantamientos? Entonces, ¿sabes algo de magia?” Daniel se interesó de inmediato.

“Te dije que tengo muchas aficiones. Aunque no diré que soy una experta, sé manejarme bastante bien con las artes místicas” Dijo, sonriendo con orgullo mientras alzaba el pecho.

De hecho, no muchas amazonas se interesaban por los estudios místicos, así que saber algo, incluso si era apenas lo básico, podía considerarse digno de presumirse un poco.

Su repentino movimiento hizo que la mirada de Daniel se desviara por un instante, antes de volver rápidamente hacia su rostro, como si nada hubiera pasado.

Diana, por supuesto, no era ciega y lo notó fácilmente, pero tampoco pareció comprender del todo el gesto, así que solo alzó una ceja, sin prestarle demasiada atención, pues su mente estaba enfocada en algo mucho más importante para ella.

‘Es muy fuerte’ pensó, mirándolo de reojo mientras un escalofrío le recorría el cuerpo.

Sin poder evitarlo, sus puños se apretaron y sus músculos se tensaron. Esa sensación de anticipación que había estado intensificandose sin control con cada segundo que paso observando su lucha contra la quimera ahora parecía haber alcanzado su punto máximo, multiplicándose docenas de veces de forma abrupta.

Respirando pesadamente, Diana se humedeció los labios, tomando una decisión.

“Pelea contra mí” dijo directamente, casi como una orden más que una petición.

Daniel parpadeó sorprendido ante el tono contundente de su voz. Sus ojos azules lo miraban con tanta intensidad que casi creyó que un par de rayos saldrían volando de ellos.

Tragando saliva en silencio, consideró seriamente dar un paso atrás y negarse, pero solo por medio segundo, pues tras pensarlo mejor decidió mantenerse firme y asentir lentamente.

Había más razones para aceptar que para negarse. En el peor de los casos, solo terminaría con el orgullo ligeramente herido tras recibir una paliza de su parte. Por otro lado, podía aprovechar la oportunidad para averiguar dónde se encontraba en comparación con uno de los mejores luchadores que este universo tenía para ofrecer.

Ya había experimentado lo que era enfrentarse a una auténtica habilidad marcial cuando luchó contra Daredevil, pero en ese entonces había tenido que contenerse demasiado. Esta vez presentía que, incluso con su fuerza recientemente mejorada, tendría que esforzarse de verdad para no perder miserablemente.

“Está bien.”

Diana ya no pudo contener su entusiasmo. Con una enorme y feroz sonrisa formándose en su rostro, la hermosa amazona se deshizo de su espada y su lazo, adoptando una postura que dejaba en claro que usaría el combate cuerpo a cuerpo para luchar contra el.

Daniel no tuvo ninguna objeción; de hecho, lo habría propuesto él mismo si ella no se hubiese adelantado. Tomando una profunda bocanada de aire, se alejó varios metros y hábilmente adoptó su propia postura.

Sus ojos se encontraron. Un entendimiento tácito pasó entre ambos y, sin que se dijera una palabra más, sus pies golpearon el suelo con fuerza, impulsándolos hacia adelante como dos misiles cruzando los cielos a velocidades hipersónicas.

En un instante, sus antebrazos chocaron, sus cuerpos colisionando en el aire con tal poder que la onda de choque atravesó las protecciones mágicas de la sala e hizo temblar toda Themyscira.

¡BOOM!

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Nota:

¡Casi siete mil palabras!

No tengo mucho que decir. Este pequeño intermedio con Diana debería finalizar en el próximo capítulo. Por supuesto, eso no significa que no veremos más de ella o de las amazonas en el futuro. De alguna manera, Daniel terminará siendo un visitante frecuente en la isla, al menos hasta que Diana decida abandonar su hogar y adentrarse en el extraño mundo del hombre.

Por otro lado, nuestro héroe comenzará a investigar más sobre su nuevo poder pronto, aprendiendo poco a poco acerca de su potencial y sus usos, mientras continúa salvando el mundo.

El Mandarín todavía está allá afuera, al igual que muchas otras amenazas.

Quizá pronto veamos cómo la ha estado pasando Reed en su viaje interdimensional, o quizá exploremos qué ha estado haciendo Harleen. Los Cuatro (Tres) Fantásticos también tendrán su momento… solo ténganme paciencia, jajaja.

Con eso dicho, me despido. Gracias por el apoyo. Si notan cualquier error, por favor háganmelo saber para poder corregirlo.

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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