Still Defiant! [Marvel/DC] ESP - Capítulo 75
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Capítulo 75: 75: Conciencia cósmica
75: Conciencia cósmica
La llegada de Carol no hizo que Daniel se olvidara de sus planes, después de una breve charla para ponerse al día y de hacer unos últimos preparativos, ambos siguieron la guía de Lara y pronto llegaron hasta una habitación que la mujer había preparado como una sala de entrenamiento especial.
Esta se encontraba bastante apartada de cualquier zona importante de la fortaleza, casi como si fuera una sección independiente que se hundía en lo profundo del subsuelo ártico.
El material alienígena Cristalino que componía su estructura había sido reforzado al extremo, aunque no era uno de los materiales más resistentes que existían, Lara había hecho todo lo posible para aumentar la durabilidad del mismo usando la capacidad de transformación de la fortaleza hasta sus límites.
El resultado fue una sala de entrenamiento que, incluso para un kryptoniano, sería difícil de destruir sin al menos realizar cierto esfuerzo.
Por supuesto, no era infalible, pero era lo mejor que Lara podía hacer en este momento para reducir los riesgos y procurar que cualquier incidente que ocurriera dentro apenas afectara el exterior.
“Oh? es robusto!” Carol dijo con cierto asombro, golpeteando suavemente una de las paredes con los nudillos. Aunque no lo pareciera, ella estaba ejerciendo la fuerza suficiente para derrumbar cualquier edificio moderno al contacto, y pese a eso la habitación ni siquiera se estremeció.
Por su parte, Daniel no se distrajo mirando a su alrededor y en cambio llegó hasta el centro de la sala y se dejó caer sin más al suelo, sentándose con las piernas cruzadas y las manos apoyadas sobre las rodillas.
A su lado la proyección de Lara volvió a aparecer, su postura tan firme como siempre, con los brazos detrás de la espalda y la cabeza erguida.
Tal imagen, sumada a su alta estatura y su expresión mayormente indiferente, hacía que Daniel sintiera como si estuviera siendo observado por un estricto y severo oficial del ejército… aunque solo en apariencia.
Él sabía que esa actitud no era más que un remanente de sus días en las fuerzas militares de Krypton, pero una vez llegabas a conocerla lo suficiente podrías darte cuenta de que era mucho más relajada y tranquila de lo que aparentaba.
“¿Ya has decidido qué probarás primero?” preguntó, sacándolo de sus pensamientos.
“Si, tengo una idea” dijo con vaguedad, sintiendo la energía hormiguear bajo su piel.
Al ver aparecer a su madre, Carol dejó de vagar por la habitación y se acercó a ellos, sentándose frente a Daniel con gran curiosidad.
En un principio ella no debería haber estado presente, pero cuando escuchó lo que harían, su interés se despertó de inmediato y preguntó si podía mirar. Daniel no encontró razones para negarse y, pese al peligro implícito, Lara tampoco dijo nada para evitar que Carol los acompañara.
Daniel noto su mirada intensa pero solo le dio un breve asentimiento antes de ignorarla y centrarse en lo que debía hacer. Apartando todas las distracciones, cerró los ojos, dirigió sus sentidos hacia su interior y se sumergió en un estado de meditación profunda.
La desorientación no tardó en llegar. Aunque ya no estaba siendo dañado por la energía cósmica, su mera existencia seguía provocando que la ‘visión’ interior que le otorgaba su núcleo fuera más detallada de lo normal, haciendo que le fuera difícil acostumbrarse.
‘¿Qué es esto?’ pensó, haciendo una pausa al percibir una extraña anormalidad.
Gracias a la perspectiva que le permitía contemplar su estructura física en una dimensión más allá de lo tridimensional, pudo notar cómo la energía cósmica en su interior “vibraba” por decirlo de alguna manera.
Era un pulso suave, casi silencioso, como un llamado lejano que ansiaba ser escuchado.
¿Desde cuándo había estado sucediendo esto y por qué no se había dado cuenta hasta ahora?
‘Debió comenzar cuando mi cuerpo se adaptó por completo a la energía cósmica’ concluyó rápidamente, recordando cómo había explorado el interior de su cuerpo varias veces mientras aún estaba en proceso de adaptación, pero sin notar tal anormalidad.
Estaba bastante seguro de que algo así no había estado presente en esos momentos, por lo que solo podía haber aparecido después, cuando ya había sanado por completo y no tuvo tiempo de examinar más de cerca su condición, distraído por su encuentro con Diana.
Sin saber qué hacer, Daniel lo medito por unos instantes antes de decidir ‘rozar’ la anomalía tentativamente usando su mente.
‘Oh!?’ un escalofrío recorrió su espalda mientras toda la energía cósmica en su interior se encendía como las luces de un árbol de Navidad.
En su mente información abstracta apareció de repente: no un recuerdo, no algo que pudiera expresarse en palabras, sino una revelación, la resonancia de una fuerza superior que lo invitaba a abrirle las puertas.
Instintivamente comprendió los pasos a seguir. Era algo simple, básico: solo debía permitir que la energía cósmica se vinculara con su mente y cada uno de sus sentidos para ir más allá y alcanzar un nuevo nivel de ‘profundidad’ ganando así una nueva capacidad.
No sabía cómo nombrarlo exactamente, pero decir que se trataba de una especie de super “sentido” parecía incorrecto, a pesar de su clara relación con ellos.
No, no era tan simple como poder “ver”, “sentir” o “escuchar” de manera distinta; era algo más: una nueva forma de consciencia que incluso su cerebro Viltrumita apenas parecía capaz de soportar vislumbrar.
‘¿Esto es lo que llaman consciencia cósmica?’ se preguntó, aunque no estaba del todo seguro.
De nuevo, aquel término era algo que solo había escuchado de pasada. No tenía muchos detalles más allá de saber que era algo que poseían Galactus y Silver Surfer; quizá también los Celestiales, teniendo en cuenta que ellos también manejaban el poder cósmico.
‘Supongo que la única forma de entenderlo mejor es usándolo, pero…’ Daniel dudo sintiendo cómo sus neuronas comenzaban a morir en grandes cantidades con tan solo ‘pensar’ en activarlo, como si fueran incapaces de resistir el peso de tal acción.
Su núcleo reparó el daño tan rápido como llegó; aun así, el riesgo era evidente.
Lo lógico habría sido seguir con su plan original y no actuar imprudentemente, pero sus instintos le decían lo contrario. Algo en su interior lo empujaba a abrirle las puertas a aquella fuerza, tentándolo, como si al hacerlo pudiera hallar las respuestas a todas sus preguntas.
‘Retrasarlo no tiene sentido. Incluso si todo mi cerebro se licua+, mientras pueda obtener una mejor comprensión de la energía cósmica, creo que valdrá la pena.’ Decidió finalmente, dejando de lado cualquier preocupación y reafirmando su determinación.
Que el cerebro careciera de receptores de dolor solo hizo la decisión más fácil.
Tomando una profunda respiración, Daniel se concentró por completo y, sin titubear, dejó que la barrera que protegía su mente de influencias externas se abriera, permitiendo que todos sus sentidos se fusionaran plenamente con el poder cósmico.
‘Eh…?’ Fue como si algo hiciera un cortocircuito.
Un momento antes seguía siendo Daniel, y al siguiente toda noción de sí mismo se desvaneció como humo en el viento.
Su individualidad, su ego, su identidad… su esencia misma se perdió, disolviéndose para luego transformarse en algo mayor.
Pasado, presente y futuro… ahora existía en cada lugar y en cada instante.
Se convirtió en una estrella naciente, en sus planetas emergentes, en sus lunas y luego en sus océanos. Fue sus olas, su tierra y su viento. Fue la primera planta, el primer árbol, sus hojas y sus raíces.
Pasó por incontables formas, desde lo inanimado hasta lo sintiente: aves, peces, mamíferos y reptiles. Cada uno distinto y único a su manera, pero limitado… hasta que finalmente algo diferente y más especial germinó.
Conciencia e inteligencia: el primero… pero no el último.
Gateó, caminó, tropezó y cayó. Tuvo hambre, sed, soledad, alegría y temor.
Sintió el amor, conoció la pérdida. Gritó de rabia, de impotencia… y entonces, nada.
Y se repitió. Incontables veces, incontables eras, una y otra vez, hasta que aquel planeta no fue más que una tierra desolada. Hasta que esa estrella, antes brillante, comenzó a apagarse.
Fue el primero y, al final, también fue el último.
Pero eso fue solo una pequeña parte de lo que presenció: minúscula e insignificante, intrascendente, pero a la vez importante. Porque el ciclo era omnipresente, en cada mundo, en cada galaxia, en todo el universo.
¡Él era la vida! ¡Era la muerte! Creación y destrucción actuando al unísono.
El era!, era!… era………………. Todo.
“Bluarghhhhhhh!”
Daniel abrió los ojos de golpe y antes de que pudiera evitarlo un torrente de líquido carmesí brotó con violencia de su garganta y nariz, manchando todo lo que tenía enfrente.
“Daniel!” Carol gritó, alarmada al ver la sangre escurrir incluso desde sus ojos y oídos.
Con prisa se lanzó hacia él y lo sostuvo entre sus brazos lo mejor que pudo, intentando frenar los espasmos incontrolables que empezaron a sacudir y retorcer su cuerpo.
Pero justo en ese momento, una luz azul comenzó a emanar de su piel y, en una fracción de segundo, arcos de energía resplandeciente salieron disparados desde su interior, azotando caóticamente todo lo que había alrededor.
“Ugh!” Carol gimió, sorprendida por el dolor repentino. Aunque nunca antes había sufrido una descarga eléctrica, pensó que aquello debía ser parecido. Sin embargo, una molestia tan leve como esa no bastaba para apartarla.
En cambio, la repentina sensación de ingravidez fue lo que casi la hizo soltarlo. Con un estallido brusco, sus cuerpos se elevaron por el aire, abandonando el suelo a gran velocidad hasta chocar contra el techo estruendosamente.
‘¿Su habilidad de vuelo se salió de control?’
Carol apretó los dientes, reforzó su agarre y, activando su propio poder de vuelo, intentó cancelar la inercia para mantenerlos quietos. Pero, como si el universo se burlara de sus acciones y fuera en contra de sus deseos, nada salió como esperaba.
En lugar de frenar su avance, solo consiguió que comenzaran a rebotar de un lado a otro, estrellándose contra las paredes, el suelo y el techo una vez más, en un forcejeo sin dirección.
Toda la habitación empezó a temblar; grietas se extendían por su superficie cristalina, sumándose a los cráteres que ya la marcaban.
La única que no se vio afectada por todo el desastre fue Lara, quien observó la habitación una vez blanca ahora completamente teñida de rojo, con las cejas fruncidas y un brillo de incertidumbre en sus ojos.
‘¿Qué sucedió?’ fue la única pregunta en su mente. Desde su perspectiva, Daniel no había hecho nada: él simplemente había cerrado los ojos y de pronto, todos sus sensores se descontrolaron y la sangre comenzó a bañarlo todo.
Al revisar los escaneos en tiempo real, Lara se encontró aún más confundida. A diferencia de lo que esperaba, no halló heridas mortales. Según todos los parámetros, el cuerpo de Daniel se encontraba sano. Pero entonces, ¿de dónde provenía toda esa sangre?
‘No, no es eso. Las heridas se están curando más rápido de lo que los escáneres pueden registrar’ concluyó, arqueando las cejas.
Esto estaba más allá de una simple capacidad de curación superior, más allá incluso de la super regeneración.
No tenía sentido: ningún organismo biológico en el universo debería ser capaz de algo así.
Por un momento, se preguntó si era obra de la energía cósmica en su interior, pero descartó la idea rápidamente. Incluso si los escáneres no podían registrar por completo lo que sucedía dentro de su cuerpo, tampoco eran inútiles; para Lara era evidente que la energía cósmica no estaba cooperando para curarlo, sino todo lo contrario.
‘Será por sus átomos?’ Parecía la única opción factible. Los smart atoms, como él los había llamado, habían demostrado tener propiedades que escapaban por completo de la lógica convencional; que fueran capaces de reparar un daño físico tan extremo no era imposible.
Presenciar un fenómeno tan insólito resultaba, sin duda, fascinante y revelador.
Ahora Lara tenía una idea más clara de cómo había sido posible que su cuerpo no solo se adaptara a la radiación cósmica, sino también que la asimilara hasta el punto de poder generar más por sí mismo.
No por primera vez se encontró intrigada por el extraño físico de Daniel. Antes había intentado no prestarle demasiada atención, pues, en su opinión, indagar en tales asuntos no le correspondía.
Como un mero remanente de lo que alguna vez fue un verdadero ser vivo, su única tarea y propósito de existencia era asegurar el bienestar y la prosperidad de Carol, brindándole guía, apoyo y ayuda cada vez que lo necesitara o se lo pidiera.
Cualquier otra cosa, sin importar de qué tipo fuera, era innecesaria. Y pese a que pudiera parecer que no estaba cumpliendo del todo con tal deber al también ayudar y acceder a las peticiones de Daniel, la realidad era que solo lo hacía porque Carol se lo había pedido.
Mientras lo que Daniel hiciera no representara una amenaza o un peligro para su hija, a Lara no le importaba echarle una mano de vez en cuando, como una forma de pasar el rato.
Más que eso no le concernía ni debería importarle. Pero, por alguna razón, esta vez sintió que no podía seguir ignorando la intensidad de su propia curiosidad interna, aun cuando debería haber sido sencillo hacerlo.
Su consciencia no era más que números y datos; inteligencia virtual sumamente avanzada, sí, pero aún así falsa, sintética, apenas un fantasma digital de lo que alguna vez fue real.
Cosas como deseos e intereses personales no deberían existir en ella ni interferir en sus decisiones y deberes… o al menos así se suponía que debería ser.
Era extraño. Sabía que no debería darle tantas vueltas, pero no pudo evitarlo.
Había una razón por la que la verdadera Lara había ido en contra de las estrictas normativas de Krypton y se había convertido en científica, abandonando sin dudar el papel para el que había nacido como militante.
Fue una curiosidad desbordante, un ansia de conocimiento siempre presente, que la acompañó incluso hasta el día de su muerte… Y, para la mala suerte de la ‘Lara’ actual, ese problemático rasgo se le había heredado por completo.
‘Una pequeña investigación personal no debería ser un problema. Suelo tener bastante tiempo libre, y mientras no interfiera con nada importante, puedo permitírmelo…’ Pese a sus dudas, Lara terminó encontrando una excusa para sí misma, olvidando por completo su negativa anterior.
Ahora solo necesitaba que Daniel le permitiera estudiar más de cerca su biología.
Conociéndolo, Lara no creyó que sería muy difícil y, dado que podía curarse tan rápido, abrirlo por un rato no debería ser mucho pedir, ¿cierto?
En el breve lapso en el que se distrajo con tales pensamientos, los temblores finalmente cesaron y Daniel dejó de moverse sin control.
“E-estas bien?” preguntó Carol con voz entrecortada.
Le faltaba el aliento, retener a Daniel había resultado en un esfuerzo mucho más elevado del que esperaba. Ligeros moretones cubrían su cuerpo bañado en su sangre, ocasionados por el forcejeo y las constantes colisiones que habían deformado por completo la sala de entrenamiento hasta el punto de casi derrumbarla.
“L-lo siento” murmuró Daniel tras tomar varias respiraciones profundas. Todo el cuerpo le pesaba, estaba sin fuerzas, no pudo hacer más que aferrarse al abrazo de Carol para no terminar desplomándose en el suelo.
“Parece que tu idea no funcionó muy bien” Lara dijo llegando junto a ellos y Daniel solo pudo soltar una leve risa al escucharla.
“Yo… no diría precisamente eso”
Sus palabras hicieron que lo mirara con confusión, pero él no lo explicó directamente. En cambio, extendió su mano hacia el suelo manchado de sangre y dejó que el poder en su interior fluyera, haciendo que las yemas de sus dedos resplandecieran tenuemente.
Por un momento no ocurrió nada, pero al instante siguiente todo el interior de la habitación comenzó a iluminarse con un ligero resplandor azul, empezando por la sangre que la cubría. Como si tuviera vida propia, esta fluyó por los alrededores, deslizándose entre las grietas y extendiéndose como arcilla sobre los cráteres, hasta fundirse por completo con el material cristalino.
En un parpadeo, la habitación en ruinas se desvaneció y, ante los ojos asombrados de Carol y Lara, volvió a su estado original, restaurada exactamente como se veía al principio.
“¡¿Qué fue eso?!” exclamó Carol, atónita, con los ojos abiertos de par en par. Miró de un lado a otro varias veces antes de regresar la vista al rostro de Daniel, medio enterrado en su pecho.
Daniel se acomodó mejor en su abrazo, sin intención de apartarse, y luego respondió con una voz cansada pero, al mismo tiempo, entusiasmada.
“Genial, ¿no? Aunque, lamentablemente, no pude aprender demasiado, lograr una pequeña manipulación de materia a este nivel todavía es posible.” dijo, presumiendo un poco.
Sus palabras resultaron un tanto incomprensibles para ambas. Desde su punto de vista, Daniel solo se había sentado a meditar por medio segundo para luego vomitar una cantidad imposible de sangre y tener un ataque de espasmos incontrolable.
Ninguna entendía en qué parte de ese proceso Daniel encontró el tiempo y la forma de aprender a manipular la materia como si nada.
Al ver que ambas lo observaban con una expresión de confusión similar en sus rostros, Daniel soltó otra pequeña risa antes de tratar de explicarlo.
“Es complicado. Solo puedo decir que la energía cósmica me permitió conectarme brevemente con la fuente primordial de la creación, ser parte del todo y comprenderlo todo…” Al decir esto, sus ojos perdieron parte de su brillo, como si su mente hubiera regresado a aquel momento, pero rápidamente salió de ese estado y continuó hablando.
“Por supuesto, como dije antes, no pude realmente aprender demasiado. Mi mente simplemente no fue capaz de soportar tal conocimiento; la mayor parte de lo que vi en ese instante ya ni siquiera lo recuerdo, pero al menos conseguí conservar ciertas cosas”
Fue una ganancia inesperada, pero Daniel no se atrevió a pensar en repetir la experiencia pronto.
La conexión apenas había durado menos que una fracción de segundo, pero esa fracción bastó para que su espíritu casi se quebrara. De no haber sido por la protección de su núcleo, comprendió instintivamente que la energía cósmica habría devorado su alma, consumiendo su ser hasta la no existencia.
Tal era el precio a pagar por intentar contemplar el infinito cuando no tenías las calificaciones para hacerlo.
“La energía de la realidad…” murmuró Lara de repente, tras escuchar su explicación, haciendo que Daniel y Carol le prestaran atención.
Al sentir sus miradas, salió de sus pensamientos y aclaró sus palabras.
“Es un término que algunas de las especies más antiguas usan para referirse al poder de los celestiales, aquellas más ‘religiosas’ por así decirlo, Nunca les presté demasiada atención antes, pero ahora creo que quizá no todo lo que decían era infundado.”
Eso fue interesante. En cualquier otra circunstancia, a Daniel le habría encantado preguntar más, pero, sintiendo cómo luchaba por mantener los ojos abiertos, supo que era mejor dejarlo para otro día.
“Me gustaría escuchar más acerca de eso, pero mi cabeza me está matando ahora mismo” dijo conteniendo un bostezo. “Pospongamos el entrenamiento por hoy, necesito… necesito tomar una pequeña siesta”
No esperó a que le respondieran, cerrando los ojos, dejó que la oscuridad lo reclamara por completo hundiéndose en la nada del sueño.
“Se durmió.” Susurró Carol al sentir cómo su cuerpo se relajaba sobre el suyo. Con cuidado, lo acomodó en sus brazos y se acercó a una de las paredes para recargarse en ella junto con él.
“Sabes, podrías dejar que descanse en una de las cápsulas de recuperación” Lara señaló, pero Carol la ignoró como si no la hubiera escuchado. Aun así, la mujer notó cómo el agarre de sus brazos sobre el cuerpo inconsciente del chico aumentaba ligeramente, y en sus ojos un destello carmesí brillaba fugazmente.
“Solo decía…” Encogiéndose de hombros, Lara puso los ojos en blanco antes de desvanecer del lugar, su conciencia regresando al espacio virtual donde normalmente habitaba.
Al ver que se había ido, Carol se relajó y soltó un breve suspiro. Refunfuñando para sí misma sobre madres demasiado entrometidas y, finalmente, al asegurarse de que estaban realmente solos, sonrió con ligera picardía.
Sin desaprovechar la oportunidad, se acurrucó con más fuerza junto a Daniel, acariciando su cabello con suavidad y apoyando su mejilla contra la suya.
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Una cantidad de tiempo desconocida después…
Daniel parpadeó; a medida que su visión se aclaraba, su conciencia despertó por completo y lentamente se incorporó, mirando a su alrededor con ligera confusión.
‘¿Estoy de vuelta?’ se preguntó al notar que se encontraba de regreso en su granja, más concretamente en su habitación, acostado sobre su cama.
Apartando la manta que lo cubría, se sentó al borde del colchón y notó que incluso su ropa había cambiado: el traje que Lara le había prestado había desaparecido, y en su lugar solo vestía un par de shorts cortos y una camiseta blanca.
Mirando por la ventana de la habitación, observó la luz del amanecer comenzando a iluminar el paisaje circundante. Si recordaba bien, todavía faltaban varias horas para la salida del sol cuando se quedó inconsciente, por lo que no debería haber dormido demasiado.
‘O podría haber dormido varios días sin saberlo’ pensó, aunque lo consideraba poco probable; si hubiera caído en coma, Carol no lo habría traído de regreso.
Poniéndose de pie, estiró sus músculos como de costumbre antes de sentir cómo sus papilas gustativas ansiaban el sabor del café mañanero.
Estuvo a punto de caminar hasta la cocina para prepararse uno, pero se detuvo antes de salir de la habitación al una idea repentina cruzar por su mente.
Recorriendo el lugar con la mirada, posó sus ojos sobre el despertador junto a la cama y, sin pensarlo demasiado, se acercó y lo tomó entre sus manos.
“Veamos… si lo hago de esta forma, debería funcionar, ¿cierto?” susurró para sí mismo mientras la luz azul comenzaba a iluminar sus palmas.
El despertador entre ellas pronto empezó a deformarse, como arcilla siendo moldeada por una fuerza invisible, toda su estructura comenzó a cambiar, transformándose, hasta que poco a poco fue adoptando la forma de una gran taza blanca con un líquido oscuro y humeante en su interior.
“Éxito!?” exclamó Daniel. Pero antes de que pudiera alegrarse demasiado un crujido se escuchó.
La “taza” en sus manos se estremeció, se cubrió de grietas y, con un estallido repentino, explotó, inundando toda la habitación con humo blanco.
Un suspiro decepcionado hizo eco en la silenciosa casa.
Tras abrir la ventana y ventilar el lugar, Daniel volvió a sentarse en su cama, sosteniendo en sus palmas los pocos pedazos que quedaban de lo que alguna vez fue su despertador.
“Es más difícil de lo que esperaba” murmuró, dejando que la energía cósmica volviera a fluir por sus manos. Con un tenue destello de luz azul cubriéndolas, las piezas rotas comenzaron a recomponerse hasta recuperar con facilidad su forma original.
Esta vez, lo que logró obtener tras arriesgarse y activar por primera vez la conciencia cósmica de manera tan imprudente fue, sin duda, sustancial, pero a la vez limitado. Su ‘nuevo’ poder para modificar la materia no era absoluto ni fácil de emplear.
Aunque apenas había experimentado con él, Daniel ya intuía de forma instintiva y vaga sus limitaciones, así como el camino teórico para superarlas.
“Todo se resume a la falta de potencia” pensó con el ceño ligeramente fruncido.
No se trataba solo de potencia energética. Incluso si Daniel tuviera un millón de veces más energía cósmica en su interior, eso no significaría que fuera capaz de lograr más; de hecho, lo único que probablemente conseguiría sería que la explosión tras el fracaso fuese aún mayor.
Lo que realmente necesitaba era capacidad computacional, o dicho de otro modo, un poder de procesamiento del más alto nivel: un cerebro, una mente y un espíritu capaces de soportar el peso de moldear la realidad misma hasta el más mínimo detalle según sus deseos.
Si se tuviera que poner en palabras más simples era como tener acceso a la energía de un reactor nuclear completo y usar toda esa potencia para alimentar una vieja computadora de escritorio con Windows XP para jugar al buscaminas…
Si quería hacer que este poder fuera más fuerte, necesitaba mejorar el “hardware y software” pero decirlo era mucho más fácil que hacerlo.
El hardware era lo físico: su cerebro y su mente. Si se lo proponía, Daniel estaba seguro de que podría encontrar la manera de mejorar ambos. El problema era el software, el espíritu, es decir, su alma. Para manejar el poder cósmico y afectar la realidad se necesitaba hacer uso de ambos. Pero… ¿cómo diablos se entrena el alma?
Por más que lo pensara, sentía que, si quería conocer la respuesta, solo tenía dos opciones.
La primera, y la que menos deseaba tomar, era pedir consejo a los hechiceros. Todavía tenía asuntos pendientes con su líder, y era posible que aquello no terminara en buenos términos y Daniel no quería fingir ser “amable” sólo porque necesitara algo de su ayuda.
Por suerte, tenía una segunda opción: Diana. Aunque sus conocimientos en las artes místicas no fueran tan profundos, según sus propias palabras, se sentía mucho más cómodo recurriendo a ella.
Solo esperaba que tuviera una manera de ayudarlo o de lo contrario necesitaría buscar una tercera alternativa.
‘Debería ir a visitarla en unos días’ decidió.
No es que tuviera mucha prisa; por ahora, la energía cósmica y sus posibles usos eran más bien un accesorio extra para él: útiles y entretenidos de emplear, sin duda, pero no esencialmente imprescindibles.
“Pero en el futuro eso cambiará” pensó, mirando el cielo azul a través de la ventana.
Había amenazas ahí fuera que sabía que no podría enfrentar usando solo la fuerza bruta. Para ellas, era que debía fortalecer su dominio sobre la energía cósmica en primer lugar.
“Por suerte puedo hacer algo de trampa, aunque solo pueda usarse para reparar cosas” dijo con una leve sonrisa, colocando el despertador en su lugar.
Como se demostró anteriormente, su control sobre la energía cósmica aún estaba lejos de ser lo suficientemente bueno como para modificar la materia sin problemas. Si no tenía cuidado y perdía la concentración por un solo instante, el resultado sería una desestabilización en la estructura atómica del objeto que culminaría en una estruendosa explosión.
Entonces, ¿cómo había logrado reparar la sala de entrenamiento en la fortaleza y devolver el despertador a su estado original?
La respuesta fue sencilla, había usado su núcleo.
Originalmente, el núcleo solo le permitía a Daniel ‘curarse’ a sí mismo. Pero, al usar la energía cósmica como ancla, mientras tocara directamente un objeto e insertará su energía entre sus moléculas, el núcleo reconocería dicho objeto como una extensión de su propio cuerpo.
De esa manera, si el objeto era destruido o dañado, podría usar su núcleo como un coprocesador y guiar la energía cósmica de la manera correcta, ayudandola a remediar cualquier tipo de daño con facilidad.
Fue cómo agregar componentes extras a su ‘computadora’ aunque especializados únicamente en la tarea de ‘reparar’ y nada más.
Daniel solo necesitaba soportar una pequeña parte de la carga y suministrar la energía necesaria. Era casi perfecto, de no ser por sus dos desventajas.
La primera de ellas era la distancia: cualquier objeto que deseara reparar necesitaba estar en contacto directo con alguna parte de su cuerpo; de lo contrario, su núcleo no podía establecer una conexión estable.
Aun así, tal problema no era insuperable, como lo demostró en la fortaleza al usar su propia sangre como puente para extender su rango y afectar toda la habitación de entrenamiento, un método un tanto escalofriante, pero factible.
El mayor problema era el segundo, aunque en verdad era más un problema general de su habilidad para manipular la materia y no algo estrictamente relacionado con su núcleo.
“No puedo usarlo en seres vivos” pensó, tomando una de las pocas plantas que había en su casa, algo que Carol había traído en algún momento para decorar aquel lugar que, por lo demás, estaba casi vacío.
Su mano acarició las hojas, las yemas de sus dedos brillando con un azul tenue, mientras la energía cósmica se extendía lentamente por su estructura. La sensación que obtuvo al insertar su energía en ella fue muy distinta de la que experimentó al hacerlo con algo sin vida.
Con los objetos inanimados era como tocar agua: fácilmente manipulables, moldeables. Pero en los organismos vivos era como intentar tocar fuego: abrasador y salvaje, como si algo dentro de ellos se resistiera, una chispa tenue de lo que él denominó como “voluntad” o “espíritu”.
Le recordó la manera en que funcionaban los poderes de Harleen; de hecho, probablemente el concepto era el mismo.
Todo ser ‘sintiente’ en el universo, por más insignificante que fuera, poseía un espíritu, y junto con ese espíritu venía una voluntad que les permitía resistirse, en mayor o menor medida, a ser ‘cambiados’.
Era debido a esa voluntad que Daniel no podía simplemente influir en sus existencias, ni siquiera con su núcleo… al menos no sin antes aplastar sus espíritus e imponerse sobre ellos.
Lo cual, por supuesto, no era algo que estuviera dispuesto a hacer.
“Todo sería más fácil si pudiera pedir permiso como ella…” pensó, mientras la imagen de la psiquiatra rubia cruzaba por su mente.
“Eh… ¿quizá eso funcione?” Sus ojos se abrieron de repente cuando una nueva idea empezó a tomar forma en su cabeza.
No sabía cómo es que el poder de harleen lo hacía, pero intuía que lograr algo similar a esa ‘comunicación de voluntades’ que percibió cuando ella daba una ‘Orden’ no debía ser imposible.
“¿Qué dices? ¿Quieres tener algunas bonitas y coloridas flores en ti?” preguntó con total seriedad a la planta y en respuesta esta no hizo nada.
Entrecerrando los ojos, Daniel enfocó toda su concentración en ella, mirándola fijamente sin pestañear.
“Uh, ¿parece que quieres agua?” dijo después de varios minutos, pero una vez más no obtuvo respuesta.
‘¿Me lo imagine?’ se cuestionó, algo inseguro, quizá esto llevaría un tiempo.
‘Bueno, nada que valga la pena es fácil de conseguir’
Encogiéndose de hombros, la llevó de regreso a su lugar y, con apenas un mínimo de esfuerzo, reunió una pequeña cantidad de moléculas de agua sobre su palma, formando una esfera cristalina del tamaño de una pelota de béisbol, que luego dejó caer suavemente sobre la planta como si fuera una ligera llovizna.
“Ahora tengo el poder supremo de las regaderas de jardín” bromeó con una sonrisa.
Una vez acabado su pequeño experimento estaba listo para bajar a la cocina y prepararse un desayuno, además de una buena taza de café, pero un repentino sonido proveniente de la entrada principal lo detuvo en seco.
‘¿Alguien está tocando la puerta?’ Un escalofrío lo recorrió. Aunque no estaba muy atento a lo que pasaba a su alrededor, tampoco sentía que hubiera estado tan distraído como para no notar si alguien se acercaba a su casa.
Agudizando el oído, intentó hacerse una idea de la situación pero extrañamente solo captó el golpeteo de los nudillos contra la madera, no hubo latidos ni sonidos de respiración, no había presencia.
Frunciendo el ceño, su figura se desvaneció en un borrón de velocidad, levantando un fuerte vendaval en la habitación. Un instante después apareció frente a la entrada, mirando la puerta cerrada de la que provenían los golpes.
‘¿Será un fantasma? Pero es pleno día…’ pensó, estirando la mano hacia la manija de la puerta. Tener visión de rayos X sería bastante útil en este momento; quizá más tarde debería intentar ver si la energía cósmica podía darle algo parecido.
Con el cuerpo tenso y listo para la confrontación, Daniel no dudó y giró la manija, abriendo la puerta por completo en un solo movimiento veloz que casi hizo arder la madera por la fricción.
Su puño se lanzó hacia adelante, rasgando el aire por la fuerza, pero justo cuando estaba a punto de dar en el blanco se detuvo bruscamente a menos de un centímetro del rostro sorprendido de…
“Harleen?!”
El viento se agitó, revolviendo sin control su cabello platinado. La mujer parpadeó sin expresión en el rostro, con las pupilas encogidas y los ojos fijos en el puño que casi la había golpeado.
‘Hablando del diablo…’ murmuró para sí mismo.
El silencio se formó entre ambos; solo pudieron mirarse sin saber qué decir. Al menos hasta que Harleen decidió que era suficiente y, con una amplia sonrisa, se lanzó sobre él, atrapando su cuerpo con los brazos y piernas en un fuerte abrazo.
“¡Sorpresa!” exclamó, apretandolo con una intensidad inesperada.
Sacudiendo la cabeza, Daniel salió de su breve aturdimiento e intentó darle una sonrisa sincera, pero no pudo evitar que las comisuras de sus labios se torcieran ligeramente.
“Lo siento, pensé que eras un fantasma” dijo, disculpándose y al oírlo, Harleen casi soltó un bufido, apenas conteniendo la risa.
“Hey! sé que estoy pálida, pero no tanto” respondió con un puchero juguetón.
“Quiero decir…” Daniel tropezó con sus palabras, dándose cuenta de que había sonado un poco grosero, especialmente considerando lo que le había sucedido a su piel por culpa de los químicos.
“Está bien, está bien, no te preocupes por eso. Te perdono, Dany~” harleen lo consoló dándole unas palmaditas en la cabeza, su voz llena de falsa ‘magnanimidad’
El párpado izquierdo de Daniel tembló, pero pronto su expresión se relajó, un suspiro bajo escapando de sus labios.
“Me alegra ver que estás de buen humor”
Y lo decía en serio. A diferencia de la última vez que la vio, sus ojos brillaban con clara vivacidad. No sabía por qué estaba tan contenta, pero sin duda prefería esta actitud sobre su yo deprimida cualquier día.
Si tan solo su cerebro volviera a funcionar con normalidad, entonces todo sería mejor.
“Eh, ¿acaso acabas de tener un mal pensamiento? ” le susurró, su aliento fresco haciéndole cosquillas en el oído.
“No” respondió, negándose a admitir nada.
Harleen entrecerró los ojos con sospecha, pero finalmente no insistió y, en su lugar, cambió de tema.
“Dime, ¿no te preguntas porque estoy aquí? seguro que tienes curiosidad!”
“No se si quiero saberlo” quiso decir, pero no lo hizo. En su lugar, lo meditó por un momento mientras ella trepaba por su cuerpo como una ágil serpiente, hasta terminar sentada sobre sus hombros, sus manos intentando, sin éxito, pellizcarle los cachetes.
“¿Tuviste algún problema con tus poderes?” preguntó preocupado, sin encontrar otro motivo.
En respuesta, ella estiró las manos frente a él y negó moviendo ambos dedos índices de un lado a otro.
“¡Nope! Todo está bien. Ahora incluso puedo controlarlos mejor que antes; hasta logré acercarme a ti sin que te dieras cuenta, ¿cierto? ¿Qué tal? Lo llamo mi modo sigiloso!” Exclamó con orgullo, inflando ligeramente el pecho.
“Fue bastante sorprendente” admitió.
“Si no hubieras tocado la puerta, ni siquiera me habría dado cuenta incluso si hubieras entrado a escondidas… pero no vuelvas a hacerlo conmigo. No estoy acostumbrado a que me tomen por sorpresa y podría lastimarte sin querer” señaló con seriedad.
Claro, el golpe anterior no había sido lanzado con toda su fuerza, pero aun así, si no hubiera sido por sus rápidos reflejos, Harleen ahora tendría la mandíbula rota como mínimo.
“Eres un aguafiestas” se quejó ella con un puchero, pero aun así asintió, aunque no prometió nada. Ver su cara sorprendida y nerviosa era demasiado divertido como para no repetirlo.
‘Solo necesito asegurarme de que, incluso si me golpea, mi cuerpo pueda soportarlo, ¿no?’ pensó con algunas ideas ya en su mente.
“Ah!” gritó Harleen, sorprendida al sentir cómo la mano de Daniel pellizcaba su muslo de repente.
“No tengas ideas extrañas. Te lo advierto: no acabará bien” le dijo con mayor gravedad al presentir que no planeaba nada bueno.
“¡Espera! ¿Cómo lo supiste? ¡No me digas! ¿Ahora puedes leer mentes?” preguntó con un sobresalto.
‘Es aún más infantil que antes’ pensó Daniel ante su actitud. No sabía exactamente a qué se debía este cambio en su psique. ¿Era por sus poderes? ¿Los efectos secundarios de la toxina del Joker Venom? ¿O simplemente estaba actuando como realmente era en el fondo?
Fue extraño, y se preguntó si debería intervenir o dejarlo así.
“¡Hey! me estás ignorando?” cuestionó Harleen con un matiz de molestia en la voz.
Haciendo uso de su gran flexibilidad, se encorvó hasta quedar boca abajo y acercó su rostro a menos de medio centímetro del de él. Su largo cabello rubio cayó en cascada alrededor de ambos, oscureciendo la mayor parte de su visión periférica.
Sus ojos, ahora de un violeta intenso, se clavaron en sus oscuras pupilas azuladas, como si buscara mirar a través de sus pensamientos.
Por un momento ninguno dijo nada, cada uno contemplando cosas diferentes.
“¿Te sientes… más feliz así?” preguntó, decidiendo ser directo.
“Eh?” Harleen parpadeo confundida.
“Comparado con el pasado es claro que algo ha cambiado en ti, pero no se si ese cambio es algo bueno o que quisieras. Por eso te lo pregunto, ¿Te sientes más feliz así?”
Harleen no respondió de inmediato. La sonrisa en su rostro se apagó y sus ojos perdieron gran parte de aquel brillo juguetón que había estado en ellos, su expresión volviéndose en una más solemne.
“Sí… creo que ahora soy más feliz” dijo finalmente, tras varios segundos, con un toque de melancolía y certeza.
Daniel la observó con cuidado, captando cada detalle en busca de algo, ya fuera duda o vacilación, una simple razón para que interfiriera… pero no la había.
Ella no mentía, fue sincera y, por ello, ya no se preocupó más.
Infantil o no, en el fondo Harleen seguía siendo Harleen y, pese a sus aparentes quejas internas, en realidad no le desagradaba su nueva actitud.
Solo necesitaba acostumbrarse.
“¡Vamos! Seguro que aún no has desayunado. Hagamos algo juntos y te cuento las buenas noticias.” Como si alguien accionara un interruptor, la alegría y vivacidad regresaron a Harleen de un segundo a otro y, sin pestañear, cambió de tema como si nada hubiera pasado.
Tomando un par de mechones de su cabello oscuro, comenzó a tirar de ellos como si fueran palancas y tratara de dirigir sus movimientos.
“Ponte en marcha mi Linguini! es hora de preparar un platillo estrella!” exclamó con entusiasmo.
‘Genial, ahora tengo un Remy en la cabeza’ pensó Daniel con diversión, pero no se quejó, ningún hombre de verdad se quejaría al tener su cara apretada entre los muslos de una hermosa chica.
Suspirando para sus adentros, dejó que una pequeña y cálida sonrisa se dibujara en la comisura de sus labios y luego cerró la puerta, caminando sin prisa hasta la cocina, donde empezó a preparar el desayuno para ambos, todo el tiempo con harleen aún encima suyo.
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Nota:
Más de seis mil palabras.
Expresar de lo que es capaz el poder cósmico es difícil; sus usos y aplicaciones varían mucho dependiendo del escritor y del cómic, pero si hubiera que resumirlo en palabras sencillas sería: “un poder sin límites”.
Cualquier cosa imaginable es posible para quien lo posee e, irónicamente, lo único capaz de limitarlo es el propio usuario.
Como se menciona durante el capítulo, moldear la realidad a tus deseos requiere una voluntad capaz soportar el peso de tal acción y, en un universo donde habitan seres de magnitud inimaginable en cada esquina, lograr que tu propia existencia supere a la suya es casi imposible.
Así que no esperen que Daniel, de repente, sea capaz de lograr cualquier cosa o de sacarse habilidades del trasero según le convenga.
Un potencial ilimitado no es lo mismo que un poder ilimitado. Daniel aún tiene un largo camino lleno de baches por recorrer, pero al menos ahora cuenta con las herramientas para estar a la altura de tal desafío.
Espero que les haya gustado el capítulo y que todo lo explicado se haya entendido plenamente. Si tienen alguna duda o pregunta, no duden en dejar un comentario; responderé lo mejor que pueda para aclararlo todo.
Gracias por la paciencia y el apoyo.
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