Still Defiant! [Marvel/DC] ESP - Capítulo 77
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Capítulo 77: 77: Elección
77: Elección
Desde su llegada a Smallville, y su casi muerte, Lena Luthor pudo sentir que su suerte empezaba a mejorar. Quizá fuese el universo dándole un respiro después de todo lo que había tenido que soportar recientemente, o quizá solo se tratara de un breve periodo de calma antes de que decidiera golpearla otra vez.
Cualquiera que fuese el caso, Lena no era de las que desaprovechaban las oportunidades que se le presentaban en bandeja de plata, y así había pasado su tiempo en el tranquilo pueblo, planeando sus siguientes pasos.
Siempre fue cuidadosa, meticulosa. Pese a su fuerte deseo de venganza contra su hermano, sabía que si quería recuperar todo lo que él le había arrebatado, y más, necesitaba ser paciente, avanzar con precaución y golpear cuando menos lo esperara.
Lo cual no sería necesariamente muy difícil, porque Lex siempre había tenido la mala costumbre de subestimar a todos los que lo rodeaban, especialmente a ella.
Su hermano era tan arrogante como inteligente, y ahora que ya no le quedaba nada de amabilidad hacia él, Lena no tenía reparos en usar sus debilidades para enseñarle por qué traicionarla había sido la peor de sus decisiones.
Pero el cómo hacerlo era el problema. Por paciente que fuera, Lena no quería esperar una década entera, o más, antes de tener el capital suficiente para enfrentarse a él.
El mundo estaba cambiando demasiado rápido, demasiado impredeciblemente. Alargar las cosas solamente aumentaría el riesgo de toparse con un evento inesperado. Lena no sabía qué haría si, de alguna manera, Lex terminaba muriendo en un accidente absurdo antes de que ella pudiera obtener su venganza… o si era ella quien lo hiciera, en cambio.
Ya había estado lo suficientemente cerca de eso recientemente. Si no fuera por Carol, ahora mismo estaría nadando con los peces; con suerte, enterrada junto a su madre… si es que a Lex le quedaba algo de decencia.
Por eso había estado buscando una buena oportunidad: una vía rápida pero a la vez segura que le permitiera aumentar su capital e influencia.
Lo cual fue más fácil de decir que de hacer. Crear un negocio rentable y próspero era un sueño para la mayoría de las personas; un sueño casi imposible de lograr.
Pero Lena tenía confianza. Pese a ser joven, su experiencia en los negocios y la gestión empresarial eran de primer nivel; su padre se había asegurado de ello.
Lionel Luthor podría haber tenido muchos defectos, pero cuando se trataba de hacer dinero, el hombre lo manejaba como un arte, y se había esforzado al máximo por transmitir cada uno de sus métodos a sus dos hijos.
Puede que Lena no estuviera dispuesta a usar la parte más turbia y oscura de las lecciones que le había inculcado, pero todo lo demás bastaba para que cualquier persona con un poco de astucia e inteligencia pudiera amasar una pequeña fortuna en pocos años.
Bueno, Lena era mucho más que solo un poco inteligente y, ciertamente, bastante astuta cuando era necesario… El problema era que nada de eso hacía que las oportunidades tocaran a su puerta por sí solas.
Quizá su hermano la subestimara, pero no era estúpido. Lex entendía que, si la dejaba libre y sin ataduras, se convertiría en una gran y molesta espina en su costado. Por eso había hecho todo lo posible para que, al menos en el corto plazo, no le resultara fácil poner un pie fuera de Smallville.
Fue un juego sucio: un confinamiento invisible que le dejaba poco margen de maniobra, y que solo funcionaba porque Lena se negaba a rebajarse a su nivel.
Limitada como estaba, no se quedó simplemente de brazos cruzados. Haciendo uso de sus ya escasos contactos, se aseguró de buscar cualquier oportunidad prometedora, encontrando algunas más que interesantes, aunque pocas realmente a su alcance.
Fue más que frustrante ver cómo negocios con gran potencial se le escapaban de las manos, pero no se dejó desanimar por ello. Solamente necesitaba ser paciente; mientras jugara bien sus cartas, sabía que llegaría el día en que volvería a la cima. Solo debía esperar… o, al menos, ese había sido el plan. Hasta que lo vio.
A pesar de tener una mansión entera para sí misma, a Lena no le gustaba pasar demasiado tiempo en ella. Le recordaba demasiado a su infancia: solitaria y vacía, un hogar demasiado grande para tan poca gente. No ayudaba el hecho de que aún no se hubiera tomado la molestia de contratar ayuda doméstica; prefería hacer las cosas por su cuenta, como su madre le había enseñado.
Lástima que nunca hubiera sido la mejor de las cocineras. Por eso, a menudo comía fuera. Por suerte, Smallville no tenía escasez de buena comida. Todos los ingredientes que usaban los establecimientos locales eran frescos y, aunque sencillos, cada plato servido tenía cierto toque hogareño que rara vez se encontraba en los restaurantes de las grandes ciudades.
A Lena le encantaba, y ya había elegido su lugar favorito para cada comida. Así, como todos los días desde que llegó al pueblo, se dirigió hacia allí justo al mediodía, después de visitar la planta de fertilizantes que su hermano tan “amablemente” le había dejado.
Para ser sinceros, Lena no tenía muchas expectativas sobre la planta: era vieja, con instalaciones en decadencia y una producción que apenas lograba cubrir los gastos de mantenimiento. Le bastaron apenas unos días para detectar todo tipo de problemas
desastrosos en prácticamente todo.
No entendía por qué su padre había conservado el lugar, pero ya que ahora era suyo, por lo menos se aseguraría de que siguiera funcionando… hasta que decidiera si debía desmantelarla o no.
Aunque no ganaría mucho al hacerlo, seguía siendo un buen plan B por si llegaba a necesitar fondos extra para invertir en algo más rentable… O podría convertirlo en otra cosa.
El terreno era amplio y, aunque las edificaciones eran viejas, seguían siendo estables. Claro que habría que derribar algunas partes y reconstruir otras, pero la base estaba ahí. Sin duda, podría transformarse en algo diferente y mejor.
¿Pero en qué?
Mientras su mente seguía inundada por tales pensamientos, se sentó en su lugar habitual, colocando su laptop sobre la mesa y empezando a navegar entre sus archivos, esperando a que la camarera se acercara y tomara su orden.
“¡Lo tengo!”
“¡Cof, cof, cof!”
La exclamación, seguida de unas fuertes toses, la sacó de sus contemplaciones, haciéndola fruncir levemente el ceño. De forma inconsciente, levantó la vista hacia el lugar de donde provenía el sonido.
Lo primero que notó fue a una hermosa mujer rubia que tosía sin control, con las mejillas enrojecidas. Lena no pudo evitar que su mirada se detuviera brevemente en su rostro y en sus peculiares ojos color violeta; se veían sorprendentemente reales, para nada como esos lentes de contacto de mala calidad que abundaban en el mercado.
Eran extrañamente fascinantes. Pero, si eso hubiese sido todo, Lena habría apartado la vista sin prestar más atención… O esa era la idea, hasta que sus ojos se enfocaron en la otra persona en la mesa, avivando su interés de inmediato.
No solo por su apariencia. Como cualquier mujer joven aún a principios de sus veinte, Lena no era ajena a sentir cierta atracción física hacia otros, y ya fuera aquel hombre o la mujer a su lado, ambos, sin duda, cumplían con la mayoría de sus gustos.
Sin embargo, su estricta educación le había enseñado a ver siempre más allá de lo superficial y a nunca dejarse impresionar por cualquier cara bonita con la que se cruzara. Y, bueno, haber pasado casi toda su adolescencia en un internado lleno de mujeres no había contribuido precisamente a que su interés por los hombres fuera demasiado alto.
No, la razón era diferente. Ella lo reconocía; había visto su rostro antes. Pero, ¿dónde? Estaba segura de que era la primera vez que se topaba con él en Smallville. Lo sabía, porque su memoria era excelente, y si se hubieran encontrado antes, entonces lo recordaría.
El pensamiento fue lo suficientemente intrigante como para distraerla de todo lo demás. Aunque intentó volver a concentrarse en lo suyo, no pudo evitar mirarlo de reojo de vez en cuando, con una curiosidad más intensa de lo normal.
Mientras examinaba su rostro con cuidado, algo finalmente hizo clic en su cabeza. Con un gesto apresurado, tomó su laptop y buscó frenéticamente entre sus archivos hasta que logró encontrar lo que estaba buscando.
Pese a que salir de Smallville era algo complicado para ella en estos momentos, Lena aún había hecho todo lo posible por mantenerse al día con cada evento importante que pudiera ofrecerle la oportunidad que buscaba, y la feria de ciencias de la Fundación Baxter fue, sin duda, al que más atención le prestó.
En circunstancias normales, habría asistido personalmente, como en todos los años anteriores; pero, dada su situación, esta vez solo pudo conformarse con enviar a alguien más en su nombre para recopilar datos.
Debido al extraño incidente ocurrido ese día, el evento se interrumpió a la mitad. Por suerte, la persona a la que había enviado se encontraba lejos del centro del desastre, por lo que no resultó afectada y, una vez que todo se tranquilizó, pudo obtener y entregarle las grabaciones de la mayoría de las presentaciones realizadas antes de que el lugar se derrumbara.
Entre ellas, hubo varias que captaron su interés, pero una en particular fue a la que más potencial le vio.
‘Elemento V’ pensó, mientras daba click y abría la carpeta donde se encontraba el video de la presentación en la que el hombre, que ahora se encontraba solo a unos metros de ella, exponía su creación.
Sin poder evitarlo, las comisuras de sus labios empezaron a elevarse. Apenas logrando contener su emoción, Lena leyó con rapidez toda la información que había logrado obtener en su momento sobre Daniel, la cual, en realidad, no era mucha.
Por supuesto, ella ya había intentado localizarlo y ponerse en contacto con él, como sin duda hicieron todos los demás que vieron el potencial de su invento.
Sin embargo, todos esos intentos chocaron contra un grueso muro: el hombre era como un fantasma. No importaba a quién preguntara ni dónde buscara; nadie parecía saber nada sobre él, como si la feria de ciencias hubiese sido el lugar donde apareció por primera vez.
Dados sus escasos recursos actuales, Lena no tuvo más opción que resignarse y dejar de buscar. ¿Quién habría imaginado que, en un día cualquiera, se encontraría con él, y nada menos que en Smallville, de todos los lugares posibles?
‘Esta es una oportunidad.’ Una demasiado buena. Solo habían pasado algunos días desde que la feria de ciencias tuvo lugar; existía la pequeña posibilidad de que aún no hubiera cerrado ningún tipo de trato con alguna compañía. Si de alguna manera lograba convencerlo de trabajar con ella…
‘¿Pero lo haría?’ Esa pregunta enfrió su emoción varios grados.
Quizá en otro tiempo trabajar a su lado habría sido un privilegio para muchos, incluso un sueño. Pero ahora mismo, Lena no tenía demasiado que ofrecer, y cualquier cosa que pudiera poner sobre la mesa seguramente palidecería frente a las otras ofertas que él ya habría recibido. Con eso en mente, sus posibilidades no solo parecían escasas, sino casi nulas.
‘Aun así… debo intentarlo,’ decidió, reprimiendo sus dudas. Aceptara o no, como mínimo obtener su contacto y establecer una relación no sería una pérdida.
“Oooh! Mmmm!~” el sonido la regresó a la realidad nuevamente, no era muy fuerte pero sí lo suficientemente llamativo para llamar la atención y ella no pudo evitar alzar una ceja al ver cómo la mujer rubia saboreaba su comida como si aquel plato fuera la cosa más deliciosa del mundo.
‘Deben estar en una cita’, pensó al ver lo cercanos que parecían. Probablemente no sería buena idea interrumpirlos de repente, pero si no hacía nada, no había certeza de que se volvieran a encontrar pronto.
Esperaba que la mujer no fuera celosa, o solo le complicaría las cosas… Mientras pensaba en ello, de repente sus ojos se encontraron con los suyos. Lena la vio alzar las cejas con sorpresa antes de sonreírle ampliamente y luego susurrar algo mientras señalaba hacia su dirección con poca discreción.
‘Bueno, no parece molesta.’ Ser atrapada mirando fue algo incómodo, pero Lena no dejó que la leve vergüenza que sintió la detuviera.
Ya que había sido notada, estaba lista para levantarse y acercarse, pero antes de que pudiera hacerlo, el hombre se puso de pie primero.
Era bastante alto, más de lo que aparentaba a primera vista; en el video tampoco se notaba tanto, quizá por la bata de laboratorio que usó durante su presentación, pero claramente estaba en buena forma. La confianza era evidente en su postura, parecía alguien con quien sería fácil hablar, incluso cómodo. Lena no pudo identificarlo con precisión, pero había algo en él que desprendía una seguridad natural, sin pizca de arrogancia o altanería.
Lo analizó lo mejor que pudo, buscando todo aquello que pudiera ayudarla en la charla que pronto tendrían: ya fuese un defecto, una peculiaridad o cualquier indicio de otra cosa; sin embargo, no parecía haber nada.
O eso creyó, hasta que lo vio congelarse brevemente al encontrarse con su mirada. Su sorpresa fue inesperada, pero bienvenida. Para Lena fue obvio que la había reconocido y que se había interesado de inmediato en su presencia. Ni siquiera trató de ocultarlo; al contrario, lo mostró abiertamente, como si tratar de esconderlo fuese innecesario.
Fue extraño. Para alguien acostumbrada a tratar con todo tipo de personas manipuladoras, corruptas y deshonestas, encontrarse con alguien capaz de mostrar sus emociones con tanta libertad resultaba desconcertante, pero a la vez relajante.
Dejando escapar un suspiro de alivio, Lena se sintió mucho más tranquila ahora; sin darse cuenta, se había puesto más nerviosa de lo que debería, un error de novata que no esperaba volver a cometer nunca. Su padre probablemente se revolcaría en su tumba si la viera.
El pensamiento le dibujó una breve sonrisa, pero no era momento de distraerse. Pronto, Daniel llegó a su mesa y, con gesto educado, señaló la silla frente a ella.
“¿Puedo sentarme?” le preguntó, y ella asintió, permitiendo que tomara asiento.
“Estaba por ir a tu mesa” admitió, cerrando la tapa de su laptop.
“Eso es interesante. No recuerdo que nos hayamos conocido antes”
“Eso es cierto, pero seguramente has oído hablar de mí, y se puede decir que tengo cierto interés particular en ti.” dijo tentativamente, aún pensando en cómo abordar esta conversación sin sonar demasiado desesperada.
Sus palabras parecieron despertar su curiosidad. Lena notó un atisbo de confusión en su mirada, como si no entendiera del todo lo que quería decir.
“Bueno… sea lo que sea que haya hecho para merecer la atención personal de una Luthor, debe ser importante” respondió y en ese momento, Lena supo que él todavía no tenía ni idea de lo que ella buscaba.
“Oh, sin duda lo es. Y creo que podría beneficiarnos mucho a ambos… si estás dispuesto a escuchar mi propuesta.”
Daniel alzó una ceja, guardando silencio por un momento antes de asentir lentamente.
“Soy todo oídos”
Lena tragó en silencio. Bien, tenía su interés. Aún no tenía un plan infalible en mente para ganarse más que eso, pero, basándose en su experiencia y lo poco que había llegado a observar de él hasta ahora, intuía con fuerza que lo mejor era ser clara, sin intrigas ni intentos de manipulación, o de lo contrario podría terminar sin conseguir nada.
“Vi tu presentación sobre el Elemento V,” empezó, tras tomar una respiración profunda.
“Probablemente ya hayas recibido docenas de ofertas relacionadas con su producción y distribución. Me interesa saber si ya has llegado a un acuerdo al respecto con alguna empresa.”
Como si todas sus dudas se aclararan de repente, los ojos de Daniel brillaron y una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
“No, aún no he concretado nada” respondió con honestidad.
De hecho, había estado ignorando el asunto hasta ahora, tanto que ni siquiera se le había pasado por la cabeza que esa fuera la razón por la que ella lo había reconocido en su identidad civil… aunque, en retrospectiva, tenía bastante sentido.
No recordaba haberla visto entre el público ese día, ni entre las personas que había ayudado a evacuar después de que cerró la grieta espacial. Pero eso no significaba mucho, considerando que todo el evento había sido grabado por la Fundación Baxter para ser transmitido más tarde por televisión, para quienes no pudieron asistir personalmente.
Y si bien se había asegurado de encubrir todo lo relacionado con el incidente de la máquina de Reed, llegando al punto de modificar cada archivo de video posible en la base de datos de la fundación con la ayuda de Lara, eso no quería decir que hubiera hecho lo mismo con su presentación sobre el elemento V y la V-Fiber.
Cualquiera con los medios adecuados podría obtener fácilmente acceso a las imágenes no publicadas de la mayor parte del evento, y no era raro que Lena fuera una de esas personas.
‘Debería haberlo visto venir’ se reprendió internamente con cierta diversión y un toque de vergüenza.
Había estado tan distraído por todo lo ocurrido en los últimos días que lo pasó por alto completamente, olvidándose de algo que debería haber sido obvio desde el principio, y preocupándose por nada… quizá, se estaba haciendo un poco demasiado paranoico.
Lena no percibió el leve suspiro que Daniel dejó escapar, pues en ese momento estaba luchando consigo misma por contener la emoción que la inundó al escuchar su respuesta.
Aunque ella no era pesimista, sí era realista. Sabía que la posibilidad era baja y ya se había preparado mentalmente para la decepción. No esperaba que su suerte decidiera brillar una vez más este día y, sorprendentemente, lo menos probable se hizo realidad, provocando que apenas pudiera reprimir su alegría.
Como si una ráfaga de inspiración la golpeara, Lena supo lo que tenía que hacer y sin dudar más empezó a hablar, su voz llena de más confianza de la que había sentido nunca.
“En ese caso, no me andaré por las ramas. Quiero trabajar contigo y encargarme de la producción y comercialización del elemento V. Si aceptas, te aseguro que, con mi ayuda, lograr que tu visión de un mundo más seguro se vuelva realidad no tomará mucho tiempo.” dijo con genuina sinceridad.
En otro tipo de negociación, Lena habría sido más reservada, más estratégica. Pero en este caso, donde lo que tenía para ofrecer era escaso, la única opción que encontró fue apostar por su propio valor personal e ideales. Cosas que sin duda serían despreciadas por cualquier otra persona, pero no por él hombre que tenía frente a ella.
¿Por qué estaba tan segura? Porque lo había visto en sus ojos, en su forma de hablar, en todo su comportamiento durante la presentación del elemento V. Cada parte de su discurso ese día se había centrado en cómo su invento podía mejorar las vidas de otros, brindarles seguridad y protección, cambiar el mundo.
Y a un hombre así no se le ganaba con promesas de beneficios ni ofertas millonarias, porque no era un empresario ni un inversionista: era un idealista. Y la mejor manera de ganarse la confianza de un idealista era compartiendo su visión… o, al menos, parte de ella.
Claro que su mayor motivación seguía siendo la venganza. Pero si había una verdad indudable, era que Lena Luthor no era como su padre, y mucho menos como su hermano. Quizá fuese un pensamiento ingenuo, pero en el fondo aún creía que mejorar el mundo y hacerse rica en el proceso no tenían porque ser cosas incompatibles.
Ese choque de ideas fue la razón por la que, en su momento, se negó a seguir trabajando en LuthorCorp, una vez descubrió cuán profunda era la suciedad en la que la empresa de su familia estaba sumida. Y también fue el motivo por el que creyó, ingenuamente, que podría cambiarla para mejor tras la muerte de su padre… al menos hasta que Lex decidió traicionarla al no compartir su misma visión de cómo debían manejarse las cosas.
Y así, siguiendo su intuición, Lena hizo su propuesta de la única manera que creyó efectiva, aquella que lo convencería de que ella era la mejor opción, el mejor socio que podría encontrar.
Por supuesto, existía la posibilidad de que estuviera equivocada. Quizá Daniel no era lo que aparentaba; tal vez, detrás de esa sonrisa amistosa y ese aire de amabilidad, se ocultaba algo oscuro y terrible… algo como su padre, como Lex.
Pero si ese era el caso, no había nada más que decir. Lena preferiría pasar toda su vida en Smallville antes que hacer tratos con alguien así.
Tras escucharla Daniel alzó las cejas, no dijo nada de inmediato, en cambio la miró fijamente por algunos segundos alzando su mano para frotarse la barbilla como si estuviera analizando cada una de sus palabras profundamente.
Estaba… sorprendido. No había otra forma de describirlo. Aunque ya había adivinado, en gran medida, lo que Lena pretendía, no esperaba que lo expresara con tanta… sinceridad.
Se había preparado para escuchar la típica, astuta charla de negocios, pero esto, decir que superó sus expectativas sería poco.
‘Quizá podría funcionar’ pensó, aclarando sus ideas.
Hacía tiempo que estaba preocupado por el asunto de poner en marcha su “imperio” textil. Sin embargo, decir que Lena era su única opción para hacerlo sería mentir. Un producto como el Elemento V vería abiertas de inmediato todas las puertas que tocara y ofertas multimillonarias lo recibirían dondequiera que se presentara.
Pero si ganar dinero fuera lo único que lo motivara, entonces no sería quien era.
Las posibles ganancias ni siquiera ocupaban un segundo plano en su mente. Claro que eran importantes para financiar algunos de los proyectos en los que había estado pensando, pero lo esencial era que la V-Fiber, y cualquier otro producto derivado del Elemento V que se hiciera en el futuro, fuera asequible para el público en general.
Daniel se sentiría mucho más tranquilo si cada persona en las calles pudiera llevar puesta una camisa y unos pantalones a prueba de balas para cuando las malditas invasiones alienígenas empezaran a golpear el planeta, una tras otra.
Un sueño poco realista, siendo objetivos, pero uno por el que aún estaba dispuesto a trabajar.
Y dado que ese era el caso, Daniel sabía que encontrar a la persona adecuada con la que cooperar no sería sencillo. Más aún teniendo en cuenta que no podría dedicarle toda su atención al negocio.
Quien fuera elegido tendría que encargarse de la mayor parte de la gestión, dirigir cada aspecto de la manera correcta y asegurarse de que todo funcionara al pie de la letra… y eso requería mucho más que simplemente firmar un contrato con cláusulas estrictas.
Requisitos tan severos que incluso llegó a considerar depositar sobre los hombros de Overwatch, su inteligencia virtual aún en pañales. Claro que, antes de eso, tendría que trabajar mucho en ella y transformarla en una verdadera Inteligencia artificial en toda regla. Una idea que, a primera vista, podía parecer buena… pero solo si ignorabas todo lo que pasaría si algo salía mal.
No, no iba a haber un Skynet en el mundo por culpa suya.
Eso lo llevaba de vuelta a la encrucijada: encontrar a una persona lo suficientemente capaz, lo suficientemente confiable y lo suficientemente ‘honesta’ para asumir la carga y la responsabilidad que implicaba dejar en sus manos el Elemento V.
La pregunta ahora era… ¿Lena cumplía con esos requisitos?
‘No puedo negar que es capaz; sus logros, tanto académicos como empresariales, lo demuestran. Pero… si es confiable o no, ese ya es otro asunto.”
Daniel había investigado bastante sobre los Luthor. Sabía que, de todos ellos, Lena era la más “limpia”: sin escándalos, sin historial delictivo. Al menos sobre el papel, era todo lo contrario al resto de su familia. Pero la realidad no era algo que se pudiera verificar tan fácilmente.
Confiar en ella podría ser una de sus peores decisiones, pero… al recordar sus palabras, la mirada en sus ojos y el tono de su voz, Daniel no podía negar la honestidad que había percibido en cada uno de ellos: un deseo genuino, casi desesperado, de recibir una oportunidad y demostrar su valor.
Sin poder evitarlo, sus ojos se desviaron brevemente hacia donde Harleen se encontraba sentada. La rubia fingía seguir comiendo como si nada pasara, pero Daniel podía sentir cómo su mirada se clavaba sobre ellos cada cierto tiempo, con una intensidad difícil de ignorar. Era algo tierno, exasperante, pero a la vez divertido.
‘Un salto de fe, ¿eh?’ Elegir creer en las personas era, probablemente, uno de los actos más tontos que existían. Pero ¿qué clase de héroe sería si no lo intentara? Ya había salido bien una vez; solo necesitaba creer que lo haría una segunda también.
Con la decisión tomada, Daniel se centró en Lena y habló, pronunciando cada palabra con claridad.
…
…
Harleen jugueteo con los cubiertos en sus manos, tarareando una canción pegadiza que no recordaba de dónde había sacado. Intentaba distraerse, pero por más que lo intentara, su curiosidad seguía pinchándola como una molesta piedra en el zapato.
Cuando le sugirió a Daniel que fuera a hablar con la mujer que lo había estado observando, pensó que sería un asunto breve: un saludo y una pequeña charla cortés que terminaría con él regresando rápidamente, tal vez con alguna anécdota divertida o vergonzosa que contarle.
Entonces… ¿por qué llevaban casi veinte minutos hablando sin parar? ¡¿Y por qué sonreían tanto?!
El puchero en su rostro se profundizó. Harleen entrecerró los ojos en su dirección una vez más, preguntándose si usar sus poderes para escuchar a escondidas sería demasiado excesivo.
Como psiquiatra, sabía que la privacidad era sagrada, pero esto no era un consultorio. No pasaría nada si solo escuchaba un poquito… ¿cierto?
Justo cuando la tentación empezaba a vencer a su moral, vio a Daniel ponerse de pie, estrechar la mano de la mujer y luego caminar de regreso hacia su mesa con tranquilidad.
Sorprendida, se giró con rapidez intentando disimular indiferencia, pero su movimiento brusco terminó provocando que derramara su vaso medio lleno sobre la mesa.
“¡Joder!”, siseó entre dientes, soltando una serie de maldiciones en voz baja mientras trataba torpemente de limpiar su desastre.
“¡Tsk!” Daniel la miró con desaprobación, negando levemente con la cabeza para su disgusto; aun así, la ayudó a limpiar antes de volver a su asiento.
“¿Y bien? ¿Qué tal te fue?”, preguntó Harleen después de unos segundos de silencio, cruzándose de brazos e intentando sonar como si no le importara demasiado.
“Bueno, tenías razón”, le respondió Daniel, encogiéndose de hombros.
“¿Eh?”, Harleen parpadeó ligeramente, confundida.
“Ella pidió mi número.”
Sus ojos se abrieron de par en par al escucharlo. Como un resorte que había estado demasiado tiempo esperando liberarse, ella se lanzó hacia él bruscamente, casi montándose sobre la mesa.
“¿¡De verdad!?” exclamó con fuerza, haciendo que varias miradas se volvieran hacia ellos una vez más; aunque esta vez, el brillo en ellas era menos curioso y más irritado.
Soltando un bufido divertido, Daniel empujó a Harleen suavemente de regreso a su lugar antes de levantar la mano y hacerle un gesto a una camarera cercana para que les trajera la cuenta.
“Bueno, hubo mucho más que eso, pero te lo contaré luego. Ya es tarde; mejor nos apresuramos o los de la mueblería llegarán antes que nosotros”, dijo, recordándole las cosas que aún tenían por hacer.
En particular, estar en la casa a la hora acordada para recibir los nuevos muebles de harleen.
Si había otra cosa buena de vivir en Smallville, era que los servicios de entrega podían ser bastante rápidos en ciertos casos. De otro modo, por muy grande que fuese la nueva camioneta de Daniel, necesitarían más de un solo viaje para transportar todo lo que Harleen había comprado.
Ella hizo un puchero, pero sabía que él tenía razón. Su almuerzo ya había durado más de lo que pretendían inicialmente y, si quería terminar de conseguir lo que aún le faltaba antes de tener que regresar, entonces debían darse prisa.
Refunfuñando para sí misma, se recogió el cabello que se le había despeinado con el movimiento anterior y luego le dedicó una sonrisa traviesa, mientras un brillo de burla iluminaba sus ojos.
“Sabes, no es bueno para tu reputación dejar a una chica a medias~” le dijo juguetonamente, moviendo las cejas arriba y abajo con sutileza justo cuando la camarera a la que Daniel había llamado llegó a su mesa con la cuenta. La mujer de mediana edad se detuvo por un instante al escucharla, dedicándoles una mirada extraña.
Daniel suspiró para sus adentros e ignorando su pobre intento de provocación, simplemente pagó la cuenta y la arrastró con él a pesar de sus protestas.
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Por otro lado, en otra parte de Smallville.
“¿Estás bien?”, preguntó Chloe con algo de preocupación. “Porque tu cara parece la de alguien que acaba de comer un limón muy agrio”, señaló, haciendo que el párpado izquierdo de Carol temblara.
La kriptoniana tomó una profunda y larga respiración antes de forzar una sonrisa y asentir lentamente.
“Estoy bien”, dijo en el tono más tranquilo que Chloe había escuchado alguna vez salir de ella. Era tan frío que casi creyó ver su aliento congelando el aire.
Frunciendo el ceño, se abrazó a sí misma al sentir una repentina ráfaga de viento helado golpeándola.
“Ugh!! se nota que casi es fin de año”, murmuró para sí misma mientras temblaba, antes de regresar su atención hacia su amiga.
“De todos modos, ¿ya has decidido si irás al baile de graduación? Sé que las fiestas no son lo tuyo, pero ¡este será el último baile que tendremos! De verdad deberías venir”, dijo Chloe casi a modo de súplica.
En todos los años que habían asistido juntas a la escuela, nunca había conseguido convencer a Carol de acompañarla a ninguno de los eventos importantes que hubo, ¡ni uno solo! Pero esta vez se había prometido a sí misma llevarla consigo, incluso si tenía que arrastrarla.
Carol miró de reojo a su mejor amiga, ya intuyendo sus pensamientos. Si hubiera sido antes, probablemente lo habría considerado molesto, pero esta vez fue todo lo contrario. Dejando que sus labios se curvaran levemente hacia arriba, cerró su casillero antes de girarse hacia ella y asentir con firmeza.
“Creo que lo haré”, dijo con genuina expectación. Decir que nunca había estado interesada en asistir a un baile sería mentira, pero simplemente nunca había encontrado a la pareja adecuada… hasta ahora.
Al ver su sonrisa tímida y el ligero rubor que iluminó sus mejillas, Chloe abrió los ojos de par en par, quedando paralizada por un breve instante hasta que su cerebro finalmente procesó sus palabras.
El chillido de emoción que soltó entonces llamó de inmediato la atención de las personas que las rodeaban en el pasillo. Con una mueca formándose en su rostro, Carol redujo rápidamente su sentido auditivo hasta el nivel de una persona normal, apenas logrando evitar que sus tímpanos comenzaran a zumbar.
Chloe casi empezó a saltar de la emoción, pero justo a la mitad de su euforia su cuerpo se congeló, y su mirada animada se transformó en una mezcla de sospecha y recelo.
“Es por él, ¿no?”, preguntó en voz baja, frunciendo el ceño.
“¿Necesitas preguntar?” Carol no lo negó. Echándose la mochila al hombro, se giró y comenzó a avanzar, caminando hacia la salida de la escuela.
Soltando un gruñido, Chloe cerró su casillero de golpe, tomó su mochila y rápidamente la siguió.
“Increíble. Tu mejor amiga desde el preescolar pasa años tratando de que salgas de tu caparazón sin éxito alguno, pero basta con que aparezca un tipo cualquiera y, de repente, la mariposa extiende sus alas”, siseó entre dientes, quejándose abiertamente.
“Él no es…”
“No es un tipo cualquiera”, la interrumpió Chloe a mitad de frase, con un tono que sonaba exactamente igual al suyo pero con dejo de burla evidente.
Ambas se detuvieron abruptamente, girando hacia la otra para mirarse fijamente en un duelo de miradas que Chloe apenas pudo sostener, y no solo porque tuviera que ponerse de puntillas para lograr encararla.
Carol siempre había sido como un grueso muro de hielo para ella: impenetrable, imperturbable. Ser su amiga había sido todo un reto a lo largo de los años. No es que se arrepintiera, pero… sintió que merecía más que esto.
‘Genial, ahora estoy celosa’ pensó, suspirando y desinflándose como un globo pinchado.
Por su parte, Carol no supo exactamente qué decir. No es que no entendiera lo que pasaba, pero incluso si lo hacía, lidiar con ello no le resultaba fácil. A pesar de conocerse desde hacía tanto tiempo, lo cierto era que Chloe aún no comprendía quién era en realidad.
Podría intentar decírselo, abrirse a ella y revelarle todo, pero apenas la idea le cruzó por la mente, Carol la aplastó sin piedad.. Había demasiado en juego… ¿o simplemente tenía miedo? No lo sabía con exactitud, pero prefirió no correr ningún riesgo.
“Bien, bien… está bien.” Chloe tomó una larga respiración para tranquilizarse. No era momento para peleas; los dramas adolescentes debían quedarse atrás. Pronto iría a la universidad de sus sueños, y existía la posibilidad de que no volviera a ver a Carol por varios años. No quería que su amistad se amargara ni que terminaran separándose en malos términos.
Aún estaba preocupada por su amiga, por supuesto, pero había cosas que simplemente no se podían evitar. Cada una tenía su propia vida, y si Carol terminaba estrellándose por elegir mal a su primer amor… bueno, era un error que tendría que afrontar por su cuenta. Ya no eran niñas, después de todo.
“Necesitamos conseguirte un vestido. Uno espectacular. Haremos que, cuando te mire, se vuelva loco, tanto que no podrá apartar la mirada de ti ni un instante. Te lo aseguro: con esa figura y ese rostro, será él quien se arrastre por ti durante toda su vida!” exclamó Chloe de repente, con los ojos brillando y los puños apretados.
Ya que no podía evitar que Carol cayera en la trampa de miel de ese tal Daniel, bien podría ayudarla y hacer que lo conquistara por completo. Quién sabe, quizá eso no fuera algo tan malo; tal vez, en realidad, eran perfectos el uno para el otro y ella solo estaba siendo demasiado paranoica.
Al ver su cambio de actitud, Carol parpadeó sorprendida, pero su desconcierto no duró demasiado y pronto se vio envuelta en la animada atmósfera, escuchando con gran atención el ‘increíble’ plan de conquista que Chloe había comenzado a maquinar para ella.
Mientras caminaban y charlaban con entusiasmo, Chloe se sintió mucho más relajada y en paz… al menos hasta que un pensamiento repentino la golpeó como un camión de carga.
‘Espera… si Carol va a ir con Daniel, ¿eso no significa que soy la única que aún no tiene una cita?’
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Nota:
¡Finalmente, el nuevo capítulo ha llegado!
Terminó siendo más largo de lo que esperaba, pero, en mi defensa, jugar con diferentes puntos de vista siempre resulta tan complicado como entretenido. Espero que no se haya sentido demasiado pesado; aún estoy descubriendo cómo agilizar mi escritura, lo que implica experimentar bastante.
Al hacerlo, siempre está presente el pensamiento de que las cosas podrían salir mal, pero, al mismo tiempo, uno espera que salgan bien. Es contradictorio, lo sé, pero supongo que no hay mejor manera de mejorar que arriesgándose. Te equivoques o aciertes, lo único importante es aprender del proceso, ¿no?
Dejando de lado mis divagaciones, hablemos un poco sobre el capítulo en sí.
Hace un tiempo que la gente me viene preguntando si acaso me había olvidado de todo el asunto con el Elemento V… Bueno, he aquí la respuesta: desde el principio siempre tuve a Lena en mente como ese “socio empresarial” que Daniel necesitaba.
Por supuesto, detrás de su decisión de cooperar con ella se esconden muchos más matices de los que se perciben a simple vista. Tener a Lena cerca es, en cierto modo, como tener a Lex Luthor cerca. Y ya saben lo que dicen: mantén a tus amigos cerca y a tus enemigos aún más cerca.
Estos últimos capítulos han sido algo más tranquilos e informativos, bastante más centrados en el desarrollo de personajes y sus relaciones, pero como saben todo es con el fin de preparar el camino para los próximos acontecimientos. Sé que hay muchas cosas interesantes que abordar y agradezco sinceramente su paciencia hasta ahora. Prometo hacer todo lo posible para no dejarme nada fuera.
En fin, les deseo buenos días, tardes o noches, dondequiera que se encuentren.
¡Hasta el siguiente capítulo!
Remember that you can already find the next chapter of this story on P/atreon ( p/atreon com/EmmaCruzader ) All the support received is appreciated ;D
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