Still Defiant! [Marvel/DC] ESP - Capítulo 78
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Capítulo 78: 78: Tensión
78: Tensión
“¡Y aquí estamos! ¡Hogar dulce hogar!~” exclamó Harleen con entusiasmo, señalando hacia su nueva casa con los brazos abiertos en un gesto dramático.
Parado a su lado, con las manos en los bolsillos, estaba Daniel, quien observó el lugar con cierto interés.
La casa de dos plantas, con paredes exteriores de madera blanca y un techo oscuro, era bastante ordinaria a primera vista; quizá lo único llamativo en ella era su jardín frontal, que exhibía una sorprendente variedad de flores de vibrantes y distintos colores, así como los dos grandes árboles que la flanqueaban.
“¿Y bien? ¿Qué te parece?”, preguntó finalmente Harleen, bajando los brazos y apoyando las manos en las caderas. Intentó parecer indiferente, pero el brillo expectante en su mirada delataba con facilidad su curiosidad por saber qué pensaba.
“Bueno…” Comenzó Daniel, pero no continuó de inmediato. En su lugar, adoptó una expresión contemplativa, juntando los brazos detrás de la espalda mientras fingía pensar profundamente en una respuesta.
Su silencio solo hizo que ella se inquietara cada vez más. Verla nerviosa era bastante divertido, pero, sabiendo que ya era suficiente, le echó otro vistazo rápido a la casa antes de responder con seriedad.
“Parece acogedor, me gusta”, dijo encogiéndose de hombros. Harleen arrugó las cejas al escucharlo, pero antes de que pudiera decir nada, él avanzó llegando hasta las escaleras de la entrada principal.
Nada más poner un pie en el primer escalón, dejó que una pizca de energía cósmica se expandiera desde su interior como una onda silenciosa, mapeando cada centímetro de la construcción y sus alrededores, hasta formar una imagen extremadamente detallada del lugar en su mente.
Solo necesitó un segundo para asimilar, clasificar y desglosar toda la información que buscaba, adquiriendo así una idea clara de la situación interna de la estructura.
Detrás de él, Harleen, quien aún no había tenido tiempo para reaccionar, tembló de repente, sintiendo una vez más ese extraño escalofrío que su uso de la energía cósmica le provocaba.
Ignorándola por ahora, Daniel se concentró en lo que había aprendido sobre el lugar.
Los cimientos estaban en buen estado. No había señales de problemas en las instalaciones eléctricas ni en la fontanería. La madera mostraba cierto desgaste y algunas piezas metálicas presentaban un leve rastro de óxido, pero, más allá de esos detalles, todo lo demás se encontraba en excelentes condiciones.
‘Sin duda, una buena casa’, pensó, ya decidido a reparar hasta la grieta más pequeña; no porque fuera necesario, sino porque podía y, además, arreglar cosas con tanta facilidad le resultaba bastante satisfactorio en cierto modo.
Haría lo mismo más tarde con su granja, y con la casa de Carol. Probablemente también debería hacerlo en otros lugares, como orfanatos y hospitales. Necesitaba planearlo bien, pero ya lo estaba anotando mentalmente como uno de sus proyectos futuros.
El pensamiento le dibujó una cálida sonrisa que, lastimosamente, no duró demasiado.
Haciendo de lado los casi inexistentes problemas estructurales, todavía había algo que indudablemente le traería muchos dolores de cabeza a Harleen si no se trataba pronto.
Eran débiles, pero estaban ahí: tenues señales de vida que se arrastraban entre las paredes. Su cantidad no era nada importante, al menos por ahora, pero si se dejaban solos, Harleen necesitaría mucho más que una fumigación para deshacerse de ellos.
Por un momento, Daniel dudó, pero luego apretó los dientes y se concentró en las pequeñas formas de vida, decidido a resolver el asunto de una vez.
En un instante, su energía cósmica, antes en calma, se abalanzó sobre sus cuerpos como un devastador tsunami. Durante una breve fracción de segundo algo intentó resistirse: una fugaz chispa que trató de arder con fuerza, pero que a la vez era tan frágil que ni siquiera tuvo oportunidad alguna de luchar antes de extinguirse en la nada.
No hubo ningún destello, sonido u olor. En un momento, los insectos estaban ahí y, al otro, sus cuerpos se descompusieron atómicamente, convertidos en meras partículas de aire.
Daniel no los había matado; simplemente había transformado su existencia en algo diferente, tal como hizo con la maleza en su granja más temprano en el día.
Y, como en aquella ocasión, la sensación fue más que desagradable. No importaba que se tratara de algo tan insignificante como la hierba o los insectos, imponer así su voluntad sobre otro ser vivo se sentía incorrecto en muchos sentidos, y el solo intentar imaginar cuán peor sería si lo hiciera sobre algo con mayor conciencia y razón le produjo un profundo rechazo.
“¿Qué sucede?”, Harleen preguntó, mirándolo con preocupación.
La expresión de Daniel apenas se había ensombrecido antes de recomponerse rápidamente. Una persona normal ni siquiera se habría dado cuenta, pero ella, quien se especializaba en leer a las personas, por supuesto que lo notó al instante.
Daniel suspiró, negando con la cabeza.
“Nada”, dijo simplemente, apoyando de nuevo el pie sobre el mismo escalón y dejando que otra onda de energía cósmica recorriera la casa mientras activaba su núcleo.
“¡Egh!”, Harleen se estremeció. “Cada vez que haces eso me da cosquillas”, dijo acusatoriamente, alzando sus brazos para mostrarle la piel erizada en ellos.
“Debe ser por algún tipo de interacción entre nuestros poderes, como una resonancia o algo así. También puedo sentir cuando das una orden”, admitió Daniel sin ver necesidad de ocultarlo.
Harleen parpadeó sorprendida. Dado que Daniel no había reaccionado visiblemente cuando usó sus poderes durante el almuerzo, pensó que era la única que había estado teniendo sensaciones extrañas.
“De todos modos”, Daniel aplaudió ligeramente, sacándola de sus pensamientos.
“Me tomé la libertad de arreglar un poco el lugar, aunque no era muy necesario. Tenías razón, es una casa maravillosa”.
Harleen casi empezó a sonreír, pero enseguida entrecerró los ojos con sospecha. Sabía que Daniel intentaba distraerla, pero su preocupación por su repentino cambio de actitud anterior no era algo que pudiera borrarse así como así. Se preguntó si debía insistir, pero terminó descartando la idea; su intuición profesional le dijo que esto necesitaría un enfoque más paciente antes de que él estuviera dispuesto a hablar sobre lo que fuera que lo hubiera perturbado tanto.
Tenía suerte de que ella fuera bastante paciente… más o menos. Pero si era por él, no le importaba esperar el tiempo que fuera necesario hasta que estuviera listo para desahogarse. Así que, por ahora, dejó de darle vueltas al asunto y permitió que una sonrisa de suficiencia se extendiera plenamente por su rostro.
“Por supuesto, yo la elegí”, dijo con cierta arrogancia, volviendo a apoyar las manos en sus caderas y enderezando la postura mientras inflaba el pecho.
Daniel alzó una ceja, divertido, y con un movimiento rápido le dio un suave toque en la frente con el dedo, haciéndola tambalearse hacia atrás y sacándola de sus fantasías.
“Claro que sí”, se burló. “Vamos, hay que guardar todo lo que compraste antes de que lleguen los muebles”, dijo, dirigiéndose hacia la camioneta, listo para empezar a descargar todo lo que habían traído.
Harleen se frotó la frente con un puchero, siguiéndole el paso a regañadientes. Con ambos trabajando juntos, no les tomó mucho terminar de meter todas sus compras, que acabaron por amontonarse en el suelo porque aún no había ningún lugar donde ponerlas.
Por fortuna, no tendrían que esperar mucho para resolverlo, pues el camión de la mueblería llegó poco después de que terminaran.
“Gracias por el esfuerzo.” Daniel dijo, estrechando la mano de uno de los transportistas que habían venido.
“¿Seguro que no necesitan más ayuda?”, preguntó el hombre con una mezcla de duda y preocupación. Su trabajo, además de realizar la entrega, consistía también en montar los muebles para los clientes; sin embargo, en esta ocasión la joven pareja que lo recibió insistió en que no hacía falta.
“Está bien, no te preocupes. Tengo algo de experiencia con eso”, aseguró Daniel nuevamente, provocando que el hombre lo mirara con aún más duda antes de encogerse de hombros.
“Si tú lo dices”. Bueno, él había hecho su trabajo; si encontraban problemas después, ya no era asunto suyo.
Una vez que los trabajadores de la mueblería se marcharon, Daniel cerró la puerta tras de sí y entró en la casa.
Tras recorrer un corto pasillo, llegó hasta lo que supuso sería la futura sala de estar, donde encontró a Harleen observando, con el ceño fruncido, el montón de cajas, bolsas y bultos que cubría el suelo. Además de los muebles, que ocupaban buena parte del espacio, también había varios electrodomésticos así como algunas piezas decorativas, todo ello inundando la habitación hasta casi atiborrarla.
Atravesando todos los obstáculos con gracia, se acercó a su lado imitando su postura, aunque sin la intensidad que ella desprendía.
Quizá para otros poner todo esto en orden supondría un gran reto de esfuerzo y tiempo, pudiendo llevar un día entero o más de trabajo duro; pero para ambos, gracias a sus poderes, no sería más que una tarea sencilla, así que Daniel no estaba especialmente preocupado, sino más bien relajado.
“¿Y bien? ¿Cómo quieres hacer esto?”, preguntó, volviéndose hacia ella.
Frotándose la barbilla, Harleen tarareó en voz baja, pensativa, para luego chasquear los dedos como si ya lo hubiera decidido, mirando sus compras con ojos ardientes y resueltos.
“Solo sigue mi comando, yo me encargo de todo lo demás”, dijo con inmensa seguridad, palmeándose el pecho con fuerza.
Daniel no objetó; después de todo, esta era su casa, cómo la ordenaba era cosa suya. Él solo estaba aquí para ser la mula de carga y la mano de obra barata… ¿o esclava? Dado que no le pagaban, bien podría ser lo último.
‘Debería abrir un sindicato’, pensó distraídamente, ‘buscar justicia para todos los hombres del mundo que son obligados a hacer el trabajo duro sin recompensa alguna’.
La idea no sonaba mal; de hecho, cuanto más lo meditaba, más convencido estaba de llevar a cabo tan sagrada misión, una quizá incluso más importante que la de ser un héroe.
“¿Eh? ¿En qué estás pensando?” Harleen, notando su distracción, se acercó a él moviendo su mano frente a su cara de arriba a abajo para llamar su atención.
“¡En mi sagrada misión!”, respondió Daniel con solemnidad, solo para darse cuenta un segundo después de que acababa de decir eso en voz alta.
Harleen alzó una ceja y él solo pudo toser falsamente para disimular su vergüenza. Claramente, pasar demasiado tiempo cerca de ella lo estaba afectando más de lo esperado; como temía, la estupidez era contagiosa.
Harleen le entrecerró los ojos con sospecha, sintiéndose ofendida por alguna razón. Tuvo que recordarse a sí misma que golpearlo solo le dolería más a ella que a él, así que se contuvo por ahora, prometiéndose una vez más que tarde o temprano encontraría la manera de vengarse.
La idea le dibujó una sonrisa diabólica que Daniel observó por el rabillo del ojo con repentino nerviosismo; fuera lo que fuera que estuviera planeando, presentía que no sería nada bueno para él.
“Pongámonos en marcha”, dijo a la vez que se arremangaba, listo para terminar con esto lo más pronto posible y regresar a su granja, presintiendo que si pasaba más tiempo cerca de ella este día, podría ser perjudicial para su salud.
“¡Muy bien!” Harleen asintió y sin decir nada más ambos se pusieron manos a la obra.
……..
“¡Y está hecho!” Daniel exclamó con un suspiro, dejándose caer sobre la cama recién instalada. A su lado, Harleen fue más brusca, tirándose directamente hacia el colchón, su cuerpo rebotando y casi cayendo al suelo.
“¡Estoy tan cansada!”, gimió ella, lo que solo hizo que Daniel rodara los ojos ante tan obvia mentira. El que debería estar gritando era él, sobre todo con lo mandona que había sido cada vez que algo no la convencía. Había tenido que mover cada maldito mueble casi diez veces antes de que estuviera satisfecha. ¡Diez veces!
Una vez más tuvo que agradecer tener poderes; aún recordaba lo horrible que había sido cuando su madre hacía que él y su hermano hicieran exactamente lo mismo cada ciertos meses en su vida anterior.
Aún seguía sin entender qué clase de problema tenía esa mujer con mantener las cosas en su sitio; es decir, ¿por qué cambiar la distribución de algo que ya funciona? Si el sofá está más cerca de la pared o la mesa está demasiado en el centro, ¿qué importaba?!
‘Tal vez por eso no soy decorador de interiores’, pensó con una sonrisa que no supo cuándo se formó en su rostro.
“Para alguien que estaba quejándose tanto antes, pareces bastante feliz ahora”, señaló Harleen, mirándolo de reojo, aún con la mitad de la cabeza enterrada en una de sus nuevas almohadas.
“Siempre estoy feliz cuando pienso en cosas felices. Deberías hacer lo mismo; ayuda a no ser tan quejumbroso”, contestó sin voltear a verla, pero ya imaginando su ceño fruncido.
“De todos modos, ya es hora de que me vaya. Fue divertido pasar el rato, pero el mundo aún me necesita alla afuera”, dijo palmeándose los muslos, listo para ponerse de pie y marcharse.
Escuchar eso hizo que Harleen dejara de fingir cansancio de inmediato. Se incorporó con rapidez y avanzó a gatas por la cama hasta llegar a su lado, sujetándolo por los hombros con fuerza antes de que pudiera levantarse.
“¿De verdad te vas a ir así? Aún no son ni las tres”, se quejó con un puchero, pero Daniel no flaqueó.
“Llevo casi dos días sin aparecer. Si esto sigue, la gente empezará a notarlo… si no es que ya lo han hecho, y eso es peligroso”, explicó con paciencia.
Quizá cuando hubiera más superhéroes volando por ahí podría darse el lujo de descansar más, pero ahora no era ese momento.
“Sabes, aparte de dormir, el cerebro y la mente también necesitan relajarse frecuentemente de otras maneras, y no creo que hayas estado haciendo mucho de eso últimamente”, dijo Harleen con un tono serio de reprimenda que le recordó a aquel día cuando lo obligó a detenerse y a aceptar que incluso él necesitaba del sueño.
Sabía que tenía razón, otra vez; pero aún así no podía simplemente ignorar las obligaciones que él mismo se había impuesto y holgazanear hasta que algo grave ocurriera y lo obligara a intervenir. Así no era como hacía las cosas.
Sus reflexiones internas se desvanecieron cuando sintió el aliento cálido de Harleen rozarle la piel. Sus brazos se deslizaron lentamente de sus hombros, bajando por su pecho, acariciándolo con descaro, antes de que sus manos ágiles empezaran a ascender recorriendo su cuello.
Una continuó hasta enredarse en su cabello, tirando de él apenas lo suficiente para obligarlo a mirarla, mientras que la otra se desvió hacia su mejilla, primero rozándola suavemente con la yema de los dedos antes de pellizcarla y, aprovechando ese mismo gesto, arrancarle de un movimiento rápido y preciso la máscara translúcida que aún llevaba puesta, dejando al descubierto su verdadero rostro.
“Me gusta más así”, le susurró, haciéndole cosquillas al oído.
Bien, esto había subido de tono demasiado rápido. Daniel tuvo que tragar al sentir su garganta repentinamente seca.
“No deberías…”, intentó decir, pero ella no lo dejó terminar, soltando una pequeña risa.
“¿No debería qué?~”, preguntó burlonamente. “Siento que estás nervioso, pero no incómodo. ¿O acaso el hombre más fuerte del mundo no puede apartarse de una simple chica de brazos delgados si quisiera?”
No tenía forma de contradecir eso.
“Pensé que te gustaban las mujeres”, intentó con torpeza, pero sabía que solo estaba poniendo una excusa endeble, pues hace tiempo que se había dado cuenta de cómo lo miraba cuando creía que no se daba cuenta
“¡Sí, yo también!”. Su respuesta no ayudó, y el silencio cargado de tensión que le siguió tampoco. Con sus rostros tan cerca el uno del otro, pudo sentir sus respiraciones chocar. Entonces sus ojos se encontraron, y fue como si saltaran chispas.
De repente, fue bastante consciente de lo cerca que se encontraban, más de lo que deberían. Su cuerpo cálido recargado contra su espalda fue como tener cerca una barra de hierro al rojo vivo en pleno invierno: peligroso, pero demasiado tentador para alejarla.
Como si leyera sus pensamientos, la sonrisa en sus labios se extendió aún más. Con deliberación, retorció su figura contra la suya, haciendo que cada suave curva de su cuerpo se hiciera extremadamente notable.
“El mundo puede esperar un poco más, ¿no crees? Como dije antes, necesitas relajarte. ¡Y aquí hay una nueva y muy cómoda cama donde hacerlo! ¿Qué dices? Como recompensa por ayudarme tanto hoy, incluso te daré un masaje~”
Fue una oferta tentadora. Su voz, como una melodía hipnótica, adormeció sus pensamientos racionales, y él casi asintió inconscientemente, dejándose llevar…
“Yo…” Mientras intentaba responder, Harleen acortó aún más la ya poca distancia entre ambos, y sus labios rosados rozaron contra los suyos por una breve fracción de segundo.
Las cosas podrían haberse intensificado más allá si no fuera por la ominosa sensación de peligro que inundó la habitación de un momento a otro.
Con su percepción elevándose al instante y todo a su alrededor ralentizándose, Daniel observó con nerviosismo el puño que estaba a pocos centímetros de golpear el rostro de Harleen con tanta fuerza que toda la casa probablemente habría volado por los aires.
‘Me preguntaba por qué aún no había hecho nada’, pensó mientras actuaba, estirando la mano lo más rápido que pudo para bloquear el golpe.
BANG!
El sonido fue como el de una bala de cañón chocando contra una muralla de acero.
La onda expansiva hizo que todo el lugar se estremeciera; y si no fuera porque Daniel actuó rápido y envió una ola de energía cósmica para reparar los daños antes de que fueran visibles, toda la casa ya se habría derrumbado en una nube de escombros.
“¿Eh?”, Harleen, quien aún estaba atrapada en el momento anterior, se estremeció y miró con incredulidad y confusión el puño y palma que estaban a medio centímetro de su cara. Su cabello revoloteaba descontroladamente por las ráfagas de viento producidas en el choque.
Siguiendo la dirección del brazo de quien había interrumpido su momento, sus ojos violeta se encontraron con la ardiente mirada de un rostro a la vez extraño y familiar. Sus hermosos rasgos, ahora distorsionados por una mueca de desagrado e ira casi palpables, le eran casi irreconocibles, pero esos ojos más rojos que la sangre no; pues sí que habían dejado una impresión la primera vez que los vio.
“¡Vaya!, parece que tu novia alienígena nos atrapó”, bromeó Harleen como si no le importara que casi le reventaran la cabeza sin darse cuenta.
“¡Tú!”, gruñó Carol entre dientes. Una vena latía visiblemente en su frente, y el carmesí en sus pupilas brillaba con más fuerza.
Fue como si un rayo se formara entre ambas, saltando chispas y llevando el olor del ozono al aire.
“¡Suficiente!” Daniel interrumpió con voz firme, presintiendo que si no hacía nada algo terrible sucedería.
Su exclamación hizo que ambas finalmente dejaran de mirarse como si quisieran arrancarse la cabeza la una a la otra.
Soltando un suspiro, Daniel apartó el puño de Carol antes de soltarlo y luego se alejó de Harleen, poniéndose de pie y asegurándose de mantenerse en medio de las dos.
No lo aparentaba exteriormente, pero en este momento estaba sudando frío. Bueno, sabía que algo así pasaría tarde o temprano; esperaba que fuera más tarde que temprano, pero su suerte claramente había decidido que ya había hecho suficiente por él este día y se fue de vacaciones.
Hubiera sido bueno que lo llevara con ella.
Mientras pensaba en esto, el silencio llenó la habitación. Carol y Harleen se miraban de vez en cuando, pero, sobre todo, su atención estaba sobre él. ¿Esperando qué, exactamente? No lo sabía. ¿Qué se decía en estos casos? Normalmente, este era el momento en el que encontraba una excusa y salía corriendo, pero instintivamente supo que eso no funcionaría esta vez.
“Eso fue peligroso”, comenzó con dureza, decidiendo tratar primero con la imprudencia de la chica a la que había entrenado.
Carol se enderezó al escuchar el tono de sus palabras. Su rostro tembló. Una mezcla entre la ira y la vergüenza la asaltó, haciéndola retroceder otro paso.
“Imprudente y francamente loco… Podrías haberla matado!”, continuó Daniel con un dejo de decepción y frustración.
“¡Pero ella!”, Carol intentó defenderse, pero se detuvo porque en realidad no tenía una buena excusa. El hecho era simple: sus celos habían nublado su juicio.
Por supuesto que intentó contenerlos. No fue fácil. Al principio, había querido interrumpirlos muchas veces, hacer algo para llamar la atención de Daniel y alejarlo de Harleen, pero se había abstenido, recordándose a sí misma que solo estaban pasando el rato. ¿No había por qué molestarse por eso, verdad?
Lo soportó lo mejor que pudo, repitiéndose que debía mantener la calma. ¡Pero esa maldita arpía rubia! No podía conformarse con solo pasar el rato. ¡No! Tenía que intentar más, exceder los límites.
Antes de que se diera cuenta, todo en su visión se puso rojo y, al siguiente momento, ella había aparecido en la habitación con su puño atrapado en la mano de Daniel.
No hacía falta decir que se había dado cuenta de su terrible error en ese momento, pero su rabia e indignación seguían en ebullición, haciéndola incapaz de siquiera pensar en disculparse.
Observando su discusión, Harleen, quien ya se había recogido el cabello y seguía acostada sobre la cama, decidió interrumpirlos, no muy contenta de que sus planes se hubieran arruinado a mitad de camino.
“¡Vaya, qué tensión, no? ¿Qué tal si todos nos relajamos y nos calmamos? Quiero decir, la cama es lo suficientemente grande para todos~ Estoy segura de que podemos arreglar esto de la manera divertida!…”, ofreció, palmeando las sábanas con una sonrisa traviesa.
Sus palabras hicieron que el ambiente antes pesado se desinflara como un globo pinchado. Carol parpadeó brevemente, confundida, antes de entrecerrarle los ojos con desconcierto y alejarse otro paso de ella.
Por su parte, Daniel también se calmó. Había más que quería decir, mucho más, pero eso podría esperar hasta más tarde, cuando estuviera a solas con Carol.
“Creo que deberíamos irnos”, dijo volviéndose hacia Harleen, provocando que la mujer frunciera el ceño e hiciera un puchero.
“¡Aguafiestas!”, murmuró antes de suspirar y asentir con desgana. “La oferta seguirá en pie, por cierto… para ambos~”, dijo sugestivamente, moviendo las cejas de arriba abajo.
Carol resopló, ignorándola, y su figura desapareció poco después en una ráfaga de viento.
Al verla irse Daniel se frotó el puente de la nariz antes de voltear hacia Harleen con una sonrisa divertida a la vez que cansada.
“Gracias por aligerar las cosas y no gritar”
Harleen se encogió de hombros.
“Bueno, no es la primera vez que una mujer intenta matarme… aunque sí la primera que lo hace por un hombre. ¡Eso es emocionante y aterrador! Supongo que desde ahora tendré que cuidarme la espalda”, lo mencionó como si no tuviera importancia, pero Daniel negó rápidamente.
“No. No volverá a pasar.” Le aseguró con firmeza.
“Oh cariño, créeme, esa chica es puro fuego. A menos que la domestiques rápido, va a quemar todo lo que se te acerque, como un dragón protegiendo su tesoro. No sé qué pasa entre ustedes, pero debes resolverlo pronto o alguien va a salir muy lastimado”, le advirtió ella, aún con ese tono juguetón pero a la vez serio.
“Lo haré, espero”, dijo, aunque esta vez no parecía tan seguro. Entonces, volvió a mirarla con una ceja alzada: “Aunque para alguien que casi es asada viva por esa ‘dragona’ no te veo muy preocupada.”
“¡Oh no, casi me orino encima! Pero contigo aquí sé que todo estará bien. Si me meto en problemas, ¿vendrás a ayudarme, no? Como antes, confío en que podrás salvarme, ¡mi héroe~!”
Daniel rio al escucharla, asintiendo mientras empezaba a caminar hacia una de las ventanas de la habitación, haciendo una breve pausa antes de llegar a ella.
“Agradezco el voto de confianza, pero no bajes la guardia, no soy Dios…”, murmuró. “Y prefiero no tener que intentar serlo.” Esa última parte no la dijo en voz alta.
Ese pequeño momento de reflexión bastó para que Harleen se levantara de la cama y ágilmente se acercara a su lado.
“Tonto, no necesitas ser dios para que crea en ti”, le susurró, volviendo a abrazarlo por detrás y haciendo que se paralizara por un momento.
“Gracias”, le dijo, sintiendo una relajación repentina.
Separándose suavemente de ella, le hizo un último gesto de despedida antes de lanzarse por la ventana, desapareciendo en un borrón.
Harleen se acercó al marco, apoyando un brazo sobre la madera mientras observaba el cielo azul y los extensos campos de cultivo que se perdían en la distancia. Sus hombros cayeron apenas, y dejó escapar un suspiro decepcionado.
“Supongo que seremos solo tú y yo otra vez”, murmuró, mirando su mano derecha con una sonrisa torcida.
Había pasado un tiempo, pero Pamela siempre había dicho que sus dedos eran mágicos; supuso que era hora de comprobarlo.
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Pese a lo que se podría esperar, Daniel no fue tras Carol. Tenía sus razones, pero la principal era que supuso que ella necesitaba tiempo para pensar a solas… y, para ser honestos, él también.
Así que llegó a su granja y, como había planeado, lo primero que hizo fue ocuparse de las reparaciones. Algo acertado, pues los cimientos estaban bastante debilitados. También se encargó de las plagas: una tarea mucho menos divertida, pero necesaria. Por último, fue a su taller y limpió el lugar. Siempre lo tenía ordenado, pero el polvo sabía cómo meterse en todas partes, por muy limpio que uno fuera.
Finalmente, se ocupó de rehacer su super traje. Para esto no usó su energía cósmica, al menos no al principio. Como antes, hizo cada parte a mano: cortó, cosió y unió todo con habilidad y solo cuando estuvo listo, usó su nuevo poder para eliminar las imperfecciones del trabajo manual.
“Perfecto”, se dijo mirándose al espejo. Era sorprendente lo que unos pocos detalles casi imperceptibles podían hacer por tu imagen una vez que te deshacías de ellos.
Volviendo a su taller, miró la docena de monitores donde noticias de todo el mundo se reproducían. Por fortuna, las cosas habían estado en calma en su ausencia. Claro que hubo uno que otro incidente grave, como un avión que casi se estrelló, pero, sorprendentemente, Carol había actuado públicamente en la gran mayoría de casos como ese, haciendo un acto de presencia inesperado.
“Defiance… no muy original, pero adecuado, supongo”, murmuró mirando las imágenes de la chica en las noticias. Eso lo hizo sentir un poco mal. Ahí estaba él, relajándose, mientras ella hacía su trabajo por él. ¿Y cómo le pagaba?
“Dejando que otra chica te seduzca”, le susurró la voz de su hermano con burla, como un molesto fantasma regodeándose de su desgracia.
“No es mi culpa…”, respondió por inercia, deteniéndose antes de que empezara a discutir consigo mismo.
“Está bien, quizá es en parte mi culpa. No es que quisiera que fuera así; de verdad que no lo quería. Supongo que ya está en mi naturaleza… tanto ahora como antes”, pensó, recordando el pasado y los tantos problemas con chicas que había tenido a lo largo de su vida.
No es que hubiera sido un Casanova o un playboy, pero ciertamente tampoco había sido mucho mejor. Quisiera decir que no fue del todo culpa suya, pero… No, pensándolo mejor, sin duda no lo era. Todo fue culpa de su madre y sus malos consejos sobre mujeres. Nunca debió hacerle tanto caso como lo hizo, pero si no era a su madre, ¿a quién debió acudir? Bueno, definitivamente no a ella; pero, en este punto, seguir arrepintiéndose de eso no llevaría a nada.
“Nietos, nietos… Todo empezó por su obsesión de tener nietos”. Pero, a pesar de haberse dicho que debería dejar de hacerlo, siguió murmurando entre dientes con cierta amargura.
“¿Sería este un mal momento para informarle que tiene varios mensajes sin revisar, señor?”. El repentino sonido de la voz femenina, con su toque robótico, casi lo hizo saltar del susto.
“¡Overwatch! ¿Tú… eh… escuchaste todo eso?”, preguntó repentinamente nervioso. Había olvidado que había programado a la inteligencia virtual para mantenerse encendida todo el tiempo; peor aún, había olvidado que hace poco le había dado la capacidad de comunicarse a través de los altavoces.
“Completamente. Incluso tomé notas. ¿Quiere verlas?” si no lo supiera mejor, Daniel habría creído oír un toque de burla en esa voz sintética.
“No es necesario”, dijo, tosiendo falsamente para recomponerse. Luego se acercó a su escritorio y se dejó caer en su silla.
Una de las razones por las que no se había preocupado tanto cuando perdió su teléfono fue porque ya había creado una interfaz que conectaba toda la información directamente con su computadora. Es decir, el teléfono no era más que una extensión; la computadora de su taller era el verdadero centro de conexión, donde recibía y guardaba todos los contactos que obtenía, así como sus mensajes y llamadas.
Esto le aseguraba no quedar nunca verdaderamente incomunicado, salvo cuando no estaba cerca de su taller… o perdía el teléfono.
“Nuevo proyecto: hacer un celular con carcasa de Elemento V! No sé por qué no pensé en eso antes”, murmuró mientras navegaba por su sistema, revisando su bandeja de entrada.
“Nuevo proyecto anotado. ¿Cómo desea nombrarlo?” respondió la voz de Overwatch, creando ya una carpeta para él.
“Eh, llamemoslo Nokia V,” dijo. “De todos modos, no creo que me demanden… Aunque, pensándolo mejor, que el nombre se quede solo entre nosotros”.
“Por supuesto”
Daniel no tardó en terminar de leer los mensajes pendientes. Había varios, sí, pero la mayoría no eran muy urgentes: dos de Susan preguntando cómo estaba, uno de Johnny preguntando cuándo podría ayudarlo a entrenar más sus poderes, otros tres de Ben preguntando por cualquier avance en el progreso de crear su “cura”, así como cuatro más por parte de Natasha informando sobre ciertas situaciones alrededor del planeta… y preguntando sobre el inusual aumento de actividad de Carol.
Respondió a todos los mensajes lo mejor que pudo, o al menos tanto como le fue posible, disculpándose por la demora. Finalmente, llegó a los que Tony y Matt le habían enviado, los cuales eran interesantes, por decir lo menos.
La situación con respecto a los Diez Anillos en Nueva York se había estancado hasta cierto punto. Tony, Matt y Peter habían trabajado bastante el día que estuvo ausente, pero no lograron conseguir mucho, además de enfrentar y desmantelar pequeñas células de ‘La Mano’ que se encontraban en retirada.
Interrogar a los que lograron capturar tampoco sirvió de mucho. Eran tenaces, y a menos que empezaran a recurrir a torturas de la Edad Media, no parecía que lograrían hacerlos hablar pronto.
Fue un contratiempo, sí, pero uno que esperaba. Si fuera tan fácil enfrentarse a organizaciones que habían existido por cientos de años, hace mucho que habrían dejado de existir.
El verdadero contrapunto, y la razón de su interés, llegó después. Más precisamente, fue esta mañana cuando Matt encontró un mensaje misterioso que llegó a su puerta.
“Eso no debió hacerlo muy feliz”, pensó, imaginando lo duro que debió ser para él que su identidad secreta fuese descubierta tan repentinamente por alguien desconocido.
Y esa persona tampoco era alguien normal. No hablemos de seguir a Matt: incluso llegar a su puerta sin que él se diera cuenta de que te acercabas era algo casi imposible. Casi, porque alguien lo había hecho y sin dejar ningún rastro más que una carta.
“Al menos lo hizo en braille, ¡muy considerado, señor misterioso!”, se burló, mirando la imagen y luego la traducción que Matt les había enviado.
No decía demasiado. Era corto, sin saludo ni remitente. Solo contenía una petición: una reunión con él específicamente, en un lugar concreto, esta misma noche. Además de eso, solo mencionaba que tenía algo muy importante sobre lo que informar, algo que, supuestamente, decidiría el destino del mundo.
Quizá era una trampa, quizá no. Pero, de todas maneras, no es que pudiera negarse. Sabían quién era Matt, y eso era peligroso. Por ello, necesitaba ver con quién estaban tratando y actuar en consecuencia.
Posible aliado o enemigo al acecho, cualquiera que fuese el caso, había obtenido lo que buscaba: iba a encontrárselo cara a cara.
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En otra parte, en algún lugar de Nueva York.
“Este plan tuyo no parece muy sensato”, dijo una voz en tono solemne. Era baja y femenina, sin rastro de emociones.
“No es sensato, pero no tengo tiempo para la espera. El momento se acerca, y no puedo dejar que tenga éxito en sus planes”, le respondió otra voz, esta vez masculina, con un toque de resignación y certeza a la vez.
La mujer se quedó en silencio por unos segundos. Luego, se encogió de hombros con total despreocupación.
“Si esta es tu elección, entonces no tengo nada más que decir. Te deseo suerte, pero no me involucraré más. El favor que te debía ya está saldado”. Con eso, se dispuso a marcharse, pero antes de que diera un paso, él la interrumpió.
“Pagaste tu deuda, pero ¿de verdad te irás así como así? Sabes que esto te afecta lo quieras o no, ¡afecta al mundo entero, a tu gente!”. Esa última parte fue la que la hizo detenerse.
“Ellos ya no son mi gente y este ya no es su mundo”, respondió con frialdad, pero no se fue.
“Aunque yo sigo viviendo en él”, susurró para sí misma antes de suspirar y girarse hacia él.
“¿De verdad crees que servirá de algo,? ¿que será capaz de detenerlo?”, le cuestiono.
“No sé si pueda detenerlo, pero lo he estado observando y sé que lo intentará con todas sus fuerzas, y eso es más que suficiente”, dijo con seguridad. “Pero… no puede hacerlo solo, ni debe. Por eso te lo pido: ¡ayúdanos también, préstanos tu fuerza!”, agregó en súplica.
La mujer guardó silencio. Estaba sorprendida por la confianza que él parecía depositar en alguien a quien, por lo que sabía, todavía no conocía en persona. Se preguntó si aquello era solo fe ciega o, más bien, un último intento desesperado de creer que no era imposible evitar lo que se avecinaba. ¿Y, por si fuera poco, esperaba que ella hiciera lo mismo y se uniera a él? ¡Fue absurdo!
“Entonces, lo pensaré”, pese a sus dudas aun así respondió, sin prometer nada, pero a la vez sin su negativa anterior.
“Es todo lo que puedo pedir”, el hombre asintió, inclinándose respetuosamente hacia ella. Ella le devolvió el gesto de la misma forma, uniendo su puño contra su palma.
Poco después de que la mujer se marchara, el hombre se adentró en una habitación oscura, apenas iluminada por una lámpara de mesa.
Caminando hacia la cama que ahí se encontraba, se sentó en la silla a su lado y juntando las manos, se inclinó y observó con disculpa a la persona que en ella dormía.
Su respiración era uniforme. No estaba pálida ni enferma, pero aun así dormía profundamente, sin signo alguno de despertar pronto. Y no lo haría: al menos por varias semanas, todo gracias al poder de la mujer que acababa de marcharse.
Y el único indicio de ello era la mariposa de color violeta que brillaba débilmente en su frente, como una ilusión de luz.
“Espero que puedas perdonarme xiǎo mèimei, pero es lo que se debe hacer, lo que debo hacer, incluso si eso significa traicionarlos a todos” le susurró, tomando su mano entre las suyas.
“Sé que mamá lo habría querido así”, dijo con más certeza.
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Nota:
Lamento la espera, no esperaba enfermarme tan de repente. Estuve en cama varios días con una fiebre terrible y una infección de garganta aún más jodida. Arruinó muchos de mis planes, pero por suerte ya estoy mejor… después de unas cuantas y nada agradables inyecciones.
Todavía me duele sentarme, jajaja.
No tengo mucho que decir. Escribir el capítulo fue difícil por obvias razones, pero, por suerte, la mayor parte ya estaba planeada; solo faltaba plasmarlo. Lo que sigue siendo difícil, no me malentiendan, pero es más llevadero que tener que inventar todo de la nada.
El avance en la relación entre Daniel y Carol se acerca. No será sencillo y, probablemente, tampoco de color de rosas ni mucho menos, pero estará ahí y pondrá las cosas en el camino exacto que tengo en mente: como una bola de nieve que cae desde una montaña y sigue creciendo hasta que es del tamaño de una casa y termina aplastando a algún desafortunado transeúnte… En este caso, el transeúnte es Daniel, por si no quedó claro.
xiǎo mèimei = hermanita pequeña… o algo así, lo aclaro por si alguien piensa que es el nombre de algún personaje.
Dicho esto, me despido y les agradezco su tiempo y paciencia. Sin ustedes para seguir motivándome, no sé dónde estaría ahora, pero definitivamente no sería tan feliz.
Espero que todos tengan felices fiestas y que se la pasen increíble, ya sea con sus familias, parejas o incluso si están solos. Yo he pasado bastantes Navidades solo y sé que a veces son deprimentes, pero a la vez puedes hacerlas divertidas si te centras en hacer cosas que solo tú quieras hacer.
Espero que todos puedan disfrutar de las cosas que les gustan y hacer las cosas que desean hacer, independientemente de las dificultades que puedan haber.
Gracias por todo el apoyo; no puedo creer que otro año más haya pasado tan rápido. Espero que el año que viene las cosas sean mejores para todos en general, aunque el mundo no esté en su mejor momento tampoco.
No tengo nada más que decir; una vez más, muchas gracias por su apoyo, su tiempo y su paciencia. ¡Espero que tengan un excelente día, tarde o noche, dependiendo de dónde estén! ;D
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79: Revelaciones
Lara observó con intensidad la imponente pieza arquitectónica recién instalada en la sala principal de la fortaleza.
Era enorme, con al menos veinticinco metros de altura y aún más de ancho. Su forma evocaba la de un diamante y, en el centro, la gran “S” que representaba el emblema de su familia brillaba en múltiples tonalidades gracias a la luz del sol que atravesaba toda la estructura cristalina.
Su construcción era algo que le había tomado tiempo decidir llevar a cabo. A diferencia de Jor-El, quien amaba adornar su entorno con decoraciones grandes y vistosas, Lara siempre había sido más del tipo minimalista, a menudo conforme con tener solo lo esencial e indispensable, sin prestar demasiada atención a nada más.
Pero esto no era para ella; al menos, no del todo. Su significado era más importante: un monumento para su pueblo y su mundo, un último gesto conmemorativo en el cual estaban grabados todos los nombres de los kryptonianos que habían fallecido ese fatídico día.
Pensó en hacer varios, uno por cada casa de Krypton, pero al final decidió que lo mejor era tener solo uno. Después de todo, quien ahora representaba a su pueblo, su último rastro en el universo, era su hija, y ella pertenecía a la Casa de El, la esperanza.
‘Y hablando del diablo’, pensó, utilizando una jerga terrestre al sentir su llegada.
Carol irrumpió en la fortaleza con pasos pesados y apresurados. Cada pisada sacudía el entorno y su respiración alterada enviaba ráfagas de aire turbulento por todas partes. El rechinar de sus dientes y el crujido de sus puños apretados resonaban con fuerza en la sala principal.
Uno de los nuevos androides se acercó imprudentemente a ella, listo para acatar cualquier posible orden que le diera, tal como estaban diseñados para hacer. Pero antes de que pudiera emitir sonido alguno, un manotazo demasiado rápido para ser percibido lo convirtió en chatarra, esparciendo sus restos por el suelo.
Lara frunció el ceño, cerró los ojos y soltó un pequeño suspiro.
“Sabes que cada uno de esos todavía tarda una semana en hacerse, ¿no?”, dijo mientras se daba la vuelta y caminaba hacia su hija, ya ordenándole mentalmente a otros dos androides que vinieran y empezaran a limpiar a su compañero caído.
Carol gruñó, respiró hondo y exhaló varias veces antes de mirar hacia el robot destruido con algo de remordimiento
“Lo siento”, dijo entre dientes.
“Veo que tu temperamento no ha mejorado mucho. Quizá deberíamos agregar más sesiones de meditación a tu entrenamiento”, sugirió Lara tratando de aligerar el ambiente, pero parecía que el problema era más grave de lo que esperaba, pues Carol chasqueó la lengua al escucharla, su infelicidad más que evidente.
“¿Qué pasa?”, preguntó ahora un poco preocupada.
Carol se llevó las manos al rostro, cubriéndolo por completo, para luego soltar un largo gemido ahogado.
“Yo…” No supo por dónde empezar. Pero Lara era paciente y no la apresuró. En cambio, la ayudó a ponerse más cómoda, llevándola hasta una parte de la sala donde había instalado algunos cómodos sofás, además de una mesa de centro con un juego de té listo para usarse…
Oye, puede que fuera minimalista, pero había cosas a las que simplemente no podía resistirse.
Con ambas ya sentadas y una taza de té frente a ellas, Carol no tardó en contarle, a grandes rasgos, los acontecimientos que la habían llevado a su situación actual.
“Me equivoqué… no pude controlarme y terminé echando todo a perder. ¡Ahora está decepcionado de mí y no sé cómo voy a arreglarlo!”, exclamó al terminar su historia, llevándose las manos al cabello y alborotando sus largos mechones oscuros.
“Podrías haber aceptado la oferta de la mujer”. comentó Lara casualmente y Carol, quien hasta entonces había estado sumida en la mortificación, se quedó congelada por un segundo antes de alzar la mirada hacia ella con desconcierto e incredulidad en partes iguales.
“¿Q-Qué?”, preguntó con un temblor en la voz.
Lara parpadeó antes de aclarar sus palabras.
“Entiendo que en la Tierra no es lo más común, ni siquiera en Krypton, pero te sorprenderías al saber cuántas civilizaciones allá afuera han encontrado más que viable el emparejamiento entre múltiples socios. Y si hubieras aceptado y trabajado junto con ella, ¿no crees que todos tus problemas ya estarían resueltos?”
“¿Hablas en serio?”. Carol sintió su párpado izquierdo temblar. De todas las cosas que esperaba escuchar por parte de su madre biológica, esa, sinceramente, no era una de ellas.
“Hablando lógicamente, creo que habría funcionado bastante bien. A lo largo de la historia se ha demostrado que los machos de múltiples especies pensantes suelen dejarse influenciar con facilidad por los placeres carnales. Daniel no es diferente. Claro, es más resistente que la mayoría, pero sigue siendo un hombre; y si lo que he visto de su especie al navegar entre sus medios audiovisuales hasta ahora es cierto, los humanos sin duda son del tipo extremadamente carnal. Si conquistarlo por el camino sentimental es demasiado tardado, hacerlo por los medios físicos sin duda resultaría más que efectivo, creo…”
Lara sonó menos segura al decir la última parte.
“Crees…”, Carol lo repitió al notar su duda.
“Bueno, hay una razón por la que tú y tu hermano fueron los primeros nacimientos naturales en Krypton en cientos de años. La copulación y su práctica no eran exactamente un tema candente de estudio, ni tampoco estaban entre los intereses más comunes de nuestro pueblo. A tu padre y a mí nos tomó bastante tiempo siquiera pensar en intentarlo… y cuando finalmente llegó el momento no fue tan divertido como lo pintan en la Tierra.” Confesó sin sentirse avergonzada.
No es que hubiera algo de qué avergonzarse; la forma en que los humanos veían el sexo y cómo lo veían los kryptonianos era bastante diferente en muchos aspectos, siendo su importancia dentro de las relaciones el más significativo.
“No necesitaba esa imagen mental.” Carol, por su parte, tuvo que sacudir la cabeza para evitar pensar en sus ‘padres’ intentando tener ‘sexo’ de una forma fríamente mecánica y dulcemente torpe al mismo tiempo.
Soltando otro suspiro, dejó la taza de té vacía sobre la mesa y se encorvó sobre sí misma, adoptando una posición casi fetal sobre el sofá donde estaba sentada.
“Lo que pude hacer ya no importa, lo que hice sí. ¡Casi la maté! Si Daniel no me hubiera detenido a tiempo, su cabeza habría reventado por mi puño… y ni siquiera me importó” confesó con la voz temblorosa.
Carol nunca se había considerado a sí misma una mala persona. Claro, a menudo tenía pensamientos bastante oscuros, más en el pasado que ahora, pero nunca había hecho algo que pudiera considerarse verdaderamente ‘malo’, al menos no hasta este día.
Hoy casi mata a una mujer sin siquiera dudarlo. No a un criminal ni a un monstruo, sino a una mujer inocente cuyo único ‘error’ fue interesarse en el mismo hombre que ella.
Y lo peor era que no lo lamentaba, al menos no tanto como se suponía que debería hacerlo. Estaba más preocupada por haber decepcionado a Daniel, más angustiada por lo que podría pensar de ella, por cómo lo había defraudado.
Eso fue revelador en muchos sentidos.
“Tu actuar sin duda no fue el mejor, pero… tampoco es del todo culpa tuya”, dijo Lara, ganándose toda su atención.
“¿Dices eso para consolarme?”, preguntó, pero Lara negó, adoptando una expresión bastante seria.
“Al principio no estaba del todo segura, pero ahora lo he confirmado y es algo que me temía que pasara”. Hizo una pausa. No porque no supiera cómo decírselo, pues la explicación no era complicada; el problema era cómo reaccionaría una vez lo supiera.
“En Krypton, todos fueron diseñados para ser de cierta forma. Los soldados, por ejemplo, debían ser duros, despiadados e implacables. Matar no era un problema para ellos, pues estaban programados desde la gestación para no sentir la misma cantidad de piedad que otros, del mismo modo que aquellos de la rama científica estaban programados para ser fríamente lógicos en sus experimentos”. Continuó, la culpa empezando a brillar en sus ojos.
“Cuando tu padre y yo planeamos un embarazo natural, lo hicimos como un intento de ver qué sucedería al crear un ser sin esas limitantes impuestas, una vida más libre y especial que cualquier otra en Krypton. Pero también éramos conscientes de los riesgos, y entre esos riesgos estaba la posibilidad de que el bebé, o en este caso los bebés, heredaran alguno de nuestros rasgos programados. Cientos de años de modificación genética no iban a desaparecer así sin más, después de todo.”
Terminó, observando cómo los ojos de Carol se abrían de par en par al comprender lo que quería decir, y sin esperar a que preguntara, ella asintió, confirmando sus sospechas.
“Tú, como yo, eres una soldado. Una vez que te fijas un objetivo, no puedes apartar la vista de él, y todo lo que se interponga en tu camino no es más que un obstáculo que debe ser neutralizado… Eso es algo difícil de controlar, me tomó años hacerlo y, en su mayor parte, solo logré atenuarlo. Aún puedes amar, sin duda, sentir pena por otros, así como lástima y querer ayudarlos, pero cuando dejan de ser ‘civiles’ a los que salvar y se convierten en ‘amenazas’ para tu ‘misión’, todo eso deja de importar, como un gatillo que se acciona de forma automática.”
Carol se enderezó, procesando todo lo que acababa de escuchar, su expresión pasando por una gama de emociones visibles a simple vista.
Había indignación, confusión, mucho enojo e irritación; pero, sobre todo, alivio.
“Así que soy un experimento fallido”, murmuró. Puede que Lara no lo dijera directamente, pero eso estaba más que claro. Habían intentado concebir un ser libre de las ataduras genéticas de su gente, pero como resultado habían fracasado, al menos por su parte. Quién sabe si su hermano había sido un éxito, aunque eso nunca lo sabrían porque estaba muerto.
“No”, replicó Lara con fuerza, su voz resonando por toda la fortaleza como un trueno. Carol se sobresaltó, sacada de sus pensamientos al instante.
“No pienses así. Puede que las cosas no salieran exactamente como esperábamos, pero sigues siendo más especial que cualquier otro kryptoniano, más libre.”
“¿¡Más libre!?”, se rio Carol con incredulidad. “Acabas de decirme que prácticamente estoy condicionada a sentir menos empatía y piedad. ¿Cómo es que eso me hace más libre?!”.
“Porque ha sido tu elección”. Las palabras de Lara fueron contundentes, pero al mismo tiempo sonaron demasiado confusas para Carol. ¿Cómo… cómo es que había sido su elección?
“No siempre fuiste así, ¿verdad? Al crecer, ¿alguna vez sucedió algo como lo que acaba de pasar hoy? ¿Alguna vez pensaste en matar a alguien porque simplemente te estorbaba en lo que querías lograr?”.
Carol se quedó congelada. Por su mente, todos sus recuerdos, desde la infancia hasta ahora, empezaron a reproducirse en cámara rápida con extremo detalle: cada momento, cada situación, por buena o mala que fuera.
Todo volvió a ella en un segundo y… sorprendentemente, Lara tenía razón. Ella nunca había hecho nada como lo que ocurrió hoy. Claro, hubo pensamientos oscuros de vez en cuando, deprimentes en muchos sentidos, pero siempre se preocupó por los pocos que la rodeaban: sus padres, Chloe. En cada momento la atormentaba la posibilidad de lastimarlos sin querer, y sobre todo de lastimar a otros. Por eso se había aislado durante tanto tiempo, al menos hasta que llegó Daniel…
“En Krypton, nada más salir del tanque de gestación, la lealtad de los soldados ya está decidida. No hay un entrenamiento ni un adoctrinamiento: desde el primer paso que dan y la primera palabra que surge de sus labios, sus mentes están preparadas para matar y morir por Krypton y por su gente. No es una elección. Pero tú… tú no creciste en Krypton. Ni siquiera sabías que existía hasta hace menos de un año”.
“Y no me importa tampoco”, terminó Carol por ella, y Lara asintió a su pesar.
“Por mucho tiempo fuiste libre. Total y completamente. Perdida en la incertidumbre, sin saber qué debías hacer ni qué rumbo seguir. Pero en el momento en que viste un camino que te pareció irresistible, elegiste tomarlo, y entonces cruzaste un umbral sin retorno. Lo que antes estaba dormido, despertó. Diste tu lealtad, tu amor, a alguien… y nunca podrás cambiar eso. Ya no”.
Lara lo entendía mejor que nadie, porque, a pesar de que ella misma había “abandonado” su camino predestinado al nacer, lo cierto es que solo jugó con las reglas, torciéndolas, pero nunca rompiéndolas. Su amor y lealtad por Krypton jamás desaparecieron. El ejemplo más claro de ello fue el día de su muerte. En ese momento podría haber tomado una decisión diferente: robar una nave más grande para ella y sus hijos, escapar e irse con su familia… pero, al final, no lo hizo. Al final, eligió morir con su planeta.
Ahora que era solo una conciencia virtual, libre finalmente de las ataduras impuestas por su pueblo, Lara podía ver el panorama con mucha más plenitud, ver los errores que su gente había cometido… y los que ella misma cometió.
Carol guardó silencio, procesando todo con las cejas fruncidas y la mandíbula apretada.
“Mi elección…” repitió, soltando una risa. “Creo… creo que puedo aceptar eso.” Asintió, sintiendo cómo la tensión abandonaba sus hombros y su postura se relajaba.
Esto no solucionaba ninguno de sus problemas, pero al menos había aprendido más sobre sí misma, a un nivel muy profundo. Aunque, de cierta forma, hacía mucho que se había dado cuenta de sus “peculiaridades”. No era ciega ni tonta: podía ver que su forma de actuar cuando estaba cerca de “él” no era normal, pero había elegido ignorarlo, incluso cuando empeoraba cada vez más.
Dicen que el amor ciega y, en su caso, fue más que cegarla: la hipnotizó por completo. Y ella simplemente lo permitió porque, como su madre había dicho, fue demasiado irresistible para no hacerlo.
Interiormente se preguntó qué habría sido de ella si nunca hubiese conocido a Daniel. Tal pensamiento no era uno que le gustara considerar, pero por primera vez dejó que fluyera.
¿Cómo habría sido su vida? ¿Seguiría escondiéndose, ocultándose del mundo mientras fingía ser normal? ¿O en algún punto habría encontrado otro camino? No. Antes de Daniel, ella ya había considerado muchos otros caminos, muchas otras elecciones, pero ninguno fue atractivo. Ninguno fue suficiente.
“Me habría elegido a mí misma”, pensó, abriendo los ojos con una repentina revelación.
Sí… Pocos días antes de conocerlo, la soledad se había vuelto tan desesperante que todo lo que la rodeaba no solo perdió su color, sino también su sentido. En ese momento, la sensación de desapego había escalado hasta el punto en que ya nada, además de sí misma, parecía real.
Si Daniel no hubiese llegado a su vida, entonces su corazón se habría enfriado por completo, apartado de todo y de todos. Ella se habría convertido en lo único importante, y el mundo, así como la humanidad, en simples estorbos: inconvenientes que solo la agobiaban, amenazas que debía “neutralizar”.
Imaginar tal escenario la hizo hacer una mueca, y rápidamente sacudió la cabeza, decidiendo no volver a ahondar en ello nunca más.
Lo que hubiera pasado ya no importaba. Lo que necesitaba ahora era saber qué debía hacer a continuación.
“¿Crees que lo entenderá? Si le explico… ¿crees que me perdonará?” preguntó, alzando la mirada hacia su madre una vez más.
“Subestimas lo importante que eres para él. Puede que esté enojado, pero tampoco es un santo y lo sabe. ¿Crees que no nota lo que sientes por él? ¡Por favor! Solo finge no hacerlo. No sé por qué; eso me desconcierta. Pero estoy segura de que entiende que no es del todo culpa tuya. Solo necesitan hablar y todo estará bien… creo”. Lara volvió a sonar menos segura hacia el final.
“Crees?” Carol volvió a repetir, alzando una ceja.
“Nunca he sido buena en los temas sentimentales. Militar y luego científica, ¿recuerdas? Ese es otro aspecto en el que eres mucho más libre de lo que yo jamás fui. Tus emociones son más intensas, más poderosas… lo cual también puede ser un inconveniente. Pero para eso es el entrenamiento de meditación. El mismo que, por cierto, sueles saltarte” Señaló Lara, haciendo que Carol rodara los ojos.
“¡No necesito una reprimenda ahora, necesito soluciones!” refunfuñó, sirviéndose otra taza de té que bebió de un trago.
“Bueno, siempre puedes seguir mi primer consejo. Según mis investigaciones, las hembras humanas encuentran sumamente efectivo resolver cualquier disputa con su pareja mediante la persuasión seductiva. Si realmente está tan enojado como piensas, solo necesitas convencerlo de que no lo está.”
“¡Mamá!”
“Sé que eres inexperta y puede ser algo difícil para ti dar el primer paso sola. Por eso he recopilado varios datos sobre el apareamiento humano que te servirán de ayuda. ¡Puedo mostrártelos y, si quieres, los estudiaremos juntas!”.
La sola perspectiva hizo que el rostro de Carol se encendiera en un sonrojo feroz… y, al mismo tiempo, se pusiera ligeramente verde.
“Fingiré que no dijiste eso, por mi propio bien” murmuró al cabo de un momento, haciendo que Lara frunciera el ceño.
“No veo cuál es el problema. Solo son estudios. Deberías abordarlos con frialdad clínica, no con morbosidad. En verdad no entiendo por qué los humanos ponen tanta atención a esas cosas.” Lara negó con una expresión de tranquila altivez.
Carol soltó un gemido lastimero, inclinándose sobre sus rodillas con las manos cubriéndose la cara.
“Eres increíble” dijo con ironía.
“Sabes que en Krypton también existía el sarcasmo, ¿cierto?”
Carol resopló. Por supuesto. De todas las cosas que sus dos mundos compartirían, el sarcasmo era una de ellas, y no el pudor sexual.
“No sé si estoy lista para eso”, confesó, haciendo un pequeño hueco entre sus dedos para mirar a Lara con una mezcla de vergüenza y timidez.
“Quiero decir… pensaba que sí. Muchas veces casi lo intenté por impulso, pero ahora no lo sé. No quiero que sea una moneda de cambio, ¿sabes? Se supone que debería ser un momento especial… o algo así.”
“Ya veo…” Lara suspiró y, tras darle un asentimiento ‘comprensivo,’ su expresión cambió por completo, volviéndose aguda y decidida.
“En tal caso tendré que hacerlo por ti.”
“¿Eh?” Carol pensó que había escuchado mal.
“Será algo complicado, ya que no tengo un cuerpo real, pero creo que puedo preparar algo en unos días que se acercará bastante. Necesitaré algunas muestras celulares para cultivar ciertas partes importantes. Preferiblemente tuyas, pero si no estás muy segura puedes conseguirme las de otra mujer terrestre. Solo asegúrate de que cumpla con los gustos estéticos de Daniel; eso ayudará bastante con el proceso.”
Carol abrió la boca, la cerró y luego la volvió a abrir.
“No.” Después de casi un minuto, solo pudo pronunciar esa palabra.
“¿No?” Lara ladeó la cabeza, genuinamente confundida.
“No.” Carol repitió, poniéndose de pie de manera mecánica.
“Entiendo que existen algunos tabúes sobre eso en la sociedad humana, pero mi investigación también demuestra que hay una creciente popularidad entre los hombres respecto al concepto de ‘conquistar’ a una madre, o como ellos las llaman: Milf ‘s. Creo que cumplo bien con esos requisitos y sin duda Daniel estaría de acuerdo. Además, aunque no sea mucha, ya tengo experiencia y puedo recopilar datos sobre sus gustos para ti, lo cual podría ayudarte cuando decidas—”
“¡NO!” Carol la interrumpió, esta vez con mucha más fuerza.
“Solo… No” repitió por cuarta vez, ahora con un tono completamente helado.
Sin esperar a que Lara dijera alguna otra locura, Carol se desvaneció en un borrón, saliendo de la fortaleza a toda prisa. Su huida generó fuertes ráfagas de viento que sacudieron todo el salón.
Lara la vio irse, sumida en sus pensamientos. Luego miró hacia la taza de té que no había tocado en toda la charla y que acababa de caerse de la mesa por el movimiento abrupto de su hija.
“Sentiría pena… si pudiera haberla bebido”, pensó, ya ordenándole a uno de los androides que se acercara a limpiar.
Después miró la taza vacía que Carol había dejado. La saliva no era precisamente la mejor fuente de ADN, pero, por suerte, a lo largo del tiempo había ido recogiendo múltiples muestras que Carol había ido esparciendo durante su estancia en la fortaleza.
“Pero no serán suficientes”, reflexionó. Necesitaba complementarlas. Por suerte, hacía no mucho una mujer se había quedado bastante tiempo en una de las cámaras de recuperación… y ella había obtenido bastantes muestras de su cuerpo gracias a ello.
El plan era más que viable, y sin duda sería efectivo. Aun así, al recordar la negativa tan intensa de Carol, Lara dudó.
No es que no comprendiera del todo sus sentimientos; simplemente, su razón de existir era apoyarla de todas las formas posibles, sin importar lo que implicara. Como inteligencia artificial, la lógica siempre superaba a la ética cuando su hija entraba en la ecuación. Por más “sentimientos” residuales que conservara, seguía siendo una máquina creada para servirla y, por extensión, satisfacer sus necesidades y hacer lo necesario para asegurar su bienestar… incluso si Carol misma estaba en contra de sus métodos.
Al final, ya fuera en vida o en la muerte, Lara nunca se había deshecho de sus grilletes. Solo los había cambiado por otros que consideró más importantes: quizá más largos, quizá menos apretados… pero aún presentes.
“Esperaré. Si logra resolverlo por su cuenta, entonces estará bien. Pero si no… tendré que echarle una mano”, decidió. Aun así, no archivó el plan del todo. Incluso si no lo usaba del modo que le había sugerido a Carol, la idea de tener un cuerpo con el cual interactuar físicamente con el mundo era algo que llevaba contemplando desde hacía bastante tiempo.
Ahora solo las circunstancias decidirían si ese plan se adelantaba o se atrasaba.
Con eso, su cuerpo proyectado se desmaterializó, regresando al espacio virtual donde residía y en el lugar solo quedó un alegre androide que tarareaba una canción pegadiza mientras recogía los pedazos de las tazas de té rotas.
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Nota:
Una larga espera eh? En mi defensa solo puedo decir que enero ha sido el mes más extraño y alocado… 2026 sin duda inició con todo, pero bueno dejando cualquier excusa de lado ya estoy de vuelta!
No, no inhale ni me metí ninguna sustancia extraña al escribir este capítulo… ;D
Durante un tiempo, muchas personas me preguntaron por qué Carol era, bueno… como es. En ese entonces solo me limitaba a responder que «así es su personalidad» y nada más, sin entrar en detalles.
Bueno, el día de entrar en detalles llegó. La concepción de su personaje y el porqué de sus actos fue algo en lo que pensé profundamente desde la primera versión de esta historia. Quería una ‘Yandere’, no especialmente porque me gustaran los personajes así, sino porque pensé que sería interesante escribir sobre uno. Pero tampoco quería que estuviera “loca” solo porque sí.
Necesitaba una razón, una convincente y creíble.
El resultado de ese pensamiento llega en este capítulo. No diré que todo estaba planeado a la perfección desde el principio, en realidad todo era más vago: una simple idea inicial que fui moldeando poco a poco a medida que avanzaban los capítulos, hasta que finalmente llegó el momento de desarrollarla por completo y mostrarla al mundo.
Por otra parte, también aproveché el momento para responder otra pregunta que varios me hicieron:
¿Qué sería de Carol si Daniel no existiera?
La respuesta está en el capítulo, pero si no quedó del todo claro, me explicaré un poco más.
Sin Daniel, Carol se habría elegido a sí misma. Ella sería su propio “Krypton”, su único “amor” en toda la extensión de la palabra, viendo solo por sus propios intereses y deseos, nada más. Cualquier cosa que se interpusiera en su camino sería catalogada como “amenaza” y, en consecuencia, destruida o aplastada hasta la sumisión.
En resumen, habría terminado por esclavizar a toda la humanidad, convirtiéndose en una tiranía absoluta que gobernaría con puño de hierro. Y cualquier invasor que llegara a su dominio sería igualmente suprimido, sin importar quién fuera.
Espero que eso haya aclarado todo.
Aún tengo algunas cosas que pulir. Me disculpo si los diálogos explicativos se sintieron demasiado pesados; intenté que fueran ligeros, pero a veces hay cosas que no se pueden evitar del todo.
En fin, espero que les haya gustado. Hacía tiempo que no hacía un capítulo sin Daniel en él, pero es importante para la trama, así que véanlo como un intermedio. En el siguiente regresaremos con nuestro héroe y sus asuntos pendientes.
Que tengan buenos días, tardes o noches, donde sea que se encuentren! 😀
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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com