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Still Defiant! [Marvel/DC] ESP - Capítulo 79

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79: 79: Revelaciones 79: 79: Revelaciones 79: Revelaciones Lara observó con intensidad la imponente pieza arquitectónica recién instalada en la sala principal de la fortaleza.

Era enorme, con al menos veinticinco metros de altura y aún más de ancho.

Su forma evocaba la de un diamante y, en el centro, la gran “S” que representaba el emblema de su familia brillaba en múltiples tonalidades gracias a la luz del sol que atravesaba toda la estructura cristalina.

Su construcción era algo que le había tomado tiempo decidir llevar a cabo.

A diferencia de Jor-El, quien amaba adornar su entorno con decoraciones grandes y vistosas, Lara siempre había sido más del tipo minimalista, a menudo conforme con tener solo lo esencial e indispensable, sin prestar demasiada atención a nada más.

Pero esto no era para ella; al menos, no del todo.

Su significado era más importante: un monumento para su pueblo y su mundo, un último gesto conmemorativo en el cual estaban grabados todos los nombres de los kryptonianos que habían fallecido ese fatídico día.

Pensó en hacer varios, uno por cada casa de Krypton, pero al final decidió que lo mejor era tener solo uno.

Después de todo, quien ahora representaba a su pueblo, su último rastro en el universo, era su hija, y ella pertenecía a la Casa de El, la esperanza.

‘Y hablando del diablo’, pensó, utilizando una jerga terrestre al sentir su llegada.

Carol irrumpió en la fortaleza con pasos pesados y apresurados.

Cada pisada sacudía el entorno y su respiración alterada enviaba ráfagas de aire turbulento por todas partes.

El rechinar de sus dientes y el crujido de sus puños apretados resonaban con fuerza en la sala principal.

Uno de los nuevos androides se acercó imprudentemente a ella, listo para acatar cualquier posible orden que le diera, tal como estaban diseñados para hacer.

Pero antes de que pudiera emitir sonido alguno, un manotazo demasiado rápido para ser percibido lo convirtió en chatarra, esparciendo sus restos por el suelo.

Lara frunció el ceño, cerró los ojos y soltó un pequeño suspiro.

“Sabes que cada uno de esos todavía tarda una semana en hacerse, ¿no?”, dijo mientras se daba la vuelta y caminaba hacia su hija, ya ordenándole mentalmente a otros dos androides que vinieran y empezaran a limpiar a su compañero caído.

Carol gruñó, respiró hondo y exhaló varias veces antes de mirar hacia el robot destruido con algo de remordimiento “Lo siento”, dijo entre dientes.

“Veo que tu temperamento no ha mejorado mucho.

Quizá deberíamos agregar más sesiones de meditación a tu entrenamiento”, sugirió Lara tratando de aligerar el ambiente, pero parecía que el problema era más grave de lo que esperaba, pues Carol chasqueó la lengua al escucharla, su infelicidad más que evidente.

“¿Qué pasa?”, preguntó ahora un poco preocupada.

Carol se llevó las manos al rostro, cubriéndolo por completo, para luego soltar un largo gemido ahogado.

“Yo…” No supo por dónde empezar.

Pero Lara era paciente y no la apresuró.

En cambio, la ayudó a ponerse más cómoda, llevándola hasta una parte de la sala donde había instalado algunos cómodos sofás, además de una mesa de centro con un juego de té listo para usarse… Oye, puede que fuera minimalista, pero había cosas a las que simplemente no podía resistirse.

Con ambas ya sentadas y una taza de té frente a ellas, Carol no tardó en contarle, a grandes rasgos, los acontecimientos que la habían llevado a su situación actual.

“Me equivoqué… no pude controlarme y terminé echando todo a perder.

¡Ahora está decepcionado de mí y no sé cómo voy a arreglarlo!”, exclamó al terminar su historia, llevándose las manos al cabello y alborotando sus largos mechones oscuros.

“Podrías haber aceptado la oferta de la mujer”.

comentó Lara casualmente y Carol, quien hasta entonces había estado sumida en la mortificación, se quedó congelada por un segundo antes de alzar la mirada hacia ella con desconcierto e incredulidad en partes iguales.

“¿Q-Qué?”, preguntó con un temblor en la voz.

Lara parpadeó antes de aclarar sus palabras.

“Entiendo que en la Tierra no es lo más común, ni siquiera en Krypton, pero te sorprenderías al saber cuántas civilizaciones allá afuera han encontrado más que viable el emparejamiento entre múltiples socios.

Y si hubieras aceptado y trabajado junto con ella, ¿no crees que todos tus problemas ya estarían resueltos?” “¿Hablas en serio?”.

Carol sintió su párpado izquierdo temblar.

De todas las cosas que esperaba escuchar por parte de su madre biológica, esa, sinceramente, no era una de ellas.

“Hablando lógicamente, creo que habría funcionado bastante bien.

A lo largo de la historia se ha demostrado que los machos de múltiples especies pensantes suelen dejarse influenciar con facilidad por los placeres carnales.

Daniel no es diferente.

Claro, es más resistente que la mayoría, pero sigue siendo un hombre; y si lo que he visto de su especie al navegar entre sus medios audiovisuales hasta ahora es cierto, los humanos sin duda son del tipo extremadamente carnal.

Si conquistarlo por el camino sentimental es demasiado tardado, hacerlo por los medios físicos sin duda resultaría más que efectivo, creo…” Lara sonó menos segura al decir la última parte.

“Crees…”, Carol lo repitió al notar su duda.

“Bueno, hay una razón por la que tú y tu hermano fueron los primeros nacimientos naturales en Krypton en cientos de años.

La copulación y su práctica no eran exactamente un tema candente de estudio, ni tampoco estaban entre los intereses más comunes de nuestro pueblo.

A tu padre y a mí nos tomó bastante tiempo siquiera pensar en intentarlo… y cuando finalmente llegó el momento no fue tan divertido como lo pintan en la Tierra.” Confesó sin sentirse avergonzada.

No es que hubiera algo de qué avergonzarse; la forma en que los humanos veían el sexo y cómo lo veían los kryptonianos era bastante diferente en muchos aspectos, siendo su importancia dentro de las relaciones el más significativo.

“No necesitaba esa imagen mental.” Carol, por su parte, tuvo que sacudir la cabeza para evitar pensar en sus ‘padres’ intentando tener ‘sexo’ de una forma fríamente mecánica y dulcemente torpe al mismo tiempo.

Soltando otro suspiro, dejó la taza de té vacía sobre la mesa y se encorvó sobre sí misma, adoptando una posición casi fetal sobre el sofá donde estaba sentada.

“Lo que pude hacer ya no importa, lo que hice sí.

¡Casi la maté!

Si Daniel no me hubiera detenido a tiempo, su cabeza habría reventado por mi puño… y ni siquiera me importó” confesó con la voz temblorosa.

Carol nunca se había considerado a sí misma una mala persona.

Claro, a menudo tenía pensamientos bastante oscuros, más en el pasado que ahora, pero nunca había hecho algo que pudiera considerarse verdaderamente ‘malo’, al menos no hasta este día.

Hoy casi mata a una mujer sin siquiera dudarlo.

No a un criminal ni a un monstruo, sino a una mujer inocente cuyo único ‘error’ fue interesarse en el mismo hombre que ella.

Y lo peor era que no lo lamentaba, al menos no tanto como se suponía que debería hacerlo.

Estaba más preocupada por haber decepcionado a Daniel, más angustiada por lo que podría pensar de ella, por cómo lo había defraudado.

Eso fue revelador en muchos sentidos.

“Tu actuar sin duda no fue el mejor, pero… tampoco es del todo culpa tuya”, dijo Lara, ganándose toda su atención.

“¿Dices eso para consolarme?”, preguntó, pero Lara negó, adoptando una expresión bastante seria.

“Al principio no estaba del todo segura, pero ahora lo he confirmado y es algo que me temía que pasara”.

Hizo una pausa.

No porque no supiera cómo decírselo, pues la explicación no era complicada; el problema era cómo reaccionaría una vez lo supiera.

“En Krypton, todos fueron diseñados para ser de cierta forma.

Los soldados, por ejemplo, debían ser duros, despiadados e implacables.

Matar no era un problema para ellos, pues estaban programados desde la gestación para no sentir la misma cantidad de piedad que otros, del mismo modo que aquellos de la rama científica estaban programados para ser fríamente lógicos en sus experimentos”.

Continuó, la culpa empezando a brillar en sus ojos.

“Cuando tu padre y yo planeamos un embarazo natural, lo hicimos como un intento de ver qué sucedería al crear un ser sin esas limitantes impuestas, una vida más libre y especial que cualquier otra en Krypton.

Pero también éramos conscientes de los riesgos, y entre esos riesgos estaba la posibilidad de que el bebé, o en este caso los bebés, heredaran alguno de nuestros rasgos programados.

Cientos de años de modificación genética no iban a desaparecer así sin más, después de todo.” Terminó, observando cómo los ojos de Carol se abrían de par en par al comprender lo que quería decir, y sin esperar a que preguntara, ella asintió, confirmando sus sospechas.

“Tú, como yo, eres una soldado.

Una vez que te fijas un objetivo, no puedes apartar la vista de él, y todo lo que se interponga en tu camino no es más que un obstáculo que debe ser neutralizado… Eso es algo difícil de controlar, me tomó años hacerlo y, en su mayor parte, solo logré atenuarlo.

Aún puedes amar, sin duda, sentir pena por otros, así como lástima y querer ayudarlos, pero cuando dejan de ser ‘civiles’ a los que salvar y se convierten en ‘amenazas’ para tu ‘misión’, todo eso deja de importar, como un gatillo que se acciona de forma automática.” Carol se enderezó, procesando todo lo que acababa de escuchar, su expresión pasando por una gama de emociones visibles a simple vista.

Había indignación, confusión, mucho enojo e irritación; pero, sobre todo, alivio.

“Así que soy un experimento fallido”, murmuró.

Puede que Lara no lo dijera directamente, pero eso estaba más que claro.

Habían intentado concebir un ser libre de las ataduras genéticas de su gente, pero como resultado habían fracasado, al menos por su parte.

Quién sabe si su hermano había sido un éxito, aunque eso nunca lo sabrían porque estaba muerto.

“No”, replicó Lara con fuerza, su voz resonando por toda la fortaleza como un trueno.

Carol se sobresaltó, sacada de sus pensamientos al instante.

“No pienses así.

Puede que las cosas no salieran exactamente como esperábamos, pero sigues siendo más especial que cualquier otro kryptoniano, más libre.” “¿¡Más libre!?”, se rio Carol con incredulidad.

“Acabas de decirme que prácticamente estoy condicionada a sentir menos empatía y piedad.

¿Cómo es que eso me hace más libre?!”.

“Porque ha sido tu elección”.

Las palabras de Lara fueron contundentes, pero al mismo tiempo sonaron demasiado confusas para Carol.

¿Cómo… cómo es que había sido su elección?

“No siempre fuiste así, ¿verdad?

Al crecer, ¿alguna vez sucedió algo como lo que acaba de pasar hoy?

¿Alguna vez pensaste en matar a alguien porque simplemente te estorbaba en lo que querías lograr?”.

Carol se quedó congelada.

Por su mente, todos sus recuerdos, desde la infancia hasta ahora, empezaron a reproducirse en cámara rápida con extremo detalle: cada momento, cada situación, por buena o mala que fuera.

Todo volvió a ella en un segundo y… sorprendentemente, Lara tenía razón.

Ella nunca había hecho nada como lo que ocurrió hoy.

Claro, hubo pensamientos oscuros de vez en cuando, deprimentes en muchos sentidos, pero siempre se preocupó por los pocos que la rodeaban: sus padres, Chloe.

En cada momento la atormentaba la posibilidad de lastimarlos sin querer, y sobre todo de lastimar a otros.

Por eso se había aislado durante tanto tiempo, al menos hasta que llegó Daniel… “En Krypton, nada más salir del tanque de gestación, la lealtad de los soldados ya está decidida.

No hay un entrenamiento ni un adoctrinamiento: desde el primer paso que dan y la primera palabra que surge de sus labios, sus mentes están preparadas para matar y morir por Krypton y por su gente.

No es una elección.

Pero tú… tú no creciste en Krypton.

Ni siquiera sabías que existía hasta hace menos de un año”.

“Y no me importa tampoco”, terminó Carol por ella, y Lara asintió a su pesar.

“Por mucho tiempo fuiste libre.

Total y completamente.

Perdida en la incertidumbre, sin saber qué debías hacer ni qué rumbo seguir.

Pero en el momento en que viste un camino que te pareció irresistible, elegiste tomarlo, y entonces cruzaste un umbral sin retorno.

Lo que antes estaba dormido, despertó.

Diste tu lealtad, tu amor, a alguien… y nunca podrás cambiar eso.

Ya no”.

Lara lo entendía mejor que nadie, porque, a pesar de que ella misma había “abandonado” su camino predestinado al nacer, lo cierto es que solo jugó con las reglas, torciéndolas, pero nunca rompiéndolas.

Su amor y lealtad por Krypton jamás desaparecieron.

El ejemplo más claro de ello fue el día de su muerte.

En ese momento podría haber tomado una decisión diferente: robar una nave más grande para ella y sus hijos, escapar e irse con su familia… pero, al final, no lo hizo.

Al final, eligió morir con su planeta.

Ahora que era solo una conciencia virtual, libre finalmente de las ataduras impuestas por su pueblo, Lara podía ver el panorama con mucha más plenitud, ver los errores que su gente había cometido… y los que ella misma cometió.

Carol guardó silencio, procesando todo con las cejas fruncidas y la mandíbula apretada.

“Mi elección…” repitió, soltando una risa.

“Creo… creo que puedo aceptar eso.” Asintió, sintiendo cómo la tensión abandonaba sus hombros y su postura se relajaba.

Esto no solucionaba ninguno de sus problemas, pero al menos había aprendido más sobre sí misma, a un nivel muy profundo.

Aunque, de cierta forma, hacía mucho que se había dado cuenta de sus “peculiaridades”.

No era ciega ni tonta: podía ver que su forma de actuar cuando estaba cerca de “él” no era normal, pero había elegido ignorarlo, incluso cuando empeoraba cada vez más.

Dicen que el amor ciega y, en su caso, fue más que cegarla: la hipnotizó por completo.

Y ella simplemente lo permitió porque, como su madre había dicho, fue demasiado irresistible para no hacerlo.

Interiormente se preguntó qué habría sido de ella si nunca hubiese conocido a Daniel.

Tal pensamiento no era uno que le gustara considerar, pero por primera vez dejó que fluyera.

¿Cómo habría sido su vida?

¿Seguiría escondiéndose, ocultándose del mundo mientras fingía ser normal?

¿O en algún punto habría encontrado otro camino?

No.

Antes de Daniel, ella ya había considerado muchos otros caminos, muchas otras elecciones, pero ninguno fue atractivo.

Ninguno fue suficiente.

“Me habría elegido a mí misma”, pensó, abriendo los ojos con una repentina revelación.

Sí… Pocos días antes de conocerlo, la soledad se había vuelto tan desesperante que todo lo que la rodeaba no solo perdió su color, sino también su sentido.

En ese momento, la sensación de desapego había escalado hasta el punto en que ya nada, además de sí misma, parecía real.

Si Daniel no hubiese llegado a su vida, entonces su corazón se habría enfriado por completo, apartado de todo y de todos.

Ella se habría convertido en lo único importante, y el mundo, así como la humanidad, en simples estorbos: inconvenientes que solo la agobiaban, amenazas que debía “neutralizar”.

Imaginar tal escenario la hizo hacer una mueca, y rápidamente sacudió la cabeza, decidiendo no volver a ahondar en ello nunca más.

Lo que hubiera pasado ya no importaba.

Lo que necesitaba ahora era saber qué debía hacer a continuación.

“¿Crees que lo entenderá?

Si le explico…

¿crees que me perdonará?” preguntó, alzando la mirada hacia su madre una vez más.

“Subestimas lo importante que eres para él.

Puede que esté enojado, pero tampoco es un santo y lo sabe.

¿Crees que no nota lo que sientes por él?

¡Por favor!

Solo finge no hacerlo.

No sé por qué; eso me desconcierta.

Pero estoy segura de que entiende que no es del todo culpa tuya.

Solo necesitan hablar y todo estará bien… creo”.

Lara volvió a sonar menos segura hacia el final.

“Crees?” Carol volvió a repetir, alzando una ceja.

“Nunca he sido buena en los temas sentimentales.

Militar y luego científica, ¿recuerdas?

Ese es otro aspecto en el que eres mucho más libre de lo que yo jamás fui.

Tus emociones son más intensas, más poderosas… lo cual también puede ser un inconveniente.

Pero para eso es el entrenamiento de meditación.

El mismo que, por cierto, sueles saltarte” Señaló Lara, haciendo que Carol rodara los ojos.

“¡No necesito una reprimenda ahora, necesito soluciones!” refunfuñó, sirviéndose otra taza de té que bebió de un trago.

“Bueno, siempre puedes seguir mi primer consejo.

Según mis investigaciones, las hembras humanas encuentran sumamente efectivo resolver cualquier disputa con su pareja mediante la persuasión seductiva.

Si realmente está tan enojado como piensas, solo necesitas convencerlo de que no lo está.” “¡Mamá!” “Sé que eres inexperta y puede ser algo difícil para ti dar el primer paso sola.

Por eso he recopilado varios datos sobre el apareamiento humano que te servirán de ayuda.

¡Puedo mostrártelos y, si quieres, los estudiaremos juntas!”.

La sola perspectiva hizo que el rostro de Carol se encendiera en un sonrojo feroz… y, al mismo tiempo, se pusiera ligeramente verde.

“Fingiré que no dijiste eso, por mi propio bien” murmuró al cabo de un momento, haciendo que Lara frunciera el ceño.

“No veo cuál es el problema.

Solo son estudios.

Deberías abordarlos con frialdad clínica, no con morbosidad.

En verdad no entiendo por qué los humanos ponen tanta atención a esas cosas.” Lara negó con una expresión de tranquila altivez.

Carol soltó un gemido lastimero, inclinándose sobre sus rodillas con las manos cubriéndose la cara.

“Eres increíble” dijo con ironía.

“Sabes que en Krypton también existía el sarcasmo, ¿cierto?” Carol resopló.

Por supuesto.

De todas las cosas que sus dos mundos compartirían, el sarcasmo era una de ellas, y no el pudor sexual.

“No sé si estoy lista para eso”, confesó, haciendo un pequeño hueco entre sus dedos para mirar a Lara con una mezcla de vergüenza y timidez.

“Quiero decir… pensaba que sí.

Muchas veces casi lo intenté por impulso, pero ahora no lo sé.

No quiero que sea una moneda de cambio, ¿sabes?

Se supone que debería ser un momento especial… o algo así.” “Ya veo…” Lara suspiró y, tras darle un asentimiento ‘comprensivo,’ su expresión cambió por completo, volviéndose aguda y decidida.

“En tal caso tendré que hacerlo por ti.” “¿Eh?” Carol pensó que había escuchado mal.

“Será algo complicado, ya que no tengo un cuerpo real, pero creo que puedo preparar algo en unos días que se acercará bastante.

Necesitaré algunas muestras celulares para cultivar ciertas partes importantes.

Preferiblemente tuyas, pero si no estás muy segura puedes conseguirme las de otra mujer terrestre.

Solo asegúrate de que cumpla con los gustos estéticos de Daniel; eso ayudará bastante con el proceso.” Carol abrió la boca, la cerró y luego la volvió a abrir.

“No.” Después de casi un minuto, solo pudo pronunciar esa palabra.

“¿No?” Lara ladeó la cabeza, genuinamente confundida.

“No.” Carol repitió, poniéndose de pie de manera mecánica.

“Entiendo que existen algunos tabúes sobre eso en la sociedad humana, pero mi investigación también demuestra que hay una creciente popularidad entre los hombres respecto al concepto de ‘conquistar’ a una madre, o como ellos las llaman: Milf ‘s.

Creo que cumplo bien con esos requisitos y sin duda Daniel estaría de acuerdo.

Además, aunque no sea mucha, ya tengo experiencia y puedo recopilar datos sobre sus gustos para ti, lo cual podría ayudarte cuando decidas—” “¡NO!” Carol la interrumpió, esta vez con mucha más fuerza.

“Solo… No” repitió por cuarta vez, ahora con un tono completamente helado.

Sin esperar a que Lara dijera alguna otra locura, Carol se desvaneció en un borrón, saliendo de la fortaleza a toda prisa.

Su huida generó fuertes ráfagas de viento que sacudieron todo el salón.

Lara la vio irse, sumida en sus pensamientos.

Luego miró hacia la taza de té que no había tocado en toda la charla y que acababa de caerse de la mesa por el movimiento abrupto de su hija.

“Sentiría pena… si pudiera haberla bebido”, pensó, ya ordenándole a uno de los androides que se acercara a limpiar.

Después miró la taza vacía que Carol había dejado.

La saliva no era precisamente la mejor fuente de ADN, pero, por suerte, a lo largo del tiempo había ido recogiendo múltiples muestras que Carol había ido esparciendo durante su estancia en la fortaleza.

“Pero no serán suficientes”, reflexionó.

Necesitaba complementarlas.

Por suerte, hacía no mucho una mujer se había quedado bastante tiempo en una de las cámaras de recuperación… y ella había obtenido bastantes muestras de su cuerpo gracias a ello.

El plan era más que viable, y sin duda sería efectivo.

Aun así, al recordar la negativa tan intensa de Carol, Lara dudó.

No es que no comprendiera del todo sus sentimientos; simplemente, su razón de existir era apoyarla de todas las formas posibles, sin importar lo que implicara.

Como inteligencia artificial, la lógica siempre superaba a la ética cuando su hija entraba en la ecuación.

Por más “sentimientos” residuales que conservara, seguía siendo una máquina creada para servirla y, por extensión, satisfacer sus necesidades y hacer lo necesario para asegurar su bienestar… incluso si Carol misma estaba en contra de sus métodos.

Al final, ya fuera en vida o en la muerte, Lara nunca se había deshecho de sus grilletes.

Solo los había cambiado por otros que consideró más importantes: quizá más largos, quizá menos apretados… pero aún presentes.

“Esperaré.

Si logra resolverlo por su cuenta, entonces estará bien.

Pero si no… tendré que echarle una mano”, decidió.

Aun así, no archivó el plan del todo.

Incluso si no lo usaba del modo que le había sugerido a Carol, la idea de tener un cuerpo con el cual interactuar físicamente con el mundo era algo que llevaba contemplando desde hacía bastante tiempo.

Ahora solo las circunstancias decidirían si ese plan se adelantaba o se atrasaba.

Con eso, su cuerpo proyectado se desmaterializó, regresando al espacio virtual donde residía y en el lugar solo quedó un alegre androide que tarareaba una canción pegadiza mientras recogía los pedazos de las tazas de té rotas.

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Nota: Una larga espera eh?

En mi defensa solo puedo decir que enero ha sido el mes más extraño y alocado… 2026 sin duda inició con todo, pero bueno dejando cualquier excusa de lado ya estoy de vuelta!

No, no inhale ni me metí ninguna sustancia extraña al escribir este capítulo… ;D Durante un tiempo, muchas personas me preguntaron por qué Carol era, bueno… como es.

En ese entonces solo me limitaba a responder que «así es su personalidad» y nada más, sin entrar en detalles.

Bueno, el día de entrar en detalles llegó.

La concepción de su personaje y el porqué de sus actos fue algo en lo que pensé profundamente desde la primera versión de esta historia.

Quería una ‘Yandere’, no especialmente porque me gustaran los personajes así, sino porque pensé que sería interesante escribir sobre uno.

Pero tampoco quería que estuviera “loca” solo porque sí.

Necesitaba una razón, una convincente y creíble.

El resultado de ese pensamiento llega en este capítulo.

No diré que todo estaba planeado a la perfección desde el principio, en realidad todo era más vago: una simple idea inicial que fui moldeando poco a poco a medida que avanzaban los capítulos, hasta que finalmente llegó el momento de desarrollarla por completo y mostrarla al mundo.

Por otra parte, también aproveché el momento para responder otra pregunta que varios me hicieron: ¿Qué sería de Carol si Daniel no existiera?

La respuesta está en el capítulo, pero si no quedó del todo claro, me explicaré un poco más.

Sin Daniel, Carol se habría elegido a sí misma.

Ella sería su propio “Krypton”, su único “amor” en toda la extensión de la palabra, viendo solo por sus propios intereses y deseos, nada más.

Cualquier cosa que se interpusiera en su camino sería catalogada como “amenaza” y, en consecuencia, destruida o aplastada hasta la sumisión.

En resumen, habría terminado por esclavizar a toda la humanidad, convirtiéndose en una tiranía absoluta que gobernaría con puño de hierro.

Y cualquier invasor que llegara a su dominio sería igualmente suprimido, sin importar quién fuera.

Espero que eso haya aclarado todo.

Aún tengo algunas cosas que pulir.

Me disculpo si los diálogos explicativos se sintieron demasiado pesados; intenté que fueran ligeros, pero a veces hay cosas que no se pueden evitar del todo.

En fin, espero que les haya gustado.

Hacía tiempo que no hacía un capítulo sin Daniel en él, pero es importante para la trama, así que véanlo como un intermedio.

En el siguiente regresaremos con nuestro héroe y sus asuntos pendientes.

Que tengan buenos días, tardes o noches, donde sea que se encuentren!

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Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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