Stripper Para Los Hermanos de la Mafia - Capítulo 154
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Capítulo 154: Un último beso antes del fuego
(PUNTO DE VISTA DE KRYSTAL)
Llevo los últimos quince minutos mirándome al espejo y todavía no puedo creer lo diferente que me veo.
Llevo un vestido blanco ceñido con una abertura hasta el muslo que me hace sentir expuesta y poderosa a la vez. El collar de diamantes que llevo al cuello brilla cada vez que me muevo.
Pero mientras sigo desconcertada por la extraña que me devuelve la mirada, hay un pensamiento que ha estado rondando mi mente y que se hace más fuerte con cada segundo que pasa.
Estoy a punto de entrar en una sala repleta de la gente más rica y peligrosa del planeta. Pero, de algún modo…, lo que más me asusta es saber que estaré atrapada con Val y sus hermanos todo el tiempo.
Todavía hay mucho drama y tensión sin resolver entre Raffaele, Angelo y yo. Y no sé si lo dejarán pasar por el bien de la misión, o si será la razón por la que todo esto nos explote en la cara.
Un sonido suave me saca de mis pensamientos.
Val sale del vestidor.
Lleva un traje azul oscuro, con la camisa blanca de dentro abotonada justo lo suficiente para darle ese aspecto sexi. Tiene un reloj de diamantes en la muñeca que remata todo el conjunto.
Silba mientras sus ojos me recorren de la cabeza a los pies.
—Wow —suspira—. Krystal, estás… despampanante.
Parpadeo y miro alrededor del dormitorio. —¿Krystal? —pregunto—. ¿Quién es? Yo soy Katarina Bale.
Val se ríe, acercándose a mí. —Muy graciosa. Pero te seguiré el juego.
Antes de que pueda acortar la distancia, alargo la mano y lo agarro por el cuello de la chaqueta. Lo atraigo hacia mí, inclinando la cabeza para que nuestras caras queden a un suspiro de distancia.
—Usted tampoco está nada mal, señor Luca De Santis —susurro.
—Cuidado —dice Val, deslizando sus brazos alrededor de mi cintura—. Una palabra más y la ropa empezará a volar.
No puedo evitar sonreír. —Si tuviéramos un poco más de tiempo, no me importaría.
Nos quedamos así un momento, simplemente mirándonos a los ojos. Pero entonces me doy cuenta de que su expresión se ensombrece.
Frunzo el ceño. —¿Val? ¿Qué pasa?
—Este es el momento —responde—. Hoy es el día D.
—He estado contando los días que faltaban para esta subasta —continúa—. Esperando ansiosamente el momento en que por fin podamos recuperar el collar de mi madre. Pero después de que acabáramos con Maxwell Chen y luego con los Jacksons… empecé a darme cuenta de la magnitud de todo esto. De lo peligroso que es.
—Me he topado con la muerte tantas veces que ya no me asusta —admite—. Se supone que soy fuerte y todas esas gilipolleces… pero la verdad es que… —sus manos se aprietan ligeramente en mi cintura— …tengo miedo.
—Val, tú…
—Krystal —me interrumpe suavemente, pero con un peso que me detiene en seco—, tengo miedo por ti.
Sus palabras me golpean como un puñetazo.
Me acerco instintivamente.
—¿Por qué? —pregunto, apenas en un susurro.
—Porque decir que este atraco es peligroso sería quedarse corto. Si algo sale mal, no dudaré en ponerme delante de ti.
—Val, no digas eso —murmuro—. No es momento de ser negativo.
—No estoy siendo negativo, estoy siendo realista.
Sus manos abandonan mi cintura y suben para acunar mis mejillas. —Preferiría morir antes que dejar que te pasara algo.
El corazón se me encoge dolorosamente y, antes de que pueda responder, él captura mis labios en un beso.
Mis ojos se cierran y al instante me derrito en él, ladeando la cabeza mientras sus labios se mueven desesperadamente contra los míos, como si se estuviera ahogando y yo fuera el aire que necesita para sobrevivir.
Ambos estamos jadeando en busca de aire cuando finalmente se aparta.
Apoya su frente contra la mía y me mira profundamente a los ojos.
—Te quiero —murmura.
—Yo también te quiero —susurro de vuelta.
No puedo evitar besarlo de nuevo, pero esta vez más suavemente. Saboreándolo, memorizándolo, antes de que tengamos que adentrarnos en el fuego que nos espera.
(PUNTO DE VISTA DE MICHELE)
Camino por el pasillo mientras reviso mi tableta, intentando memorizar el plano del edificio de la subasta una vez más. Me quedo helado a medio paso cuando me doy cuenta de que la puerta del dormitorio de Val está ligeramente entreabierta.
A través de la estrecha abertura, los veo a él y a Krystal en brazos del otro, besándose apasionadamente.
Me doy la vuelta y sigo caminando por el pasillo. Pero ahora, después de ver eso, ya no puedo concentrarme en estos estúpidos planos.
Este dilema me corroe desde ayer. Me muero de ganas por decir algo, por contarle a Val que su novia se está follando a sus dos hermanos a sus espaldas.
Pero sé que no puedo. Ahora no. No cuando estamos tan cerca de alcanzar nuestro objetivo.
Hemos trabajado demasiado para llegar a este punto. Y me niego a ser la razón por la que Don Salvatore no recupere el collar de su esposa.
Sin embargo, cuanto más tiempo guardo este secreto, más pesada se vuelve la culpa en mi pecho, como un peso del que no puedo deshacerme.
Me digo una y otra vez que, en cuanto acabe todo esto, se lo contaré todo a Val.
Pero por ahora tengo que mantener la boca cerrada.
(PUNTO DE VISTA DE MARCELLO)
La habitación está en completa oscuridad, salvo por la pálida luz que se derrama de la vitrina de cristal en el centro. Ilumina el collar de rubíes, el único trozo del pasado al que me he aferrado durante demasiado tiempo.
Permanezco inmóvil, mirándolo como si pudiera responder a las preguntas que he evitado durante décadas.
Es un recordatorio constante de la vida que quise. Del amor con el que soñé. Y de una versión de mí que murió hace mucho tiempo.
Estos rubíes son la razón por la que estoy marcado de por vida.
El simple hecho de mirarlos me hace revivir la traición, la angustia, el dolor y el sufrimiento interminable por el que pasé.
Pero eso se acaba esta noche.
Es hora de impedir que esto me defina.
Es hora de dejar de vivir en el pasado.
Es hora de dejarlo ir.
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