Su Amante Contractual - Capítulo 105
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105: Quiere el bebé de Vince 105: Quiere el bebé de Vince Tras unas horas de vuelo, su avión aterrizó en el Aeropuerto Nacional de Ciudad C.
Hailey se levantó y tomó su pequeño equipaje del compartimento del avión.
Luego, siguió a los demás pasajeros para salir.
Hailey estaba a punto de marcharse cuando un auxiliar de vuelo se le acercó.
—¿Disculpe?
¿Es usted la señorita Hailey Hillson?
Frunciendo el ceño, Hailey respondió: —Sí, soy yo.
—Hola, señorita Hillson.
Alguien ha venido a recogerla y acompañarla a su vuelo hacia Isla Palm —le informó el auxiliar de vuelo.
—Ya veo.
¡Gracias!
—Por aquí, señorita… —el auxiliar de vuelo tomó su equipaje y la guio.
Hailey lo siguió.
Miró de soslayo a Bruce, que estaba detrás, observándola con indiferencia.
—Señorita Hailey Hillson, su jet la está esperando.
Por favor, por aquí…
Hailey siguió en silencio al hombre hasta un carrito.
Podía sentir que los demás pasajeros miraban en su dirección, curiosos por saber por qué recibía un trato especial.
—¿Quién es?
¿Por qué la tratan tan bien?
¿Es alguien importante?
—¡Chist!
¡Es la novia del presidente Vincent Shen!
—¿En serio?
¿Es ella?
¡Vaya!
¡Es más guapa en persona!
—Ya lo sé.
Las solteras de la alta sociedad la odian a muerte.
—Ah, ya entiendo lo que quieres decir.
Hailey escuchó la conversación, enarcó una ceja y se contuvo para no resoplar.
Esa gente pensaba que todos sus privilegios se debían a la familia Shen.
Pero ella tenía su propia influencia, oculta al público.
El cotilleo continuó aunque las mujeres ya estaban cerca de la puerta.
Hailey las ignoró e hizo un movimiento elegante al entrar en el coche que la esperaba.
—Buenos días, señorita Hailey —la saludó el hombre al volante—.
La señorita Daisy está encantada con su llegada.
—Sr.
Bart, me alegro de verlo de nuevo.
Y bien, ¿a qué se debe esto de recogerme justo cuando aterriza mi avión?
¿Eh?
—Fue un arreglo del congresista Vazquez, señorita.
—Ya veo.
Dele las gracias de mi parte, Sr.
Bart —dijo Hailey con una cálida sonrisa.
—Lo haré, señorita Hailey.
Que tenga un vuelo agradable.
—El Sr.
Bart condujo el coche y, minutos más tarde, llegaron al hangar, donde la esperaba un jet privado.
Hailey asintió y le dio las gracias al hombre de mediana edad llamado Sr.
Bart.
El avión despegó en cuanto ella se acomodó.
Subió por la escalerilla del jet y fue directa al largo sofá, donde se sentó cómodamente.
Dejaban atrás el Aeropuerto de Ciudad C y el vasto océano les daba la bienvenida.
Miró por la ventanilla y tomó una foto de la vista.
Después, le envió la foto a alguien con el pie de foto: «Ojalá estuvieras aquí».
La persona respondió: «Ojalá estuviera allí».
Hailey sonrió.
No podía creer que solo cinco palabras de Vince hicieran que su corazón diera un vuelco.
Estaba locamente enamorada de él.
Sin duda.
Durante todo el vuelo, ella y Vince intercambiaron mensajes.
El vuelo duró solo media hora y aterrizaron en una isla privada.
Un coche la esperaba para llevarla a la villa principal del complejo turístico.
—¡Hailey!
—Una mujer embarazada la saludaba con la mano desde lo alto del patio.
Estaba preciosa con un vestido premamá azul.
Llevaba el pelo largo recogido en un moño y una cinta en la frente—.
¡Ah, te he echado de menos, chica!
—¡Daisy, hola!
¡Yo también te he echado de menos!
—Las dos se abrazaron.
Luego, Hailey se separó y se quedó mirando la barriga de embarazada de Daisy—.
¡Vaya!
¿Ya sales de cuentas?
—¡Sí, pronto!
¡El tiempo pasa muy rápido!
¡Yo tampoco me lo puedo creer!
—respondió Daisy, encantada.
Hailey podía ver lo radiante que estaba la embarazada.
Era evidente lo feliz que estaba Daisy de ser madre pronto.
Daisy la llevó a un patio cerca del océano azul, donde les esperaba el desayuno.
Hailey no pudo evitar mirar la mesa llena de delicias.
Pasteles de arroz, tortitas, un pastel de mango, pescado a la parrilla, patatas fritas, y diversas ensaladas de frutas y verduras.
—Vaya.
¡Todo parece delicioso!
—¡Ataca!
—dijo Daisy, que apartó una silla y se sentó.
Se le antojaban esas comidas y les había pedido a sus chefs que prepararan tanta cantidad.
Hailey y Daisy charlaron alegremente durante el desayuno.
Recordaron el día en que se conocieron.
Daisy Vasquez Cole estudió cine en París unos años atrás.
Su padre es el Representante de la Provincia C, el congresista Mark Vasquez.
Pero el amigo de Hailey es Keith Cole.
A Daisy le dieron celos al pensar que Hailey era la novia de Keith, pero Keith era compañero de Geoffrey en la Universidad de Oxford y, un día, después de que Keith demostrara su valía, se convirtió en uno de sus caballeros.
Para abreviar, los celos de Daisy hicieron que Keith se diera cuenta de que ella le gustaba.
Y como eran amigos de la infancia, a Keith también le había gustado ella durante mucho tiempo.
Una vez que aclararon el malentendido, comenzó una hermosa historia de amor.
Y entonces, Hailey y Daisy se hicieron buenas amigas y se mantuvieron en contacto a lo largo de los años.
—Estás muy guapa de embarazada —elogia Hailey a Daisy, que inmediatamente sonríe de oreja a oreja.
—¡Gracias!
Bueno, ¡es que Keith me mima mucho!
Y estoy deseando conocer a este pequeñín.
—Daisy bajó la mirada a su barriga de embarazada y se acarició suavemente el vientre.
Hailey pudo ver cómo brillaban los ojos de Daisy mientras miraba su vientre.
Ahora no podía evitar imaginarse a sí misma embarazada también.
«Espera, ¿qué?».
¿Acaso estaba soñando ya con tener un hijo?
Pero parecía un sentimiento hermoso ser madre.
No podía entenderlo, pero la emocionaba.
En el fondo de su corazón, un deseo comenzó a florecer en su interior.
Deseaba quedarse embarazada también.
Y al recordar las noches en que ella y Vince hicieron el amor, su corazón se aceleró de placer.
Hailey se quedó pensativa.
Empezó a darse cuenta de que se estaba volviendo avariciosa.
Ahora también quería un bebé de Vince.
Las mejillas de Hailey se sonrojaron con este pensamiento, y Daisy se dio cuenta.
—¿Qué pasa, Hail?
—¿Mmm?
—Tienes las mejillas rojas —dijo Daisy.
—¡Oh!
Debe de ser el tiempo.
En el País P pronto será verano oficialmente, ¿verdad?
—esconde su sonrojo con la taza que tiene en la mano.
La sujeta con ambas manos, sorbiendo tranquilamente su café.
—Ah, sí.
Lo será.
Keith ha estado muy ocupado preparando la temporada alta.
Renovó y añadió más villas en los complejos turísticos de la isla vecina.
—Ya veo.
¿Vendrá más tarde?
—Sí.
Keith estará en casa antes de la cena.
Quería que cenáramos juntos, así que vendrá a tiempo.
—Oh, vaya.
Qué tierno por parte de Keith.
—Hailey frunció los labios en una dulce sonrisa.
Estaba feliz por sus amigos.
Y no podía estar celosa porque Vince también era así.
Comían juntos incluso si estaban ocupados en ese momento.
—Y bueno, ¿cómo va el divorcio de Vince?
Hailey le sonrió con torpeza a Daisy.
Pero Daisy conocía su historia.
—Eva se está escondiendo de Vince.
—¡Maldita sea!
¡Esa chica está mal de la cabeza!
¿Pero por qué Vincent no la busca con más ahínco?
—Por lo que sé, Vincent lo está intentando…
pero ahora trabaja para mí.
Quiero que se centre en los proyectos —explicó ella.
—¡No, no debería retrasarse!
¡Deben divorciarse lo antes posible!
Eva nunca ha sido buena para Vincent.
—Oye, relájate.
Recuerda que estás embarazada —le recuerda a Daisy.
Daisy y Eva fueron compañeras de Escuela Secundaria en Ciudad Metro.
Conocía muy bien a Eva y al resto de la familia, a Lan, al igual que a Zenaida.
—¡Me encantó cuando abofeteaste a Zenaida!
—se rio Daisy, a lo que Hailey respondió con una risita.
Mientras tanto, en algún lugar de Australia… el avión privado de Vince acababa de aterrizar.
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