Su Amante Contractual - Capítulo 141
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141: Los primos Lopez 141: Los primos Lopez Isla Palm, País P
Fraine suspira con satisfacción.
¡El agua de coco joven que bebió era fresca y dulce!
El coco verde acababa de ser recogido de un árbol cercano y, en cuanto lo abrieron, se bebió rápidamente el agua.
Aprovechó la oportunidad para disfrutar de un día de vacaciones antes de regresar a Ciudad Metro con su nueva jefa, llamada Hailee Hillson o Señora Hailey Hillson.
Pero la chica con la que está ahora es una mujer de negocios multimillonaria hecha a sí misma, una heredera con un patrimonio neto de varios billones de dólares.
Las cifras la dejaban aturdida, pero esa era la realidad.
¡Qué suerte tenía ella, una simple plebeya, de ser bendecida con este tipo de lujo porque su jefa era demasiado generosa y, por eso, se permitiría divertirse de vez en cuando!
En ese momento, estaban en la orilla, tomando el sol y disfrutando de la magnífica vista y el agua cristalina.
Fraine observó a Hailey salir del agua del mar, y ahora estaba tomando el sol para broncearse.
Pero su principal propósito era hacer creer a Vincent Shen que había pasado los últimos días en la playa.
La mujer solo llevaba un diminuto bikini blanco de dos piezas que mostraba con orgullo sus anchas caderas y su diminuta cintura.
Ella era mujer, pero admiraba el cuerpo perfecto de Hailey.
No había duda de por qué Vincent Shen se volvía loco por ella.
Tenía un cuerpo de infarto.
Y en cuanto a ella, que era simplemente ordinaria, e incluso una persona enferma, y que se preocupaba menos por mantener esa figura y apariencia, a veces no podía evitar sentir envidia de mujeres como Hailey.
Aunque la chica le había dicho que era bonita, ¡aun así no tenía el valor de ponerse un dos piezas!
Llevaba un bañador de una pieza sobre el que además se había puesto unos pantalones.
Todavía en trance, Fraine contestó al teléfono cuando sonó.
De repente, volvió en sí tras reconocer la voz al otro lado de la línea.
—¡Por fin contestas el teléfono!
«¡Mierda!», maldijo Fraine para sus adentros.
No tenía ningún plan de contestar la llamada de ese tipo ni de responder a sus mensajes de texto.
Pero como estaba hipnotizada mirando a Hailey, ¡había deslizado ansiosamente el botón verde!
—¡Por qué no hablas!
¿Te comió la lengua el gato?
—¡Tú!
—exclamó para sus adentros.
¡Hablar con este tipo siempre la irritaba!
—¿Dónde estás?
¡Te he estado buscando por todo Dubai!
—Ah.
¿Tienes una reunión de negocios allí?
—¡Fraine Michaels!
Fraine apartó el teléfono de su oreja cuando el tipo al otro lado de la línea siguió gritando.
—Sí.
Te he oído.
No hace falta que grites —masculló con voz perezosa mientras ponía los ojos en blanco—.
Si solo has llamado para gritarme, será mejor que cuelgue.
—¡Entonces contéstame o responde a mis mensajes!
—Vale.
—¿Dónde estás?
—Ya no estoy en Dubai.
—Pero qué…
Fraine oyó al tipo maldecir al otro lado de la línea.
Sintió que le ardían los oídos al escuchar sus palabrotas.
—¡Qué te pasa!
¡He estado como un idiota comprobando cada hotel y los posibles lugares en los que podrías estar!
—dijo Rodney, estresado.
Admiraba cómo esta chica podía exasperarlo cada vez.
—¿Y cuáles son esos posibles lugares?
Además, ¿quién te dijo que me siguieras hasta allí?
—dijo Fraine en tono burlón.
Pero después de que Rodney respondiera, la culpa se apoderó de su pecho.
—¿Y dónde están esos lugares?
¿En el hospital o secuestrada por alguien?
¡¿Quién sabe?!
¿Secuestrada por alguien?
No era rica como para que la secuestraran.
¿Quién iba a tener interés en secuestrarla?
—Mañana estaré en casa, en el País P.
No hace falta que me busques —respondió ella tras un momento de reflexión.
Fraine colgó la llamada.
Rodney volvió a llamarla, pero ella simplemente lo ignoró.
Respiró aliviada cuando el tipo dejó de llamarla.
Ese tipo era persistente.
La estaba sacando de quicio.
Sin embargo, no podía negar que, aunque el tipo siempre la molestaba, también podía conmoverla innumerables veces.
¡Pero, aun así, lo odiaba!
Fraine soltó un suspiro.
Ahora que ya no había más molestias, acomodó su postura y se tumbó cómodamente en la tumbona de la playa.
Apenas habían pasado quince minutos desde que cerró los ojos cuando su teléfono volvió a sonar sin parar.
A la segunda vez, decidió comprobar si Rodney la había llamado de nuevo.
A Fraine le entró un poco de pánico al ver el nombre parpadeando en la pantalla de su teléfono.
Debatió consigo misma si debía contestar.
El timbre cesó y su teléfono volvió a sonar.
Esta vez, decidió contestar la llamada.
Si el tono que usó con Rodney fue indiferente, esta vez su voz era más fría.
—¿Qué quieres?
—No se anduvo con rodeos.
Le preguntó al tipo del otro lado de la línea sin saludarlo.
Fraine lo oyó tomar una larga bocanada de aire y soltarla furiosamente.
Cuando el tipo volvió a hablar, notó cómo apenas controlaba su ira.
—¿Dónde estás?
Fraine torció la boca y murmuró para sus adentros.
«¡Con razón son primos!».
—No necesitas saberlo.
Regreso mañana.
Aun así, su tono era frío.
Esperó a que el tipo respondiera, pero él permaneció en silencio durante medio minuto.
—¿Estás en la playa?
¡Maldita sea!
¡Qué buen oído tenía!
Debió de adivinarlo por las suaves olas que rompían en la orilla.
Ahora no podía negar nada ni poner excusas.
—Sí, para respirar un poco de aire fresco.
—Vale.
Solo no te olvides de abrigarte por la noche.
Podrías resfriarte con la brisa nocturna.
Esta vez fue Fraine quien se quedó sin palabras, y permaneció en silencio durante los siguientes segundos.
Con el silencio entre ellos, pudo oír la dulce voz de una mujer de fondo.
—Zaijan, el inversor francés y nuestros socios comerciales canadienses han llegado.
Vamos.
Tenemos que recibirlos.
—Vale.
Ve tú delante.
Estaré allí en un minuto.
Fraine no necesitaba adivinar.
Estaba segura de que esa mujer de fondo la estaba maldiciendo por dentro.
—Fraine, tengo que colgar.
No te olvides de tomarte la medicina a tiempo.
Frunció el ceño al escuchar al hombre al otro lado de la línea.
Le irritaba que la trataran como a una niña de cinco años.
Había sobrevivido sola durante muchos años y se las arreglaba muy bien.
No necesitaba que nadie le dictara su vida.
Sin embargo, no compartió sus pensamientos, sino que murmuró obstinadamente para sus adentros.
«¿Y quién te dijo que me llamaras?».
No le respondió al tipo del otro lado de la línea y lo dejó hablar hasta el final.
Al otro lado del mundo, Zaijan dejó escapar un largo suspiro.
Se masajeó la frente y se presionó la sien izquierda.
Podía sentir la parte posterior de su cabeza palpitando por un fuerte dolor de cabeza.
—De acuerdo.
Tengo que irme —se despidió Zaijan tras un largo momento de silencio.
Terminó la llamada y volvió a guardar el teléfono en el bolsillo de su abrigo.
Frunció el ceño.
Ya le había dicho a la mujer que tenía delante que se adelantara; su rostro mostraba lo disgustada que estaba.
Y ella ya no soportaba más que la ignoraran así.
—¡A veces, desearía ser yo la Amante para que me mimaras y me colmaras de atenciones!
Zaijan se levantó de su silla y pasó de largo junto a la mujer.
—Todavía no estamos casados, pero ya empiezas a actuar como una esposa regañona —se burló él.
—¡Zaijan Lopez!
*
*
Fraine dejó el teléfono en su regazo y se quedó mirándolo.
Todo era casi perfecto, pero esta serie de llamadas de esos primos lo había arruinado.
¡Solo estaban arruinando sus maravillosas vacaciones!
A veces se preguntaba si esos hombres eran de verdad primos de Vincent Shen.
¿Por qué el presidente de los Shen parecía amable, pero sus primos eran un hatajo de idiotas y mujeriegos?
¿Y si…?
—Fraine, ¿estás bien?
De repente, una mano que le palmeaba el hombro la sacó de sus profundos pensamientos.
No solo eso, sino que la estaban sacudiendo suavemente.
Levantó la vista y vio la cara de preocupación de Hailey.
—Ah.
Hailey.
¿Decías algo?
—Te he preguntado si estabas bien.
¿Te encuentras bien?
—¡Sí, lo estoy!
Me encuentro bien.
No tienes por qué preocuparte.
Solo estaba pensando en algo sin importancia.
—Mmm…
De acuerdo.
Es hora de comer.
¿Vamos?
—¡Vale!
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