Su Amante Contractual - Capítulo 174
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- Capítulo 174 - 174 Quiero cambiar su apellido por el mío
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174: Quiero cambiar su apellido por el mío 174: Quiero cambiar su apellido por el mío —Quiero que sepas que eres la única esposa para mí.
Quiero darte mi apellido y que seas la madre de mis hijos.
¿Me aceptarías?
—¿Me lo estás pidiendo ahora?
—preguntó ella.
El corazón se le desbocó, inundado de felicidad.
—Ah… Debería haberlo hecho en persona.
—¿Qué?
A Hailey se le abrieron los ojos de par en par cuando la puerta del Maybach se abrió y Vince bajó del coche.
«¡¿Vince está aquí?!».
Sin embargo, la felicidad que había sentido se mezcló con el miedo.
Estaba feliz de verlo.
¡Pero debería haberse quedado en Australia porque Liam quería matarlo, y ese tipo estaba a solo unos metros de él!
Quiso gritar y llamar a todos sus caballeros para que se reunieran allí y protegieran a Vince.
Pero no estaba preparada para explicárselo todo.
¡Su aparición arruinaba sus planes!
¿Qué iba a hacer ahora?
La mirada de Hailey se encontró con la de Vince.
Estaba jodidamente atractivo, con un traje azul hecho a medida y una gabardina sobre los hombros, mientras sostenía el teléfono cerca de la oreja con la mano derecha y tenía la izquierda en el bolsillo.
Parecía un Señor de la Mafia que acabara de salir de uno de sus lujosos coches.
No podía apartar la vista del atractivo rostro de Vince.
Pero de vez en cuando, miraba de reojo a Liam.
Podía ver cómo Liam fulminaba a Vince con la mirada.
Vince miró en su dirección, pero apartó la vista rápidamente, como si no le importara quién era ni por qué estaba allí.
—Esposita, eres preciosa —dijo Vince, recorriéndola con la mirada desde la cabeza hasta sus tacones de aguja plateados.
Vince seguía fuera, y continuaron conversando por teléfono mientras se miraban fijamente a los ojos.
A Hailey le brillaron los ojos y una dulce sonrisa apareció en sus labios.
Vince siempre conseguía que su corazón se acelerara, y sus miradas, su voz de barítono y sus cumplidos hacían que diera un vuelco.
Pero el brillo de sus ojos y la sonrisa de sus labios desaparecieron cuando Liam metió la mano derecha dentro de su abrigo.
Sabía que Liam siempre llevaba su pistola favorita en el lado izquierdo del cuerpo.
Quiso correr hacia Vince, ¡¿pero por qué sentía los pies como si estuvieran clavados en el suelo?!
No podía moverse ni hablar.
—Vince… —quiso advertirle.
Por suerte, Pitt apareció de la nada, se paró junto a Liam y le puso la mano en el hombro.
Entonces, ella respiró aliviada.
—Esposita, ¿qué pasa?
La voz de Vince era tan tierna, como música suave en sus oídos, que le llenó los ojos de lágrimas.
Vince le hablaba con dulzura.
No estaba segura de si Liam podía oírlo.
Debía de poder, pues su rostro se agrió y sus ojos miraban la espalda de Vince como si fueran puñales.
Si las miradas de Liam pudieran matar, Vince ya estaría hecho pedazos.
Y creía que Liam ya había matado a Vince en su cabeza un millón de veces.
Liam era cruel y despiadado.
No había forma de que ella se enamorara de una persona como él.
Ni siquiera en otra vida desearía volver a encontrárselo.
Vince colgó la llamada y se guardó el teléfono en el bolsillo del abrigo.
Avanzó a grandes zancadas y la rodeó inmediatamente con sus brazos.
—¡Estás aquí!
—exclamó ella, fingiendo que su voz estaba llena de entusiasmo al verlo, porque la verdad era que su corazón estaba receloso al estar Liam fuera.
—¿Te he vuelto a sorprender?
—preguntó, rozando sus labios sobre los de ella—.
Iba de camino a recogerte después de que recibieras el regalo para mamá.
Pero entonces, Bruce me dijo que te habían pedido que cocinaras para el evento, y que debía esperar a que terminaras.
Inesperadamente, mamá decidió traerte a la fiesta.
Hailey se quedó sin palabras.
¿Por qué nadie informó de que Vince se había marchado de Australia?
¡Vince estaba más seguro en Australia que en su tierra natal en estos momentos!
Quería que Vince se quedara en Ciudad de Ensueño para evitar estar en el mismo lugar que Liam.
Pero Vince había vuelto a casa de repente.
—¡Sí, me has sorprendido!
—musitó con una sonrisa, para que Vince no notara que estaba nerviosa.
—Y tengo otra sorpresa —susurró Vince, rozando sus labios en el lóbulo de su oreja.
«¿Está este hombre coqueteando conmigo en medio del vestíbulo?».
Pero se fijó en el brillo de los ojos de Vince.
No solo eso, su rostro estaba radiante.
—Parece que tienes buenas noticias que darme.
—Mmm… Eva me ha contactado.
Va a firmar el acuerdo de divorcio.
Así que me pidió que volviera al País P para que nos reuniéramos aquí.
Por fin, pronto seré libre.
—¿De verdad te dijo eso?
—le preguntó a Vince, y él asintió.
Pero aquello no la hizo feliz.
No tenía sentido que, de la nada, Eva lo contactara.
¿Por qué tenía Vince que volver al País P si podían reunirse en Australia?
Solo hacía falta que los abogados volaran hasta allí.
Además, ¡deberían haberlo hecho en Nueva York, no en Ciudad Metro!
No le encontraba ningún sentido.
¡Era una trampa para Vince!
Estaba perdida en sus pensamientos.
Solo volvió en sí cuando Vince le tomó el rostro entre las manos y se lo propuso.
—Hail, quiero hacerte una proposición como es debido.
Pero mi jodido matrimonio concertado lo arruinó todo al tardar tanto en conseguir el divorcio.
Aun así, quiero darte una boda por todo lo alto cuando todo esto acabe.
—Así que esto es de verdad una proposición, ¿eh?
—musitó ella en tono juguetón.
—En cierto modo, porque quiero que pronto lleves mi apellido.
—Vince… —Hailey se mordió el labio inferior.
Parpadeó para contener las lágrimas que asomaban a sus ojos.
—Así que he estado pensando, ¿qué debería darte primero?
¿Un anillo de compromiso o una licencia de matrimonio?
Sé que debería ser un anillo, pero ¿qué tal si te doy ambos al mismo tiempo?
¿Seguiría siendo una sorpresa?
Hailey podía ver la sinceridad en los ojos de Vince.
Pero, para ser sincera, su divorcio y su proposición no eran lo más importante para ella en ese momento.
Vince debía vivir para cumplir su promesa de darle una boda por todo lo alto, una con la que ella había soñado.
Pero esta vez, sería con el hombre que amaba con todo su corazón.
Hailey le echó los brazos al cuello a Vince y lo besó apasionadamente.
Tras un largo beso, se separó de él para darle su respuesta.
—Solo contemplo un futuro… yo, contigo, formando nuestra propia familia.
Aquello hizo que los ojos de Vince brillaran de alegría.
Aunque Hailey correspondía a sus «te quiero», a él le preocupaba un poco si a ella le gustaría la idea de ser su esposa.
—Imagino una vida contigo, como te dije por teléfono.
Eres la única esposa que he deseado y la única madre para mis hijos.
Ninguna otra…
—¡Oh, Vince!
¡Eres el único hombre que he deseado en esta vida!
—Hailey dejó que las lágrimas inundaran sus mejillas.
Por suerte, su maquillaje era resistente al agua y no le estropeó el rostro con la tinta oscura del rímel.
Mientras tanto, Crissa, que estaba en una esquina con Bruce, presenciaba este dulce momento.
Rápidamente, sacó su teléfono y grabó la romántica escena.
Por su parte, Bruce permitió que Crissa grabara, ya que era un momento especial para sus dos jefes.
Después de la proposición, confiscaría el vídeo y se lo entregaría a la Princesa para que lo guardara.
Era perfecto para guardar el vídeo de ese dulce momento de promesas entre dos personas que se amaban, a pesar de que la realidad quisiera separarlos.
Alguien quería ver muerto a su jefe.
Si esa persona lo conseguía, le causaría una gran tristeza a su Princesa.
*
Hacía un rato, uno de sus informantes había visto a Hailey dirigirse a la cocina.
Sin embargo, sus hombres no podían acercarse al lugar, pues había guardaespaldas por todas partes, asegurándose de que nadie pudiera aproximarse a la Princesa.
Así que esperó con paciencia.
Y ahora, de la nada, Vincent Shen había aparecido.
Estaba de vuelta.
Lo primero que quiso hacer al ver a ese tipo fue meterle una bala en la cabeza.
Sin embargo, alguien lo detuvo.
—Ni se te ocurra pensar que puedes hacer lo que te plazca bajo mi vigilancia —Pitt apareció de repente, con la mano aferrada con fuerza a su hombro izquierdo.
Liam miró de reojo la mano y le lanzó una mirada amenazante a Pitt.
—Pitterson Cha, uno de los Señores de la Mafia de Asia del Norte.
Así que el rumor es cierto.
Tú también estás en el país.
—No es ninguna sorpresa que lo esté.
¿Pero y tú?
Liam Huo, Señor de la Mafia de Asia del Sur.
Este no es tu territorio.
—¿Estás seguro de cuestionarme eso?
—musitó Liam con un tono burlón.
Se rio—.
El Sudeste Asiático tampoco es tu territorio.
—Ten cuidado con tus suposiciones.
Nunca subestimes a los caballeros de la Princesa y sus territorios.
Uy, ahí hay un oscuro secreto.
Por desgracia, tú fuiste uno de sus caballeros.
Y la Princesa se arrepintió de haberte nombrado caballero.
No mereces el título.
La mirada de Liam se agudizó, pero pronto fue reemplazada por una sonrisa socarrona.
—¿Qué te hace pensar que quiero ser un caballero?
Mi verdadero objetivo es ser su rey.
Pitt se rio a carcajadas, lo que molestó a Liam.
De entre todos los caballeros, la actitud de Pitt era la que más odiaba.
Sus burlas siempre lo cabreaban, así como su influencia sobre la Princesa.
Ella confiaba en él por encima de los demás.
—Lo siento.
Es que es demasiado gracioso —dijo Pitt, gesticulando con la mano izquierda mientras se sujetaba el estómago con la derecha—.
Lamento hacer añicos tu sueño, tío.
Pero eso nunca sucederá.
Acepta que la Princesa está eligiendo a otro como su rey.
Acepta la verdad, tío.
—¿Ah, sí?
Como si me importara.
Todo lo que necesito hacer es quitarlos de en medio arrebatándoles su corona, y para eso, primero hay que cortarles la cabeza.
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