Su Amante Contractual - Capítulo 219
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219: La Furia de su Mamá 219: La Furia de su Mamá Cuando Vince oyó sonar su teléfono, echó un vistazo a la mesita de noche para ver la hora.
El reloj digital marcaba que eran las seis menos cuarto de la mañana.
Aunque solía levantarse a las cinco, quería quedarse una hora más en la cama para acurrucarse con Hailey.
Pero ahora, por culpa de la llamada, ambos estaban despiertos.
Aún adormilada, miró a Vince con ojos inquisitivos.
Se preguntó si era Tim quien lo llamaba tan temprano.
Debía de ser importante o una emergencia.
Hailey lo observó coger el teléfono y estudió su expresión.
Como Vince no se movía, preguntó con curiosidad: —¿Quién es, cariño?
—Es papá —le respondió Vince, mirándola.
—Oh.
Debe de ser importante.
Deberías cogerlo ya —lo apremió Hailey mientras acortaba la pequeña distancia que los separaba para abrazarlo.
A Vince le hizo gracia lo que hizo.
Le causó gracia cómo no paraba de olisquear su cuerpo.
Ahora se preguntaba cuándo se había convertido en un cachorrito, dejando de ser una gatita.
Con una sonrisa en los labios, deslizó el botón verde y saludó a la persona al otro lado de la línea.
—¿Hola, papá?
Luego se inclinó para rozar con su boca los seductores labios de Hailey.
—Buenos días, hijo.
¿Te acabas de despertar?
—preguntó Fred desde el otro lado de la línea.
—¡Ah, sí, papá!
—respondió Vince de inmediato, para no hacer esperar a su padre y levantar sospechas.
De todos modos, Fred sabía que Vincent era una persona madrugadora; por eso se había atrevido a llamarlo tan temprano, pero descubrir que todavía estaba en la cama a estas horas era algo nuevo para él.
Así que se dio cuenta de que debía recordárselo de vez en cuando.
Su hijo estaba ahora con alguien.
Debía esperar algunos cambios.
Así que Fred se disculpó con Vincent.
—Lo siento, hijo.
Estoy acostumbrado a tomar un café contigo a esta hora, así que pensé que ya estarías levantado.
—No pasa nada, papá.
Tenía pensado ir a la empresa hoy, así que debería levantarme y prepararme para ir a la oficina pronto.
—Vince dio esta rápida explicación para no crear un ambiente incómodo entre él y su padre.
—Ya veo.
Por cierto, ¿cómo estás?
—Estoy bien, papá.
No hay de qué preocuparse.
—¿Y ella?
Vince no necesitó adivinar que su padre se refería a Hailey.
Respondió: —También está bien, papá.
—Me alegro de oírlo.
Carl acaba de llegar a casa no hace mucho y me ha contado todo lo que pasó ayer.
Me alegró que la operación encubierta fuera un éxito.
Por cierto, tu madre también se preocupó cuando se enteró.
Al principio se enfureció, así que tuve que contárselo todo, y por qué tuviste que enfrentarte a él tú mismo.
—Oh.
¿Mamá ya lo sabe?
—Estaba preocupado por ti e incluso por Carl, y tu madre se dio cuenta de lo inquieto que estaba.
No puedo mentirle, así que le conté lo que pasaba.
Fue ella la que me insistió en que fuera a la Corte Suprema para presentar una demanda contra el Senador Gu.
Y también para demandar a la familia Lan.
—Ya veo…
Era todo lo que Vincent pudo decir.
Conocía el temperamento de su madre.
No era de extrañar que presentara una demanda contra las personas que amenazaban su vida.
—¿Debería estar yo también?
—le preguntó a su padre después.
Él y Hailey tenían planeado volar a Australia mañana.
La noticia de su padre le hizo preguntarse si deberían posponerlo unos días.
Pero deseaba con todas sus fuerzas ver a Eva y conseguir su tan esperado divorcio.
Vincent volvió en sí cuando su padre respondió.
—No creo que necesites estar allí, ya que vamos a presentar una demanda.
Así que puedes ir a la oficina.
Te veré allí.
—De acuerdo, papá.
Hay algunas cosas de las que quiero hablar contigo.
—Claro, hijo.
Entonces, voy a colgar ya.
Necesito hablar primero con nuestros abogados para tratar estos asuntos.
—Muy bien, papá.
Gracias por avisarme.
—De nada, hijo.
Debemos hacer esto para dar ejemplo de que no es fácil meterse con nosotros.
—Por supuesto.
Lo entiendo, papá.
—Dejó el aparato después de que su padre terminara la llamada.
Vince miró a Hailey, que esperaba pacientemente a que terminara la conversación.
Le acarició el pelo y luego le dio un beso en la frente.
—¿Está todo bien?
—preguntó Hailey.
—Sí.
Papá acaba de avisarme de que mamá va a presentar una demanda contra Lan y el Senador Gu.
—Oh.
Le ordené a Bruce que le entregara a tu padre las pruebas que pudo reunir.
Ahí se demuestra que Lan estuvo involucrado en tu accidente.
—Sí, son pruebas sólidas contra ellos.
Deben afrontar el castigo, y sé que mamá no lo dejará pasar.
Van a probar la furia de mamá.
Y, por supuesto, también probaron de lo que es capaz Hailee Davies.
Si no hubieras llamado a tus caballeros, las cosas habrían sido un poco más difíciles para nosotros.
—Tengo que agradecer a todos sus esfuerzos por protegerme.
Por cierto, nunca pensé que el Profesor Carl hubiera sido un Señor de la Mafia en el pasado.
—Sí, lo es.
Y creo que estaba cualificado, ya que su abuelo es un señor, y Carl fue nombrado su heredero.
—Mmm…
Por parte de su padre, entonces.
—Sí.
Además, él fue quien completó el entrenamiento.
Yo solo asistí al campamento una vez.
¿Y tú?
¿Asististe durante el verano?
—Bueno, yo no.
Pero los chicos sí.
Y cuando volvían, era cuando me daban clases particulares.
Aprendí artes marciales y, más tarde, Shun quiso que aprendiera a disparar.
—Fue Liam quien me enseñó a apuntar a las partes vitales del cuerpo humano.
Yo…
Nunca pensé que usaría lo que él me enseñó para derrotarlo.
Vince siguió acariciando su largo pelo mientras ella seguía abrazada a su cintura.
—No tenemos que hablar de él si te sientes incómoda.
—Sí.
No quiero pensar más en él.
Todo lo que quiero ahora es pasar mi tiempo contigo.
—Le acunó la cara a Vince y lo besó.
Vince se levantó de la cama mientras sus labios seguían unidos, llevando a Hailey en brazos; la llevó al baño y se ducharon juntos.
Ambos se vistieron para la oficina; Hailey preparó un desayuno rápido para los dos antes de salir del ático.
—He estado pensando en un escenario de nuestra futura vida de casados.
Pero nunca imaginé que un día te dejaría en tu oficina como Hailee Davies —le susurró al oído.
Vince siempre se sentía eufórico cada vez que se daba cuenta de que la mujer sentada a su lado en el asiento trasero de su Lambo no era solo la chica con la que había estado soñando todos estos años, sino alguien a quien el mundo entero deseaba conocer en persona.
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