Su Amante Contractual - Capítulo 241
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241: Las maravillosas noticias 241: Las maravillosas noticias Vince no pudo evitar soltar un grito.
Alzó a Hailey de la cama en brazos y dio vueltas con ella.
Hailey se reía de lo que él hacía, pero, al mismo tiempo, también lloraba con una alegría inmensa en el corazón.
La felicidad que sentía en ese momento no le cabía en el pecho.
Tanto ella como Vince sentían una emoción abrumadora en lo más profundo de sus corazones.
Formar una familia era con lo que ambos soñaban…
Y quería compartir la noticia con su padre.
Sin embargo, todavía no era el momento adecuado.
—¡Ahora mismo estoy tan feliz, esposita!
Gracias —le dijo Vince antes de cubrirle la boca con la suya y besarla profundamente.
—Te amo…
—susurró él entonces, tras separar sus labios de los de ella.
—Yo también te amo, Vince.
~ ~ ~
Pitt y Tim estaban cómodamente instalados en el salón, con una botella de cerveza en la mano cada uno.
Ambos intercambiaron una mirada cuando oyeron a Vince gritar de repente.
Se podía notar lo feliz que estaba.
Pitt y Tim no necesitaron adivinar.
La pareja ya había usado las pruebas de embarazo que compraron antes y el resultado había sido positivo.
Ambos se alegraron de ver a la pareja tan feliz.
El esfuerzo por comprar aquellas pruebas de embarazo había merecido la pena.
Antes, mientras conducía por el vecindario, Pitt había recibido una llamada de Tom.
—¿Qué?
¿Cómo te atreves a pedirme que compre eso?
¿Por qué no la compras tú si sospechas que Gigi está embarazada?
—Por supuesto que me encantaría comprarla yo.
Pero es que tú ya estás en la calle.
¿Por qué no puedes pasarte por la farmacia y comprar dos o tres pruebas?
—¡¿Y por qué iba a hacerlo yo?!
—soltó él.
—Es la Princesa —respondió Tom.
—¡¿Qué?!
—El frenazo que dio Pitt de repente hizo que Tim casi se estampara contra el salpicadero—.
¿Puedes repetir eso, Tom?
¿La Princesa está embarazada?
—Tenemos que confirmarlo, por eso necesitas comprar esas pruebas.
Vincent está aquí, a mi lado.
¡Ahora dile a su asistente que compre unas cuantas de inmediato!
El teléfono estaba en altavoz, así que Tim oyó la conversación.
Pitt admiró lo dedicado que era Tim a su jefe.
Al instante, le insistió a Pitt que lo llevara a una farmacia para comprarlas él mismo.
Tras conducir un rato, por fin encontraron una farmacia y suspiraron de alivio al ver que solo tenía unos pocos clientes.
Dentro de la tienda, Tim y Pitt paseaban como si nada.
Cogieron otro artículo antes de dirigirse a las estanterías que exhibían todas las pruebas de embarazo.
Sin embargo, Tim y Pitt vieron que había diferentes marcas e incluso las cajas eran de distintos colores.
Estaban confusos sobre cuál comprar.
Como ya llevaban mucho tiempo parados frente a esas estanterías, dos empleadas de la farmacia se preguntaron por qué no se movían de esa sección.
Fue una de las empleadas la que se acercó a ofrecerles ayuda.
—Hola, señores.
Me llamo Bea.
¿En qué puedo ayudarles?
Tim y Pitt intercambiaron una mirada.
Ninguno sabía cómo explicar la situación.
Al estudiar sus rostros, la dependienta pudo entender su problema.
Así que, un instante después, comenzó su argumento de venta.
Les explicó las diferencias entre las pruebas.
Aunque no entendían nada, Pitt y Tim seguían asintiendo con la cabeza.
Según la dependienta, algunas pruebas de embarazo mostraban el resultado en solo un minuto, y otras tardaban de tres a cinco.
—¿Quién se las va a hacer?
Ante la pregunta de la dependienta, Pitt y Tim se quedaron pensando qué responder.
Tras un breve instante, ambos respondieron simultáneamente.
—¡Es mi hermana!
—dijo Pitt.
Por otro lado, Tim respondió algo distinto: —Es la novia de mi jefe.
Entonces intercambiaron una mirada y ambos coincidieron a la vez: —Sí.
La dependienta sonrió.
Sus respuestas tenían lógica.
Se dio cuenta de que era la primera vez que se enfrentaban a una situación así, y por eso parecían nerviosos y perdidos.
Tras un largo rato de cuidadosa deliberación sobre cuál debían comprar, Pitt y Tim optaron por comprar tres pruebas de embarazo diferentes.
—¡Gracias, señores!
Vuelvan cuando quieran si necesitan algo más de nuestra farmacia.
—De acuerdo.
Gracias —dijo Pitt, mostrando sus hermosos dientes blancos.
La dependienta se sonrojó y, cuando se fueron, soltó un gritito de emoción.
Tim, que se había limitado a seguir a Pitt, fue testigo de lo intimidante que resultaba ese hombre para la gente de su alrededor.
No era de extrañar que fuera un Señor de la Mafia y uno de los mejores caballeros de la Srta.
Hailey.
Y mientras daban vueltas, la mejor parte que podía recordar fue cuando estaban en la farmacia y un grupo de adolescentes se les acercó.
—¡Hola!
¡¿Eres un ídolo del K-pop?!
Aquellas adolescentes tenían un brillo especial en los ojos al preguntarle a Pitt.
Y Tim, que estaba al margen, no pudo parar de reírse cuando las chicas le pidieron un autógrafo.
—¡Deja de reírte, Timothy Cheng!
¿Por qué no me ayudaste a librarme de esas chicas?
—Pitt frunció el ceño.
Ya estaban de camino a la villa, y Tim todavía seguía riéndose.
—Sr.
Cha, esas chicas me confundieron con su guardaespaldas.
Fue brutal.
¡El guardaespaldas aquí es usted!
¡Pero ellas creen que es una celebridad!
Pitt enarcó una ceja, lanzándole una mirada.
—Soy una celebridad —dijo.
Tim se quedó sin palabras.
No pudo replicar a eso.
Fue como una flecha directa a su ego masculino.
En fin, pensándolo bien, Pitt podía compararse con esas celebridades.
Era alto, guapísimo y con una piel perfecta.
Tenía el físico y el dinero.
Sin embargo, su popularidad no era con el público, sino dentro de la Asociación de la Mafia, el mundo clandestino.
Lord Brent Morris, primo del Sr.
Tom Morris, decía que Pitt era un señor muy respetado en la Asociación de la Mafia.
~ ~ ~
Tim volvió al presente.
Levantó la vista al oír dos pares de pasos bajando las escaleras.
Al ver a la pareja bajar con cuidado, se dio cuenta de lo feliz que estaba su jefe.
La forma en que sostenía a su novia era como si ella fuera el cristal más precioso del mundo.
No hacía falta adivinarlo; para su jefe, ella era la joya más valiosa del mundo.
—¡Pitt!
—Hailey corrió hacia donde él estaba sentado para abrazarlo.
—A juzgar por lo feliz que te ves, supongo que el resultado es positivo —comentó él, acariciando suavemente el pelo de Hailey, incluso con Vincent delante de ellos.
—¡Sí!
¡Ahora vas a ser tío!
—compartió ella la noticia felizmente.
Por otro lado, Pitt suspiró para sus adentros.
Aquella chica lo había conmovido.
Simplemente, sabía cómo derretirle el corazón.
Y así, él se rindió por completo.
—Felicidades, Princesa —dijo Pitt de todo corazón.
—¡Gracias, Pitt!
Al poco rato, Gigi se unió a ellos en el salón tras enterarse de la maravillosa noticia por Tom.
—¡Hail, felicidades!
¡Estoy tan feliz por ti!
—Gracias, Gigi.
¡Pronto serás madrina!
—le dijo a Gigi con entusiasmo.
Hailey no sabía de cuántas semanas estaba embarazada, pero no podía dejar de anhelar que su hijo viera el mundo y conociera a todas las personas que querían a su mami.
¡Así es!
No podía esperar a que alguien la llamara mamá.
Hacía ya mucho tiempo desde la última vez que recordaba la cara que le ponía su madre cada vez que la llamaba.
Su madre siempre tenía aquella sonrisa cariñosa en el rostro y unos brazos cálidos que la envolvían.
Al recordar a su madre, no pudo evitar que sus ojos se llenaran de nuevas lágrimas.
Gigi la abrazó con fuerza.
—Serás una gran madre, como la tía Marly —dijo Gigi.
De algún modo, adivinó en qué estaba pensando en ese momento.
Luego preguntó—: ¿Cuándo se lo vas a decir a tu padre?
—Quiero decírselo cuanto antes.
Estoy pensando en llamarlo más tarde para concertar una reunión para mañana.
Vince y yo volveremos a la mansión mañana por la mañana.
—¡Buena suerte, Hail!
El tío Jacob te quiere mucho.
Sé que lo entenderá.
—Gracias, Gigi.
Ese mediodía, Hailey y Vince fueron solos a un asador.
Tom y Gigi se marcharon de Sídney a Melbourne, mientras que Pitt se quedó para acompañar a Tim, que tenía que encargarse de unos documentos y asistir a varias reuniones por internet.
Se suponía que su jefe debería estar trabajando en esto, pero como él era el Gran Asistente, consideró que su jefe podía relajarse hoy, ya que estaba celebrando una buena noticia.
Además, esperaba con ganas la paga extra de este mes.
Él también tenía que ahorrar para sus planes de futuro.
¿Quizás sería el siguiente en oír campanas de boda?
¿Quién sabe?
La pareja se merecía una cita en la que nadie pudiera arruinarles su maravilloso día.
***
AVANCE DEL PRÓXIMO CAPÍTULO:
En el restaurante, Ray fue a su despacho a coger el móvil.
Marcó un número de teléfono y esperó pacientemente a que la otra persona descolgara la llamada.
—¿Diga?
—¡Bryan!
¿Dónde estás?
—preguntó Ray.
—En casa…
¿Por qué?
—preguntó Bryan a su amigo tímidamente.
Todavía estaba de mal humor por culpa de Eva.
—¿Sabes que la señorita Hailee está en Sídney?
Al otro lado de la línea, Bryan se sorprendió.
—¿Qué has dicho, Ray?
¿Estás seguro?
«¿Por qué Hailey no se ha puesto en contacto conmigo?», se preguntó Bryan.
Entonces se puso a pensar.
«Quizás Hailey sí lo hizo.
¿Será por eso que Eva me destrozó el móvil?».
Bryan apretó la mandíbula y cerró la mano en un puño.
«¡Esa mujer!».
—Ray, ¿dónde viste a Hailee?
—preguntó entonces.
—Está en mi restaurante.
¿Vas a venir?
La verdad es que está con alguien.
¿Sabías que ya tiene novio?
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