Su Amante Contractual - Capítulo 243
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243: Él apareció 243: Él apareció Vince podía sentir aquellas miradas penetrantes en su dirección.
Se daba cuenta de que la atención se centraba en él porque la gente reconocía a la mujer que lo acompañaba.
Y todo el mundo lo estaba midiendo con la mirada.
Sin embargo, se limitó a ignorar a la multitud.
Era mejor seguir coqueteando con Hailey que preocuparse por su presencia.
Vince tomó las manos de Hailey.
Llevó una de ellas hasta sus labios y depositó besitos en el dorso de la mano.
No le importaba lo que pudieran pensar de él.
Pero iba a demostrarles cuánto amaba a esa chica, y no por quién era ella.
—Te amo.
Le susurró al oído a Hailey; la chica levantó la mirada y le besó en los labios.
Ella también era consciente de la multitud, pero no les debía ninguna explicación.
Simplemente era una chica que quería enamorarse del hombre adecuado.
Por lo tanto, la gente no tenía derecho a dudar de Vince ni a cuestionarlo como su pareja.
Pasados otros cinco minutos, Ray les envió a la mesa un plato de fruta troceada.
Vince le estaba dando de comer a Hailey cuando recibió un mensaje de su padre.
Lo leyó:
«Hijo, Howie Gu ha confesado.
Eva está embarazada de él tras someterse a un procedimiento de inseminación.
Además, Zenaida afirmó que era cierto y nos dijo que Eva estaba en Sídney.
¿Por qué no la buscas?
Es tu oportunidad para hablar con ella sobre el divorcio, hijo».
Vince se quedó sumido en sus pensamientos.
Ahora Eva estaba con Bryan.
Según Hailey, estaba embarazada, pero creía que no era hijo de Bryan.
Entonces Hailey tenía razón.
Sin embargo, Eva estaba usando su embarazo para evitar que Bryan volviera con Hailey.
No podía creer que Eva fuera ese tipo de mujer.
Aunque estaba mal, lo que hizo provocó que, en cambio, Hailey se aferrara a él con locura.
Vince no sabía si sentir pena por Eva o si debía reírse a carcajadas.
Su esposa solo de nombre había destruido la relación de la chica con la que había soñado durante años.
Ahora, por el desengaño amoroso que Eva le había provocado a Hailey, esta había acabado en sus brazos.
Empezó a pensar en recompensarla dejándola en paz.
A veces, se planteaba cómo utilizar a Eva.
Quizá debería aprovecharse de su drama y sacar partido de la oportunidad.
Con una condición: debía asegurarse de mantener a Bryan alejado de Hailey.
Sin embargo…
¿Cómo se atrevía esa gente a tener las agallas de jugar con los Shen?
¿Creían que no se vengaría por lo que habían hecho?
¡Se aseguraría de que esa gente caminara sin cabeza sobre sus hombros!
Vince miró a Hailey.
La chica a su lado parecía tan inocente.
Parecía una persona diferente a la de otros días, aquella que estaba dispuesta a matar a alguien con tal de proteger a sus seres queridos.
Pero en ese momento, su única preocupación era alimentar la vida que crecía en su interior.
No le importaba nada más que formar una familia juntos.
Y él se aseguraría de darle el título de señora Shen y de que fuera la única madre de sus hijos.
Tras una breve reflexión, Vince decidió llamar a su padre.
—Esposita…, hay un asunto importante que debo hablar con papá.
Necesito llamarle.
—De acuerdo, maridito —asintió ella con la boca todavía llena de fruta.
Vince sonrió.
Le dio un beso en la frente antes de salir y dirigirse al aparcamiento para hablar en privado con su padre.
—¿Papá?
Sí.
Ya sé que Eva está en Sídney.
—Ah.
¿Alguien más te lo ha contado?
—preguntó Fred.
—He seguido investigando su paradero y, de hecho, ya estaba en Sídney para reunirme con ella —le respondió Vince a su padre.
—Ya veo.
Así que ya lo tenías planeado.
—Sí, papá.
Quiero que firme el acuerdo de divorcio lo antes posible.
Después de todo lo que su familia me ha hecho, más ganas tengo de que esto se acabe cuanto antes.
—De acuerdo.
Por cierto, hijo.
¿Podrías traer a Eva de vuelta a Ciudad Metro?
Ella también necesita ser investigada.
O quizá deba enfrentarse a algún castigo y ser condenada a unos cuantos años.
Vince guardó silencio.
Se preguntó cómo podría obligar a Eva a regresar al País P después de que firmara el acuerdo de divorcio.
—Hijo, si no puedes convencerla, será mejor que envíe a las autoridades para que traigan a Eva y la escolten de vuelta a Ciudad Metro.
¿Qué te parece?
Vince lo sopesó.
Y pensó que era el mejor plan para hacer que Eva volviera a Ciudad Metro.
—Quizá deberíamos hacer eso igualmente, papá, incluso si consigo convencer a Eva de que vuelva.
—De acuerdo, hijo.
Será mejor que hable con nuestros abogados para presentar una solicitud al respecto —respondió Fred.
—De acuerdo, papá.
Mientras tanto, Vince no se percató del hombre que salía del Ferrari blanco aparcado no muy lejos de donde él se encontraba.
Bryan miró a su alrededor en cuanto entró en el restaurante.
Sus ojos buscaban a Hailey.
Se dirigió al comedor privado que solía estar reservado para los VIPs.
—Hail, ¿por qué no me dijiste que ya habías llegado?
—preguntó Bryan en el momento en que se sentó en el sofá frente a ella.
Hailey levantó la vista.
Le sorprendió que Bryan apareciera de la nada.
De repente, le entró un poco de pánico.
Aunque Vince sabía que Bryan era su ex-prometido, Bryan aún no sabía que Vince era su novio y ahora su prometido.
—¿Qué haces aquí, Bryan?
¿No se suponía que nos íbamos a ver esta noche y no hoy?
—Hailey frunció los labios.
Ya se lo imaginaba—.
¿Entonces Eva no te lo ha dicho?
La mirada de Bryan se agudizó.
¡Lo sabía!
Eva había hecho algo a sus espaldas.
Le había destruido el teléfono para que Hailey no pudiera volver a contactar con él.
Pero Eva no sabía que él seguía usando su antiguo número de móvil y que tenía muchas formas de contactar con Hailey que ella desconocía.
—Ayer se me rompió el teléfono al caerse al suelo, así que tuve que comprar uno nuevo.
Hailey sonrió con amargura.
No necesitaba adivinar el porqué.
Ya se lo imaginaba.
—¿Fue Eva quien te destruyó el teléfono?
Bryan asintió.
Se sentía avergonzado por cómo se estaba comportando Eva con Hailey.
La odiaba a muerte.
—Lo siento mucho, Hail —se disculpó él.
Bryan intentó tocarle la mano, pero Hailey apartó las suyas de la mesa rápidamente.
A Bryan le dolió lo que hizo.
Antes, a ella no le importaba que él le cogiera las manos de forma casual.
Pero ahora, para ella, era como si tuviera una enfermedad contagiosa.
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