Su Amante Contractual - Capítulo 269
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269: La Bendición de su Papá 269: La Bendición de su Papá Mientras caminaban por el pasillo, no podían apartar la vista de Vincent.
Todavía no podían aceptar que la princesa estuviera tan obsesionada con él que, en el momento en que se despertaba, era a él a quien buscaba.
Pensando en lo que había pasado hacía apenas un mes, la princesa ya lo había estado protegiendo.
Se lo había ocultado, pero ya le había concedido muchos privilegios.
Y ahora tenía la bendición del presidente.
Aunque dudaban de lo fiel que era a la princesa, no podían mostrar resentimiento cuando la princesa parecía tomarlo en serio.
Lo único que podían hacer era guardar silencio, ya que había que tener en cuenta el estado de la princesa.
Cuando llegaron a la habitación de Hailee, la vieron sentada en la cama.
Su rostro se iluminó al instante al verlos entrar.
Cuando vislumbró el rostro de Vincent, una gran sonrisa se dibujó en sus labios.
—Cariño… —lo llamó ella.
Tuvieron que cederle el paso y observar.
Vincent se sentó en la cama, examinando con cautela su rostro y sus brazos, pero Hailee se apresuró a rodearle el cuello con los brazos y a llorar en su hombro.
—Te he echado de menos —murmuró entre sollozos.
Vince rio entre dientes, rodeando su cuerpo con cuidado con sus brazos.
Tenía miedo de que le doliera todo y de poder romperla si la abrazaba con más fuerza.
—Yo también te he echado de menos, esposita —respondió él, besando el cabello de Hailee.
Esta chica volvía a comportarse de forma adorable.
En realidad, no habían estado separados tanto tiempo.
Solo había perdido el conocimiento, pero él había estado a su lado la mayor parte del tiempo.
—Ya es suficiente.
No tienes que estresarte —la engatusó, acariciándole la espalda para calmarla.
Después, le preguntó—: ¿Cómo te sientes?
Estaba muy preocupado.
—Me siento cansada, pero quería verte.
Hector me dijo que perdí mucha sangre, así que me transfundieron dos bolsas.
Me alegro de que nuestro bebé esté a salvo.
—Sí.
Son unos luchadores.
¡Y tú también!
Así que ya puedes dejar de llorar, ¿vale?
—continuó Vincent consolándola, usando su voz más dulce y tranquila.
Cuando dijo eso, los ojos de ella brillaron de emoción.
—¿Es verdad que posiblemente tengamos gemelos?
Vincent los separó para verle la cara.
Le acariciaba suavemente la mejilla derecha, secándole los ojos con el pulgar.
—Sí —respondió—.
Y por eso, sigue lo que te diga el médico, sobre todo con la comida que tienes que tomar.
—Vale —le sonrió a Vince.
—Solo alimentos saludables.
También puedes seguir comiendo lo que te gusta, pero esta vez con un límite y pocos dulces, ¿vale?
—añadió él.
—¡Mmm!
—asintió ella encantada.
La hacía feliz poder seguir comiendo pasteles; aunque tenía que limitar el consumo de azúcar y sal, podría tomarlos de vez en cuando.
—Buena chica —sonrió Vincent.
Le dio un cálido beso en la frente mientras susurraba—: Te quiero.
—Yo también te quiero —Hailee levantó la barbilla para alcanzar los labios de Vince, y luego rozó los suyos sobre los de él.
A los caballeros, incluido Jacob, se les contrajeron las pupilas mientras observaban la escena.
¡Por supuesto, era la primera vez que Hailee se mostraba tan íntima con otro hombre!
Era dulce con todos los chicos, pero no así de atrevida.
Pero que se comportara y fuera tan obediente, sabían lo que significaba…
Confiaba completamente en este hombre.
Les partía el corazón, pero podían ver el brillo en sus ojos por la forma en que miraba a Vincent.
Era la primera vez que la veían con ese tipo de expresión.
Sus mejillas estaban sonrojadas y sonreía con dulzura.
Demostraba que estaba genuinamente enamorada.
Bryan bajó la mirada al suelo y retrocedió, con las lágrimas amenazando con escapársele de los ojos.
Para él no era la primera vez que veía esta escena.
Aun así, le rompía el corazón.
No paraba de decirse a sí mismo que se detuviera y se rindiera.
Pero sabía que era imposible hacerlo tan pronto.
Tras el beso, la mirada de Hailee se posó en las manos de Vincent.
Abrió los ojos de par en par, y la conmoción la golpeó al ver las vendas en sus dedos.
—¿Qué les ha pasado a tus manos?
¿Te has herido los dedos?
—El pánico empezó a manifestarse en su rostro; Vincent tuvo que calmarla rápidamente.
—Solo son unos rasguños sin importancia —intentó sonar alegre, pero por la forma en que Hailee lo miraba, no se creyó su excusa.
—¿Rasguños?
—En lugar de calmarse, se asustó todavía más.
Los hombres en la habitación intercambiaron miradas.
Veían cómo el semblante de Hailee se ensombrecía al ver las manos heridas de Vincent.
—No hay nada de qué preocuparse, ¿vale?
—dijo Vince, engatusándola.
No quería que se estresara pensando que era culpa suya, así que no mencionó que se había herido los dedos para salvarla después de que cayera sobre los jarrones.
Pero Hailee no estaba convencida.
Se notaba lo preocupada que estaba al ver sus heridas.
Le tomó las manos y preguntó: —¿Te duelen?
—No mucho.
Pero tengo que cuidármelas para que no se infecten.
Tendré más cuidado la próxima vez.
—¡Más te vale!
—articuló ella.
—Estoy más preocupado por ti —murmuró él.
Le dolía ver sus brazos cubiertos de vendas.
—Yo estoy bien.
Lo mío solo ha sido la piel en comparación contigo.
Tú necesitas estas manos para mantener la promesa que me hiciste —le dijo ella, lo que casi ahogó a Vincent.
La declaración de ella lo conmovió, trayendo calidez a su pecho.
Vincent bajó la cabeza, tocando la frente de ella.
—¿Niña tonta, has olvidado que no estamos solos?
—Oh… —se sonrojó y luego rio tontamente—.
Se me olvidó —susurró, aunque su voz llegó a los oídos de los chicos, que estaban demasiado alerta escuchando su conversación.
—Todo el mundo está muy preocupado por ti, sobre todo tu papá —sinceramente, tenía que sacar el tema, o el resto de los hombres seguirían lanzándole dagas con la mirada.
A estas alturas ya no tendría cabeza si las miradas mataran.
Ahora que Vince lo había mencionado, Hailee giró la cabeza hacia la puerta donde estaban sus caballeros, esperando pacientemente a que se fijara en ellos.
Les sonrió, paseando la mirada por cada uno de ellos antes de fijarla en su papá.
—Papá… —Hailee levantó la mano izquierda, esperando a que su papá se acercara.
Vincent se levantó de la cama, dejando paso a Jacob para que abrazara y hablara con su hija.
—Oh, princesa.
Me alegro de que ya estés despierta.
Estaba tan preocupado por ti —Jacob contuvo las lágrimas que se formaban en sus ojos.
No ocultó el dolor que sentía al ver a su hija en tal situación.
—Lo siento, papá.
Te he estado mintiendo.
Debería haberte dicho la verdad antes….
—Chist, ya está.
No te preocupes.
Papá no está enfadado contigo.
Ya te he perdonado —Jacob levantó la mano y peinó con cuidado la cabeza de Hailee.
Tenía una herida leve en la nuca por haberse caído al suelo.
—Papá… No te enfades con Vincent.
Creo que ya sabes que está casado.
Y que su mujer es la novia de Bryan.
Papá, yo lo sabía todo, pero aun así me enamoré de él… Yo…
—Chist… Ya es suficiente.
Ya está todo bien.
Como ya te he dicho, ya no estoy enfadado.
—Papá… —a Hailee se le llenaron los ojos de lágrimas.
Apoyó la cabeza en el hombro de su papá mientras seguía llorando—.
Gracias, papá.
—Te quiero, princesa.
Papá no intenta interferir en tu felicidad.
Pero creo que papá también debería haberse disculpado.
Hailee se soltó del abrazo de su papá para mirarlo a los ojos, esperando a que continuara.
—Sé que te estuvo buscando hace tres años, Princesa.
—Oh, ¿y entonces?
—Ella y Vincent habían llegado a la conclusión de que Shun posiblemente hizo algo para que él no pudiera encontrarla.
Y habían acertado.
—Shun me informó de ello.
Y yo di la orden de que no dejaran que Vincent Shen te encontrara.
Tenía que esconderte.
Papá tenía sus razones, y tú sabes cuáles eran… Así que, ¿puedes perdonar a papá?
—Papá… —Hailee permaneció en silencio un buen rato, meditando sobre algo.
Al cabo de un momento, una dulce sonrisa se dibujó en sus labios.
—¿Significa eso que aceptarás a Vincent como tu yerno, papá?
¿Nos darás tu bendición para que nos casemos pronto?
Jacob se quedó con la boca abierta.
De repente, sintió que estaba bajo presión para tomar una decisión importante en su vida.
¡Podía ver que su hija se estaba volviendo buena negociando, y no le quedaba más remedio que aceptar!
Mientras tanto, el resto de los hombres permanecieron en silencio durante los siguientes minutos.
Cada uno de ellos se esforzaba por no inquietarse.
No estaban de acuerdo con que la boda fuera tan pronto.
Era como si Bryan y Hailee hubieran anunciado de repente que estaban comprometidos y hubieran empezado a planear la boda.
Ahora, la princesa estaba planeando casarse, ¡y esta vez con alguien a quien apenas conocían!
Estaban en contra.
Sin embargo, con el estado actual de la princesa, no podían protestar ni regañarla por tomar tales decisiones.
Ella y Vincent solo llevaban unos meses de relación.
Aunque ahora estuvieran esperando un hijo, ¡creían que todavía era demasiado pronto para casarse!
Jacob levantó la cabeza y miró a los hombres.
Al igual que él, podía ver que se oponían a ello, pero nadie quería causarle tristeza a su hija.
Lanzando un largo suspiro para sus adentros, Jacob se giró hacia su hija y le besó la frente.
—Lo que te haga feliz, princesa.
Hailee le echó los brazos al cuello a su papá.
—¡Gracias, papá!
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