Su Amante Contractual - Capítulo 271
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271: Sus mejores amigas 271: Sus mejores amigas Esa tarde, Gigi llegó a Ciudad de Ensueño.
Entró en pánico al ver los vendajes que cubrían su cuerpo.
—¡Debería haber estado allí!
—se lamentó Gigi.
Hailee sonrió al ver lo preocupada que estaba Gigi.
La persuadió: —Está bien.
No podemos predecir lo que va a pasar, ¿sabes?
Consiguió calmar a Gigi, quien se dio cuenta de que no debía causarle más estrés.
—Vale —dijo—.
No debo quejarme en voz alta, sino preocuparme por dentro.
Pitt le dijo a Tom que no es bueno que te deprimas o te estreses.
—Estoy bien.
No te preocupes por mí, ¿vale?
Papá, Vincent y todo el mundo ya se estaban volviendo locos con mi embarazo.
Me estresaré más si todos me miran con cara de preocupación —respondió Hailee.
—¡Tonta!
Es normal que se asusten, es porque te quieren.
Yo también entré en pánico cuando me enteré de la noticia —dijo Gigi, cogiéndole la mano mientras examinaba su brazo con cuidado.
Hailee sonrió y abrazó a Gigi una vez más.
—Y me alegro por eso.
Es solo que ya me odio a mí misma.
Gigi se apartó de ella, con la sorpresa reflejada en el rostro.
—¿Por qué dices eso?
¡No deberías pensar así!
—Me refiero a que odio que mi cuerpo sea tan frágil —aclaró Hailee—.
¡Debería ser más fuerte!
No tendría que haberme desmayado mientras hablaba con Eva.
—Estás embarazada.
No puedes controlar tu cuerpo si tu embarazo es diferente al de otras mujeres —le explicó Gigi.
Comprendió que todo aquello era nuevo para Hailee.
Debía cuidar su cuerpo y no excederse con el trabajo pesado.
Y, sobre todo, en cuanto a su estado mental, debía evitar el estrés y la depresión.
—Yo aún no lo he vivido en carne propia, así que no puedo darte muchos ejemplos.
Pero la madre de Tom me contó todas las dificultades que tuvo que pasar para llevarlo en su vientre durante nueve meses —añadió.
Hailee le sonrió a Gigi.
Estaba agradecida de que fuera ella con quien hablaba.
Gigi era mucho más madura y tenía más experiencia en la vida.
—De acuerdo.
Entiendo lo que dices.
Gracias.
Gigi abrazó a Hailee una vez más.
Después, hablaron de cosas triviales, como el sexo del bebé, si serían gemelos y qué nombres les pondría.
—Creo que esto es algo que tengo que hablar con Vincent.
Sé que tienen ciertas creencias, sobre todo por parte de Vincent.
Además, tengo que dejar que su familia participe en la elección del nombre de nuestro primogénito.
Él desciende de un largo linaje de la familia real.
—¡Pues tú también!
—le recordó Gigi—.
Tus antepasados también eran de la realeza europea.
—Ah, es verdad… —rio con torpeza.
¿Cómo había podido olvidarlo?
Tanto ella como Vincent descendían de un linaje de aristócratas.
—Entonces no tengo de qué preocuparme para cuando conozcamos a los Ancianos.
Vincent también pertenece a la realeza.
Es descendiente de un emperador —dijo, más para consolarse a sí misma y no preocuparse tanto.
—De lo contrario, habría sido una lucha sangrienta para Vincent —comentó Gigi de forma significativa—.
Bueno, me alegro de que tu padre os diera su bendición.
—Sí.
Me puse muy contenta.
Pero me siento un poco culpable.
Me preocupa que le pongan las cosas difíciles a Vincent, así que usé mi estado para conseguir la aprobación de papá y de los demás hombres.
Me siento mal.
Siento como si los hubiera engañado.
—Vincent te quiere.
Deberían darse cuenta de eso —la tranquilizó Gigi.
—Sí, Vincent debe demostrárselo a todo el mundo —asintió Hailee.
Las palabras de Gigi la reconfortaron.
No debía preocuparse tanto.
—Así que deja de machacarte, ¿de acuerdo?
No les queda más remedio que dejar que seas feliz.
¡Por el amor de Dios, ya has sufrido bastante!
—continuó consolándola Gigi.
—Y tú también.
Me alegro por ti, Gigi… —dijo Hailee, con una cálida sonrisa en los labios.
Gigi ya no podía ocultar lo feliz que estaba de que Tom la hubiera aceptado en su familia.
—La familia de Tom es muy amable conmigo.
Se notaba que eran sinceros en su buen trato.
¡Pero estoy nerviosa!
¿Y si no les caigo bien?
—Tonta.
La familia Morris es maravillosa.
Les caerás bien.
No te juzgarán ni te maltratarán —la consoló Hailee esta vez.
Gigi sonrió, coincidiendo con lo que Hailee le había dicho.
—Ya los adoro.
—Me alegro de saber eso.
—La madre de Tom era la mejor amiga de su madre.
Katherine era como una segunda madre para ella también.
—¡Hail!
—Kelly entró por la puerta y corrió hacia la cama—.
¡Tú, tía!
¡No me puedo creer esto!
¿Dónde está mi primo?
¡Voy a matarlo!
Hailee y Gigi se miraron.
Estaban contentas de verla, pero Kelly empezó a montar un numerito.
Gigi tuvo que sujetarla por los hombros para calmarla, indicándole que inspirara y espirara.
—Hailee no puede someterse a ninguna situación de estrés —le recordó Gigi a Kelly, pero la chica seguía con su ataque.
—¡Es que estoy furiosa!
¡Quiero abofetear a esa mujer!
—No hace falta que pierdas el tiempo —dijo Hailee con una sonrisa.
En el fondo, se sintió reconfortada al ver lo mucho que se preocupaba Kelly—.
Ven aquí.
Kelly rompió a llorar.
Y así, entre abrazos, balbuceó: —No puedo creer que de verdad vayas a restregarme tu certificado de matrimonio por la cara tan pronto.
Hailee se rio entre dientes por el drama que estaba montando.
Tiempo atrás, le había dicho a Kelly que pronto le restregaría su certificado de matrimonio por la cara.
—Serás mi dama de honor y la madrina —le dijo.
—¡Oh, Dios mío!
¡Me encanta!
—chilló Kelly encantada.
Al otro lado de la puerta, Vincent, Tom y Pitt intercambiaron una mirada.
Los tres estaban en el balcón de la habitación, tomando un café, cuando oyeron a alguien gritar en el cuarto de Hailee.
Solo era Kelly, desahogando su frustración.
—Esta mujer, de verdad… —resopló Pitt, exasperado.
Vincent y Tom se limitaron a encogerse del hombro derecho.
*
SÍDNEY, AUSTRALIA
Más tarde, ya de noche….
Eva estaba sentada en un rincón de la habitación.
No había tocado la comida que le habían dado.
Pero cada vez que la puerta se abría, levantaba la cabeza, esperando que fuera Bryan.
Estaba encerrada en su dormitorio, y Bryan no había vuelto a casa desde ayer.
Estaba dándole vueltas a si lo que le pasó a esa chica era grave.
Eva se preguntaba qué le haría Bryan.
Quizá tendría que disculparse.
No se sentía culpable por lo ocurrido, pero no quería perder a Bryan.
Se dio cuenta de que lo amaba de verdad.
—¡Bryan!
—se apresuró a ponerse de pie y corrió hacia la puerta.
Pero la persona que apareció en el umbral era la última que esperaba ver.
Eva se quedó paralizada.
Tartamudeó, pero no pudo articular ni una palabra.
Se quedó petrificada al ver a la persona que se acercaba a ella.
¡Zas!
El golpe la hizo tambalearse y caer al suelo.
—¿Después de la amabilidad que le he mostrado a tu familia?
¿¡Tienes el descaro de hacerle daño a mi nieto!?
¡Ya le has causado suficientes quebraderos de cabeza a mi hijo!
¡Pero que le hagas daño al heredero de los Shen!
¡Me aseguraré de que vivas un infierno!
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