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Su Amante Contractual - Capítulo 273

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273: Colócala en el pedestal 273: Colócala en el pedestal DREAM CITY, AUSTRALIA
Hailee estaba bostezando cuando sintió un cuerpo firme debajo de ella.

Se dio cuenta de que estaba tumbada sobre el cuerpo de Vincent.

Después de tomar un pastel de zanahoria y un té verde sobre las cinco y media de la tarde, se quedó dormida.

Si no se equivocaba, había dormido durante horas.

¡Ah, pobrecito mi marido!

Seguro que ahora tenía el cuerpo entumecido, pero ella quería seguir acurrucada a su lado.

Hailee miró boquiabierta a Vince, sumergiéndose en la contemplación de su hermoso rostro mientras dormía tan plácidamente.

Cuando lo vio esa mañana, se dio cuenta de lo agotado que estaba.

Ahora, no quería interrumpir su siesta.

Hailee se quedó mirándolo unos minutos más antes de bajar lentamente de encima de Vince y sentarse en la cama para comprobar la hora en su móvil.

«¡Dios mío!».

Son las nueve y media de la noche.

Ya era mucho más tarde de la hora de la cena, y se preguntó si Vince ya habría comido mientras ella lo usaba de almohada.

Hailee tecleó en su móvil.

«Pitt, ¿estás en el hospital?».

«Sí, princesa.

Estoy con los demás aquí en la sala.

Gigi y Kelly también están aquí.

¿Quiere cenar ya?».

«Sí, tengo hambre…

¿Vincent ya ha comido?».

«Todavía no, princesa.

Le insistí antes, pero se negó, diciendo que esperaría a que usted se despertara para cenar juntos».

«Ya veo.

Parece agotado, así que no quiero interrumpir su sueño.

¿Se asustó mucho cuando perdí el conocimiento?».

«Sí, princesa.

No se puede describir lo angustiado que estaba…

Bueno, ninguno de nosotros ha dormido tampoco.

Todos estaban preocupados por usted también, pero él fue el que rompió a llorar».

Mientras leía la respuesta de Pitt, su corazón dio un brinco de alegría.

Saber que Vince había derramado lágrimas, una inexplicable sensación cálida le llenó el pecho.

Preocuparlo era lo último que quería que sintiera, pero le hizo feliz saberlo.

Hailee miró a Vince con una mirada llena de amor en sus ojos.

Le dio un suave beso en los labios antes de enviar otro mensaje a Pitt.

«Gracias, Pitt.

Esperaré a que Vincent se despierte para que cenemos juntos».

«De acuerdo, princesa.

Solo llámenos para que los chicos calienten la comida.

Han preparado sus platos favoritos».

«Oh…».

«No se preocupe.

Vincent nos dijo qué comida no le apetece comer en esta etapa de su embarazo».

«Ya veo.

¡Gracias, Pitt!».

Hailee dejó el móvil en la mesita de noche.

Luego, se tumbó lentamente junto a Vincent.

Tuvo cuidado de no despertarlo, pero no pudo evitar que sus manos le tocaran la cara.

Sus dedos recorrieron la línea de su mandíbula y el puente de su orgullosa nariz hasta llegar a sus labios.

—¿Por qué no te aprovechas de mí del todo cuando me comes con los ojos de esa manera?

Hailee se quedó con la boca abierta cuando Vincent abrió los ojos y le guiñó uno.

Ella le dio un golpecito en el hombro por la vergüenza repentina.

¡Estaba despierto!

Se rio tontamente y le pellizcó la cintura, pero se tragó las palabras que quería soltar cuando Vincent reclamó sus labios.

Este hombre podía hacerla sentir como una adolescente.

—La próxima vez, despiértame así…

—dijo Vincent después de separar sus labios—.

No es sano para ti saltarte una comida.

Se está haciendo tarde y aún no has cenado.

Ella sonrió ante lo que Vince había dicho.

—Pero quiero que comamos juntos.

Tú también estabas esperando a que me despertara, mientras me acurrucaba en tu hombro.

—No me importa, por supuesto —dijo él.

Pero no le contó a Hailee cómo tenía el hombro entumecido y lo estaba pasando fatal.

Pero podía ignorarlo.

Sostenerla así le hacía sentir tranquilo.

Deseaba que pudieran quedarse así para siempre…

Como si estuvieran pegados.

—Gracias —musitó ella, llena de amor.

Vincent le acarició las mejillas con suavidad.

Se alegró de que la hinchazón de la bofetada de Eva estuviera desapareciendo lentamente.

—Ya está curando.

Lo siento.

Debería haber vigilado a Eva más de cerca.

No debería haber pasado —se disculpó con angustia en la voz.

Le dolía ver a Hailee con vendajes en los brazos y las piernas.

Haría todo lo posible para que no le quedaran marcas en el cuerpo.

Su piel es tan suave y perfecta.

A él no le importa si Hailee tiene cicatrices, pero a las mujeres les sube la autoestima verse la piel impecable.

A ella le encantan los tops cortos sin mangas, las camisetas de tirantes y los vestidos con cuello halter, con los que se ve demasiado guapa y elegante, lleve la ropa que lleve.

Él no la quiere menos por sus defectos, pero sabe que a Hailee le afectará psicológicamente.

Mirándola fijamente, Vince se inclinó y le besó el hombro.

Hailee podía ver la sinceridad en sus ojos y su miedo después de que ella cayera sobre los jarrones.

—No tienes que disculparte conmigo, ¿de acuerdo?

—lo persuadió.

—Estoy demasiado preocupado… —dijo Vincent.

Bajó la mirada hacia los brazos de ella; Hailee pudo adivinar lo que estaba pensando.

—¿Tienes miedo de que dejen cicatrices?

—preguntó ella.

—A mí no me importa.

Pero eres demasiado valiosa para tenerlas.

No te lo mereces —gimió Vincent con frustración.

Hailee le ahuecó el rostro y dijo: —Mientras siga siendo la chica más guapa a tus ojos, siempre me sentiré segura de mí misma.

—Eres la imagen de tu empresa.

Sé cómo cuidas tu cuerpo.

Podía recordar aquellos productos de belleza en sus tocadores y en el baño.

No son los productos corrientes que se pueden comprar en el centro comercial o en las farmacias.

Parecen fórmulas personalizadas para pieles sensibles.

—Los dermatólogos seguro que pueden hacer algo al respecto —añadió Vincent después.

Hailee esbozó una enorme sonrisa.

Le plantó un beso en los labios a Vince.

—Gracias.

Sé que no te preocupa que me ponga fea.

Pero tienes razón.

Soy la primera imagen de mi empresa, así que tengo que mantener mi piel impecable.

No te preocupes.

Mi equipo ya está preparando la investigación sobre qué tipo de fórmula necesito para eliminar las cicatrices de mi cuerpo sin necesidad de cirugía.

—Oh… ¿en serio?

Hailee asintió.

—En los últimos dos años, he invertido en un Centro de Investigación de productos de belleza.

Quiero ampliarlo introduciendo nuestros productos a las amas de casa de clase media, no solo para las jóvenes solteras, sino para todo el mundo.

Sin embargo, mi equipo todavía no ha conseguido encontrar la fórmula perfecta que pueda vender un poco más barata que sus precios actuales.

—Por ahora, mis productos para el cuidado de la piel solo están disponibles para los consumidores de clase alta.

Mi próximo objetivo es que sean asequibles para todo el mundo —añadió.

Vince guardó silencio un momento.

Se quedó pensativo mientras miraba a Hailee, que esperaba sus opiniones.

Desde que Vince conocía su verdadera identidad, le resultaba muy cómodo hablar de lo que hacía en su vida.

—No debo olvidar que me voy a casar con una mujer de negocios —dijo Vince.

Hailee se rio.

A veces, a ella también se le olvidaba.

—Hailey Hillson siempre está disponible, ¿sabes?…

Siempre sacará tiempo para ti —le ronroneó a Vince, jugando con los botones de su camisa.

Sus ojos brillaron de emoción cuando aquella gatita hizo un movimiento hacia él.

Bajó la cabeza para cubrir la boca de ella.

Tras el largo beso, apoyó su frente en la de ella y musitó: —Estoy locamente enamorado de ella.

Pero Hailee Davies me hizo arrodillarme mientras la adoro.

Quiero ponerla en un pedestal.

—Eres demasiado cursi.

¡Pero me encanta!

—Ella y Vince se rieron.

Reclamó sus labios, besándola una vez más antes de instarla a hablar de su otra empresa.

—Ahora cuéntame más sobre tu otra empresa.

A Hailee le brillaban los ojos cuando hablaba de su empresa de cosméticos, razón por la que él la instaba a contarle más sobre ella.

—Veo las dificultades de las madres que pierden la confianza después de dar a luz.

No todo el mundo tiene el don de una piel naturalmente perfecta, pero la mayoría sufre de estrías, sensibilidad de la piel como alergias y luego cambios durante y después del embarazo.

—Eres increíble —.

Esta chica no dejaba de impresionarlo.

Vince no pudo evitar elogiarla en medio de su charla—.

¿Cómo puedo invertir en tu empresa de cosméticos?

Hailee miró a Vince boquiabierta por la sorpresa.

No podía creer que le interesara.

Pero le haría feliz que Vince se convirtiera en su socio.

—Bueno, mi empresa se dedica más a productos para el cuidado de la piel.

Ahora que estamos esperando a nuestros bebés, se me ha ocurrido una idea.

Cuando mi equipo consiga fabricar productos de belleza más baratos, quiero ponerle el nombre de nuestra primogénita.

—Oh —.

¡Le encantó la idea!

Ahora estaba dándole vueltas para encontrar el nombre perfecto—.

¿Podría ser Venus?

¿O Afrodita?

Es la diosa de la belleza según la mitología.

Hailee sonrió enormemente.

Se alegró de ver que Vince ya lo había pensado.

De hecho, parecía más emocionado que ella.

—¿Estás seguro de que quieres ponerle a tu hija el nombre de diosas griegas?

—le vaciló ella.

Vince se rio con torpeza.

Era algo que se le había ocurrido sin más.

Ahora se daba cuenta de que debían elegir los nombres con cuidado.

—Por supuesto, depende de ti qué nombre te gustaría para nuestros hijos —dijo él.

—Bueno, estoy pensando en consultar a tu familia.

¿Quizá tengáis alguna tradición o creencia?

Vince lo sopesó.

—¿Sabes el significado del nombre de mamá?

—Nadia y Liza lo mencionaron antes —dijo radiante.

Fue uno de esos días en que la gran Señora Hilda Shen la estaba echando del país.

Tanto Nadia como Liza lo comentaron.

—En realidad, todo el mundo le tenía miedo a la Señora Hilda Shen.

¿Sabes cuál es el significado de su nombre?

¡Significa guerra!

—dijo Liza.

Entonces Nadia repitió: —Hace honor a su nombre.

Admitiría que la mamá de Vince era intimidante.

Pero nunca le tuvo miedo, ni la odió.

La Señora Hilda Shen era simplemente ética.

Tener una amante nunca está bien.

Nadie debería alegrarse de eso.

Pero ella cree que su historia y la de Vince tienen excusas profundas y son excepcionales.

*
A CONTINUACIÓN:
—¡¿Vincent Shen?!

Se quedó atónito al ver a su mamá en la puerta.

—¿Mamá?

—¿Qué estás haciendo?

—le preguntó Hilda a su hijo.

Vincent estaba desconcertado por la pregunta de su mamá.

—Estoy comiendo, mamá —respondió.

—¿Y por qué te da de comer Hailee?

¿Eres tú el que está hospitalizado aquí?

Vincent negó con la cabeza en respuesta a su mamá.

Le asombraba lo regañona que era su mamá como siempre; sin importar las circunstancias o dónde estuviera…

Ella es siempre la gran Hilda Shen.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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