Su Amante Contractual - Capítulo 94
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94: Alarde 94: Alarde En el hospital, Vince seguía charlando con Jake y Carl.
En cuanto su teléfono vibró para notificarle la llegada de un nuevo mensaje, lo revisó al instante.
Jake y Carl sabían que Vincent solo estaba tan atento a su teléfono por su madre.
Ahora era por su novia.
El amor podía transformar a cualquiera…
Vince no sabía lo que los dos hombres pensaban de él.
Pero no le importaba.
Lo importante para él era tener su propio mundo mientras leía el mensaje de Hailey.
Poco después, levantó la cabeza y miró a Carl.
—Hailey ya viene de camino —le dijo—.
Necesita ayuda para cargar el almuerzo que preparó.
Al oír la palabra «almuerzo», Carl se incorporó de golpe y no esperó a que Vince terminara.
—¡Yo me encargo, primo!
¡Ah!
¡Me muero de hambre!
Como el ático no estaba tan lejos del Instituto de Medicina de Ciudad Metro, Hailey llegaría en menos de quince minutos, a menos que hubiera un atasco, lo que le llevaría media hora.
Carl bajó al aparcamiento.
No mucho después, llegó Hailey.
Aparcó su coche en la plaza reservada para la familia Shen.
Construyeron este hospital para enseñar Medicina avanzada, y un proyecto de la familia Lopez ayuda al país a formar a más médicos y enfermeras cualificados.
Así que eso significa que la familia de Hilda posee un gran porcentaje de este hospital.
Hailey estaba a punto de salir del coche cuando vio al profesor Carl caminando hacia su vehículo.
—¡Hola!
—saludó Carl a Hailey cuando esta salió del vehículo.
—Buenos días, profesor Carl —lo saludó Hailey.
Caminó hacia el maletero y Carl la siguió.
—Por favor, no estamos en la universidad.
Llámame Carl, sin más.
De repente, Hailey se sintió incómoda.
Pero como no tenía nada que comentar, se limitó a asentir y sonreírle a Carl.
Aun así, no pudo abrir la boca para pronunciar su nombre.
—Deja que los lleve yo.
No quiero que mi primo me ponga un ojo morado —bromeó Carl, aunque lo decía en serio.
—Oh.
Pero…
Él sonrió.
—Por favor, Vincent me ha enviado para ayudarte.
No te preocupes —explicó Carl.
No quería que Hailey lo malinterpretara.
Sabía que ella estaba marcando distancias con él, a pesar de que era el primo de Vince.
Era algo que admiraba de ella.
Solo se mantenía al lado de su primo y no era cercana a ningún otro hombre.
—Ya veo.
Gracias, pro…
quiero decir, gracias, Carl —logró decir finalmente con naturalidad.
—¡Suena genial!
—exclamó Carl.
Le gustaba cómo Hailey lo llamaba por su nombre.
Y sonaba dulce al oído.
Hailey y Carl se dirigieron al ascensor.
El ascensor llegó al último piso y salieron en cuanto se abrieron las puertas.
Caminaban por el pasillo cuando se abrió el ascensor de otro vestíbulo.
—¡Tío Fred, tía Hilda!
—los llamó Carl en cuanto vio a la pareja salir del ascensor.
Hailey se detuvo, ya que Carl se había parado para esperar a que los padres de Vince los alcanzaran.
—¿Qué llevas ahí, Carl?
—preguntó Fred, mirando los paquetes que cargaba en ambas manos.
—¡Es la comida que Hailey preparó para el almuerzo, tío Fred!
—respondió Carl con entusiasmo.
—Oh.
¡Qué oportuno!
Aún no hemos almorzado —dijo Fred, mirando a Hailey.
Hailey sonrió con timidez.
De pronto se sintió nerviosa al ver a los padres de Vince.
Hilda Shen la escaneaba de la cabeza a sus sandalias de tiras.
—Buenas tardes, Sr.
Shen.
—Hailey se inclinó un poco ante Fred antes de volverse hacia Hilda y saludarla—.
Hola, señora Shen.
—Buenas tardes, señorita Hillson —le devolvió el saludo Fred.
Lanzó una mirada de advertencia a Hilda.
«Recuerda lo que acabamos de hablar, Hilda».
Habían estado discutiendo en el ascensor sobre el trato frío de Hilda hacia la novia de su hijo.
«Aunque hagas una escena todos los días, ya has oído a nuestro hijo.
Si no entendiste el significado de su declaración, te lo diré ahora.
Esa chica es la única que él quiere por esposa».
Y qué casualidad.
Acababan de hablar de ella.
Y ahora la veían en el pasillo.
Sin embargo, Hilda seguía actuando con terquedad.
Fulminó a Fred con la mirada.
—Vámonos.
Quiero ver cómo está Vince.
Después de que Hilda dijera eso, reanudó la marcha, dejándolos en medio del pasillo.
Carl y Fred negaron con la cabeza.
Fred se sintió avergonzado por la forma en que actuó Hilda.
Miró a Hailey y sonrió con torpeza.
—Probablemente Vincent ya tenga hambre.
Era una excusa pobre.
Pero a Fred no se le ocurría otra defensa.
Sinceramente, le molestaba que Hilda siguiera cavando un hoyo para todos ellos.
Cuando Vincent tuvo el accidente, declaró que nunca rompería con su novia.
Él había reflexionado sobre ese asunto y decidió apoyar el divorcio de Vincent, ya que en sus tres años de matrimonio con Eva no había ocurrido nada más que una pérdida de tiempo.
Ahora no podía evitar compadecerse de su hijo.
Observando en silencio desde un lado, Carl le susurró a Hailey una vez que la pareja se adelantó.
—No le hagas caso a la tía Hilda.
Aunque siga tratándote con frialdad, nunca podrá hacer cambiar de opinión a Vincent.
Él lucha por su amor por ti y está dispuesto a ir en contra de su madre.
Se suponía que debería alegrarse al oír esto, pero le entristecía que la relación de Vincent con su madre se viera perjudicada por su culpa.
Y ella no quería que eso ocurriera.
Eso nunca la haría feliz.
Hailey los siguió en silencio.
Fue la última en entrar en la habitación privada, y todos estaban reunidos en la sala de estar; Vincent incluido, sentado en el sofá.
Lo que Vince hizo delante de todos provocó que sus mejillas se sonrojaran.
Vince la atrajo hacia él, usando su brazo derecho para abrazarla y besarla delante de sus padres, su primo, su mejor amigo y su asistente.
Hailey deseó que el suelo se abriera y se la tragara.
Se sentía diferente desde que su relación con Vince se había vuelto real y no solo una actuación.
Que Vince la besara delante de todos la derritió de la vergüenza.
Ahora no podía mirar a nadie directamente a los ojos.
Por otro lado, Carl y Jake querían darle una paliza a Vince por ser un presumido.
Gruñeron de envidia.
—¡Por favor, ten piedad de los solteros, hermano!
Tim tosió para recordarles que él también estaba sin pareja.
Por su parte, a Hilda se le salieron los ojos de las órbitas.
No esperaba que su hijo fuera tan atrevido delante de ella.
Y lo único que pudo hacer fue desviar la mirada e ignorar la escena que tenía delante.
Mientras tanto, Fred solo se sorprendió un poco.
Sus fotos besándose, incluso dentro de su suite privada, habían sido captadas por los paparazzi y publicadas en internet.
Sin embargo, ese sitio web desapareció de repente como por arte de magia.
¿Qué había que ocultar?
Se aclaró la garganta.
—Carl, trae los platos y los cubiertos —dijo.
—¡Yo ayudaré a traerlos, Sr.
Shen!
También me muero de hambre —se ofreció Tim.
—¡Oye!
¿Quién dijo que podías comer?
¡Cómprate tu propio almuerzo, Timothy Cheng!
—le gritó Vince a Tim, pero su asistente simplemente lo ignoró.
Hailey no pudo reprimir una risita al ver a Vince actuar de forma tan infantil por la comida.
Sabía que solo era una broma, pero Vince se veía adorable.
—No te preocupes.
Ten, te he preparado fiambreras aparte.
Necesitas más verduras y, ¿recuerdas?
Tienes que evitar las comidas grasas.
Todos oyeron lo que Hailey le dijo a Vince.
Ahora todos eran testigos de cómo su novia cuidaba de Vince, algo que una verdadera esposa debería hacer.
Jake y Carl estaban más que dispuestos a darle una paliza a Vince por mostrar tanto afecto el uno por el otro delante de ellos.
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