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Su Novia Muda Es una Doctora Milagrosa - Capítulo 138

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138: Capítulo 138 138: Capítulo 138 Edwin tenía la piel pálida, lo que hacía que aquel corte sangriento en su cara pareciera aún más alarmante.

Ashley no pudo evitar alargar la mano y tocarlo con suavidad.

Los ojos de Edwin se desviaron hacia la cara de ella, todavía con un aura cortante y gélida que lo hacía parecer un poco aterrador.

—…

Me disculpo en nombre de Cassie —dijo ella en voz baja.

Edwin soltó un bufido sarcástico y las comisuras de sus labios se curvaron en una expresión indescifrable.

—Con razón es tu amiga —masculló.

Igual de imprudente y desubicada.

Probablemente malcriada por Liam.

Ese pequeño episodio con Cassie hizo que Ashley se calmara rápidamente.

Se mantuvo en silencio mientras Edwin la sacaba del bar sin esfuerzo.

Aparcado junto a la acera había un elegante coche negro, que a todas luces los estaba esperando.

Nathan Ford estaba de pie junto a la puerta.

Cuando vio a Edwin salir con Ashley en brazos, enarcó ligeramente las cejas con sorpresa.

Pero, sabiamente, se mantuvo en silencio y abrió la puerta trasera sin rechistar.

Edwin bajó a Ashley al asiento y cogió su abrigo con indiferencia.

—Espera en el coche —dijo él, con un tono cortante y seco.

Pensando que iba a volver para enfrentarse a Cassie, Ashley lo agarró del brazo y se aferró a él como un koala, negándose a soltarlo.

—¿A dónde vas?

La forma en que se aferró a él hizo que Edwin sonriera levemente, y el fuego de sus ojos se aplacó un poco.

—Me he dejado algo.

Pórtate bien y espera aquí —dijo él.

Ella lo miró, recelosa.

—¿De verdad no vas a por Cassie?

Edwin le alborotó el pelo, con un punto de impotencia.

—No.

¿Por qué lo haría?

Ese tipo de venganza la tenía planeada para Liam, no para Cassie.

Solo entonces lo soltó Ashley.

Observó cómo Edwin se daba la vuelta y volvía a entrar en el bar a grandes zancadas, desapareciendo entre la multitud.

—Vaya pegajosa —masculló una voz grave desde el asiento delantero.

Ashley levantó la vista.

Además de Nathan, había alguien más en el coche: Damian, sentado en el asiento del copiloto.

Ya irritada, Ashley alargó la mano y le dio un manotazo en la nuca sin previo aviso.

—¡¿Qué diablos?!

—Damian no se esperaba que ella fuera a pasar a la acción de esa manera y giró la cabeza bruscamente, con el ceño fruncido.

Ashley sonrió inocentemente.

—Creí haber visto un mosquito posarse en tu cabeza.

—Tú…

—empezó a decir Damian, pero Ashley lo interrumpió—.

¡Ajá!

¡Otro!

—Sonrió con picardía y levantó la mano como si fuera a darle otra vez.

Damian se encogió sin pensar, y el brusco tirón en su trasero herido le hizo soltar un quejido ahogado entre dientes.

Ashley notó algo raro.

Bajó la mirada y se fijó en el cojín sobre el que él estaba sentado.

Nathan Ford intervino rápidamente.

—Señora, tal vez debería dejarlo en paz.

Ya recibió veinte latigazos del señor King por faltarle al respeto.

Tiene la espalda y el trasero hechos un desastre.

—¡Cállate!

—ladró Damian, mientras el rubor le subía por el cuello—.

¡Fue decisión mía!

¡El señor King no lo hizo por ella!

Ashley parpadeó, sorprendida por un segundo.

Debió de ser aquella noche en que Edwin se emborrachó por completo…

Damian había intentado sobrepasarse con ella, y Edwin lo había detenido.

Ella había supuesto que estaba demasiado borracho para recordar nada de eso.

¿Estaba fingiendo en aquel entonces?

Dentro del bar.

Bradley King, claramente achispado, entró tambaleándose en el baño, con el teléfono pegado a la oreja.

—Hermano, ¡ese capullo de Edwin está intentando ganarse mi favor!

Sí, claro.

Como si fuera a tragarme su mierda.

Acaba de salir del Bar Soku con una tía.

Lo típico: un salido sin cerebro.

Pero en serio, ¿la tía?

Está que arde.

Cuerpo y cara, ambos de primera.

Aunque Edwin ya haya tenido su turno, estoy pensando que la pillemos después.

Tú y yo, ¿vale?

Su risa era obscena, del tipo que daba repelús.

Terminó la llamada, se subió la cremallera y se dio la vuelta para salir.

En el segundo en que abrió la puerta, un abrigo negro le cubrió la cabeza y una patada salvaje se estrelló contra su estómago, dejándolo tumbado en el suelo.

Bradley soltó un grito ahogado, pero el tipo no se detuvo: los puños caían con fuerza y rapidez, como un chaparrón de furia.

Cuando Edwin salió finalmente del bar, tenía las manos vacías y ya no llevaba su abrigo.

Ashley lo miró, confundida.

—¿No ibas solo a coger algo?

¿Dónde está?

Edwin se ajustó las mangas con calma y le lanzó una mirada perezosa.

—¿He dicho yo eso?

—…

Este hombre nunca seguía las reglas.

Ashley puso los ojos en blanco y decidió no molestarse en volver a preguntar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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