Su Novia Muda Es una Doctora Milagrosa - Capítulo 198
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198: Capítulo 198 Capítulo ciento noventa y ocho 198: Capítulo 198 Capítulo ciento noventa y ocho Todos se quedaron atónitos.
Incluso Amanda se levantó de su asiento, presa de la más pura incredulidad.
Pero lo que destelló en sus ojos no fue solo asombro, era otra cosa, algo más profundo.
Usar sangre en perfumería…
ya lo había visto antes.
Hacía años.
Otra mujer también lo había hecho.
A Amanda se le encogió el corazón, como si una mano invisible lo oprimiera.
Extrañamente, se descubrió a sí misma…
esperando con interés lo que vendría a continuación.
En aquel entonces, aquella misteriosa mujer le había mostrado algo milagroso.
—¿Pero qué demonios está haciendo?
¿Perfume con sangre?
Es una locura…
—¡Parece que se le acabaron los trucos y ha recurrido a un numerito para llamar la atención!
—¡Ni siquiera soporto el olor a sangre!
Los otros jueces empezaron a susurrar entre ellos, visiblemente asqueados.
Ni siquiera querían acercarse.
¿Mezclar sangre en un perfume?
Era simplemente repugnante.
Audrey ya había sacado el móvil, capturando con entusiasmo el desastre.
¡Ashley debía de haber perdido la cabeza si pensaba que eso la ayudaría a pasar de ronda!
Mientras tanto, Ashley se mantenía concentrada, ajena al ruido que la rodeaba.
Permanecía sola, firme y serena, aislándose de todo lo demás como si estuviera en su propio mundo; cada paso de su proceso era controlado y deliberado.
—Mi obra está terminada.
Ashley apartó con delicadeza sus herramientas, recogió el recipiente que contenía la fragancia terminada y se acercó a los jueces.
Todos, excepto Amanda, mostraban una clara expresión de repulsión.
Pero Amanda, como jueza principal, fue la primera en coger una tira olfativa y probar el perfume.
Los otros jueces dudaron, intercambiando miradas reacias, pero al final hicieron lo mismo.
Cuando el papel se agitó cerca de sus narices, aquel aroma frío e intenso los golpeó con fuerza, como una discreta explosión de sol invernal.
Barrió con todos los aromas anteriores, dejando tras de sí una sensación que era, de algún modo…, limpia, cálida y reconfortante.
Sus expresiones cambiaron al instante: asombro, admiración, fascinación.
Volvieron a mirar a Ashley, ya no con desprecio, sino con aprecio.
Amanda, sorprendentemente, se había calmado.
Ahora todo lo que sentía era una serena satisfacción.
Había confiado en la persona adecuada.
—Esta es, sin duda, la mejor fragancia que he olido en todo el día —anunció Amanda.
Las palabras resonaron como un trueno.
Audrey casi dejó caer el móvil, con cara de haber recibido una bofetada.
Imposible.
¿Acaso Amanda había perdido la cabeza?
Pero a su alrededor, los demás jueces asentían, claramente impresionados también.
¿Podía aquella mujer haber creado de verdad algo extraordinario usando su propia sangre?
Chloe Benson apretó los puños.
Por fin apareció una grieta en esa máscara perfecta y arrogante que siempre llevaba…
A Ashley no le sorprendió nada de aquello, ni los comentarios maliciosos de antes ni los repentinos elogios.
Nada parecía afectarla.
Permanecía allí, serena e imperturbable.
Esa elegancia discreta hizo que a Amanda le doliera el corazón; de repente se sintió abrumada por los recuerdos de una amable y desvanecida silueta del pasado.
A su pesar, se le llenaron los ojos de lágrimas…
Volviendo al presente, Amanda luchó por mantener la voz firme.
—¿Ashley, cuál es el nombre de esta fragancia?
Ashley respondió sin dudar un instante: —Sol Cálido.
Un juez no pudo contener la curiosidad y preguntó: —¿Ahora estamos en verano, así que, por qué crear una fragancia amaderada y fresca?
¿Puedes compartir qué inspiró esta fragancia?
Ashley hizo una pausa, su expresión se suavizó como si un recuerdo lejano hubiera aflorado.
Una suave sonrisa asomó a sus labios.
—Parte de la inspiración viene de mi madre.
No recuerdo mucho de ella…, pero recuerdo esas mañanas soleadas de invierno.
Se sentaba conmigo en el césped, sosteniéndome en sus brazos, tomando el sol y contándome historias.
Ese recuerdo…
es muy cálido.
Compartía la misma sangre que su madre.
Esa conexión —tan profunda, tan íntima— era quizás lo más cálido que corría por sus venas.
El cuerpo de Ashley era único, y tras años de inmersión herbal bajo la guía de su mentor, incluso su sangre portaba una tenue y relajante nota herbal.
Al mezclarse con la frescura del almizcle de nieve, transmitía una sensación parecida a la del sol en un frío día de invierno: no abrasador, solo una calidez suave y persistente.
Como alguien frío y distante que esconde la última pizca de ternura en su corazón y elige este momento para dejarla salir.
Justo como…
lo que sentía por parte de Edwin.
Aunque él no la amara, la calidez que le había mostrado una vez fue real.
—¿Y el resto de la inspiración?
—continuó el juez, visiblemente intrigado.
Los labios de Ashley se curvaron en una ligera sonrisa, y un encanto inexplicable brilló en sus ojos.
—Lo siento…, esa parte es un secreto.
…
Al final, Ashley pasó la ronda eliminatoria con la máxima puntuación.
Obtuvo la nota más alta de todos y cada uno de los jueces y se aseguró un puesto en la final, que se celebraría en tres días.
Los demás jueces ya se habían marchado del recinto, a excepción de Amanda, que se acercó a Ashley con una expresión sincera.
—Srta.
Sullivan, ¿podría quedarme con este frasco de «Sol Cálido» que ha creado?
Ashley negó suavemente con la cabeza.
—Lo siento…, ya tengo pensado dárselo a otra persona.
Amanda dejó escapar un ligero suspiro.
—Es justo, mi petición era un poco excesiva.
—Forzando una sonrisa, añadió—: Sabe, hace veinte años, también conocí a alguien que usaba su propia sangre en la perfumería…
Usted realmente me ha recordado a ella.
—Todavía la recuerda después de tanto tiempo…
¿Debió de significar mucho para usted?
—preguntó Ashley en voz baja.
—Si no fuera por ella, hoy no me dedicaría a esto —dijo Amanda, con tono nostálgico—.
Pero ni siquiera llegué a saber su nombre.
No pude agradecérselo como es debido.
Le di una bolsita perfumada que siempre llevaba conmigo…
como recuerdo.
Quizá, por azares del destino, nos volvamos a encontrar algún día.
La mirada de Ashley era sincera cuando respondió: —Estoy segura de que así será.
Entonces la expresión de Amanda se endureció, como si recordara algo importante.
—Y no se preocupe, me aseguraré de que el incidente del soborno de Audrey al Campanero para incriminarla se investigue a fondo.
Ashley asintió, su confianza inquebrantable.
—Esperaré sus noticias.
No muy lejos, escondida tras una esquina de la pared, Audrey había presenciado toda la conversación.
Sus dedos se clavaron en la pared; apretó la mandíbula con rabia.
Había pensado que Ashley estaría acabada después de esta ronda.
En lugar de eso, la humillada había sido ella, y esa zorra había quedado en primer lugar, ¡y usando sangre, nada menos!
Aun así, no todo estaba perdido.
Con un brillo siniestro en los ojos, Audrey se escabulló de la sala de perfumería a un lugar apartado e hizo una llamada en voz baja a Edward Sullivan.
—Papá, ¿no tenía Grace una vieja bolsita perfumada que guardaba siempre?
Ayúdame a encontrarla…
Sí, la necesito ahora.
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