Su Novia Muda Es una Doctora Milagrosa - Capítulo 211
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211: Capítulo 211 211: Capítulo 211 Audrey no tenía idea de qué había dicho mal, pero justo después de hablar, vio claramente a George Manning y a algunos otros jueces fruncir el ceño.
Incluso Amanda, que parecía tan impresionada hacía un segundo, ahora se mostraba un poco menos entusiasmada.
A Audrey le dio un vuelco el corazón.
¿Qué acababa de pasar?
¿De verdad su respuesta había sido tan desacertada?
Pero su mentor lo había revisado todo; habían confirmado que el aroma combinaba a la perfección la esencia de las cuatro estaciones…
—Si no hay más problemas, pasemos a la puntuación —dijo Amanda.
Los jueces empezaron a mostrar sus puntuaciones.
—¡9,9, 9,9, 9,9…!
¡Incluso la notoriamente estricta Amanda le ha dado un 9,7!
—la voz del presentador subía de tono con emoción, hasta que sus ojos se posaron en otra cifra y se detuvo, ligeramente sorprendido—.
¡El juez George Manning ha dado un 9!
¡Sigue siendo una puntuación muy impresionante!
¡Felicitemos a la señorita Audrey!
Los periodistas del público ya estaban agitados.
Ni siquiera la excampeona, Chloe Benson, había obtenido una puntuación tan alta.
Audrey era prácticamente la ganadora segura.
Pero Audrey no se sentía para nada victoriosa.
Se agarró con fuerza al dobladillo de su traje, sintiendo cómo la invadía una oleada de frustración.
Esto no era lo que ella buscaba.
No solo quería puntuaciones altas, quería la perfección.
Un 10 perfecto.
Quería dejarlos a todos boquiabiertos.
Quería hacerse un nombre, al instante.
Y realmente creía que esta obra, en la que tanto había trabajado, se lo merecía.
Entonces, ¿qué había salido mal?
El 9,7 de Amanda…
bueno, quizá intentaba mantenerse neutral.
Pero que George Manning le diera solo un 9…
¿a qué se debía?
No podía aceptarlo.
Apartó de un empujón al presentador que se acercó para guiarla fuera del escenario, marchó directa hacia la mesa de los jueces y clavó la mirada en George.
—Señor Manning, ¿por qué solo me ha dado un nueve?
George le lanzó una mirada fría, de esas que se le dedican a alguien que está montando un berrinche; la hizo parecer una niña malcriada.
Al darse cuenta de que estaba perdiendo el control, Audrey respiró hondo e intentó contenerse.
Su voz se suavizó.
—Lo siento, señor Manning.
Ha sido mi mejor esfuerzo…
Sinceramente, pensaba que era perfecto.
—El aroma es impecable —dijo George, con tono afilado y mirada cortante—.
Pero el verdadero problema aquí…
eres tú.
Audrey se estremeció ante su mirada y, por instinto, retrocedió un paso.
La punzada de sus palabras la golpeó con fuerza, y una mezcla de confusión y frustración le ardió en el pecho.
—¿Qué quiere decir con eso, señor Manning?
—Su arrebato volvió el ambiente tenso e incómodo.
La tensión en la sala era tan densa que se podía cortar con un cuchillo.
¿Pero los periodistas?
Se les iluminó la cara como árboles de Navidad: ¡este era el jugoso drama que generaba clics!
Amanda frunció el ceño, en un claro intento de rebajar la tensión.
—Audrey…
Pero George Manning no estaba por la labor.
—Ya que lo preguntas, aclaremos las cosas —dijo, poniéndose en pie.
Su presencia se volvió abrumadora al instante mientras clavaba la mirada en Audrey—.
Dijiste que esta fórmula te llevó más de medio año, que nació de la inspiración de las cuatro estaciones.
Pero ahora apenas es principios de otoño.
Desde que empezaste hasta ahora, solo han pasado tres estaciones.
Entonces…
¿de dónde salen tus «Cuatro Estaciones»?
Audrey se quedó desconcertada por un momento, pero intentó recuperarse rápidamente.
—…Me he expresado mal.
La idea de «Cuatro Estaciones» llevaba mucho tiempo en mi cabeza…
George la interrumpió con una risa cortante.
—Te has equivocado con las fechas, vale, pero tu concepto debería estar claro, ¿no?
Afirmaste que este perfume pretendía sacar a la gente del caos urbano y reconectarla con la naturaleza real, ¿verdad?
Tenía las palmas de las manos húmedas de sudor.
—…Sí.
—Pues no es eso lo que yo he percibido —dijo George sin rodeos.
Cogió la tira olfativa y volvió a inhalar; esta vez, su tono se suavizó ligeramente, con un atisbo de melancolía—.
Este aroma…
habla de soledad.
No se proyecta hacia el exterior, es introspectivo.
Se siente más como un alma vagando sola a través de las estaciones.
¿La diferencia entre la primavera y el invierno?
Ya no le importa.
Los otros jueces asintieron en silencio.
Ese hilo de soledad que iba de las notas de salida a las de fondo era el alma de la fragancia.
Ni siquiera Amanda tuvo nada que decir en defensa de Audrey.
Bajó la vista hacia la fórmula que tenía en la mano y empezó a tener sus propias dudas.
Técnicamente, era impecable.
Pero si de verdad lo había hecho Audrey…, ¿no debería contener más de ella?
El estado de ánimo del perfumista siempre se impregna en el aroma.
Aquello…
aquello simplemente no cuadraba.
Amanda volvió a mirar el papel, vacilante.
¿De verdad había creado Audrey este perfume?
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