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Su Novia Muda Es una Doctora Milagrosa - Capítulo 214

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214: Capítulo 214 214: Capítulo 214 Cuando Ashley pronunció el nombre de Grace, fue como si hubiera soltado una bomba en una habitación silenciosa; las ondas expansivas se extendieron al instante entre la multitud.

De todas las personas, Amanda parecía la más atónita.

Ni siquiera tuvo fuerzas para levantarse; se limitó a mirar fijamente a Ashley, completamente conmocionada.

Ashley estaba allí de pie, con su esbelta figura, serena y dueña de sí misma.

En ese instante, Amanda juraría haber visto la sombra de alguien de hacía veinte años.

Esa misma aura.

Inconfundible.

Ashley giró lentamente la cabeza y clavó su mirada en la de Amanda.

No dijo nada, pero solo con la mirada pareció viajar a través de dos décadas, cargada de intención, clavándose directamente en el corazón de Amanda.

A Amanda se le llenaron los ojos de lágrimas al instante.

Por un segundo, sintió que volvía a ser aquella joven que alzaba la vista hacia su ídolo con algo parecido a la veneración.

Los periodistas se quedaron paralizados un instante antes de reaccionar y abalanzarse sobre el escenario.

—Srta.

Sullivan, ¿está diciendo que Grace es su madre biológica?

¿Pero no se creía que Audrey era su única hija?

—Entonces, ¿cuál de las dos dice la verdad?

Ashley apartó la mirada de Amanda y la fijó con frialdad en Audrey.

—Lo falso siempre será falso.

Llevas años viviendo de mi nombre, Audrey.

Es hora de que pagues, y lo pagarás todo.

Audrey permanecía rígida en su asiento, pálida como el papel.

Hacía todo lo posible por no perder los estribos por completo.

La verdad era que su ascenso en la industria de las fragancias tenía muy poco que ver con el talento.

Ser conocida como la hija de Grace le abrió todas las puertas adecuadas.

La mayoría de sus mentores solo aceptaron enseñarle gracias a ese título.

Se clavó las uñas en las palmas con tanta fuerza que una incluso se rompió.

Había luchado con uñas y dientes para llegar a la cima; no había forma de que permitiera que Ashley lo destruyera todo.

Audrey se levantó, temblando de pies a cabeza bajo el aluvión de flashes y micrófonos.

Su rostro, desprovisto de color, se contrajo en una expresión de desolación e incredulidad que la hacía parecer digna de lástima.

—¿Cómo has podido caer tan bajo, Ashley?

—Sus dedos temblaban mientras la señalaba—.

Desde que volviste, me lo has quitado todo, ¡todo!

¡Incluso te di mis acciones de la empresa!

¡¿Y ahora también intentas robarme a mi madre?!

Los periodistas más importantes estaban todos allí, y esta ronda final se retransmitía en directo.

No podía permitirse quedar en ridículo, y menos de esa manera.

Grace llevaba mucho tiempo desaparecida, había perdido la cabeza y ya no era capaz de defender a nadie.

Mientras Audrey se aferrara a su versión, Ashley no podría demostrar nada.

En el escenario, la expresión de Ashley se ensombreció aún más.

Su gélida mirada hacia Audrey era tan afilada que parecía capaz de congelarla en el sitio.

Audrey captó cada detalle de la reacción de Ashley, y la frustración que le oprimía el pecho finalmente se disipó.

Lo sabía: Grace siempre había sido el talón de Aquiles de Ashley.

Audrey levantó ligeramente la barbilla y alzó la voz, con un tono que era a la vez de enfado y de desolación.

—Ashley, está bien que me odies…, pero ¿cómo has podido meter a mi madre en esto?

Si de verdad fueras su hija, ¿por qué esperar a que ya no esté para decir algo?

¿Cómo puedes perturbar así la paz de una difunta?

En su época de esplendor, para Grace las apariencias lo eran todo.

No importaba cuándo ni dónde apareciera, siempre estaba impecable, deslumbrante hasta el punto de inspirar admiración.

Era imposible que quisiera que alguien la viera en su estado actual, destrozada.

Preferiría seguir desaparecida antes que ser expuesta de esa manera.

Y Ashley, siendo su verdadera hija y, a todas luces, alguien que se preocupaba profundamente por ella, nunca habría permitido que volviera a estar bajo el foco de los medios de esa forma.

Tal y como Audrey había predicho, Ashley no dijo nada.

Inclinó ligeramente la cabeza y su flequillo desordenado le cubrió la mayor parte del rostro, ocultando su expresión…
——
Dentro de un elegante y exclusivo salón privado, unos cuantos hombres vestidos de punta en blanco y con auras imponentes estaban recostados en el sofá, con todos los ojos fijos en la pantalla del televisor.

La ronda final del concurso de fragancias se estaba retransmitiendo en directo.

En la pantalla aparecía Ashley, con un aspecto pequeño y vulnerable bajo el aluvión de flashes.

Los periodistas prácticamente le metían los micrófonos en la cara, lanzándole preguntas más afiladas que cuchillos.

—Ashley, ¿afirmas que eres la hija de Grace solo ahora porque está muerta y no puede negarlo?

—¿Tienes alguna prueba real de que de verdad eres su hija?

…
—¡Maldita sea!

—Clarence estaba a punto de estallar, con los puños apretados y las venas marcadas—.

¿Quién les ha dado a estos payasos el valor de acorralar a mi cuñada de esta manera?

¿Creen que no tiene a nadie que la respalde?

En medio de su diatriba, agarró las llaves del coche, dispuesto a salir de allí como una furia.

Pero antes de que pudiera siquiera ponerse bien de pie, su hermano mayor, Elliott Reed, estiró una pierna y, con toda calma, lo empujó de una patada de vuelta al sofá.

—Tranquilo —dijo Elliott con pereza, lanzando una mirada de reojo a la figura sombría del rincón—.

Si el rey no se apresura a intervenir, ¿por qué te alteras tanto?

Por supuesto, el «rey» al que se refería era Edwin.

Aquella figura alta y refinada estaba sentada en silencio en la penumbra, con el rostro oculto en su mayor parte por las sombras y su afilada mandíbula perfectamente enmarcada por el resplandor de la pantalla.

Edwin no había dicho ni una palabra, pero sus ojos —oscuros como la medianoche e igual de profundos— habían estado pegados a la pantalla todo el tiempo.

Estaba esperando.

Esperando a que su pequeña y astuta zorra dejara de hacerse la buena y sacara las garras.

Y, en efecto, en la pantalla, Ashley levantó la vista lentamente.

Su rostro —sereno, delicado, etéreo— no mostraba rastro de miedo.

Incluso una leve sonrisa asomaba a sus labios.

Pero el frío que irradiaba era tan agudo que parecía atravesar la pantalla.

—¿Quién ha dicho que Grace está muerta?

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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