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Su oscura obsesión - Capítulo 6

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6: Chapter 6 Opuesto 6: Chapter 6 Opuesto “¿Estás buscando problemas, Lord Damian?” Ernesto sentía que su paciencia estaba al borde del colapso…
“Qué raro, yo debería estar preguntando eso.” Lord Damian se sacó un cigarrillo sin apuro mientras Adrian, rápido como siempre, sacaba el encendedor para prenderlo.

“Ustedes solo son tres… Nosotros los superamos en número.

No van a salir ilesos de aquí…” El comisionado Miguel sonrió con arrogancia…

Damian, sin saberlo, había caído justo en su emboscada, y claramente no tenían intención de desaprovechar la oportunidad.

Dio una calada al cigarro con total tranquilidad, esbozando una sonrisa perezosa…

Se notaba a kilómetros que sus amenazas le valían un comino…
“Deja de hacerte el rudo, Damian…

Te tenemos rodeado y no hay forma de escapar…” Cecil interrumpió con una sonrisita engreída pintada en los labios…

Los hombres ya les apuntaban con las armas a Damian y los dos tipos que lo acompañaban, seguros de que no había traído refuerzos, a pesar de saber que podía ser emboscado.

Un gesto de desconcierto cruzó sus rostros cuando, de repente, Damian tiró el cigarro al suelo y soltó una carcajada que les heló los huesos sin siquiera entender por qué…

“¿Quién dijo que solo somos tres?” Damian tronó los dedos con una sonrisa de oreja a oreja, y antes de que pudieran procesarlo, los guardias escondidos en los pisos superiores y entre las sombras salieron al descubierto y abrieron fuego contra todos los hombres armados en el salón, dejando vivos únicamente a los VIPs.

Cecil se agachó al instante y cubrió sus oídos con las manos…

Los demás intentaron huir, pero les dispararon directo a las rodillas, dejándolos tirados sin poder moverse…

Empapados en sudor, el miedo empezó a apoderarse de sus corazones…

Jamás imaginaron que Damian estaría un paso adelante del plan para robarle la mercancía…

Fueron arrastrados por los hombres de negro mientras Damian los contemplaba con una sonrisa celestial en el rostro…

“Prueben algo más entretenido la próxima vez que quieran jugar conmigo.

Así tal vez ni tenga que poner fin a sus patéticas existencias…

qué aburrido…” Comentó Damian, claramente refiriéndose a los guardias que acababan de ser eliminados.

Madame Cecil corrió de inmediato hacia él y se tiró de rodillas, aferrándose a sus pies con desesperación…

Se había quedado pálida como una hoja, con el rostro desencajado por el miedo de terminar muerta a manos de Damian…

“¡Lo juro, yo no tuve nada que ver con esto!

¡Fue idea del comisionado Miguel!

¡Él los convenció a todos!” Soltó todo de una sola vez y los demás decidieron seguirle el juego, echándole toda la culpa a Miguel sin pensarlo…

“¡Sí!

¡Sí!

¡Es verdad lo que dice!

¡Todo fue idea del comisionado Miguel!” agregó Ernesto con un quejido por el disparo en su pierna…

En ese momento se arrepintió profundamente de haberse atrevido a enfrentarse a Damian…

“¡No intenten cargarme el muerto, malditos cobardes!” Gritó Miguel lleno de rabia…

Todos estaban metidos en el plan, pero cuando las cosas se torcieron, decidieron salvarse la piel chingándose al más conveniente…

Miguel los miraba con furia, pero se mantenía impasible, sin mostrar temor…

“¿Qué?

¡Es la verdad!

Tú querías quedarte con todo el cargamento, no nosotros…” agregó otro de los clientes VIP, mientras Damian los observaba como si la cosa le divirtiera…

Jamás pensó que estos vejestorios iban a traicionarse entre ellos sin resistirse…

“Ya sé cuánto te gustaría volarme la cabeza, Miguel…

Créeme, el sentimiento es mutuo.

Pero lamentablemente no tengo ganas de ensuciarme las manos contigo…” Damian se refería claramente a lo poco que le interesaba encargarse él mismo de esos traidores…

Sus hombres del bajo mundo se encargarían de limpiarlos del mapa…

“Por favor, yo no hice nada…

¡Pueden quedarse con todo mi dinero!

¡Ya no quiero la mercancía!” Madame comenzó a suplicar al ver cómo los hombres se acercaban… señalando los maletines ensangrentados que antes custodiaba su guardia…
En este tipo de negocios, solo se maneja efectivo para evitar rastreos…
“¡Llévense el mío también!

Considérenlo un recuerdito…” Ernesto soltó una risita nerviosa, pero Damian solo lo miró en silencio…
“Gracias por los regalitos, pero lamentablemente ustedes ya no sirven…” Damian se levantó con calma y sus hombres de inmediato supieron qué hacer… les pusieron bolsas en la cabeza a los VIPs y los arrastraron fuera, dejando solo al comisionado…
“¿En qué estábamos, comisionado?” Damian sacó su Glock 17 personalizada, hecha de oro macizo…

“Jamás voy a doblarme ante ti, Damian… Puedes matarme si quieres…” masculló Miguel, aunque el sudor le chorreaba por la espalda…
“No te estreses…

No tengo pensado matarte, amor…” Damian se frotó la barbilla como si estuviera dándole vueltas al asunto antes de chasquear los dedos.

“Ya sé qué hacer contigo, querido amigo…” Apuntó sin apuro a su frente.

Miguel cerró los ojos, esperando su final, pero Damian tenía otros planes.

De repente, disparó y le voló la oreja.

El grito fue desgarrador…
“Eso será para que no se te olvide quién manda, Miguel…” Fue lo último que dijo antes de encaminarse hacia la salida…
Sus hombres se encargarían también del final de Miguel y por supuesto de traerle el dinerito…

Gracias a su intento fallido, se embolsó 800 millones de dólares sin levantar un dedo…

Después de lidiar con esos ancianos traicioneros, su humor mejoró bastante…

TRES DÍAS DESPUÉS…

Samantha apenas podía mover una extremidad después de estar tres días enteros sin probar bocado…

El hambre que tenía era desesperante y el frío del suelo no ayudaba para nada… dentro de ese cuarto apenas y había algo que le diera calor…
Aunque tenía los párpados pesados y el cuerpo molido, ni siquiera lograba dormir en paz…

Forzó los ojos para abrirlos cuando escuchó el crujido de la puerta… alguien estaba entrando, pero estaba tan débil que ni fuerzas tenía para levantar la cabeza…

“¡Sáquenla!” reconoció la voz enseguida, y en un segundo las criadas la arrastraron del suelo…

La llevaron al cuarto donde ya la habían llevado antes, le arrancaron la ropa sin miramientos y la aventaron a la tina…

Samantha sintió cómo los músculos tensos de su cuerpo por fin se relajaban al estar sumergida en agua tibia, y por primera vez se sintió agradecida con la mujer odiosa…

“Asegúrense de dejarla como nueva, o Lord Damian las sacará a patadas a todas!” les repitió la ama de llaves mientras vigilaba que le tallaran a conciencia, especialmente las partes íntimas…

Samantha ya no tenía ni ganas ni fuerzas para resistirse así que simplemente se dejó hacer…

Después de estar un buen rato remojándose, empezó a sentirse más viva, hasta se le colorearon las mejillas gracias al calor del agua…

Salió de la tina con ayuda y la ama de llaves eligió para ella un vestido blanco con flores…

Le pusieron el vestido con cuidado, la sentaron frente al espejo del tocador y le peinaron el cabello con delicadeza, terminando en una coleta sencilla…

Cuando terminaron, todas esperaban que la ama de llaves dijera algo, mientras observaban a la mujer casi sin vida sentada allí…
“Ven conmigo…” ordenó con brusquedad mientras se daba la vuelta, y las criadas se pusieron al lado de Samantha…

Sin más opción, Samantha se puso de pie y la siguió a tropezones…

Entraron al elevador juntas y bajaron al primer piso, donde estaba la sala y la cocina…

La ama de llaves la llevó directo al comedor sin siquiera dirigirle una mirada…

“Siéntate…” ordenó, y Samantha se dejó caer en la silla enseguida…

El hambre era más fuerte que cualquier conversación.

La mujer aplaudió y los sirvientes se pusieron en marcha rápidamente trayendo bandejas llenas de distintas opciones de desayuno…

Samantha no podía dejar de babear al ver tanto manjar frente a ella…

Y apenas la mujer y las criadas la dejaron sola, se lanzó sobre la comida sin pensarlo…

Después de tanto tiempo, por fin algo en su estómago…

Comía como si no hubiera un mañana, ni se le cruzaba por la cabeza si tenía veneno o no…

En ese momento lo único que importaba era lo delicioso del banquete frente a ella…

los problemas podían esperar un rato…
Tomó un sorbo de jugo de naranja y siguió comiendo como poseída…

Se llevaba pedazos de comida a la boca sin preocuparse por las etiquetas o modales…

Deseaba poder agradecerle personalmente al chef que había cocinado semejante desayuno…
Las pancakes eran otro nivel, como nada que hubiera probado en su vida…

“Hmmm…” murmuró de placer, olvidando por un momento todo lo malo…

Samantha estaba tan metida devorando todo lo que tenía enfrente que ni se dio cuenta de que alguien la observaba con una expresión extrañísima…

“¿Y tú quién demonios eres?”

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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