¡Su redención! - Capítulo 120
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- Capítulo 120 - 120 CAPÍTULO 120 El descubrimiento de Rachel
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120: CAPÍTULO 120: El descubrimiento de Rachel 120: CAPÍTULO 120: El descubrimiento de Rachel Rachel estaba sentada en una mesita en la esquina de su cafetería favorita; sus dedos recorrían distraídamente el borde de la taza de café.
El aroma cálido y acogedor del café recién hecho la envolvía, pero no se sentía para nada reconfortada.
Miró por la ventana, observando el mundo pasar, con la mente absorta en la creciente inquietud que le provocaba Amanda.
Últimamente, Amanda se había estado comportando de forma extraña: su actitud, antes cálida y abierta, ahora parecía empañada por un hermetismo absoluto.
Cancelaba planes en el último momento, evitaba ciertos temas de conversación y parecía tener siempre una excusa lista para su comportamiento, lo que tenía a Rachel en vilo.
Era como si Amanda ocultara algo, y Rachel no podía quitarse de la cabeza la sensación de que era algo grave.
Le dio un sorbo a su café, pero el amargor apenas consiguió distraerla del nudo de ansiedad que se le apretaba en el estómago.
Serafina confiaba en Amanda por completo, y Rachel odiaba la idea de interponerse entre ellas.
Pero no podía ignorar el instinto que le decía que algo no andaba bien.
—Quizá solo estoy exagerando —murmuró para sus adentros.
Pero, en el fondo, sabía que no era así.
Su mente regresó a la última conversación que había tenido con Amanda.
La forma en que Amanda había restado importancia a sus preguntas sobre los últimos acontecimientos, su mirada desviándose un instante más de la cuenta…
todo encajaba de una manera que incomodaba a Rachel.
Mientras estaba allí sentada, no podía quitarse de la cabeza el recuerdo de Amanda susurrándole algo a un hombre en una fiesta unas noches atrás.
Rachel no había entendido todas las palabras, pero el tono había sonado conspirador, cargado de urgencia.
Había querido preguntarle a Amanda al respecto, pero la idea de que la tacharan de paranoica la hizo guardar silencio.
Rachel sacó el móvil y repasó los mensajes que se había enviado con Serafina.
Suspiró, sintiendo una mezcla de frustración e impotencia.
Ojalá Serafina pudiera ver lo que ella veía.
Pero cada vez que sacaba a relucir sus preocupaciones, Serafina les restaba importancia, insistiendo en que Amanda solo velaba por sus intereses.
De vuelta en su mesa de la cafetería, la mente de Rachel iba a mil por hora mientras recordaba las últimas semanas, centrándose en los momentos que habían despertado sus sospechas sobre Amanda.
Todo había empezado de forma bastante inocente: planes que Amanda hacía y luego cancelaba en el último momento.
Sin ir más lejos, la semana pasada habían quedado para cenar, pero de repente Amanda dijo que tenía que trabajar hasta tarde.
En otra ocasión, canceló un brunch por una inesperada «emergencia familiar».
Era de risa.
Cada excusa parecía una pequeña señal de alarma, pero Rachel había intentado descartarlas como una mera coincidencia.
Luego estaban los momentos en los que Amanda parecía demasiado ansiosa por estar cerca de Serafina.
Daba la sensación de que se esforzaba demasiado por mantener la confianza de su hermana.
Amanda se reía con demasiada fuerza de las bromas de Serafina o insistía en acompañarlas en sus salidas, con una mirada que brillaba con una intensidad que incomodaba a Rachel.
Era como si Amanda se desviviera por mantener a Serafina cerca, mientras desviaba sutilmente sus conversaciones de cualquier tema serio.
Los pensamientos de Rachel se centraron en un incidente concreto que la había inquietado.
Una tarde, mientras visitaba a Serafina, había oído por casualidad una conversación que le revolvió el estómago.
Amanda estaba hablando por teléfono en otra habitación, con voz baja y conspiradora.
Rachel había aguzado el oído para enterarse de los detalles, pero recordaba fragmentos que hicieron saltar todas las alarmas en su cabeza: «…confía en mí», «…todo saldrá bien» y «solo asegúrate de que no se entere».
La conversación fue demasiado breve para entenderla del todo, pero bastó para dejar a Rachel intranquila.
Tras echar un vistazo a la cafetería, Rachel se armó de valor para la confrontación que sabía que debía tener con Amanda.
Era hora de indagar más a fondo.
Decidida a descubrir la verdad, Rachel pasó los días siguientes reuniendo meticulosamente pruebas contra Amanda.
Sabía que tenía que ser cuidadosa; cualquier acusación directa podría abrir una brecha entre ella y Serafina, y eso era lo último que quería.
Así pues, decidió abordar la investigación con sutileza.
Primero, Rachel volvió a leer sus mensajes con Serafina y Amanda, repasando sus conversaciones pasadas.
Abrió su chat con Serafina, buscando cualquier cosa que le resultara extraña.
Mientras leía los mensajes, se fijó en los comentarios de Amanda que sonaban extrañamente defensivos o displicentes, sobre todo cuando Serafina expresaba preocupación o entusiasmo por el futuro.
Rachel anotó las interacciones más alarmantes, con el corazón acelerándosele a cada descubrimiento.
A continuación, Rachel contactó a algunos amigos en común, conocidos con los que Amanda había pasado tiempo.
Formuló sus preguntas como si solo quisiera ponerse al día, preguntando de manera casual si habían notado algo raro en el comportamiento de Amanda últimamente.
Para su sorpresa, algunos admitieron sentir la misma inquietud.
Un amigo le contó que Amanda parecía distante últimamente, que esquivaba las preguntas sobre su vida y se había vuelto extrañamente reservada.
Otro mencionó que Amanda se había marchado bruscamente de una reunión tras recibir una llamada, con una actitud notablemente tensa.
Armada con esta nueva información, Rachel sintió que sus instintos se confirmaban.
Cada revelación añadía una pieza más al puzle que se formaba en su mente, y que dibujaba a Amanda como alguien con una agenda oculta.
Rachel sintió una oleada de frustración al leer aquellas conversaciones.
¿Cómo era posible que Serafina no lo viera?
Cada comportamiento de Amanda parecía calculado, minimizando los sentimientos de Serafina mientras mantenía intacta su propia autoridad.
Era indignante pensar que su mejor amiga estuviera tan cegada por el encanto de su hermana que no pudiera reconocer los hilos de la manipulación que movían justo delante de ella, incluso después de haberla traicionado en el pasado.
Con cada mensaje que leía, la rabia de Rachel iba en aumento.
Se imaginó confrontando a Serafina y diciéndole: «No quiero llamarte estúpida, ¡pero está claro que lo eres!
¿No ves lo que está pasando?
¡Amanda está manipulándolo todo a tu alrededor!».
Le resultaba insoportable que Serafina no se diera cuenta de la manipulación que se desarrollaba ante sus propias narices.
Por último, Rachel se tomó un tiempo para reflexionar sobre sucesos extraños que no encajaban en los últimos meses.
Recordó la vez que Amanda había insistido en acompañar a Serafina a una reunión importante, mostrándose demasiado protectora, casi posesiva, con el tiempo que pasaban juntas.
En su momento, Rachel lo había atribuido a amor de hermanas, pero ahora sentía que Amanda estaba controlando el relato de Serafina.
Rachel sintió una mezcla de determinación y ansiedad al concertar una cita con Amanda para el día siguiente.
Con la excusa de querer ponerse al día, le escribió un mensaje a Amanda sugiriéndole que se vieran en su cafetería de siempre.
«¡Un plan de chicas!», escribió, intentando sonar despreocupada, pero el corazón se le aceleró al pensar en confrontar a Amanda por su inquietante comportamiento.
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