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Suerte y perseverancia - Capítulo 812

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  3. Capítulo 812 - 812 Mundo Shinobi - Señores de la guerra - 476
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812: Mundo Shinobi – Señores de la guerra – 476 812: Mundo Shinobi – Señores de la guerra – 476 Por la tarde Kain manejaba su todo terreno por las calles de ciudad Tengu mientras veía al fondo de la calle la enorme construcción circular.

El estadio de ciudad Tengu y uno de los proyectos más grandes que tenía Kain hasta el momento.

Sería el primer ladrillo para construir algo que cambiaría todo el sistema shinobi y como lo percibía el mundo.

Sin embargo, hoy tenía otro significado.

Por detrás del vehículo de Kain venían los otros vehículos transportando a los kages.

Además, del daimio de la nación del Rayo y Yoruichi.

Por la naturaleza del evento en el estadio, los daimios y sus familiares no fueron invitados.

A su vez, ellos entendían que era un evento íntimo y solo los calificados debían participar.

Solo la princesa de la nación del Rayo insistió en mirar lo que pasaba y su padre la acompañó.

Kain condujo al interior del estadio y se estaciono cerca de la entrada.

El resto de los vehículos lo siguieron y se estacionaron a sus lados.

Kain encendió un habano, los espero y una vez que se bajaron los kages, el daimio y su hija, los condujo al interior del estadio.

Ellos llegaron a un vestíbulo con ascensores.

El piso era de cerámica gris y las paredes blancas.

Todos caminaron a los ascensores, los llamaron y se subieron.

Ellos llegaron al último piso y avanzaron por un largo pasillo a lo que era un palco alfombrado de rojo con sillones.

El lugar era amplio y ostentoso.

Cerca de la baranda había largas mesas con todo tipo de licores, jugos y bocadillos.

Los asistentes a los lados del palco estaban con una actitud seria y cordial.

Kain se fue a sentar al asiento principal, el más grande y ostentoso de todos.

Casi parecía un trono tapizado de terciopelo rojo.

Había otros asientos a sus lados, pero solo era para sus familiares.

Dentro del grupo estaba Kokoro y Jin (Raikage), pero en estos momento ellos venían escoltado a los kages y a su daimio respectivamente.

Los asistentes se acercaron a Kain y al resto para preguntarles si querían algo.

Al mismo tiempo, en la zona central del estadio, había un cuadrilátero de piedra con un totem en cada esquina.

En el centro del cuadrilátero había dos personas sentadas en seiza con una katana por delante de ellos.

Ambos de cabello gris.

Uno era Mari Hatake de cabello corto y rizado.

El otro era Sakumo Hatake, hijo de Mari y próximo líder del estilo Hatake, claro, si podía vencer a su madre.

Sakumo tenía dieciocho años y su madre tenía más de cuarenta.

—Kain— dijo Gengetsu, el kage con el cabello rubio peinado hacia atrás.

Todavía utilizaba esos delgados mostachos.

Él estaba sentado a la izquierda de Kain junto a Shamon.

Del lado derecho estaba Onoki y Hiruzen.

En el centro Jin, el daimio y la princesa.

Kokoro estaba en la parte más alta del palco vigilando como un águila los movimientos de los kages.

—¿Sí?— preguntó Kain —¿Qué tiene de especial esto?— Kain sonrió y le dijo —tú tranquilo y observa, te vas a llevar una grata sorpresa.

Para los próximos exámenes chunin vas a querer traer a la mayor cantidad posible de shinobis, será un gran momento de aprendizaje para ellos.

Esta es una promesa para todos— Los kages y el daimio quedaron mirando a Kain, como siempre, no entendían sus promesas, pero seguro sería algo grandioso.

Solo Yoruichi sonreía, le gustaba el misterio que rondaba alrededor de Kain y todo lo que hacía.

—Guardián— dijo Kain La entidad luminosa con la silueta femenina apareció levitando en al aire.

Todos la miraron, pero por la dirección de su rostro, podían decir que solo miraba a Kain.

—Trasmite mi voz a Mari y Sakumo— continuo Kain —Procesando solicitud.

Trasmisión de voz completada— dijo Guardian con voz femenina y metálica Kain asintió, miró al cuadrilátero y dijo —pueden comenzar cuando gusten, está todo preparado— Sakumo y Mari abrieron sus ojos, ambos estiraron su mano para tomar la katana que había por delante de ellos.

Ellos recogieron la katana con la mano izquierda, se pusieron de pie y miraron al balcón.

Sakumo y Mari miraron a Kain, hicieron una pronunciada reverencia y Kain la respondió con un asentimiento.

Sakumo y Mari se giraron y miraron el uno al otro.

Ellos se saludaron con una profunda reverencia y se pusieron en posición de iai.

Todos pudieron ver como el totem en cada esquina comenzaba a levitar y se formaba un enorme cubo de energía celeste semi trasparente alrededor del cuadrilátero.

Los kages, el daimio y la princesa de la nación del Rayo se pusieron de pie.

Al instante siguiente, en cada lado del palco apareció la imagen del rostro de cada uno.

Mari Hatake se veía mayor por las patas de gallo que aparecieron en la comisura de sus ojos, pero el resto de su rostro se veía firme, terso y estilizado, sobre todo su mandíbula.

Por otro lado, Sakumo se veía más joven de lo que parecía, como si tuviera la misma o menos edad que Kain.

Al lado de la imagen de Sakumo y Mari Hatake había barra verde con un indicador en número que decía cien.

En el cuadrilátero, Mari y Sakumo soltaron gritos de batalla, se lanzaron contra el otro y en un rápido intercambio, sonó el tañido del impacto de las katanas.

Ambos terminaron en la posición contraria.

Kain se levantó del trono rojo y camino hacia la mesa donde estaban los bocadillos y los licores.

Un asistente se acercó y le preguntó algo, Kain le respondió y el asistente se movió lo más rápido que pudo, pero sin correr, para cumplir la solicitud de Kain.

Por otro lado, Kain señalo a la imagen de Sakumo y señalo que la barra verde al lado de la imagen había disminuido —como pueden ver, la barra de Sakumo bajo y ahora el número que está debajo de la barra ya no es 100, sino 90— dijo.

Los kages de las cinco naciones, el daimio y la princesa de la nación del Rayo se acercaron y rodearon Kain mientras miraban la imagen.

Kain continuo —eso indica el nivel de vitalidad que le hubiera quedado en un combate real.

Sin embargo, gracias a los totem y el sistema de sellado que invente, ellos no sangran y el dolor de la herida se ha disminuido al cincuenta por ciento— Onoki y Gengetsu fruncieron el ceño de inmediato.

Hiruzen se agarró la barba de chivo y se comenzó a preguntar por las posibilidades que entregaría este tipo de tecnología.

Jin estaba de brazos cruzados enfocado en la imagen, pero no se hacía ideas de nada, porque, para empezar, él no entendía y estaba en paz con eso.

Diferente del resto de las personas, él ya había asumido que Kain era el hombre más inteligente del planeta y era bastante difícil que alguien como él lo entendiera.

Por otro lado, el intercambio entre Sakumo y Mari continuo.

Los tañidos se hicieron menos espaciados en el tiempo hasta que ambos se detuvieron en el centro del cuadrilátero y lanzaron un corte detrás del otro.

Ambos se pusieron rojos aguantando el dolor que les proporcionaba recibir todas esas heridas, pero en cuanto la hoja tocaba al adversario, el sistema hacia su trabajo y consumía una parte de la resistencia.

No quedaba daño alguno, solo el dolor agudo y punzante, pero que, a su vez, era la mitad de lo severo que debería ser.

Al mismo tiempo, Kain le continuaba explicando a los kages como funcionaba el sistema, pero sin que ellos entendieran media palabra.

Al final, lo que entendieron es que este sistema fue creado para maximizar el desarrollo de los shinobis a través de la experimentación, pero sin la consecuencias fatales.

—En pocas palabras— dijo Gengetsu mientras gesticulaba con sus manos —nadie va a morir— Kain asintió y miró a las imágenes —es el momento para que tú lo compruebes— dijo Al mismo tiempo, Mari y Sakumo estaban jadeando y produciendo vaho por la exhalación de sus bocas.

Sus rostros estaban rojos y cubiertos de sudor.

Estaba la incomodidad del dolor, pero la emoción de poder luchar con todas sus fuerzas sin las terribles consecuencias del sangrado y las heridas mortales.

Mari fue la primera en enfundar, sentía que su energía estaba tocando fondo, así que lo daría todo en este ataque.

Sakumo también enfundo y se preparó para atacar.

—Demasiado tímido— grito Mari Hatake, ella se lanzó contra Sakumo a máxima velocidad, llegó delante de él y desenvaino.

Ella pudo sentir su cuerpo perfecto, la postura, la energía, la fluidez.

Por un segundo no le quería entregar el título del estilo Hatake a Sakumo porque sentía que todavía podía mejorar.

Todavía tenía una oportunidad.

Esta tecnología se lo hacía sentir porque podía sobrevivir a sus errores y aprender de ellos.

Mari miró a su hijo a los ojos, ella sonreía feliz sintiéndose en su mejor momento, más viva que nunca.

Si esto era un enfrentamiento real lo hubiera despedazado, pero esta tecnología le dio la oportunidad a su hijo de alcanzarla.

Él había madurado en unos cuantos minutos de intercambio más que en toda una vida de entrenamiento.

Mari soltó un grito, el fervor en su corazón, la sonrisa brutal y cruel.

Sin embargo, sintió la incomodidad al ver que su hijo se mantenía tranquilo.

Ella reforzó su determinación y continuo con su ataque.

Entonces su katana choco con la de Sakumo y sintió que algo andaba mal.

La katana de Sakumo había perdido el filo Hatake y había algo nuevo que amortiguo el impacto.

Sakumo desvío la katana de su madre, enfundó en un movimiento suave y giro la vaina para que la hoja quedara mirando al cielo.

Él desenfundo y la katana cayó cortando de arriba hacia abajo.

Mari pudo sentir como la cortaba desde la cabeza hacia los pies.

De repente sintió un fuerte impacto y cayó inconsciente.

Sin embargo, en su inconsciente ella sabía.

Su hijo la había vencido.

Si eso la hubiera golpeado en una situación real, la hubiera cortado a la mitad.

Los kages, Kain, el daimio y la princesa de la nación del Rayo miraban desde el balcón.

Ellos vieron a Mari Hatake caer de espalda y soltar la katana.

Sin embargo, diferente de lo que parecía, ella estaba en una pieza sin rasguños, heridas o sangrado.

Solo estaba inconsciente.

—Vengan, acompáñenme— dijo Kain y los recubrió a todos del aura purpura.

Ellos levitaron, el daimio se asustó y se aferró de Yoruichi.

Esta última lo abrazo y sonrió al ver a su padre tan asustadizo.

Kain los llevó hasta el cuadrilátero y los deposito con sutileza sobre el piso de piedra.

Kain camino por delante y se acercó a Sakumo —¿Todo bien?— preguntó Sakumo jadeaba, tenía el rostro rojo como un tomate.

Ante lo pálido que era, más rojo se veía todavía.

Él asintió mientras respiraba con dificultad.

Enfundo la katana y señalo a su madre con la mano derecha.

—Ella está bien— dijo Kain —lo puedes verificar en ti mismo ¿tú tienes alguna herida, sangrado o te falta alguna parte de tu cuerpo?— Sakumo negó con la cabeza, pero sentía que le faltaba el aire y no podía responder con palabras.

Lo otro era el dolor, pero más le preocupaba el estado de su madre.

Los kages también se acercaron a Sakumo y lo felicitaron por lograr vencer a su maestro.

Era una sensación extraña para todos, ya que, por lo usual, en estas situaciones moría el sensei o el discípulo, pero aquí estaba Sakumo en una pieza, sano y a salvo.

Kain se acercó a Mari Hatake, se arrodillo y le tomo el pulso.

Después llevó su dedos a la nariz y sintió la respiración.

Él tomo el brazo de Mari y fue llamando a los kages, uno a la vez.

Todos le tomaron el pulso para comprobar que ella estaba viva.

Incluso el daimio y Yoruichi lo hicieron y se sintieron aliviados.

Kain llamo a los médicos que estaban preparados de ante mano y les pidió que atendieran a Sakumo y Mari Hatake.

Kain miró a los kages y les dijo —desde ahora, el crecimiento y el fortalecimiento de las próximas generaciones no será lo mismo.

Los invito a todos a traer a sus shinobis al próximo examen chunin en ciudad Tengu.

Será una experiencia valiosa y única que sus genin jamás olvidaran en la vida.

Por último, les aseguro la seguridad de sus shinobis, la de ustedes y todos los que estén en ciudad Tengu— Los kages tenían sentimientos encontrados.

Sobre todo, Gengetsu y Onoki que venían de sistemas más tradicionales y estrictos que el resto.

Esto era una banalización de lo que significaba convertirse en chunin, pero a su vez, como decía Kain, los tiempos estaban cambiando y no era necesario hacer las cosas de la misma forma.

Incluso si ellos como Kages, su primer regalo en la vida fue un kunai o una katana, no quería decir que las siguientes generaciones tuvieran que vivir como ellos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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