Súper Derrochador - Capítulo 266
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
266: Capítulo 263: Sí tengo dinero 266: Capítulo 263: Sí tengo dinero —Tío, dejadlo ya, no hay competencia.
¡Este tipo está en otra liga!
—La mirada penetrante de los espectadores se clavó en los dos jóvenes.
Finn Lewis se limitó a quedarse allí de pie, sonriendo con un cheque de 300 millones en la mano, un cheque que era absolutamente fascinante.
¡300 millones!
Era una cifra astronómica para ellos.
No solían tener tanto dinero de bolsillo.
Aunque eran ricos, la fortuna pertenecía a sus familias.
¿Cuánto podían ganar por su cuenta?
Deseaban con todas sus fuerzas aceptar ese dinero, pero la actitud de Lewis y de los espectadores hizo que sus caras se pusieran rojas como un tomate.
Solían ser unos mimados, pero ¿cuándo les habían restregado el dinero en la cara de esa manera?
¿Quién se había atrevido a menospreciarlos con un fajo de billetes?
Pero ahora…
Por no mencionar que estaban completamente desinflados; aunque quisieran enfadarse, no tenían con quién desahogarse.
De acuerdo, había chocado contra su coche, pero aunque su vehículo costara mil millones, él se lo habría pagado sin rechistar.
Ya les había dado decenas de veces su valor.
¿Qué más podían pedir?
Y lo que es más importante, al sentir su descontento, también añadió 50 millones para cada uno.
¿No era eso suficiente para guardar las apariencias?
Pero…
El dinero parecía una limosna; ellos, que solían ser tan engreídos, ¿cómo iban a poder tragarse el orgullo ahora?
Tenían las caras sonrojadas, como si estuvieran muy borrachos, y sus ojos parecían a punto de escupir fuego.
—¿Acaso eres rico?
—consiguió soltar finalmente el joven de pelo plateado.
—En realidad no, solo voy tirando.
Pero me va mejor que a los que intentan conquistar chicas con un poco de dinero de bolsillo —respondió Lewis, aún con una sonrisa.
—¡Pff!
—Finalmente, alguien entre la multitud no pudo contener la risa.
En cuanto a las expresiones en los rostros de los demás, eran un tanto extrañas.
Si a eso lo llamaba ir tirando, ¿entonces qué eran ellos?
¿Mendigos?
—¡Tú!
—El rostro del joven estaba casi verde, a punto de abalanzarse sobre Finn Lewis para darle un golpe.
—Está bien, ¿tienes mucho dinero?
—Justo en ese momento, sonó una voz repentina, y acto seguido una belleza de pelo corto salió de entre la multitud y empezó a hablar mientras se acercaba.
Justo cuando Finn Lewis se disponía a responder, la belleza llegó a su lado y le arrebató el cheque de la mano.
—Si tienes demasiado dinero, ayúdame a mí un poco en lugar de financiar a idiotas que podrían hacer daño a más chicas.
—Mientras hablaba, la joven sacó un talonario de su bolso, escribió rápidamente unos números en él y luego se acercó con seguridad al joven de pelo plateado.
Con un rápido ademán, agitó el cheque y se lo entregó.
—Esto son cinco millones.
Estos dos coches cuestan más de ocho millones, y te doy cinco millones por respeto.
Si aun así quieres causar problemas, ven a buscarme.
Recuerda que mi nombre es Sarah Wood —dijo la belleza, plantada frente a los dos jóvenes con total seguridad.
Lewis notó la ira que ardía en los rostros de los dos jóvenes, sobre todo en el del de pelo plateado.
Pero cuando la belleza dijo su nombre y ellos comprobaron que el nombre en el cheque era el correcto, su enfado remitió.
En su lugar, parecieron asustados, como un ratón que ve a un gato.
—Largaos, ¿a qué estáis esperando?
—dijo Wood, fulminando a los dos jóvenes con la mirada.
—Sí, sí, ya nos vamos.
Sentimos las molestias.
—Los dos jóvenes obedecieron al instante y se fueron corriendo, sin siquiera preocuparse por sus coches.
—Esperad, llamad a una grúa y sacad estos cacharros de aquí —volvió a gritar Wood.
—Entendido —respondió rápidamente el joven de pelo plateado antes de desaparecer.
—Oye, guapo, ¿quieres que nos conozcamos mejor?
Me llamo Sarah Wood, buena amiga de Kay Lee —dijo Wood, extendiendo la mano con una gran sonrisa para presentarse a Lewis.
Lewis, a su lado, se quedó boquiabierto.
«Maldita sea, he conocido a gente sinvergüenza, ¡pero nunca a alguien tan descarada como esta!».
Lewis, que se consideraba a sí mismo bastante caradura, acababa de encontrarse con alguien que lo superaba con creces.
Kay Lee también se acercó y, con una sonrisa de impotencia, dijo: —Ya estás aquí.
Dejad que os presente: Sarah Wood, mi buena amiga; y este es Finn Lewis.
—Encantado de conocerte.
—Finn Lewis le tendió la mano a Sarah Wood para estrechársela.
Luego, los tres se dirigieron a la casa de té.
Mientras caminaban, Lewis no pudo evitar preguntar—: Kay, ¿nunca has oído ese dicho?
Solo cuando ya se habían sentado, Kay Lee miró a Lewis con curiosidad y preguntó: —¿Qué dicho?
—Cuidado con el fuego, los ladrones y las mejores amigas —dijo Lewis, lanzando una mirada a Wood, que sorbía su té al otro lado de la mesa.
—Pff…
—Wood, que acababa de dar un sorbo a su té, lo escupió al oír el comentario de Lewis.
Al ver el té derramado sobre la mesa frente a él, Lewis casi se echa a reír.
Menos mal que aún no le habían servido el suyo, porque de lo contrario no se habría atrevido a beberlo.
—Basta ya —Kay Lee fulminó a Lewis con la mirada, luego apartó su taza de té y le dijo a Wood—: Sarah, no le hagas caso.
—Oye, lo digo en serio.
¿Sabes que casi me arrebatas a mi novia?
Estaba a punto de pedirte explicaciones.
¡A mí me gustan las mujeres!
—dijo Wood, mirando a Lewis con ferocidad.
—Oye, ya me has arrebatado 300 millones, no hace falta que también me arrebates a mi chica, ¿no?
O si no, ¿quieres que te presente a algunas otras?
—dijo Lewis con una sonrisa.
—No, gracias, a mí solo me gusta nuestra Kay Lee.
Y toma, aquí tienes tus 300 millones.
¿Has perdido la cabeza?
¿Pagar 300 millones por dos coches de porquería?
—Wood dejó el cheque sobre la mesa de un golpe y miró a Lewis con incredulidad.
Lewis miró el cheque sobre la mesa, pero no lo cogió.
En vez de eso, dijo con una sonrisa: —Ya lo he regalado, ¿por qué iba a recuperarlo?
Además, no me lo has quitado a mí, sino a ellos.
Como tú lo has recuperado, tú deberías decidir qué hacer con él.
—¿Estás seguro de que no lo quieres?
—preguntó Wood, mirando a Lewis con incredulidad.
Lewis se limitó a negar con la cabeza.
En realidad, nunca había planeado recuperar ese dinero.
Si aquellos dos tipos hubieran cogido el dinero y se hubieran marchado, él no se lo habría reclamado.
Al fin y al cabo, para Lewis, esa cantidad era una simple gota en el océano.
Sobre todo después de haber obtenido el respaldo de otro mundo, a Lewis no le preocupaba en absoluto el dinero.
—Entonces, Kay, ¿estás segura de que quieres plantearte estar con él?
¿No ves que es un manirroto?
¡Si sales con él, despilfarrará tu fortuna en un abrir y cerrar de ojos!
—exclamó Wood, mirando a Kay Lee.
Kay Lee se sonrojó, le dio una palmada juguetona en la mano a Wood y dijo: —Deja de decir tonterías.
—Por cierto, ¿por qué estáis las dos aquí?
¿No está la casa de té Luna del Lago Oeste?
—preguntó Lewis.
—A mí me encantaría ir, pero Kay dijo que no admitían a gente de fuera, ¿verdad?
—respondió Wood de inmediato.
Lewis se rio y añadió—: Es cierto, ese lugar se abrió para Kay Lee, pero si trae invitados, por supuesto que no les negaremos la entrada.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com