Super gen - Capítulo 216
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216: Capítulo 216 – Desaparecido 216: Capítulo 216 – Desaparecido Editor: Nyoi-Bo Studio Después de obtener el arpón de tres cuchillas, Han Sen no tuvo tiempo de jugar con él antes de que Huangfu Pingqing lo llevara junto a Hijo del Cielo.
Obviamente Hijo del Cielo ya había sabido que él vendría.
Las condiciones ofrecidas a Han Sen formaban parte de un acuerdo entre él y Huangfu.
Si no fuera por el hecho que la Isla Misteriosa desaparecería en cualquier momento, Hijo del Cielo nunca habría aceptado la ayuda de Han Sen, y mucho menos ofrecerle beneficios a cambio.
Lo que no sabía era que era inútil prometerle nada, porque el Santo Ángel ya había sido asesinado por Han Sen.
Hijo del Cielo, Huangfu Pingqing y Pulgar necesitaban regresar al refugio para prepararse.
Tampoco dejarían a nadie solo en la Isla Misteriosa, en caso de que la persona fuera atacada por Dólar.
Además, no creían que Dólar solo pudiera matar a la criatura en la Isla Misteriosa.
Entonces decidieron enviar una misión de reconocimiento a la isla.
Esta vez, Hijo del Cielo había gastado varios cientos de millones en comprar el alma de la bestia voladora de sangre sagrada de Lin Beifeng, en pedir prestada un alma de bestia humanoide a Qin Xuan, y en los precios del contrato de Han Sen y Pulgar.
Todos sus esfuerzos se concentraban en conseguir el alma de bestia de esta criatura de sangre sagrada.
Han Sen llevaba el alma de la bestia voladora de sangre sagrada y una flecha del alma de la bestia de sangre sagrada, prestados por Huangfu Pingqing, y seguía con abnegación todas las instrucciones de Hijo del Cielo.
En secreto, Han Sen se divertía.
Hijo del Cielo, has puesto tanto esfuerzo.
Cuando aterrices en la Isla Misteriosa y descubras que la criatura de sangre sagrada se ha ido, me pregunto cómo te las verás.
—Solo puedes disparar flechas desde lejos y tienes que parar cuando te lo diga.
Te arrepentirás si intentas robarme el alma de bestia de nuevo —ordenó Hijo del Cielo a Han Sen.
—Confía en mí.
Soy un profesional y sé qué hacer —respondió Han Sen con calma.
—Excelente —repuso.
Hijo del Cielo no sospechaba que Han Sen daría el golpe mortal.
Esta vez era seguro que habría un alma bestia, así que incluso si Han Sen robase el alma bestia, tendría que devolverla.
De lo contrario, Hijo del Cielo tendría la excusa perfecta para patearle el trasero.
Ni siquiera Qin Xuan y el escuadrón especial podrían salvarlo.
Todo estaba listo e Hijo del Cielo tomó a Pulgar y a Han Sen para llevarlos hacia la Isla Misteriosa.
Cuando llegaron a la isla, Hijo del Cielo no fue inmediatamente a la montaña, sino que dejó que el equipo descansara durante medio día para que todos estuvieran preparados y con energías.
Para conseguir el alma bestia de esta criatura humanoide, Hijo del Cielo había planeado todo de antemano.
Han Sen no decía ni una palabra y seguía las instrucciones del Hijo del Cielo.
Solo quería ver su cara de al descubrir que el Santo Ángel ya había muerto.
Finalmente Hijo del Cielo lideró a Han Sen y a Pulgar a la montaña.
—¿Dónde está la criatura de sangre sagrada?
—preguntó.
Desde lo lejos, Hijo del Cielo miraba a través de binoculares para ubicar al ángel.
Hijo del Cielo aceleró su ritmo hacia la montaña, pero no veía ningún rastro de la criatura.
Sintiéndose reacio, Hijo del Cielo voló por cima de la montaña mientras Pulgar y Han Sen lo buscaban en otros lugares de la isla.
Sin embargo, no encontraron nada.
—Dólar, ¡te mataré!
—estalló Hijo del Cielo y se rindió.
Odiaba a esta persona incluso más que a un asesino.
En el camino de regreso, Hijo del Cielo caminaba con el rostro sombrío.
Parecía que su ira lo estaba controlado por completo.Han Sen no lo había provocado, pero estaba muriendo de risa por dentro.
—¿Qué te tomó tanto tiempo?
¿Conseguiste el alma de bestia?
—preguntó Huangfu Pingqing, que había estado esperando durante mucho tiempo, al ver que los tres habían regresado.
—No hubo nada —gruñó Hijo del Cielo entre dientes.
—¿Qué quieres decir con que no hubo nada?
Es imposible que la criatura de sangre sagrada no te haya dado un alma bestia —insistió Huangfu Pingqing, quien no entendía lo que pasaba.
—La criatura se ha ido.
Ese bastardo de Dólar debe haberla matado.
Nunca lo perdonaré.
—reclamó.
Quería estrangular a Dólar.
Había cogido una corajina porque Hijo del Cielo dedicó todos sus esfuerzos con toda la preparación y ni siquiera pudo encontrar a la criatura.
—¿Cómo es eso posible?
Todos vimos lo que la criatura era capaz de hacer.
¿Cómo pudo haberlo hecho solo?
—preguntó Huangfu Pingqing, con la boca abierta de la sorpresa.
—Nadie en nuestro refugio podría haber hecho esto a excepción de Dólar.
Tiene que ser él —insistió.
Los ojos de Hijo de Cielo estaban rojos como sangre.
Huangfu Pingqing vio la mirada de Hijo del Cielo y quedó callada.
No quería molestarlo aun más.
Ella sabía muy bien cuánto había invertido para matar a la criatura.
Aunque este gasto no era nada para el Grupo Estelar, la decepción era algo que una persona arrogante, como Hijo del Cielo, no podía soportar.
Han Sen hubiese querido ver a Hijo de Cielo perder los estribos aun más, pero Pulgar ya se había marchado y ya no tenía razón de quedarse más tiempo.
Devolvió a Huangfu las alas de sangre sagrada y sus flechas y se marchó.
A Han Sen realmente le había gustado la flecha de sangre sagrada, pero era algo que Huangfu Pingqing usaba y además no estaba a la venta, sin mencionar el hecho que no tenía dinero en ese momento.
De vuelta en su habitación en el refugio, Han Sen convocó al arpón de tres hojas y lo probó.
Amaba cómo se sentía en su mano y no podía esperar para luchar contra una criatura de sangre sagrada.
—Es hora de volver al Desierto del Diablo.
Con este arpón de tres hojas, el rey zorro de sangre sagrada y el rey de las plumas negras ya nada podrá escapar de mí—declaró Han Sen emocionado.
Pero justo antes de partir al Desierto del Diablo, recibió un mensaje de Qin Xuan pidiéndole que se reunieran de inmediato.
Su voz sonaba un poco rara y no mencionó a qué se refería.
Han Sen quedó intrigado.
—No sería nada referente a la escuadra especial, de lo contrario ella me lo diría —reflexionó.
No podía imaginarse que era lo que Qin Xuan necesitaba que hiciera.
Mientras tanto Qin Xuan sostenía unos papeles con una mirada extraña en los ojos.
—¿Por qué eligió el profesor Bai del Hall Santo a Han Sen?
—murmuró Qin Xuan para sí misma mientras leía.
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