Super gen - Capítulo 418
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418: Capítulo 418 – Tatuaje 418: Capítulo 418 – Tatuaje Editor: Nyoi-Bo Studio En su habitación en Refugio de Armadura de Hierro, Han Sen sintió un fuerte dolor de cabeza, y miró a Cero, quien estaba sentada del lado opuesto a él.
Hace unos días, cuando seguían en la cueva, Cero insistió en seguir silenciosamente a Han Sen.
Caminaba cuando Han Sen caminaba, y se detenía cuando este lo hacía.
Cuando Han Sen cocinaba algo, ella lo comía sin más.
Cuando Han Sen le preguntaba cosas, ella simplemente asentía o agitaba su cabeza.
Han Sen no obtuvo información de ella y tuvo que aceptar que lo siguiera.
Han Sen incluso intento escapar a espaldas del rugidor dorado en medio de la noche mientras ella dormía.
Sin embargo, luego de montar en el rugidor dorado por más de medio día, Han Sen vio que Cero estaba a su lado mientras cocinaba el almuerzo, esperando con los ojos muy abiertos.
Han Sen pensó en todo tipo de métodos para deshacerse de ella.
Desde su punto de vista, ella era una bomba de tiempo gigante que no podía tener cerca.
Sin embargo, luego de intentar con todo lo que tenía, fracasó en perderla.
La única forma posible de deshacerse de ella era la violencia.
Sin embargo, Han Sen descartó la idea luego de recordar cómo ella dejó un agujero en la súper armadura de mascota y rey gusano roca.
Han Sen llevó a Cero de vuelta al Refugio.
Su idea original era exportar la crisis.
Había tantas personas en Refugio de Armadura de Hierro, que quizá Cero pudiera poner su atención en otra persona y seguir a alguien más en lugar de Han Sen.
Quizá podía llamar a la policía en nombre de un tercero y hacer que la Alianza actuase.
Sin embargo, Cero no seguía a nadie más que a él.
Ella iría a donde sea que Han Sen fuera.
No parecía ser completamente tonta.
Al menos cuando Han Sen iba al baño, Cero no lo seguía.
Finalmente, Han Sen debió llevarla consigo a su habitación en Refugio de Armadura de Hierro y la miró con dolor de cabeza.
No había descubierto nada sobre ella.
Antes de dejar la cueva, revisó las pertenencias de Cero, que eran simples productos fabricados por seres humanos.
No había manera de saber de dónde venía y por qué lo seguía a él.
—Ya estamos en el refugio, así que puedes teleportarte a tu hogar de manera segura —le dijo Han Sen a Cero, sin saber qué más hacer.
Cero miró a Han Sen y dijo parpadeando con sus ojos oscuros: —Tengo hambre.
Han Sen no pudo evitar sostener su frente, sintiendo que se había topado con un gran problema.
—Pequeña hermana, te lo digo.
Evolucionaré pronto y abandonaré el Primer Santuario de Dios dentro de poco.
Incluso si te quedas aquí, no habrá diferencia —Han Sen decía la verdad.
Estaba comiendo la esencia vital que recogió de camino al refugio.
A estas alturas, tenía ochenta y dos súper genopuntos y aún le quedaban dos cristales y medio.
Una vez que se los terminase, debería llegar al máximo de súper genopuntos.
Cero permaneció en silencio.
Sus ojos eran tan claros como agua de manantial sin impurezas.
Ella miró a Han Sen y repitió: —Tengo hambre.
Han Sen sintió que estaba por volverse loco, pero tuvo que empezar a cocinar.
Mientras comían, Han Sen le preguntó a Cero, quién estaba llenando su boca: —Así que, ¿por qué decidiste seguirme?
Sorprendentemente, Cero bajó el plato que tenía en la mano y se paró.
Luego Han Sen vio que empezaba a desabotonar su blusa para quitársela.
—No lo hagas.
No soy esa clase de persona.
No pienses que puedes tentarme con tu belleza.
Te lo digo no hay manera de que puedas lograr eso.
Yo soy un…—dijo Han Sen, cubriendo sus ojos, pero viendo a través de sus dedos.
Cero ya se había quitado la blusa.
No tenía nada puesto abajo.
Sin embargo, le daba la espalda a Han Sen.
Este abrió los ojos sorprendido.
En la hermosa y perfecta espalda de Cero, Han Sen vio un tatuaje, un tatuaje rojo.
El tatuaje tenía la forma de la bestia que se veía como un gato o lobo.
Rojo como el fuego, la cabeza y cola de la bestia estaban conectadas en un círculo.
Han Sen conocía esa imagen.
El pendiente rojo que Han Sen tenía era exactamente igual.
Han Sen le dijo que la bestia se llamaba gato de nueve vidas.
El pendiente solía pertenecerle a Han Jingzhi, quién no iba a ningún lugar sin él.
Han Sen vio a esta extraña bestia una vez más en el cuerpo de esta extraña chica.
Quedó muy sorprendido.
Cero se puso la blusa de nuevo para cubrir su torso desnudo, se acercó a Han Sen y puso su mano en el pecho de este.
—¿Qué haces?
—dijo Han Sen.
Se asustó e intento dar un salto.
Sin embargo, Cero era demasiado rápida.
Ella inmediatamente tomó el collar de Han Sen y estiró el pendiente del gato de nueve vidas que llevaba puesto.
Luego lo soltó y retrocedió, apuntando al pendiente.
—¿Estás diciendo que me seguiste por este pendiente?
¿Qué tienes que ver con él?
—dijo Han Sen, mirando a Cero incrédulo.
Zero no le respondió a Han Sen y siguió comiendo, como si no hubiera oído nada.
Han Sen sospechaba que Zero no era para nada tonta.
Han Sen nunca obtuvo información que ella no quisiera compartir.
Al ver el rostro de Cero, Han Sen ni siquiera quiso preguntar de nuevo.
“¿De qué se trata esto?
¿Por qué habría un tatuaje del gato de nueve vidas en la espalda de Cero?
¿Ella tiene una relación con el pendiente?
¿Qué tiene que ver ella con Han Jingzhi?”.
Han Sen miró a su pendiente de gato de nueve vidas con todo tipo de emociones complejas.
Sin embargo, Han Sen sentía que no había forma de que Cero estuviera conectada a Han Jingzhi.
Esa persona había vivido hacía siglos, mientras que Cero era joven.
La conexión era simplemente imposible.
“Quizá es sólo una coincidencia.
El gato de nueve vidas no debe ser algo único de Han Jingzhi”, se dijo a Han Sen a sí mismo, para reconfortarse.
—Ahora me voy.
Puedes quedarte aquí o teleportarte por tu cuenta —dijo Han Sen, y luego utilizó el dispositivo de teletransportación en su habitación y volvió a la estación de teleportación.
Aún tenía la tarjeta de memoria que obtuvo de la cueva en su bolsillo.
Quizá descubriría algo luego de ver lo que contenía.
Han Sen consideraba que no era una coincidencia que el maletín de aleación estuviese en la cueva.
Quizá había algunas pistas sobre Cero en esa tarjeta de memoria.
Cuando Han Sen salió del aparato de teleportación e intentó acceder a la tarjeta de memoria con su comunicador, quedó apaleado.
Del mismo dispositivo de teletransportación, salió una hermosa chica con rostro hermoso y cabello largo negro, vistiendo ropas rajadas.
Se trataba de Cero.
“Algo definitivamente está mal”, pensó.
Han Sen miró a Cero como si hubiera visto un fantasma.
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