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Super gen - Capítulo 721

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721: Capítulo 721 – La Montaña Azul 721: Capítulo 721 – La Montaña Azul Editor: Nyoi-Bo Studio Han Sen consiguió alejarse del ciempiés volador y este volvió a perseguirlo por el bosque.

En su avance desbocado, el animal derribó multitud de árboles y gran parte de las criaturas que habitaban el bosque se vieron obligadas a abandonarlo de inmediato.

Aquellas que podían volar, emprendieron el vuelo asustadas mientras que otras huían tan rápido como las patas se lo permitían.

Todas las criaturas del bosque parecían tenerle pánico al ciempiés.

Han Sen abrió su cerradura genética y usó Dongxuan Sutra para estimular el flujo de energía de la Luz del Hijo de Dios.

Esto aumentó su velocidad de forma considerable, pero ni siquiera así era suficiente para poner mucha distancia entre él y el enemigo que lo perseguía.

Lo único en lo que podía centrarse era en correr tan rápido como pudiera y en no aflojar para no terminar entre las mandíbulas hambrientas que le iban a la zaga.

Este monstruo era increíblemente poderoso, y era algo que a la adiraid sin duda le costaría vencer.

La adiraid no era débil, pero el tamaño de cada uno no tenía punto de comparación.

Y para más inri, el ciempiés de sangre poseía un poder único que lo hacía mucho más fuerte que la adiraid.

La adiraid podía protegerse, pero no podía detener al ciempiés de sangre, por eso Han Sen lo único que podía hacer era tratar de escapar.

En ese bosque centenario, enorme y denso, Han Sen corrió tan deprisa como se lo permitieron sus piernas.

Llevaba un rato haciéndolo y poco a poco había ido perdiendo todo el sentido de la orientación.

Han Sen se planteó tirar el huevo del ciempiés, pero no quería llegar a eso.

Han Sen trató de dejar que la angelita llamara la atención del ciempiés, pero era como si esta se hubiera aferrado a Han Sen y no le importara nada más.

La angelita blandió su gran espada ante el ciempiés muchas veces, pero la criatura tenía incontables patas que se retorcían y que bloqueaban cualquier intento de atacarla.

La angelita no podía llegar a darle con la espada.

Han Sen siguió corriendo hasta que ya no hubo más árboles que esquivar.

Después de dejar atrás la bóveda de la foresta, descubrió que se encontraba ante la ladera de una gran cadena de montañas.

No tenía ni idea de adónde había llegado.

Han Sen no tenía otra opción: debía subir corriendo directamente las montañas.

Pero primero, rodeó una montaña y trató de plantarle cara al ciempiés durante un rato.

Han Sen tenía una sensación extraña.

Cuando estaba en el bosque centenario, había visto a muchísimas criaturas correr para salvar la vida.

Pero estas montañas eran yermas, no había ni una sola criatura que las habitara.

Después de subir corriendo dos montañas, no había conseguido divisar a ni un solo animal.

Era una región apagada y sin vida, compuesta por peñascos grises.

Además, las plantas que crecían allí también eran contadas.

Con todo, Han Sen no disponía del tiempo necesario para detenerse, investigar un poco y reflexionar sobre la zona en la que había ido a parar.

Como iba con la cerradura genética activada, tenía el tiempo contado.

Llevaba medio día corriendo y ya empezaba a sentirse agotado.

Se sentía el cuerpo muerto de dolor y temía que, si seguía adelante, terminaría provocándose un daño irreversible en el cuerpo.

Sin embargo, no podía permitirse parar, y apagar la cerradura genética le arrebataría la habilidad de estimular el flujo de energía de la Luz del Hijo de Dios.

Eso comportaría una reducción de la velocidad y la posibilidad de que no fuera capaz de escapar de la persecución enloquecida del ciempiés.

Han Sen apretó los dientes y se sacó el huevo del ciempiés del bolsillo mientras ideaba cómo lanzárselo al ciempiés con la intención de poder salir de la región con vida.

Se volvió para echar un vistazo y se percató de que el ciempiés de sangre ya no se encontraba directamente a sus espaldas.

De hecho, el ciempiés estaba abajo, cerca de las estribaciones y se limitaba a gritarle a Han Sen.

No lo había perseguido hasta donde él se encontraba, como si tuviera miedo de algo.

Han Sen estaba sorprendido, por no decir más.

Observó a su alrededor y no vio nada anormal.

Mientras que las montañas escarpadas parecían todas idénticas, mientras corría, se había acercado a una montaña que era distinta a las demás.

Los promontorios que rodeaban a la montaña en la que él se encontraba eran grises y rocosas.

En cambio, esta era azul.

Las rocas que había en esta parecían ser metálicas.

No estaba seguro de qué hacía que esta montaña fuera tan excepcional, pero el ciempiés espeluznante tan solo rugía y no se acercó.

A pesar de sus ansias de la sangre de Han Sen, lo único que hacía era retorcerse y girar mientras rompía las rocas que salpicaban las estribaciones de las montañas.

Al parecer, su poder carecía de importancia a la sombra de la montaña azul.

Han Sen se dio cuenta de que algo iba mal y de inmediato proyectó el aura Dongxuan.

Sin embargo, no detectó la presencia de nada extraño a su alrededor.

No parecía que hubiera ni rastro de vida en esta montaña.

Han Sen sintió una oleada de alivio: al menos estaba fuera de peligro de momento.

Con todo, no podía relajarse, ya que el radio de su aura Dongxuan era limitado y no revelaba todo lo que podía haber allí.

Entonces, Han Sen levantó la cabeza para contemplar toda la envergadura de la montaña.

Era enorme, y la cima quedaba por encima de las nubes; Han Sen no podía ver qué secretos podía esconder la cumbre.

En lo que respectaba al resto de la montaña, era totalmente yerma.

Era toda azul y tan solo había rocas metálicas como decoración.

Ni siquiera había una brizna de hierba.

“¿De qué tiene miedo el ciempiés de sangre?

Incluso aunque le haya robado su cría no se atreve a subir hasta aquí.

Seguro que aquí pasa algo…” Han Sen volvió a levantar los ojos hacia la cumbre de la montaña, pero no fue capaz de ver nada entre la niebla que cubría la cima.

A pesar de que Han Sen sentía curiosidad por lo que pudiera haber ahí arriba, respetaba el refrán que trataba sobre mamíferos felinos y la consecuencia directa de su curiosidad.

Así pues, decidió que se dirigiría hacia la otra cara de la montaña y descendería por ahí, en un intento por escapar del ciempiés.

El ciempiés carmesí seguía sin atreverse a subir a la montaña azul y se limitó a observar a Han Sen.

No obstante, fuera adonde fuera este, el monstruo lo seguía con sumo cuidado.

Han Sen volvió a apretar los dientes y colocó el huevo del ciempiés entre las rocas de la montaña azul.

Entonces, se dirigió en otra dirección.

Tenía la esperanza de que el ciempiés se quedara quieto y demostrara más preocupación por el huevo que por la persona que se lo había arrebatado.

Sin embargo, las cosas no resultaron como él había previsto.

Cuando el ciempiés vio su huevo, lo único que hizo fue encolerizarse aún más.

Con todo, seguía sin querer ascender por la montaña azul y en vez de eso, se retorció todavía con más ferocidad mientras seguía a Han Sen.

Sus gritos eran todavía más fuertes y el tono del eco se acentuaba mientras esa voz espantosa resonaba por toda la cordillera.

El sonido de las rocas rompiéndose continuó produciéndose bajo las patas agitadas del ciempiés mientras este perseguía al ladrón de su huevo.

El animal provocó grietas y muescas enormes en todas las rocas destrozadas.

“Este quiere matarme con todas sus fuerzas.” A Han Sen el corazón le dio un vuelco.

Se imaginó que la única opción que le quedaba ahora era usar su angelita para que se llevara el huevo y, con él, alejara al monstruo.

No obstante, justo cuando Han Sen se disponía a realizar su plan, de pronto oyó el tañido de una campana que procedía la cima de la montaña.

¡Tolón!

El sonido de una campana muy antigua resonó en los cielos y su eco resonó por la cordillera.

Hizo que la energía que había en el interior de Han Sen se sumiera en el caos y enseguida recurrió al Dongxuan Sutra para sofocar ese flujo desbocado.

¡Tolón!

Cuando la campana volvió a tañer, un poder increíble provocó que la energía que tenía en su interior se agitara y se arremolinara de nuevo.

Han Sen apretó los dientes y siguió usando el Dongxuan Sutra para calmar la energía inquieta y luchar contra el misterioso tañido de la campana.

El sonido de la campana era precioso.

Poseía cierto poder que propagaba lo que parecía ser una onda sónica y disipaba la niebla y las nubes que cubrían la cima de la montaña.

Como si de una cortina que se descorre se tratara, la montaña azul quedó al descubierto por completo.

Se produjeron seis tañidos de distintos tonos en total y Han Sen consiguió resistir ante su sonido.

Pero más tarde, le llevó media hora arreglar el flujo de energía que se había desbocado en su interior.

Despacio, abrió los ojos.

La niebla que otrora había ocultado la cima había desaparecido y ahora solo quedaban volutas que rodeaban la montaña.

Se podían ver las nubes a una distancia de un millar de metros de las caras de la montaña, como si ya no hubiera más nubes dentro ni fuera del círculo.

Han Sen observó la cumbre de la montaña azul y trató de distinguir qué había allí.

Se moría de ganas de saber desde qué punto exactamente había tañido la campana.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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