Super gen - Capítulo 722
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- Capítulo 722 - 722 Capítulo 722 - Refugio Azul
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722: Capítulo 722 – Refugio Azul 722: Capítulo 722 – Refugio Azul Editor: Nyoi-Bo Studio Las pupilas de Han Sen se contrajeron.
Vio un refugio misterioso y azul que se erigía en la cumbre.
Transmitía la misma presencia que un castillo encaramado en el cielo.
Con todo, el refugio azul parecía tosco.
Muchas partes del edificio se habían caído y se habían desmoronado.
Incluso la puerta de la pared frontal se había hundido y había cedido bajo montones de polvo.
Parecía que el refugio había sido abandonado hacía mucho tiempo.
“¿Un refugio?
¿Cómo puede ser que haya un refugio aquí?
Me pregunto si es un refugio para humanos o para espíritus.” Han Sen observó el lejano refugio tan bien como pudo, pero no era capaz de divisar demasiado.
Aunque parecía que se hubiese deteriorado con el paso inexorable del tiempo, todavía parecía sólido, tal vez incluso practicable.
“Parece que el refugio no es la morada de ningún humano ni de ninguna otra criatura.
Si lo fuera, ¿por qué iba a estar en el estado en el que se encuentra?
Pero entonces, ¿por qué iba a tenerle tanto miedo el ciempiés de sangre?
Ni siquiera se atreve a subir más allá de las míseras estribaciones de la montaña.
¿Tal vez sea porque en el refugio reside una criatura terrorífica?” Mientras Han Sen se planteaba ahora toda esta retahíla de preguntas, vio que el ciempiés de sangre empezaba a moverse de nuevo.
Después de que el refugio semiderruido quedara a la vista, el ciempiés de sangre poseía lo que parecía ser un valor renovado y empezó a subir por la montaña con furia en pos de Han Sen.
Han Sen se quedó petrificado y cuando se sobrepuso poco después, él también echó a correr hacia la cima de la montaña.
El monstruo seguro que había creído que el refugio estaba entero y eso había detenido su avance inicial.
Pero ahora que sabía que el refugio estaba abandonado y desmoronado, ascendía la montaña sin miedo.
Han Sen no tenía otra opción: tenía que subir.
Aceleró sus pasos enérgicos hasta llegar a un ritmo de marcha y ascendió hacia el refugio.
Era una estructura derrumbada y no parecía que nadie viviera allí arriba, pero si aún había un teletransportador ahí dentro (y todavía funcionaba), podría escapar y regresar a la Alianza.
Pero antes de que Han Sen pudiera huir teletransportándose, creyó que lo mejor sería comerse el huevo primero.
El ciempiés de sangre estaba alcanzando a Han Sen, que ahora se encontraba justo delante del refugio azul.
Se dio cuenta de que la estructura estaba compuesta de metal azul.
Con un tipo de construcción así de resistente, Han Sen se preguntó qué habría sucedido para que el refugio terminara cayendo y desmoronándose así.
Una pared de metal de veinte metros de altura y pocos metros de anchura se extendía a lo largo de unos cuantos quilómetros.
A lo largo de su extensión, estaba rota y derrumbada en varios puntos.
Han Sen observó el refugio cubierto de polvo y se preguntó cuántos años habrían pasado desde la última vez que una persona se habría metido dentro.
Han Sen estaba extasiado tras descubrir el refugio abandonado.
Lo único que tenía que hacer ahora era encontrar el teletransportador e irse.
No importaba cuán poderoso fuera el ciempiés, no podría seguirlo a través del teletransportador.
Han Sen corrió adentro y caminó sobre la gruesa capa de polvo que se había acumulado y era tan profunda, que parecía nieve.
El ciempiés de sangre siguió a Han Sen hacia la parte frontal del refugio.
Se debatió ante la entrada un momento, pero al final decidió seguir al hombre hasta el interior.
El refugio de metal azul tenía bastantes edificios desmoronados y muchas estructuras a las que les quedaba solo una o dos paredes en pie.
Algunas se habían partido por la mitad o incluso se les habían arrancado los tejados.
La huida de Han Sen le hacía abrirse camino a derecha e izquierda entre las ruinas de los antiguos edificios y construcciones para evitar que el ciempiés lo alcanzara.
Pero ahora, empezaba a estar exhausto.
Llamó a la angelita y le entregó el huevo y le ordenó que se alejara de él hacia el otro lado del refugio.
El ciempiés de sangre le chilló a Han Sen, pero dio media vuelta y empezó a perseguir a la angelita.
Han Sen por fin había conseguido un momento de gracia.
Se movió por el refugio desmoronado en busca de un teletransportador que podría haber resistido mejor que el resto de la zona.
Había buscado a lo largo de varios edificios en ruinas y todavía estaba sobrecogido por tanta destrucción.
Toda la zona era un desastre, había restos de metralla y trozos de metal retorcido esparcidos por cada rincón.
Pero hasta ahora, desafortunadamente, había sido incapaz de encontrar un teletransportador todavía operativo.
Mientras buscaba, se topó con una plaza que contenía un campanario medio derruido en el centro.
La campana estaba hecha de cobre azul y emanaba un halo de misterio.
Tenía grabados peculiares en el metal y muchas de las formas dibujadas recordaban a insectos.
Han Sen vio la campana azul y se preguntó si el lugar realmente estaba abandonado, ¿por qué habían resonado seis tañidos antes?
Han Sen echó un vistazo a su alrededor, fijándose en la gruesa capa de polvo que cubría todas las grietas de ese refugio perdido.
No distinguía huellas ni marcas que sugirieran que había inquilinos.
Incluso la campana azul estaba cubierta de polvo y ceniza.
Han Sen creía que debían de haber pasado años desde que alguien había tocado la campana por última vez.
“La campana que ha sonado no puede haber sido esta.” Han Sen batió las alas y voló hasta el campanario para observarlo más de cerca.
En ese momento, se sorprendió de repente.
Dentro del campanario, había un cuerpo que parecía humano, vestido con ropa hecha jirones.
Debido al paso del tiempo, ahora el cuerpo era poco más que un esqueleto cubierto de polvo.
Han Sen invocó una lanza para tocar la ropa que otrora había vestido al difunto.
Sin ningún esfuerzo, las ropas y los huesos quedaron reducidos a ceniza.
“¿Sería un refugio humano que fue atacado por una criatura aterradora?” Han Sen descendió del campanario y volvió a pisar el refugio con mucho más cuidado esta vez.
Han Sen invocó su armadura superior, no fuera que algún infortunio estuviera a punto de suceder.
Como no había otros humanos por allí, nadie iba a verlo o a reconocerlo.
Había edificios de metal desmoronados por doquier, y era incapaz de encontrar un solo edificio que hubiera quedado intacto.
La mayor parte de las viviendas no contenían teletransportadores y los únicos que encontró Han Sen estaban rotos y habían dejado de funcionar.
Más adelante, Han Sen descubrió más restos de esqueletos que eran muy parecidos al primero.
Por alguna razón, lo único necesario era un pequeño toquecito para que los restos se desmoronaran y se desplomaran por completo.
Han Sen había recorrido la mitad del refugio buscando y todavía no había encontrado ni un solo teletransportador que funcionara.
La angelita estaba en el otro extremo, entreteniendo al ciempiés de sangre.
A Han Sen no le hacía mucha gracia dirigirse en esa dirección.
“Qué raro.
Además del campanario de campana de cobre azul, no hay ningún otro campanario aquí, igual que tampoco hay ninguna otra campana.
¿Qué campanas eran las que tañían y he escuchado?” pensó Han Sen, perplejo.
Mientras Han Sen estaba sumido en sus pensamientos, oyó que las campanas misteriosas volvían a tañer de nuevo, como si fueran truenos.
La conmoción fue tan fuerte que casi se desmaya.
Han Sen recurrió enseguida a Dongxuan Sutra para apaciguar la energía de su interior.
Levantó la cabeza y vio que la campana del campanario tañía por sí misma.
Ni siquiera un viento fuerte la mecía, pero ella sonaba.
“¿Por qué me ocurre esto?
¿Por qué la campana tañe sola?” Han Sen se esforzó al máximo para calmar la energía de su interior y observó la campana.
La angelita y el ciempiés de sangre detuvieron su lucha, como si a ambos también les afectara la campana.
¡Tolón!
La campana azul volvió a sonar, con un tono más espeluznante que la vez anterior.
Era fuerte, como una explosión que detonara justo al oído de Han Sen.
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