Super gen - Capítulo 751
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- Capítulo 751 - 751 Capítulo 751 - Conocer a los Padres
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751: Capítulo 751 – Conocer a los Padres 751: Capítulo 751 – Conocer a los Padres Editor: Nyoi-Bo Studio Han Sen creía que se le había freído el cerebro o que algo lo había poseído para hacerle decir lo que había dicho.
Se había preparado un discurso conmovedor, pero de algún modo, su cabeza había pronunciado esas palabras sin ninguna razón.
—La culpa es de esta noche tan bonita —suspiró Han Sen.
Ji Yanran estaba que no cabía en sí del enfado y le gritó presa de una furia abrasadora.
Con todo, aún tenía que darle una respuesta.
No había dicho si sí o si no.
Afortunadamente para él, cuando la vio al día siguiente, todavía llevaba el anillo en el dedo.
—Yanran, dijiste que nuestro abuelo quería reunirse conmigo.
¿Cuándo debería ir a verle?
—dijo Han Sen mientras se acercaba a ella con una sonrisa en los labios.
—No tienes vergüenza.
Todavía es mi abuelo, no el tuyo —dijo Ji Yanran con un ápice de timidez en la voz.
—Es lo mismo.
Bueno, ¿cuándo deberíamos ir?
—preguntó Han Sen.
—Iremos de visita en un par de días, cuando yo esté libre.
Pero hagas lo que hagas, no digas ninguna de tus sandeces de mierda que dices cuando estés con él.
Es un hombre serio y tradicional.
Respeta a los que son serios como él.
Por tanto, no seas tú mismo.
—Ji Yanran acompañó las palabras con una expresión amenazadora.
El rostro de Han Sen se volvió rojo.
Se lo prometió y añadió: —No te preocupes.
Debí de estar enfermo ayer por la noche.
No suelo decir esas cosas.
—Por tanto, todavía me debes una pedida de mano de verdad —dijo Ji Yanran desde el umbral.
Entonces, dio una vuelta y se fue.
Han Sen suspiró.
Para sí, pensó: «Ayer fui sincero».
No se lo iba a decir a Ji Yanran, pero mientras esta se iba, le gritó: —Pues devuélveme el anillo, si no, ¿cómo te lo voy a repetir?
—Consigue otro.
—Ji Yanran no se volvió, pero levantó la mano para despedirse con un gesto de espaldas.
El anillo le encajaba en el dedo a la perfección.
Aunque era caro, era muy, muy bello.
«Lo hizo Ekado.
Son joyas brillantes y este costó cien millones».
El corazón se le hundió.
No era el dinero lo que le entristecía, sino si podría encontrar otro anillo que fuera tan bueno.
«¿Pero puedo comprar dos anillos de compromiso?» se planteó Han Sen.
Antes de que Han Sen pudiera encontrar otro anillo, Ji Yanran llevó a Han Sen a la casa de la familia Ji.
Era un planeta lleno de mares azules y lagos en calma.
La foresta era abundante y las cordilleras de montañas recorrían los continentes como hilos blancos.
El aire era limpio y la atmósfera no estaba contaminada.
Era más que adecuado para que los humanos lo habitaran.
Con todo, en este planeta solo existía un edificio.
Este edificio estaba hecho de madera, construido para que armonizara con su entorno natural.
Han Sen no poseía conocimientos arquitectónicos, pero Ji Yanran le dijo que todo el planeta pertenecía a la familia Ji.
Esta casa era donde vivía su abuelo.
Era como si un planeta entero en exclusiva hubiese sido reservado para su abuelo.
Sin permiso, incluso otros miembros de la familia Ji no se atrevían a visitarlo.
Han Sen sabía lo rica que era la familia Ji.
Sin la riqueza que poseían, hubiese sido imposible que Ji Ruozhen se convirtiera en el presidente.
Mientras Han Sen estaba en medio de un pabellón, inspiró el aire virgen y puro que pasaba entre los pinos en las alturas y las hierbas a ras de suelo.
Era refrescante de forma increíble, y la atmósfera con olor de naturaleza no podía competir con ninguna fragancia que hubiera fabricado el hombre.
—Señorita Yanran, el señor ha pedido reunirse con Han Sen a solas.
—Detuvieron a Ji Yanran afuera, en el patio.
—Han Sen, debes ser educado con el abuelo —le recordó Ji Yanran, nerviosa.
—No te preocupes —Han Sen reconfortó a Ji Yanran y siguió al mayordomo por el patio.
Han Sen creía que vería la casa al entrar en el patio, pero en vez de eso vio un lago.
Su superficie era como un espejo, y tenía un pabellón en el centro.
Parecían ser lo mismo.
El único modo de llegar al pabellón era cruzar un puente y mientras lo cruzaba con paso ligero, tuvo la sensación de estar adentrándose en un cuadro sublime.
«Parece que su abuelo es un hombre elegante, muy diferente a mí, diría yo».
A pesar de que pensaba que ese lugar era precioso, Han Sen no deseaba vivir allí.
A él le gustaba mucho más la tecnología y las regiones metropolitanas.
—Señor, el señor Han ha llegado.
—El mayordomo condujo a Han Sen al interior del pabellón con educación.
—Saludos, abuelo.
—Han Sen entró e hizo una reverencia y habló con un tono educado.
Mientras lo hacía, observó el semidiós legendario.
Ji Yanwu era el centro de la familia Ji.
Era un élite semidiós y era bastante famoso en la Alianza.
La reputación de la familia Ji en la época actual se la debían a este hombre.
Era tan respetado, que incluso Ji Ruozhen no mencionaba su nombre en vano.
Era una figura remarcable e importante de la familia Ji.
Tenía un aspecto distinto del que Han Sen se había imaginado, no obstante.
Era un hombre mayor con los pies sobre la tierra.
Tenía la barba blanca, pero la llevaba bien acicalada y cuidada.
No usaba la tecnología para teñirse el pelo negro e incluso se apreciaban las arrugas de su piel.
Parecía muy serio por eso.
Sus ojos se detuvieron en Han Sen, pero sus emociones y pensamientos eran indiscernibles.
Sin embargo, no había nada snob en el señor cuando uno estaba ante él.
Lo único que uno sentía ante su presencia era la necesidad de reverenciarlo.
Uno se sentía obligado a escuchar todo lo que el otro tuviera que decir.
—Siéntate.
—El abuelo Ji señaló un cojín que había ante él.
Hablaba con una voz tranquila.
El alivio embargó a Han Sen al oír que no hacía ningún comentario al hecho de que él lo hubiera llamado «abuelo».
Han Sen sentía más confianza, de modo que se sentó como le había ordenado.
—¿Estás listo para casarte con Yanran?
Han Sen justo se acaba de sentar, pero ya le había plateado una pregunta como esa.
Fue una conmoción.
El abuelo Ji miraba a Han Sen y sus ojos claros parecían que fueran capaces de leer la mente de una persona.
Hizo sentir a Han Sen como si estuviera desnudo en público, algo que lo puso un poco nervioso.
—Sí, abuelo.
Voy a casarme con ella y he venido hasta aquí para pedirte permiso para hacerlo —dijo Han Sen sin titubear.
El abuelo Ji observó a Han Sen y luego desvió su mirada tan escrutadora como un escáner.
Luego, dijo, breve: —Bien.
Ambos todavía servís al ejército.
No hay prisa para que os caséis.
Escoge una fecha y lleva a tu madre con Ruozhen para que discutáis los detalles del evento.
Han Sen creía que tendría que decir y hacer mucho más, pero la conversación ya había llegado a su fin.
Apenas había hablado y el abuelo Ji ya le había ordenado que regresara y comenzara las preparaciones enseguida.
Sentía como si hubiera malgastado el tiempo antes mientras pensaba todos los modos en que podía dirigirse a él y explicarle las cosas al hombre.
Después de que el mayordomo guiara a Han Sen al exterior, un hombre y una mujer se acercaron por detrás.
Eran Ji Ruozhen y su mujer.
—Padre, ¿qué piensas de este muchacho?
—preguntó Ji Ruochen.
A pesar de que Ji Yanran era su hija, harían caso de la opinión del abuelo Ji.
—Es poderoso.
Es sereno.
Con el tiempo, puede convertirse en alguien —dijo el abuelo Ji.
La señora Ji suspiró y terció: —Es una pena que no proceda de una familia más grande.
A pesar de que Han Sen podía conseguir lo que quisiera en el Santuario del Segundo Dios, entre las familias ricas de la Alianza, su influencia era limitada.
Solo era un joven listo, uno que no poseía riqueza familiar.
—No pasa nada si no tiene unos antepasados de renombre.
Lo tendrá cuando se una a nuestra familia —dijo el abuelo Ji.
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