Super gen - Capítulo 763
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763: Capítulo 763 – Oasis 763: Capítulo 763 – Oasis Editor: Nyoi-Bo Studio —¿Estás seguro?
—dentro de la oficina de Gen Ángel, Séptimo Zhao hablaba con Zhao Lian.
—Ya ha sido confirmado.
La madre de Han Sen, Luo Lan, es la única nieta de Luo Haitang.
La familia Ji tiene el apoyo de Luo Haitang —respondió Zhao Lian.
Séptimo Zhao frunció el ceño con severidad y preguntó: —¿Ya ha hecho algo la familia Ji?
—No han hecho nada particularmente grande.
Pero de acuerdo con la información proporcionada por el Viejo Qi, algunos de los semidioses de la familia Ji se dirigen al Refugio Matadioses —respondió Zhao Lian.
—Son bastardos afortunados.
No puedo creer que tengan una conexión con Luo Haitang.
Si eso se fortalece, no tendrán que depender tanto de nosotros —el rostro de Séptimo Zhao era sombrío—.
Pensé que ayudando a Ji Ruozhen, obtendríamos mayor influencia.
Parece que estaba equivocado.
—Tío Séptimo, no puedes culparte por este giro de los acontecimientos.
Nadie esperaba que Han Sen fuera el bisnieto de Luo Haitang.
Y ahora, la familia de Luo Haitang, que siempre se mantuvo neutral, se está acercando a la familia Ji.
Era imposible predecir eso —dijo Zhao Lian.
Zhao Séptimo rio fríamente y dijo: —En este mundo, no hay nada que los humanos no puedan lograr.
Si la familia Ji quiere usar el poder de Luo Haitang para deshacerse de nosotros y el apoyo les hemos estado brindando, no lo permitiré.
Aunque Luo Haitang es poderoso, siendo un semidiós y todo, la fuerza no importa.
Está solo en donde está y no puede regresar al Segundo Refugio.
Apresuren las pruebas de la cuarta etapa de Gen Ángel un poco más; pueden sernos útiles en el futuro cercano.
—Las pruebas de la Cuarta Etapa requieren mucha sangre real shura.
Y también necesitamos Estrellas de Cobre Dan.
Nosotros…
—Zhao Lian quería continuar, pero sus palabras vacilaron.
Zhao Séptimo frunció el ceño y dijo: —Dáselos.
Gen Ángel es nuestro mayor logro, y una Estrella de Cobre Dan no es nada.
Una vez que hayamos establecido nuestra presencia y podamos sostenernos en el Cuarto Refugio, nuestra familia podrá comenzar a brillar.
—Sí—Zhao Lian estuvo de acuerdo.
Luego, se dio la vuelta y salió de la oficina de Zhao Séptimo.
—Les haré saber a estos ancianos que se les acabó el tiempo.
El avance de la humanidad, la genética, está en la tecnología —dijo Séptimo Zhao, y sus ojos brillaron con luz.
…
Continuando el viaje, Han Sen no se encontró con nada extraño de nuevo.
Con el zorro plateado cerca, era común que las criaturas mantuvieran su distancia.
Como tal, su viaje estuvo libre de conflictos.
El hada parecía increíblemente amable, y ella escuchaba cariñosamente a Han Sen cada vez que hablaba.
Sus heridas fueron sanando gradualmente, todos los días.
No pasaría mucho tiempo antes de que se recuperara por completo.
Sin embargo, aún sin confiar completamente en ella, Han Sen nunca bajó la guardia con ella.
Mientras Han Sen dormía, sintió al hada volar cerca de él, lo que provocó una sirena de alarma en su cabeza.
Pero no estaba dispuesto a hacer un movimiento aún.
Fingió seguir durmiendo y, activó sus sentidos para observar lo que ella estaba haciendo.
El hada voló cerca de él, rodeando su cabeza.
Luego, aterrizó en su palma y se deslizó en los dedos parcialmente doblados de su mano.
Como una manta, se acomodó debajo de ellos y se fue a dormir.
El comportamiento de Han Sen se relajó un poco, y se sorprendió enormemente por su comportamiento.
Abrió los ojos y la vio quedarse dormida, viéndose gentil.
Pero unos días más tarde, Han Sen consideró que estaba empezando a ser un poco ingenuo y estaba bajando la guardia.
Pensó que el hada todavía estaba esperando su momento de venganza, ya que todo lo que ella hacía era descansar e ignorar sus órdenes.
Aparte de actuar de manera adorable, ella no haría una sola cosa productiva.
«Estas criaturas de segunda generación malvadas y engañosas nunca harán nada decente».
Han Sen se enfureció por su comportamiento.
Anteriormente, solo era el zorro plateado con el que tenía que competir por bienes, pero ahora también estaba el hada.
Hubo un par de ocasiones en que Han Sen quiso darse un gusto con carne cocinada sabrosamente, pero terminó siendo incapaz de hacerlo.
Las barrigas combinadas de las dos criaturas que tenía para de compañía debían llenarse primero, y eso por lo general lo dejaba con sólo las sobras.
«Bien.
Los primero los engordaré a los dos, y luego los cenaré», pensó Han Sen para sí.
El grupo de viajeros atravesó el Desierto Negro por otras dos semanas.
Justo cuando Han Sen casi se había olvidado de todos los extraños sucesos que habían ocurrido en el camino, se tropezó con un oasis.
—No puede ser.
¿Árboles de coco, aquí?
—dijo Han Sen.
Después de ver el oasis, se veía un poco extraño.
Los oasis no eran del todo extraños, pero sí lo era la abundancia de cocoteros.
Cada árbol estaba decorado con una serie de cocos del tamaño de una pelota de baloncesto que se veían absolutamente deliciosos.
Este era un desierto duro y, sin embargo, ¿por qué crecerían aquí cocoteros de costa?
Su gran número también era increíble.
Era como un bosque infinito de cocoteros.
Zhou Yumei se veía emocionada.
Con Pequeña Naranja, ella inmediatamente se fue corriendo hacia el bosque de cocoteros.
Reunió muchos cocos con una cara hambrienta.
Ella había estado tomando soluciones de nutrientes simples durante mucho tiempo, y ya estaba harta de ellas.
—¡Para!
No toques esas cosas —Han Sen llamó rápidamente a Zhou Yumei.
—¿Por qué no?
Solo quiero algunos cocos.
No hay criaturas alrededor —dijo Zhou Yumei y se dio la vuelta con una mirada confusa.
—Estamos en el mundo de los refugios.
Usa tu cabeza y piensa por qué tantos cocoteros podrían estar aquí.
Por supuesto, siéntete libre de seguir adelante con tu comida, si no tienes miedo de morir —Han Sen advirtió fríamente.
Si ella insistía en comerlos, entonces él no la detendría.
Su preocupación por Zhou Yumei no llegaba tan lejos.
Zhou Yumei, con una mueca decepcionada, caminó de regreso a Han Sen con las manos vacías.
—Bueno, ¿hay alguna manera de poder determinar si puedo o no comer esos cocos?
—Sí, comiéndolos —cuando Han Sen dijo eso, comenzó a caminar hacia el bosque de cocoteros.
El Rugidor Dorado lo seguía detrás, cargando sus mochilas.
Caminaron por muchos kilómetros antes de ver algo de importancia.
Lo que Han Sen descubrió eventualmente lo sorprendió mucho.
Había un gran lago verde, el agua del cual parecía una esmeralda brillante.
Era enorme, y los árboles de coco lo bordeaban en su totalidad.
—¿Puedo beber el agua?
—Zhou Yumei le preguntó a Han Sen.
—Me temo que no puedes —dijo Han Sen y caminó cerca de la orilla del agua mientras hablaba.
Al ver el agua clara en el lago, frunció el ceño.
Respiró el aire del lago y luego, con una botella, bebió un sorbo de agua.
Con una sonrisa irónica, dijo—: Sí, no puedes beber esto.
—¿Por qué no?
—Zhou Yumei preguntó.
—Esto es agua salada —dijo Han Sen le y pasó la botella a Zhou Yumei.
Ella probó lo poco que había recogido y lo escupió con prisa.
El agua era increíblemente salada, como agua de mar.
Ignorando su reacción, Han Sen miró hacia el centro del lago.
Allí había una pequeña isla.
No era más grande que un campo de fútbol, y en su centro había un árbol de coco gigante.
El árbol de coco se veía diferente al resto.
No solo era más alto, sino que su tronco era como jade blanco.
Los cocos en lo alto también eran diferentes.
Eran como bolas de metal negras y gigantes.
Han Sen observó más de cerca.
El gigantesco árbol de coco de jade blanco tenía tres cocos, y cada uno tenía aproximadamente el tamaño de una bola de yoga.
Su oscuridad acentuaba su sentido del peso, además.
¡Fush!
Mientras Han Sen observaba el árbol de coco de jade blanco, las aguas del lago se movieron.
Algo enorme surgió del agua, y un par de ojos con forma de rueda ascendieron al cielo y miraron a Han Sen y Zhou Yumei.
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