Susurro a la distancia - Capítulo 10
- Inicio
- Todas las novelas
- Susurro a la distancia
- Capítulo 10 - 10 Capítulo 10 Como si el mar no existiera
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
10: Capítulo 10: Como si el mar no existiera 10: Capítulo 10: Como si el mar no existiera —Ok, no me juzgues —dijo Lili entre risas mientras mostraba su cena por videollamada—.
Me hice mangú, huevo frito y salami.
Casi me exploto la cocina, pero lo logré.
Joseph se echó hacia atrás, riendo desde su cama.
—¡Eso es un clásico dominicano!
Yo te respeto.
Aunque… yo me fui más tradicional: arroz, poroto y bistec panameño.
Nivel abuela.
Lili se rió.
Esa risa suave que había vuelto a aparecer después de muchos días.
Estaban en videollamada desde hacía casi una hora, pero parecía que el tiempo se detenía cuando hablaban.
Era su primera “cita virtual oficial”, como la llamaron en broma.
Habían acordado verse a las 8:00 p.m.
de ambos países, comer algo “casero” y ver juntos una película, cada uno en su dispositivo.
No era algo grande.
Pero lo sentían como si estuvieran cruzando océanos.
—¿Qué película te provoca?
—preguntó él.
—Algo tranquilo.
Nada que me haga llorar, ¿sí?
Joseph buscó entre opciones y murmuró: —Entonces descartamos “Your Name” —bromeó, y Lili le lanzó una mirada de terror fingida.
—¡Te atreves y me desconecto!
—Tranquila, tranquila.
Pongamos algo romántico, pero tierno.
Como… “La La Land”.
Ella dudó un momento.
—Nunca la he visto completa.
—¿En serio?
Perfecto.
Hoy es la noche.
Ambos dieron play al mismo tiempo, con audífonos puestos pero cámara encendida.
A veces hablaban durante la peli.
A veces solo se miraban.
Había algo reconfortante en la simple presencia del otro en la pantalla.
En una escena especialmente melancólica, Lili giró el rostro y lo miró.
Joseph ya la estaba mirando.
—¿Qué pasa?
—preguntó.
—A veces… se siente como si estuvieras aquí.
Como si el mar no existiera.
Joseph sonrió con dulzura.
—Y a veces, yo olvido que nunca te he tocado.
Porque cada vez que me hablas, siento que ya te tengo cerca.
Se quedaron callados unos segundos.
No era necesario decir más.
Cuando la película terminó, ambos seguían conectados.
Lili apoyó la cabeza en su almohada, aún con la cámara encendida.
—¿Puedo quedarme así contigo un rato?
Aunque no digamos nada.
—Claro.
El silencio también es compañía —respondió él.
Y así se quedaron.
Dos pantallas encendidas.
Dos almas que habían encontrado una forma de acortar la distancia.
Esa noche, Lili durmió con la videollamada aún abierta, el rostro de Joseph iluminando su cuarto.
Y Joseph, desde Panamá, se quedó despierto unos minutos más, viéndola dormir.
—Buenas noches, Lili —susurró—.
Buenas noches, amor del otro lado del mar.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com