Susurro a la distancia - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Cuando la sonrisa se apaga
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2: Cuando la sonrisa se apaga 2: Cuando la sonrisa se apaga La notificación apareció puntual, como cada noche: “LiliSaito ha comenzado una transmisión en vivo.” Pero algo estaba distinto.
Joseph, sentado frente a su laptop con audífonos puestos, notó el cambio en cuanto su imagen apareció.
No había música de fondo, ni luces coloridas en su habitación.
Solo ella, envuelta en una sudadera holgada, con el cabello recogido sin esfuerzo, y los ojos… apagados.
—Hola… —dijo con una voz baja, casi un susurro—.
Hoy no voy a cantar.
Hubo un silencio incómodo.
El chat se llenó de mensajes: “¿Estás bien?” “¿Pasó algo, Lili?” “Te ves cansada”.
Joseph escribió con rapidez: “Si solo quieres hablar, aquí estoy.
No tienes que fingir.” Lili miró la pantalla.
No sonrió como de costumbre.
Bajó la mirada.
Se notaba que luchaba entre hablar o callar.
—A veces… siento que si no estoy feliz, no valgo nada.
Que si no sonrío, nadie se queda —dijo, con la voz temblando.
El corazón de Joseph se encogió.
La pantalla nunca se sintió tan delgada, tan injustamente fría.
—Hoy discutí con mi mamá —continuó—.
Fue por una tontería.
Pero… ella me dijo que esto de los streams no es real.
Que cantar para desconocidos no es futuro.
Que nadie me toma en serio.
Se quedó callada unos segundos.
Joseph notó que sus ojos brillaban, pero ella no dejaba caer las lágrimas.
—Y tal vez tenga razón —añadió—.
Porque cuando apago esta cámara, me siento sola.
Como si no importara lo que hago.
El silencio se apoderó del stream.
Pocos sabían qué escribir.
Algunos mandaban corazones.
Otros simplemente salían.
Joseph tecleó con cuidado.
No quería sonar como un fan.
Quería que supiera que él veía más allá de la pantalla.
“Lili, tú importas incluso cuando no sonríes.
A veces, solo necesitamos que alguien nos vea de verdad, no solo cuando estamos bien, sino también cuando estamos rotos.” Ella leyó.
Esta vez, sí sonrió, aunque apenas.
Se acomodó los audífonos y dijo: —Gracias… Joseph.
No sabía que necesitaba leer eso.
Y en ese momento, sin saberlo, Joseph se convirtió en su refugio silencioso.
No en un fan, no en un crush de internet.
En alguien que simplemente estaba ahí… cuando más se necesitaba.
Esa noche, no hablaron de amor.
Pero algo empezó a brotar, como una semilla que crece en tierra herida.
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