Susurro a la distancia - Capítulo 22
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- Capítulo 22 - 22 Capítulo 22 El escenario y la sombra que lo sostiene
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22: Capítulo 22: El escenario y la sombra que lo sostiene 22: Capítulo 22: El escenario y la sombra que lo sostiene La víspera Era la noche antes del festival.
Lili no podía dormir.
No por miedo al público.
Sino por lo que significaba cantar esa canción con él entre la gente, por primera vez.
Entonces sonó el celular.
Joseph: “¿Te secuestro por un rato?” Ella bajó sin decir una palabra más.
Lo encontró esperándola con una moto prestada.
Ambos sin casco.
Ambos sin prisa.
—¿A dónde vamos?
—Donde no se escuche nada, excepto nosotros.
Última salida: El rompeolas Joseph la llevó a un malecón poco conocido, donde las olas golpeaban rocas negras.
Se sentaron en el borde, con las piernas colgando.
—¿Sabes qué me asusta más que fallar mañana?
—preguntó Lili, abrazándose las piernas.
—¿Qué?
—Sentirme demasiado feliz… y que eso no dure.
Joseph tomó una piedra y la lanzó al agua.
—No te prometo que dure.
Te prometo que si se rompe, yo lo voy a sostener contigo.
Ella lo miró.
Por primera vez, sus manos se rozaron sin nervios.
Como si ese gesto, tan pequeño, fuera una respuesta sin palabras.
—No necesito que me jures que estarás.
Solo… quédate mañana.
Donde yo pueda verte.
Joseph asintió.
—Desde la primera fila, sin moverme.
Día del festival: Detrás del telón Lili llegó temprano.
El teatro era pequeño, pero con alma.
Luces cálidas, sillas de madera, público de verdad.
En el camerino, se puso el vestido que eligió con Anyu por videollamada: ligero, blanco, con bordes de lunares suaves.
No parecía de gala, pero tampoco común.
Parecía Lili.
Respiró hondo frente al espejo.
Se tocó la garganta.
—Aquí estás —se dijo a sí misma.
Luego salió al pasillo lateral, y lo vio.
Joseph.
Esperándola.
Le hizo un gesto con la cabeza.
No se acercó.
No la tocó.
Solo la miró como si ya hubiese ganado todo antes de cantar.
El escenario Lili subió con pasos firmes, aunque el corazón le temblaba.
La luz le dio de frente.
El público estaba en penumbra.
Pero ella sabía dónde estaba Joseph.
Tercera fila, asiento al centro.
Se sentó con su guitarra.
Ajustó el micrófono.
Cerró los ojos.
—Esta canción no fue escrita para un escenario… —dijo con voz suave—.
Fue escrita desde la distancia.
Y hoy, aunque esa distancia se ha acortado… mi voz todavía tiembla como la primera vez.
Tocó el primer acorde.
“Susurros a la distancia” llenó el lugar.
El público se quedó inmóvil.
No porque no entendieran… sino porque entendían demasiado.
Cada verso fue como una confesión que todos compartieron en silencio.
Y cuando terminó, no hubo aplausos inmediatos.
Solo unos segundos de magia suspendida.
Luego, la ovación.
Después del show En el pasillo, entre cables y cajas de sonido, Joseph se acercó.
—Estuviste increíble.
Lili sonrió, agotada, con lágrimas contenidas.
—Tenía miedo de olvidarme de respirar.
—Por si acaso… —dijo él, tomando su mano por primera vez con intención— aquí estoy.
No se besaron.
No hicieron un escándalo.
Solo se quedaron así, mano con mano.
Como si el escenario solo hubiera sido el principio… …y el verdadero espectáculo, comenzará en ese instante silencioso, entre dos que ya no se deben nada, excepto estar.
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