Susurro a la distancia - Capítulo 23
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- Capítulo 23 - 23 Capítulo 23 La noche antes del adiós
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23: Capítulo 23: La noche antes del adiós 23: Capítulo 23: La noche antes del adiós Días de luz y ruido Tras el festival, Lili no tuvo tiempo de descansar.
Entrevistas en canales locales.
Sesiones de fotos improvisadas.
Mensajes de fans, de artistas, de productores.
La canción había pasado de viral… a fenómeno.
—Queremos producir un EP contigo —le dijo una representante de una discográfica alternativa—.
Con libertad creativa.
Tú eliges con quién colaborar.
Y si lo deseas… uno de esos dúos podría ser con la persona detrás del “susurro”.
Lili sonrió.
No respondió de inmediato.
Porque aunque el ruido crecía afuera… lo único que ella necesitaba era una sola voz: la de Joseph.
Joseph y el cambio de ritmo Joseph había sido su sombra constante.
Nunca invadiendo, siempre presente.
Cuando ella salía a entrevistas, él la esperaba en cafeterías.
Cuando la gente le preguntaba si era “el chico de la canción”, él solo reía y desviaba el tema.
Pero una tarde, mientras caminaban por la bahía, Joseph rompió el silencio: —¿Qué vas a hacer cuando regreses?
Lili miró el mar.
No tenía una respuesta fácil.
—No lo sé.
Pero no quiero seguir escribiendo para esconderme.
—¿Y nosotros?
Ella bajó la mirada.
—Tampoco lo sé.
Pero no quiero que seas un capítulo que se cierra al final del viaje.
Último atardecer Fue un día lento.
Sin cámaras.
Sin redes.
Sin expectativas.
Caminaron por la ciudad vieja.
Entraron a una librería antigua.
Se compraron libros sin leer las sinopsis.
Joseph le regaló uno de poemas con una nota entre las páginas: “Si alguna vez dudas, abre la página 43.” Ella lo hizo de inmediato.
Allí estaba escrita a mano una frase: “Te encontré cuando no buscaba nada, y desde entonces, todo me encuentra en ti.” Lili no supo qué decir.
Solo lo abrazó.
Fuerte.
Lento.
Como si quisiera memorizar su forma.
La noche antes del adiós El aire era denso, lleno de palabras que no se decían.
Estaban en la azotea del hotel donde ella se alojaba.
La ciudad brillaba abajo, lejana.
Y sobre ellos, solo el cielo abierto.
—No quiero que mañana llegue —dijo Lili, sin fingir entereza.
—Tampoco yo.
Pero llegará igual.
Y no quiero que te vayas sin algo que he estado guardando demasiado tiempo.
Joseph se acercó.
—Dime si no lo quieres.
Dime si prefieres que me quede callado para siempre.
—No quiero que te calles —susurró ella—.
Ya esperé suficiente.
Y entonces, sin urgencia, sin dramatismo… la besó.
Como si fuera un susurro al borde de la realidad.
Como si dijera con los labios todo lo que no pudo con palabras.
Y ella… le respondió.
El beso fue suave, pero profundo.
Fue verdad.
Y fue despedida, y también promesa.
Cuando se separaron, él apoyó su frente en la de ella.
—Gracias por no ser solo una canción.
Gracias por ser la historia que nunca imaginé escribir.
—Y tú… gracias por quedarte cuando no había escenario.
Por quererme sin saber si esto tenía final feliz.
La despedida al día siguiente En el aeropuerto, no lloraron.
No hicieron escenas.
Solo se abrazaron.
—No te digo adiós —dijo Lili—.
Porque no sé qué somos, pero sí sé que aún no se ha terminado.
Joseph la besó en la frente.
—Te esperaré en todas las pantallas… hasta que vuelva a tocarte la piel.
Ella subió al avión con una certeza: El viaje terminaba.
Pero su historia apenas empezaba a respirar sin WiFi.
Y “Susurros a la distancia”… ahora también tenía piel, voz, y labios que se habían encontrado.
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