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Susurro a la distancia - Capítulo 26

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  4. Capítulo 26 - 26 Capítulo 26 Canciones que no salen
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26: Capítulo 26: Canciones que no salen 26: Capítulo 26: Canciones que no salen Desde que se fue Joseph se quedó en el mismo lugar del aeropuerto unos minutos después de que el avión despegara.

No porque esperara que bajara corriendo del avión… Sino porque sentía que si se movía, todo lo vivido con ella empezaría a desvanecerse.

Volvió a casa esa noche con el corazón lleno, pero los días siguientes lo vaciaron poco a poco.

Las llamadas se volvieron cortas.

Los mensajes, menos frecuentes.

El silencio, más largo.

Y lo peor no era la ausencia.

Era saber que ella no estaba ausente por falta de amor… sino por falta de tiempo.

El estudio con Alex —Dale, bro… vamos desde el verso otra vez —dijo Alex, con los audífonos ladeados, intentando mantener el ambiente ligero.

Joseph asintió.

Tomó aire.

Cantó.

—…Donde nadie escucha, la voz se ahoga… —¡No, loco!

¡Es “la voz florece”!

¡Eso era lo especial de esa línea!

Joseph cerró los ojos.

Frustración.

Distracción.

Vacío.

—Perdón… estoy quemado.

Alex se cruzó de brazos.

—¿Tú estás escribiendo pa’ ella, verdad?

Joseph no respondió.

—Mira, no te estoy juzgando.

Pero si vas a dejar que ese silencio te coma, dilo.

Porque aquí estamos tú y yo… y no hay magia si tú estás allá y ella también.

Soledad ruidosa Esa noche, Joseph caminó solo por la ciudad.

Pasó por el callejón donde grabó con Lili.

Subió a la terraza donde se besaron por primera vez.

Todo seguía igual.

Solo faltaba ella.

Sacó su celular.

Abrió su bloc de notas.

“Hoy no escribo canción.

Hoy solo escribo que me haces falta.” Volvió al estudio al día siguiente.

Intentó grabar.

Pero su voz sonaba hueca.

Porque su música no estaba en los micrófonos… Estaba aún en esa habitación en El Tecal.

Donde ella, por primera vez, se quedó dormida sobre su hombro.

Final del día Alex lo esperó fuera del estudio con dos cervezas sin abrir.

—Tienes que soltar algo, loco.

Si no, no vas a poder seguir.

—Es que no quiero soltarla —respondió Joseph—.

No quiero acostumbrarme a no tenerla cerca.

—Entonces escribe.

Pero no la canción que todo el mundo quiere.

Escribe lo que no te atreves a decirle.

Aunque no lo cante nadie.

Joseph bajó la mirada.

—Ya lo estoy haciendo… Solo que aún no tiene forma.

Alex le dio un golpe suave en el hombro.

—Pues cuando la tenga, yo voy a estar aquí.

Con el beat listo.

Joseph subió a su cuarto esa noche.

Encendió la laptop.

Abrió la última foto que tenía con Lili.

Ambos riendo, despeinados, frente a la casa de sus padres en El Tecal.

Y entonces, sin darse cuenta, sonrió por primera vez en días.

Porque ese lugar… ese instante… era el único sitio en el que todavía podía tocarla, aunque fuera en la memoria.

Y así, entre lágrimas y sonrisas, comenzó a escribir un nuevo verso.

No para grabarlo.

Sino para sobrevivir.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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